Todo comienza con un joven que vive y trabaja en el campo junto a sus padres y hermanos. Acostumbrado a los animales, la naturaleza y las largas jornadas de trabajo, nunca imaginó que su vida cambiaría al conocer a una hermosa mujer de la ciudad. Ella está acostumbrada a las comodidades, la tecnología y una vida completamente diferente. Sin embargo, el destino los une y, poco a poco, nace entre ellos un amor inesperado. Para estar a su lado, ella tendrá que aprender los difíciles labores del campo, enfrentarse a nuevos desafíos y descubrir que el verdadero amor puede encontrarse donde menos lo imagina.
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Capítulo 17 — Lisseth se va conmigo
Narra Elkin
Entramos a la casa de Lisseth y yo sentía un poco de nervios. Pues ya había hablado con sus papás por videollamada, pero una cosa era verlos por el celular y otra muy diferente estar ahí, frente a ellos.
Lisseth me tomó de la mano y caminamos hasta la sala.
—Mamá, papá —dijo ella—, él es mi novio.
La mujer que estaba sentada en uno de los sofás se levantó y sonrió.
—Mucho gusto, Elkin Franco. Yo soy Claudia, la mamá de Lisseth.
—Mucho gusto, Claudia —respondí mientras le daba la mano—. Es un placer conocerla.
—Ay, mijo, nada de tanta formalidad. Siéntase como en su casa, pues.
Después Lisseth miró al hombre que estaba sentado al otro lado de la sala.
—Y él es mi papá.
El hombre se levantó y me extendió la mano.
—Mucho gusto, muchacho. Mi nombre es Jhon Jairo Quintero.
—Mucho gusto, don Jhon Jairo.
—Bueno, pues, bienvenido.
Claudia señaló el sofá.
—Venga, siéntese, mijo. No se vaya a quedar ahí parado.
—Gracias.
Lisseth se sentó a mi lado y yo me acomodé junto a ella.
—¿Quiere un refresco? —me preguntó Claudia.
—Sí, muchas gracias.
—¿De qué le gusta?
—Del que tenga, pues. No se preocupe.
—Ay, no, mijo. Usted diga.
—De mora está bien.
—Listo.
Claudia se fue a la cocina y regresó unos minutos después con un vaso de refresco.
—Tome, Elkin.
—Muchas gracias.
Le di un sorbo mientras Lisseth me miraba con una sonrisa.
—¿Qué? —le pregunté bajito.
—Nada, bebé. Es que estás todo nervioso.
—Pues claro. Estoy conociendo a mis suegros.
Ella soltó una risita.
—Ay, vos sí sos bobo.
Jhon Jairo escuchó y se rio.
—¿Ya le dice bobo a mi hija?
—No, don Jhon Jairo. Ella me dice así a mí.
—Ah, bueno. Entonces están cogiendo confianza.
Todos nos reímos.
Después de unos minutos, comenzaron las preguntas.
Jhon Jairo se acomodó en su silla.
—Bueno, Elkin, cuénteme. ¿Usted estudia?
—No, señor. Por ahora no estoy estudiando.
—¿Y qué hace entonces?
—Trabajo con mi familia en la finca. Ayudo con los animales, los cultivos y todo lo que haya que hacer. También hago unos videos para TikTok.
Claudia sonrió.
—¿Usted es el muchacho que hace los videos de la finca?
—Sí, ese mismo.
—Lisseth nos ha mostrado algunos.
Yo miré a Lisseth.
—¿Ah, sí?
—Pues claro —respondió ella—. Yo les mostré.
Jhon Jairo continuó con las preguntas.
—¿Y cuántos años tiene?
—Diecinueve.
—¿Y usted vive con sus papás?
—Sí, señor. Vivo con ellos en la finca. También están mis hermanos y mi hermana mayor con su familia.
Claudia asintió.
—Bueno, pues ya conocemos un poquito más de usted.
Lisseth respiró profundo y entonces habló.
—Papá, mamá... yo quiero irme con él a Manizales a vivir.
Sus papás se quedaron en silencio.
Yo miré a Lisseth y después a ellos.
—Sí —continuó ella—. Yo quiero irme con Elkin.
Yo me reí un poquito.
—¿Saben por qué? Porque hay una muchacha allá en la finca que quiere estar conmigo.
Jhon Jairo soltó una carcajada.
—¡Ah, bueno! ¡Con razón!
—Sí, pues —dije riéndome—. Esa muchacha no se cansa de molestar.
Jhon Jairo miró a Claudia y dijo:
—Igualita a la mamá.
Yo me reí, pero Claudia inmediatamente lo miró con una cara de pocos amigos.
—¿Cómo así que igualita a mí?
—No, mujer, era molestando.
Lisseth empezó a reírse.
—Ay, papá, no molestés a mi mamá.
Después Claudia miró seriamente a su hija.
—Lisseth, ¿usted está segura de que se quiere ir? Mire que la vida en el campo no es fácil, hija. Allá toca madrugar, trabajar, ayudar con los animales y acostumbrarse a muchas cosas diferentes.
Lisseth me miró y luego volvió la mirada hacia su mamá.
—Sí, mamá. Yo sí me quiero ir.
—¿Está completamente segura?
—Sí. Yo quiero estar con él.
Jhon Jairo suspiró y miró a su hija.
—Bueno, pues... mi hija ya tiene diecisiete años. Yo le doy el permiso para que se la lleve a Manizales.
Sentí un gran alivio.
—Muchas gracias, don Jhon Jairo. Yo voy a cuidarla y respetarla.
Claudia asintió.
—Eso espero, mijo.
—Sí, Claudia.
Entonces Jhon Jairo levantó un dedo y agregó:
—Pero eso sí: mi hija no deja de estudiar. Si Lisseth no estudia, me la devuelve.
Yo asentí de una.
—Eso no es ningún problema. Si ella quiere estudiar, yo la voy a apoyar.
Lisseth sonrió emocionada y abrazó a su mamá.
—Gracias, mamá.
Después abrazó a su papá.
—Gracias, papá.
Yo la miré sonriendo.
Pues ya tenía el permiso de sus papás para llevarme a Lisseth conmigo a Manizales.