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Yo No Te Amo Y Nunca Lo Haré?

Yo No Te Amo Y Nunca Lo Haré?

Status: En proceso
Genre:Amor-odio / Reencuentro / Amor eterno
Popularitas:1.6k
Nilai: 5
nombre de autor: vicki hernandez

Una mujer que dice no ama a su esposo. Pero se queda cada día odia menos a su esposo y ve que pueden ser un matrimonio con amor

Un hombre enamorado de su esposa feliz de que su sueño se volvió realidad aunque sabe que su esposa lo odia fingiendo cuando hay invitados o salen como la pareja perfecta, pero luego se da cuenta que su esposa se empieza enamorar de él.

NovelToon tiene autorización de vicki hernandez para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Eligiendo la comida

El sol de las tres de la tarde pegaba de lleno sobre la privada.

Era una de esas tardes en las que el calor parecía haberse instalado sobre el pavimento y no tenía ninguna intención de marcharse.

Frente a la enorme casa Bianchi había dos camionetas estacionadas y, unos metros más atrás, un automóvil negro que destacaba incluso entre los vehículos de la familia.

Todos estaban listos.

Bueno...

Casi todos.

Porque tratándose de Luna Bianchi, estar listos nunca significaba realmente estar listos.

En la primera camioneta, la más grande y espaciosa, ya estaban acomodados los Bianchi.

O, mejor dicho, estaban intentando acomodarse.

Era un caos.

Un caos perfectamente organizado, porque después de veintitantos años juntos habían aprendido a sobrevivir a los viajes familiares.

Gabriel Bianchi estaba detrás del volante.

Había decidido conducir él mismo porque, según sus propias palabras:

—Ninguno de ustedes sabe manejar sin terminar peleándose.

Nadie se había atrevido a contradecirlo.

Aunque todos sabían que eso no era exactamente cierto.

Gabriel simplemente no confiaba en que sus hijos pudieran estar dos horas dentro de un vehículo sin convertirlo en un campo de batalla.

A su lado estaba Allegra, sosteniendo una carpeta con la lista de pendientes de la boda.

Porque, naturalmente, Allegra tenía una lista.

Tenía una lista para la lista.

Y probablemente una tercera lista para recordar dónde había guardado las dos anteriores.

—Tenemos que confirmar la hora de llegada —decía Allegra mientras revisaba las hojas—. También tenemos que hablar con el encargado del lugar, revisar nuevamente los sabores, confirmar las cantidades y...

Gabriel suspiró.

—Allegra, vamos a probar pastel.

—Es una degustación.

—Pastel.

—De boda.

—Sigue siendo pastel.

Allegra lo miró.

—Es el pastel de nuestra hija.

Gabriel inmediatamente cambió de expresión.

—Entonces es una misión importante.

Allegra sonrió satisfecha.

—Exactamente.

En los asientos traseros, Mateo llevaba los audífonos puestos a medias.

No estaba escuchando música.

Simplemente los había colocado para tener una excusa perfecta para ignorar a sus hermanos.

A su lado, Santiago y Leo estaban enfrascados en una discusión que parecía no tener solución.

—Yo voy junto a la ventana.

—No.

—Yo llegué primero.

—Mentira.

—Leo, te vi bajar de la camioneta y correr hacia el otro lado.

—Eso no significa que no haya llegado primero.

—¿Cómo puedes llegar primero si estabas corriendo hacia el lado contrario?

—Porque soy más rápido.

Mateo abrió un ojo.

—¿Pueden dejar de discutir?

Los dos lo ignoraron.

—Papá —gritó Santiago—, Leo no quiere darme la ventana.

Gabriel ni siquiera se molestó en girarse.

—Si siguen discutiendo, ninguno tendrá ventana.

Silencio.

Santiago miró a Leo.

Leo miró a Santiago.

—Te odio —murmuró Santiago.

—Yo también.

Mateo volvió a cerrar los ojos.

En el asiento de enfrente, Benjamin estaba cargando a Gael, quien parecía incapaz de permanecer quieto durante más de diez segundos.

—Benja, ¿va a haber pan con mantequilla?

