Carolina Ferreira creía haber encontrado el amor de su vida. Se casó llena de sueños e hizo todo lo posible para que el matrimonio funcionara. Pero, con el tiempo, empieza a sentir que algo no encaja. La distancia de Henrique Rodrigues no proviene solo de palabras duras, sino también del silencio, la frialdad y las ausencias nocturnas que hieren más que las peleas.
Henrique carga con un pasado que Carolina no conoce del todo y unas decisiones que nunca fueron realmente suyas. Mientras ella insiste en amar, él se cierra. Pero ningún corazón aguanta amar solo para siempre. Y cuando el sentimiento empieza a enfriarse, las consecuencias pueden ser irreversibles, y Henrique descubrirá que no se debe pisotear un corazón apasionado. Pero ¿será demasiado tarde?
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Capítulo 16
Carolina,
Todo lo que pude hacer para que le gustara, lo intenté. Incluso me lancé sobre él en el baño, y aún así, no me quiso. No puedo dejar que mi sentimiento por él hable ahora, necesito ver su reacción cuando su novia esté cerca.
— Podría tomar un avión hoy mismo y volar hasta Salvador e ir tras ella. Pero decidí quedarme, para intentar tener una relación contigo.
— Tu orgullo es demasiado grande para que vayas tras ella, te conozco.
— No me conoces, pues ni siquiera pasó por mi cabeza ir para allá. Me desperté por la mañana y...
— Pero cuando llegamos de la fiesta de tu madre, fuiste directo a su casa, ¿no es así? — Él espera un poco, pero después confirma. — No necesitas explicarte, Henrique, podemos continuar como estamos. No me lastimes más, pues solo estoy en este matrimonio aún, porque quiero salir con el corazón limpio. Y todo lo que me haces, mata un poco de lo que siento por ti. Y mi objetivo, es irme sin llevar ningún recuerdo, para que ni siquiera sienta nostalgia. Tu corazón ya tiene dueña, y yo no voy a meterme en eso.
Me levanto del sofá, tomo un libro y me siento en el sillón, donde él no puede estar a mi lado. Lo miro, que se queda pensando, parece que está peleando con sus pensamientos. Él cierra los ojos, y suspira, y cuando me mira, miro el libro en mis manos. Él se levanta de golpe, me quita el libro de la mano, y me jala para que me levante.
Después, se agacha, y me pone en su hombro, y yo me quedo sin entender lo que está haciendo. Él nos lleva hasta el cuarto, y me tira en la cama. Voy retrocediendo, cuando veo que él empieza a quitarse la camisa.
— No intentes hacer eso, solo vas a hacer que te odie.
— ¿Y qué estoy haciendo? ¿Crees que voy a forzarte a hacer algo? — Él viene y se acuesta a mi lado, y se queda mirándome. Paso los ojos por su cuerpo, él siempre tuvo un cuerpo lindo. Miro hacia adelante con la cara seria, pues no me está gustando mucho lo que está haciendo. — Dame una oportunidad, vamos a hacer lo correcto, solo tú puedes aceptar eso.
— Yo intenté, e intenté sola mientras tú solo despreciabas. No quiero más participar de esta broma.
— No es broma. — Él lleva su mano hasta mi pierna, y con la punta de los dedos va subiendo hasta mi brazo. — Pero voy a hacer lo que dijiste. No voy a tocarte hasta separarme de Tatiane. Pero quiero que no te quedes con esa cara de enojada, ¿puedes ser la esposa que eras antes? Prometo que seré diferente en mis actitudes.
— ¿Y si no lo eres? ¿Si yo soy como antes y tú vuelves a ser también? Solo puedo confiar en ti cuando termines con ella de verdad.
— Voy a terminar, te lo prometo. Ven acá. — Él se acuesta más y me jala para sus brazos y me acoge, como si fuéramos una pareja de verdad. — Vamos a quedarnos así, para que sientas que estoy hablando la verdad.
Esto es nuevo para mí, Henrique nunca ni siquiera se quedó cerca, ¿ahora me está abrazando? Cómo quería que todo esto fuera real, que no existiera ninguna Tatiane en nuestra vida. Él coloca la cabeza en la curva de mi cuello, y aspira el aire, mi cuerpo reacciona, se eriza sintiéndolo.
Algunos minutos después en esa posición, siento la respiración de él más leve. Salgo de sus brazos bien despacio, y veo que él se durmió. Me levanto de la cama y me siento en la silla, mirando seriamente hacia él. ¿Será que está siendo sincero? ¿O será apenas una venganza contra ella, para mostrar que no está solo? ¿Seré yo un tapa agujeros? ¿O él realmente está empezando a verme, ahora que estoy lista para librarme de él?
Maldición, son muchas preguntas que no consigo responder. Quería poder ser una vidente ahora, solo para entrar en los pensamientos de él y descubrir toda la verdad. Henrique se mueve, y abre los ojos, y así que me ve, me da una sonrisa.
Esto es otra cosa nueva para mí, pues desde el día en que lo conocí, él nunca había sonreído. Últimamente está haciendo mucho eso, y me dejando confundida.
— Vamos a pasar la noche aquí, pero de mañana vamos a volver para la capital. Vamos a dejar las ropas que trajimos para acá, y volveremos cuando queramos.
— Cierto, yo no puedo mismo faltar en el trabajo, mi jefe es legal, pero no puedo fallar con él. — Él concuerda y golpea con la mano en la cama, para que yo me acueste a su lado. Me levanto, y voy hasta él. No sé si debo aprovechar ese momento, o salir corriendo para bien lejos. Pero por mientras, mejor me quedo y veo hasta donde va esta escenificación de él.
(...)
Los días van pasando, y él ha estado bien atento a cada día que pasa. Todos los días, él me lleva para el trabajo, mismo yo hablando que no necesita, ya que yo tengo mi carro. Pero él insiste, ya que la lonchería queda bien de frente para la empresa de él. Mi salario aumentó, lo que me dejó más feliz en el trabajo, pues ¿a quién no le gusta un aumento?
En la salida también, él me busca y me lleva para casa, donde almorzamos juntos. Algunas veces él vuelve para la empresa, otras se queda en casa conmigo. Y con este nuevo Henrique, en vez de yo empezar a odiar, el amor que siento por él empieza a florecer nuevamente, como si hubiera despertado del sueño.
Entonces, como toda su mudanza, resuelvo dar una oportunidad para él, mismo con un pie atrás, porque ya pienso en la vuelta de la rubia en nuestra vida y que todo esto acabe. Todas las noches dormimos juntos, él hasta colocó una franja en mi cuarto, hablando que mi entrada en aquel cómodo está prohibida.
Ahora puedo decir que estoy viviendo un sueño de verdad, pues en el día de mi casamiento, era eso que yo siempre soñé. Tener una vida así con él. Pero si esto fuera un sueño, yo no quiero despertar nunca más.