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A Milímetros De Romperse

A Milímetros De Romperse

Status: En proceso
Genre:Amor-odio / Malentendidos / Reencuentro
Popularitas:1.5k
Nilai: 5
nombre de autor: AndyG1904

Ella guarda un secreto que la consume por dentro.
Él arrastra las ruinas de una vida que se desmoronó en una sola noche.

April Rossetti nunca imaginó que un error de una noche la perseguiría cada día. Enamorarse de la persona equivocada siempre es el comienzo de una caída. Ahora, la culpa la acompaña como una sombra que no la deja respirar.

Derek Baker lo perdió todo: su matrimonio, su hijo no nacido y la confianza en las personas. Destrozado y lleno de rabia, intenta reconstruir su vida cuando un encuentro casual lo cambia todo.

Conectados por hilos invisibles del destino, April y Derek se ven envueltos en miradas cargadas de deseo, conversaciones que despiertan lo que creían dormido y secretos que amenazan con destruirlos.

Están a milímetros de romperse... o de sanarse mutuamente.

Pero el pasado no se olvida tan fácilmente.

Y algunas atracciones están destinadas a arder, aunque quemen todo a su paso.

¿Podrán elegir el amor cuando todo parece condenarlos al dolor?

NovelToon tiene autorización de AndyG1904 para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Lo Que No Se Dice

-April-

El vestido turquesa caía con un brillo frío bajo las luces de la tienda. Me miré en el espejo de cuerpo entero y sentí un nudo en el estómago. No era el color. Era lo que significaba usarlo.

Elena estaba sentada en el sofá con una copa de champagne entre las manos, observándome a través del reflejo.

—Te ves hermosa —dijo con una sonrisa—. Ese tono te queda espectacular.

Asentí sin mucho entusiasmo. Me giré una última vez y regresé al probador. Mientras me quitaba el vestido, las manos me temblaban apenas. Mañana tenía que ponérmelo otra vez. Mañana tenía que sonreír frente a Julio y Emily como si el pasado no existiera.

Cuando salí, Elena ya estaba en la caja. Pagó sin decir nada más. Salimos juntas a la calle. La brisa de la tarde era cálida, pero a mí me resultaba pesada.

Caminamos en silencio hasta una heladería. Nos sentamos en una mesa exterior. Los niños corrían por la plaza, ajenos a todo.

—¿Has hablado con él? —pregunté de pronto.

Elena se tensó. El cambio en su expresión fue mínimo, pero lo noté.

—Sí —respondió, sin mirarme—. Hablé con Julio.

No añadió nada más. Yo tampoco insistí.

Después de un rato, ella dejó la cuchara sobre el plato y habló con voz más baja:

—La vida es extraña, April. Nunca pensé que estaría en esta situación. Julio ya no es mi prioridad. Conocí a Pierre y de alguna forma la familia está creciendo.

La última frase quedó suspendida entre nosotras. Ambos sabíamos a quién se refería.

Derek.

Sentí un peso conocido en el pecho.

Desde el día en la casa colonial, su presencia se había instalado como una incomodidad constante.

—¿Hay alguien en tu vida? —preguntó Elena de pronto.

Volteé hacia ella, sorprendida.

—¿Qué clase de pregunta es esa?

—La de una madre que se preocupa. Últimamente te veo distante. Como si cargaras algo que no quieres decir.

Aparté la vista hacia la plaza.

—Mi vida ahora mismo es complicada, madre.

Ella no presionó más.

Una hora después nos despedimos frente a mi edificio. Pierre la esperaba en el auto.

—Hola, nena —saludó—. Nos vemos mañana. Intenta descansar.

Vi cómo mi madre se subía al coche. Me quedé en la acera hasta que perdí de vista las luces traseras.

Mañana era la boda.

El salón brillaba con una elegancia fría. Luces cálidas, flores blancas y un murmullo constante de conversaciones educadas. Yo apretaba la copa con demasiada fuerza.

No tuve suerte escapando.

—April.

La voz de Julio me llegó por la espalda. Me giré despacio.

Estaba impecable, pero había algo distinto en su expresión cuando me vio de frente. Los ojos se le suavizaron un instante, como si el tiempo se hubiera doblado. A su lado, Emily permanecía en silencio, consciente de que ese momento no le pertenecía.