—No sé.

—¿Y si no hay?

—Habrá comida.

—Pero quiero pan con mantequilla.

—Gael.

—¿Sí?

—Cállate cinco minutos.

—¿Pero habrá pan?

Benjamin cerró los ojos.

—No lo sé.

—¿Y si pregunto?

—Te bajo de la camioneta.

Gael sonrió.

—Entonces sí habrá.

Benjamin lo miró confundido.

—¿Por qué?

—Porque si me bajas, papá se va a enojar contigo.

Benjamin negó con la cabeza.

—Eres insoportable.

—Gracias.

En ese momento, Gabriel miró el reloj.

—¿Y Luna?

Allegra revisó la hora.

—Dijo que estaría lista a las tres.

Gabriel miró nuevamente el reloj.

—Son las tres.

—Sí.

—Entonces...

Bajó la ventanilla.

—¡¿Y LUNA?!

Su voz resonó por toda la privada.

Desde la segunda camioneta, la familia Del Monte escuchó perfectamente.

Adriano, que estaba revisando el GPS aunque conocía perfectamente el camino, levantó la cabeza.

—¿Todavía no baja?

Valentina miró hacia la casa.

—No.

Adriano negó con la cabeza.

—Esa niña va a llegar tarde a su propia boda.

Valentina sonrió.

—Es Luna.

Como si eso explicara absolutamente todo.

Y, en realidad, lo hacía.

Valentina estaba sentada en la segunda camioneta, retocándose el labial frente al pequeño espejo que llevaba en su bolso.

—Si la comida no está a la altura del pastel que escogimos el otro día, nos paramos y nos vamos.

Adriano la miró.

—¿En serio?

—Completamente.

—¿Y qué vas a hacer si no te gusta?

—Quejarnos.

Adriano sonrió.

—Eso sí se te da bien.

Valentina cerró el labial.

—Te escuché.

—Era la intención.

Mientras las dos familias esperaban, un poco más atrás estaba el automóvil de Thiago.

El motor estaba encendido.

El aire acondicionado funcionaba a toda potencia.

Thiago estaba recargado contra la puerta del copiloto, con los brazos cruzados, mirando hacia la entrada de la casa.

Llevaba un traje oscuro, camisa blanca y el cabello perfectamente acomodado.

Había llegado temprano.

Demasiado temprano.

Pero no le importaba.

Quería ver a Luna.

Siempre quería verla.

Incluso cuando ella estaba de mal humor.

Incluso cuando lo ignoraba.

Incluso cuando lo miraba como si quisiera lanzarle algo a la cabeza.

Para Thiago, verla seguía siendo suficiente.

Miró nuevamente hacia la puerta.

Nada.

Sacó su teléfono.

Revisó la hora.

Volvió a guardarlo.

Entonces escuchó a Gabriel.

—¡¿Y LUNA?!

Thiago sonrió ligeramente.

Desde la segunda camioneta, Valentina respondió entre risas:

—¡Ya baja! ¡Cinco minutos dijo hace cinco minutos!

Thiago negó con la cabeza.

—Cerecita...

No parecía sorprendido.

En realidad, habría estado sorprendido si Luna hubiera salido exactamente a la hora acordada.

Y entonces...

La puerta principal se abrió.

Thiago levantó la mirada.

Los demás también.

Luna apareció en la entrada.

Cinco minutos después.

Exactamente cinco minutos.

Literalmente cinco.

Bajó corriendo los escalones de dos en dos.

Su cabello todavía estaba ligeramente húmedo, como si acabara de salir de la ducha.

Llevaba un vestido beige sencillo, unas sandalias y una bolsa cruzada que golpeaba suavemente contra su pierna mientras corría.

Y en una de sus manos llevaba un pequeño arete.

—¡Perdón, perdón! —gritó mientras bajaba—. ¡No encontraba mi otro arete!

Gabriel cerró los ojos.

—Sabía que faltaba algo.

Allegra se rio.

—Luna, tranquila. Todavía estamos a tiempo.

—¡Lo sé! ¡Pero no lo encontraba!

