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Se Lo Dejo A Su Amante

Se Lo Dejo A Su Amante

Status: Terminada
Genre:Traiciones y engaños / Venganza / Divorcio / Completas
Popularitas:3.4k
Nilai: 5
nombre de autor: patricia sinisterra

Creyó vivir un cuento de hadas hasta que descubrió la traición: su esposo compartía su vida, su tiempo y su dinero con otra mujer. En lugar de luchar por un amor muerto, decidió renunciar a todo… menos a sí misma.

Pero pronto descubrirán que recibir lo que otros abandonan, trae consecuencias terribles. Ella se libera, se transforma y triunfa; ellos caen en la trampa que ellos mismos construyeron. ¿Quién saldrá ganando al final?

NovelToon tiene autorización de patricia sinisterra para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 12: La verdad que rompe el espejo

La semana transcurrió entre sombras y ecos de palabras que ya no podían borrarse. Emiliano vivía como alguien que camina sobre suelo agrietado: cada paso le hacía temblar, cada llamada le helaba la sangre, cada silencio le parecía una amenaza. Ya no intentaba fingir, ni dominar, ni siquiera ocultar su angustia. Llegaba a casa con el rostro desencajado, la ropa arrugada, la mirada perdida… y se encerraba horas enteras en el estudio o en el teléfono, discutiendo, suplicando, inventando excusas que ya nadie creía.

Yaneth seguía ahí, tranquila, ordenada, imperturbable. Cumplía sus rutinas, preparaba lo necesario, guardaba cada nuevo detalle, cada nueva prueba que él mismo dejaba caer al perder el control. No se movía, no adelantaba nada, simplemente esperaba… porque sabía que cuando alguien construye su vida sobre mentiras, tarde o temprano todo se cae por su propio peso, sin que nadie tenga que empujarlo.

Y el momento llegó una tarde cualquiera, cuando el sol caía suave sobre las calles de Cali, tiñendo todo de luz dorada y cálida.

Emiliano entró golpeando la puerta detrás de sí, con paso torpe y desesperado, y tras él… entró Clarisa.

Yaneth se quedó de pie en la sala, sin retroceder ni un centímetro. Los miró a ambos: él, pálido, sudando frío, con la mirada baja y perdida; ella, temblando de rabia y confusión, con los ojos brillantes de furia, el cabello desordenado, la elegancia que siempre presumía convertida en arrebato y descontrol. Era la primera vez que las tres vidas se encontraban en el mismo espacio, bajo el mismo techo, frente a frente.

—¡Aquí la tienes! —gritó Clarisa con voz cortada, señalando a Yaneth con el dedo, como si fuera ella la culpable de todo—. ¡La esposa perfecta, la que nunca se quejaba, la que él decía que no sabía nada! ¿Y tú? —se giró hacia Emiliano, lanzándole las palabras como cuchillos—. ¿Y tú me juraste que no había nada entre ustedes? ¿Me juraste que pronto serías libre, que tendríamos todo, que eras un hombre exitoso y sin problemas? ¡Me mentiste en todo! ¡Todo!

—Clarisa… escúchame… déjame explicarte… —balbuceó él, intentando acercarse, suplicando, con esa mezcla de miedo y desesperación que ya se le había vuelto costumbre—. Las cosas no son así… hay circunstancias… no puedo hacerlo todo de un día para otro…

—¡No me digas que no es así! —le cortó ella, alzando más la voz, con lágrimas de rabia brotando de sus ojos—. ¡Hoy fui a preguntar! ¡Hoy supe la verdad! Tienes deudas ocultas, negocios en riesgo, bienes que están a nombre de los dos… ¡y ella! —señaló de nuevo a Yaneth—. ¡Ella tiene derecho a la mitad de todo, y más! Me dijiste que ella era una carga, una mujer sin recursos, que no entendía nada… ¡y resulta que es ella quien sostuvo todo este tiempo mientras tú gastabas y prometías cosas que no tenías! ¡Me vendiste un palacio y me entregaste ruinas!

Yaneth escuchaba todo en silencio, con los brazos cruzados, la mirada serena y firme. No sentía odio, ni venganza, ni placer: solo sentía la confirmación exacta de todo lo que había visto venir desde hacía meses. Cuando Clarisa se detuvo, jadeando, esperando quizás que ella gritara o defendiera algo… fue entonces cuando Yaneth habló, con voz clara, pausada y fuerte, llenando cada rincón de la habitación:

—Tienes razón en todo lo que dices, Clarisa. Él te mintió igual que me mintió a mí. Te pintó un hombre que no existe: exitoso, libre, capaz de darte el mundo… cuando en realidad solo sabe dar promesas vacías y deudas que otros terminan cargando. Durante ocho años yo creí en él, lo cuidé, lo ayudé a crecer, lo puse por encima de todo… y ¿sabes qué encontré al final? Que mientras yo construía, él destruía. Que mientras yo le daba todo, él te prometía lo que no era suyo para dar.

Giró entonces la mirada hacia Emiliano, que permanecía encogido, como esperando el golpe final:

—Tú nos usaste a las dos. A mí para tener estabilidad, imagen y tranquilidad; a ella para tener ilusión, emoción y lo que creías que era amor. Nunca amaste a ninguna de las dos. Solo te amaste a ti mismo. Solo querías que todo girara a tu alrededor, sin importarte a quién dañabas. Y ahora… aquí están los resultados: el hombre que creías tener, Clarisa… es exactamente el mismo que yo descubrí hace mucho tiempo: egoísta, mentiroso, incapaz de cumplir lo que promete.