—Hola —logré decir.

Julio dio un paso hacia mí. Esta vez no se detuvo del todo. Durante un segundo pareció que iba a abrazarme, y yo me tensé sin poder evitarlo. Al final solo extendió la mano, pero cuando la estreché, no la soltó de inmediato.

—Estás… —buscó las palabras, y por primera vez en años lo vi dudar—. Te ves muy bien, hija.

La palabra hija me golpeó el pecho con una fuerza inesperada. Apreté la mandíbula.

—Gracias.

Él siguió sosteniendo mi mano un segundo más de lo necesario. Había una tristeza contenida en su mirada, una culpa que no nombraba.

—No pensé que vendrías —admitió en voz baja.

—Yo tampoco.

Emily desplazó el peso de un pie al otro, incómoda. Julio finalmente soltó mi mano, como si recién entonces recordara dónde estábamos.

—Me alegra que estés aquí —dijo. La frase sonó genuina y, al mismo tiempo, insuficiente.

Yo asentí. No sonreí. No confié en mi voz lo bastante como para añadir algo más.

Se hizo un silencio denso entre los tres. Demasiados años. Demasiadas cosas rotas. Demasiado amor viejo mezclado con demasiado daño.

—Espero que disfrutes la noche —añadió finalmente, torpe.

—Igualmente.

Cuando se alejaron, sentí un nudo doloroso en la garganta. No era perdón. Tampoco era solo rabia. Era algo más confuso y más pesado: la certeza de que una parte de mí todavía recordaba lo que se sentía ser su hija y otra parte ya no sabía cómo sostener eso sin romperse.

Pasó un rato. Bebí más de lo prudente. En un momento, mientras intentaba desaparecer cerca de una de las columnas del jardín exterior, sentí una presencia demasiado cerca de mi espalda.

—No pensé verte aquí.

Me giré. Jhony estaba demasiado cerca.

—Tampoco yo esperaba verte.

Él esbozó esa sonrisa segura de siempre.

—Julio y yo nos conocemos desde hace tiempo. Soy socio de una extensión de la cadena de gimnasios. Es un gran hombre y terminamos haciendo una buena relación. Cuando me habló de la boda, insistió en que viniera.

Hizo una pausa breve. Su mirada se volvió más curiosa.

—Aunque ahora que te veo aquí, ¿tú qué eres de ellos?

Dudé un segundo. Odié tener que responder.

—Soy la hija de Julio.

Jhony no se inmutó de inmediato. Solo me observó en silencio, como si estuviera reordenando todas las piezas en su cabeza. Después sonrió. Lento. Peligroso.

—La hija… —repitió en voz baja, casi saboreando la palabra—. Entonces he estado metiéndome en la cama de la hija del hombre que me invita a su boda.

Se inclinó un poco más, lo suficiente para que solo yo pudiera escucharlo.

—Qué deliciosa ironía, April.

Su mano encontró la parte baja de mi espalda, tocando con una posesión más consciente, más calculada.

Di un paso atrás. Él avanzó uno.

—Jhony…

—Relájate. —Su tono fue suave, casi íntimo—. Nadie está prestando atención.

Pero alguien sí lo hacía.

Cuando alcé la vista por encima de su hombro, encontré a Derek a varios metros de distancia. Tenía una copa en la mano, inmóvil. Su expresión se había endurecido por completo. Nos observaba sin disimulo.

Jhony no se dio cuenta.

—Llevas un par de semanas evitándome —murmuró, inclinándose—. Pensé que habíamos dejado claro que esto no se había terminado.

—Se terminó —dije.

Él sonrió de lado.

—No te creo. —Su mano subió hasta mi brazo, posesivo, demasiado fuerte su agarre para ser un gesto casual—. Sé cómo tiemblas cuando te acerco. Sé exactamente qué necesitas aunque digas lo contrario.

Apreté la copa con fuerza.

—Suéltame.

—April… —Su voz bajó todavía más—. No hagas una escena. No aquí.

Aparté su brazo con un movimiento seco.

—No me toques.