Llegó al último escalón y respiró profundamente.

Entonces miró a todos.

—¿Nos vamos?

Gael levantó una mano.

—Sí.

—Perfecto.

—Pero tengo una pregunta.

Luna lo miró.

—¿Qué?

—¿Habrá pan con mantequilla?

Todos soltaron una carcajada.

Luna miró a Benjamin.

—¿Todavía está preguntando eso?

—Desde hace veinte minutos.

—Gael...

—¿Sí?

—Si hay pan con mantequilla, te doy el mío.

Gael abrió los ojos.

—¡Eres la mejor hermana del mundo!

Se bajó de los brazos de Benjamin y corrió hacia ella.

Luna apenas alcanzó a atraparlo.

—¡Pesas!

—No peso.

—Claro que pesas.

—Soy ligero.

—Eres un saco de papas.

—Pero tu saco de papas favorito.

Luna soltó una carcajada.

Mateo observaba la escena desde la camioneta.

La pequeña sonrisa volvió a aparecer en su rostro.

Desde que Camila había reaparecido, había algo que había cambiado dentro de él.

No completamente.

No mágicamente.

Pero sí lo suficiente.

Y ver a su familia reunida, escuchar a sus hermanos discutir por tonterías y ver a Luna correr por la casa como cuando era pequeña le recordaba algo importante.

Aquello era lo que realmente importaba.

Su familia.

Su hogar.

Luna finalmente soltó a Gael y caminó hacia las camionetas.

Pero antes de subir, sintió una mirada.

Levantó la cabeza.

Thiago estaba junto a su automóvil.

Mirándola.

Luna puso los ojos en blanco.

—¿Qué?

Thiago sonrió.

—Nada.

—Entonces deja de mirarme.

—No puedo.

—Thiago...

—Estás bonita.

Luna miró hacia otro lado.

—No empieces.

Thiago se acercó un poco.

—¿Te mojaste el cabello?

—Sí.

—¿Y por qué todavía está húmedo?

—Porque me bañé hace cinco minutos.

Thiago sonrió.

—Entonces realmente fueron cinco minutos.

Luna lo miró.

—No hagas comentarios.

—Solo estoy admirando tu capacidad de convertir cinco minutos en una carrera contra el tiempo.

Ella le dio un pequeño golpe en el brazo.

—Vamos.

Thiago soltó una risa.

—Sí, Cerecita.

Luna comenzó a caminar hacia la camioneta.

—Y no me digas así.

—Como quieras.

—¿En serio?

—No.

Luna se giró.

—¡Thiago!

Él levantó las manos, divertido.

—Está bien, está bien.

Gabriel observó la escena desde el volante.

Allegra lo miró de reojo.

—¿Qué?

Gabriel sonrió.

—Nada.

—Estás pensando algo.

—Estoy pensando que nuestra hija va a volvernos locos antes de diciembre.

Allegra soltó una carcajada.

—Eso ya lo hace desde que nació.

Luna finalmente subió a la camioneta.

Todos comenzaron a acomodarse nuevamente.

—¡Papá! —gritó Gael—. ¡Luna dijo que me dará su pan!

Gabriel arrancó el motor.

—Perfecto.

—¿Qué?

—Ahora tienes que darle el tuyo también.

Gael abrió la boca.

—¡Eso es injusto!

Toda la camioneta estalló en carcajadas.

Y mientras las dos familias comenzaban a salir de la privada rumbo a la degustación, Luna se acomodó en su asiento junto a sus hermanos.

No sabía todavía que aquella tarde no solamente probarían un pastel.

Porque entre sabores, familias, recuerdos y conversaciones aparentemente inocentes, comenzarían a aparecer nuevas preguntas sobre la boda.

Y algunas de ellas serían mucho más difíciles de responder que elegir entre chocolate, vainilla o frutos rojos.

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Graciela Maldonado
lo odia pero lo ama 🥰🥰
Graciela Maldonado
está muy interesante ya quiero saber el final 👏
Graciela Maldonado
🥰
Graciela Maldonado
es muy interesante muero por saberlo que viene después.
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