Clarisa lo miró entonces, como si por primera vez lo viera de verdad: sin el traje perfecto, sin las palabras bonitas, sin el brillo falso que ella misma le había puesto. Vio a un hombre asustado, roto, pequeño… y sintió cómo todo lo que había soñado se desvanecía en un segundo, convertido en polvo.

—¿Es cierto todo lo que dice ella? —le preguntó con voz temblorosa, ya sin fuerza, sin arrogancia—. ¿Me mentiste desde el primer día? ¿Nunca tuviste intención de dejarla? ¿Nunca tuviste nada que darme más que palabras?

Él intentó hablar, moverse, buscar cualquier salida… pero no tenía nada más que decir. Las excusas se le habían acabado, las mentiras ya no cabían en su boca, y delante de las dos mujeres que había engañado, solo le quedó la verdad desnuda: no era el héroe ni el amante que querían ver. Era solo un hombre que había querido tenerlo todo… y ahora se quedaba sin nada.

Yaneth dio un paso hacia adelante, y su voz sonó como una sentencia definitiva, clara y rotunda, la misma frase que había llevado en el alma desde el principio:

—Ya lo dije muchas veces… y lo digo aquí, frente a los dos, para que quede grabado para siempre: SE LO DEJO TODO A SU AMANTE.

Se lo dejo a ella: al hombre, sus problemas, sus deudas, sus negocios, sus mentiras, todo lo que él es y todo lo que él tiene. No quiero nada de lo que compartí con él, porque ya no tiene valor para mí. Que se lleve la casa, que se lleve el nombre, que se lleve todo lo que tanto pidió y tanto deseó… pero que sepa bien: también se lleva todo lo que él ocultó, todo lo que él rompió, todo lo que él nunca quiso mostrar.

Se giró hacia Clarisa, mirándola directo a los ojos, con firmeza pero sin odio:

—Tú lo buscaste, tú lo pediste, tú creíste que valía la pena luchar por él. Pues tómalo. Es tuyo. Pero recuerda bien lo que te digo hoy: yo no pierdo nada. Yo solo me libero de lo que nunca debió ser mío. Tú… tú acabas de recibir exactamente lo que te ganaste.

Clarisa se quedó inmóvil, con el rostro pálido, entendiendo al fin que había ganado una batalla que no valía nada, que había perseguido un premio que en realidad era una carga pesada y oscura. Miró a Emiliano, y ya no vio al hombre que amaba: vio al hombre que la había engañado, que la había arrastrado a un abismo, que le había vendido una vida que no existía. Y en esa mirada ya no había amor… solo desilusión profunda y rabia contenida.

—Te lo llevas tú —le dijo ella a él, con voz fría y cortante—. Todo esto… tú te lo quedas. Yo no quiero nada. Ni a ti, ni tus problemas, ni tu vida de mentiras. ¡Me asqueas!

Y dando media vuelta, salió de la casa tan rápido como había entrado, dejando la puerta abierta detrás de sí, dejando atrás todo lo que había creído querer… y dejando a Emiliano solo, completamente solo, en medio de la sala, con el eco de las palabras de ambas mujeres resonando en sus oídos, y la certeza absoluta de que había perdido todo lo que tenía.

Yaneth se quedó un momento más, mirándolo por última vez: al hombre que había sido su mundo, su sueño, su vida… y que ahora no era más que una sombra de lo que ella creyó conocer. No sintió rencor, ni dolor, ni lástima: solo sintió que el pasado ya se había cerrado para siempre.

—Adiós, Emiliano —dijo suavemente, sin emoción alguna—. Que te vaya bien con lo que elegiste.

Y entonces, con paso firme, tranquilo y ligero, salió de esa casa, de esa vida, de esa historia… dejando atrás todo lo que ya no le pertenecía, caminando hacia lo nuevo, hacia lo suyo, hacia la libertad que se había ganado a pulso, con la frente en alto y el corazón en paz.

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Eliana Angulo
excelente capítulo @🥀 ✨ 𝓟𝓪𝓽𝓻𝓲𝓝𝓸𝓿𝓪 ⋆ 👏👏
Eliana Angulo
no te quedes callada Yaneth dile más a ese perro😡
Eliana Angulo
se hace el loco este hombre ..... todo lo que le está pasando, se lo busco el
Eliana Angulo
pero que reclama este hombre... si el fue que quiso vivir dos vida y fue el le pintó un vida a la amante que no podía darle
Eliana Angulo
🤣🤣🤣 mija le pintaron pajaritos en el aire🤣🤣
Eliana Angulo
Yaneth eres la mejor... así deberíamos ser las mujeres..no pelear por hombres, que las amantes solas se estrellen con la realidad 🤣🤣
Eliana Angulo
más de ladrón bufon... sinceramente que de los hombres se puede esperar cualquier cosa... ahora ella le sale a deber😡
Eliana Angulo
así se habla Yaneth 👏👏👏
Eliana Angulo
una mujer valiente, yo desde que me hubiera enterado que tiene otra le reclamaría así sea que me llamara loca
Flickr Mary Soly
Livertad dice pero sigue siambulando por ahi
Flickr Mary Soly
Y que hace hay ella por que no se va
🥀 ✨ 𝓟𝓪𝓽𝓻𝓲𝓝𝓸𝓿𝓪 ⋆: Porque primero necesita reunir todas las pruebas, aclarar todo lo oculto
total 1 replies
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