La sonrisa de Jhony se tensó. Durante un instante pareció dispuesto a insistir. Después siguió mi mirada y finalmente notó a Derek observándonos.

Algo cambió en su expresión. Retiró la mano despacio.

—Hablamos luego —dijo en voz baja.

Se alejó. Yo me quedé con el corazón desbocado y la certeza de que Derek había visto demasiado.

Más tarde, cuando salí a la terraza en busca de aire, lo encontré allí.

Derek estaba apoyado contra la barandilla, de espaldas al salón. La luz del jardín le marcaba la mandíbula tensa. No pareció sorprendido de verme. Si acaso, había estado esperando.

—Interesante compañía —dijo sin girarse del todo.

Me detuve a unos pasos. El ruido de la fiesta quedó amortiguado detrás de las puertas de vidrio.

—No es lo que parece.

—¿No? —Ahora sí me miró. Sus ojos verdes estaban fríos, casi cortantes—. Porque desde donde yo estaba, parecía bastante claro. La mano. La cercanía. La forma en que te hablaba al oído.

Apreté la mandíbula.

—No me debes explicaciones. Ni yo a ti.

Él soltó una risa breve, sin ningún humor.

—Tienes razón. No me debes nada. —Hizo una pausa y apartó la vista un segundo, como si sopesara hasta dónde quería llegar—. Solo que resulta difícil quedarse callado cuando ves a alguien repetir exactamente el mismo error que destrozó mi vida.

La frase me golpeó más fuerte de lo que esperaba.

—No sabes nada de mí.

—Sé lo suficiente. —Su voz bajó, pero no se suavizó—. Sé cómo se ve un hombre casado cuando cree que tiene derecho a tocar a alguien que no le pertenece. Y sé cómo se ve la persona que, aun sabiéndolo, se queda quieta.

Di un paso más cerca sin darme cuenta.

—¿Y ahora también vas a decirme lo que debo hacer con mi vida?

—No. —Me sostuvo la mirada sin parpadear—. Solo te estoy advirtiendo. Porque yo ya estuve del otro lado. Pasé meses fingiendo que no veía lo que tenía delante. Y créeme no hay nada más miserable que ser el último en enterarse de que tu vida se está cayendo a pedazos mientras todos los demás ya lo sabían.

El silencio que siguió fue denso, casi físico. El viento movió apenas las luces del jardín.

—No eres nadie para juzgarme —dije finalmente, aunque la voz me salió menos firme de lo que quería.

—No te estoy juzgando, April. —Su tono se endureció—. Te estoy mostrando el mismo infierno en el que yo estuve. Y si tienes algo de sentido común, saldrás de ahí antes de que te consuma por completo.

Me miró un segundo más. En sus ojos no había compasión. Había algo más crudo: memoria. Rabia contenida. Y una advertencia real.

—Ten cuidado.

Se apartó de la barandilla y regresó hacia el salón sin esperar respuesta.

Yo me quedé en la terraza, con los dedos fríos alrededor de la copa vacía y una rabia confusa creciéndome en el pecho. Rabia hacia Jhony. Rabia hacia Derek. Rabia hacia mí misma.

Y por primera vez en mucho tiempo, no sabía cuál de las tres pesaba más.

1
Andrea
Que rabia con Jhony 😭
AndyG
Trataré de hacer un maratón hasta el capítulo 20. Luego me daré un break. Gracias a todos 🥹❤️🫶
Andii
2 capítulos seguidos. Sospechoso... No nos vayas a abandonar ahora que estoy enganchado 🤣
Andrea
Si Derek se involucra solo espero que no se comporte como Jhony... Se volvió el villano de la historia. Narcisista. Pobre April...
Andrea
He leído todos los capítulos hasta ahora. Y no sé. Me tiene estresada/intrigada 😭😭
Andii
Nunca me había identificado tanto con un personaje y no se si eso es bueno o malo /Brokenheart/
Gerson Gonzalez
Muy interesante. Sigue así.
Isabella Connelly
Dioooos cuanta tensión...
Gerson Gonzalez: Muy interesante está historia. Por lo general lo mío es fantasía y acción. Veamos cómo sigue. Saludos!
total 1 replies
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