Rosaly es una loba Alfa de pura sangre, primogénita de la manada Tierra de Fuego. Sin embargo, para huir de las guerras y de la presión por encontrar a su pareja ideal, se exilia en la ciudad y abre el Spa Serenidad Azul junto a su mejor amiga Thais. Su pacífica vida de oficina cambia por completo cuando dos hombres imponentes vestidos de traje entran exigiendo un masaje VIP.
Al cruzar miradas, su loba ruge una palabra: «¡MATE!». El cliente de ojos carmesí es Asmodeo Vane, el mismísimo Rey del Inframundo. Él busca a unos demonios traidores compinchados con brujas oscuras y con el tío rebelde de Rosaly para destruir a su familia.
Rosaly no es una sumisa damisela en apuros y Asmodeo no acepta un «no» por respuesta. En medio de un sensual tira y afloja entre la CEO de la ciudad y el Soberano del Abismo, se sellará la alianza más peligrosa de sus vidas. ¿Podrá el fuego del infierno domar el orgullo de la manada?
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CAPITULO 15 DESTELLOS DORADOS Y EL REHEN DE LA NIEBLA
El regreso de Thais y mío a la casa grande, acompañadas por nuestros respectivos demonios, duró apenas unos minutos de relativa calma. Todavía guardaba en los labios el calor del beso de Asmodeo y Thais traía un brillo dorado en los ojos que delataba que Damian había hecho un gran trabajo ablandando su armadura de granito. Sin embargo, la burbuja romántica estalló en mil pedazos en cuanto pusimos un pie en el porche principal.
La puerta de madera noble se abrió de golpe y Celeste salió al exterior. Sus túnicas blancas ya no flotaban con suavidad; ondeaban con violencia y el báculo de madera blanca que sostenía en la mano derecha vibraba con un zumbido eléctrico. Sus ojos verdes emitían fogonazos de una luz dorada purísima.
—¡Asmodeo! ¡Rosaly! —exclamó la reina bruja, y su voz mística resonó en toda la plaza, alertando a los lobos que entrenaban cerca—. ¡Ha comenzado! El aquelarre de Morgana acaba de activar un anclaje masivo de magia de sangre en el bosque este. Las fluctuaciones están chocando contra mi barrera de luz justo ahora.
Mi padre, Thomas y Saúl salieron corriendo detrás de ella, con los rostros desencajados y los instintos licántropos a flor de piel. Mi hermano Saúl ya mostraba los colmillos alargados de su rango.
—¿El bosque este? —rugió mi padre, revisando mentalmente el territorio—. Esa es la zona más densa, plagada de cuevas y desfiladeros de roca. Mis rastreadores cubren esa linde. Si Morgana está activando magia allí, es porque Gustav va a lanzar a sus lobos rebeldes como una apisonadora por ese flanco.
—No es un ataque común, Alfa Arthur —le advirtió Celeste, cerrando los ojos por un segundo mientras un destello dorado brotaba del cristal de su báculo—. Morgana está forzando el velo de ocultación al máximo. Puedo ver el espejismo de calor en el aire a través de mi reflejo. Se están moviendo rápido entre los árboles orientales.
—¡Saúl, toma a la primera línea de caza y muévete hacia el río este! —ordenó mi padre con su imponente voz de mando—. ¡Thomas, despliega a los defensores en la linde de las cabañas! ¡Nadie pasa de la empalizada!
—¡Espera, papá! —le interrumpí, dando un paso al frente y sacando mi mentalidad de CEO antes de que el pánico organizativo se apoderara del lugar—. No podemos mandar a Saúl a ciegas al río este solo porque la magia brille allí. Recordad lo que descubrimos en el sótano: los velos de Morgana se alimentan de la ignorancia de sus propios peones. Si nos volcamos en el este, podríamos estar dejando el oeste desprotegido para una emboscada real del propio Gustav.
Asmodeo asintió, colocándose a mi lado y cruzándose de brazos, mirándome con un orgullo infinito por mi frialdad estratégica.
—Mi reina tiene razón, Arthur. Morgana es una serpiente. Ese destello en el este es demasiado obvio. Está buscando que dividamos nuestras fuerzas. Damian, comunícate con la linde del bosque. Que mis guerreros del abismo mantengan la posición central. No nos moveremos hasta que el panorama esté claro.
Estábamos en medio de esa tensa discusión estratégica cuando el suceso imprevisto que nadie esperaba cortó el aire de la manada de la manera más cruel posible.
Un aullido de dolor y auxilio rasgó la niebla desde el sendero que conectaba con la frontera sur. No era el aullido de un lobo de Gustav; era el llanto desesperado de un cachorro de nuestra propia manada.
Segundos después, una silueta emergió de la bruma a toda velocidad, tambaleándose y arrastrando los pies. Era Mateo, un lobo rastreador de apenas diecinueve años que formaba parte de la patrulla fronteriza que Saúl supervisaba. Tenía la ropa desgarrada, el pecho cubierto de arañazos sangrientos y un aura de terror absoluto que nos revolvió el estómago a todos. Pero lo peor no eran sus heridas físicas; lo peor era lo que traía entre los brazos.
Mateo cayó de rodillas sobre la tierra de la plaza, justo a los pies del porche. Mi madre y Martha salieron corriendo con los botiquines, pero mi padre y Saúl se adelantaron, conteniendo la respiración.
—¡Mateo! ¿Qué ha pasado? —preguntó Saúl, arrodillándose a su lado y sujetándolo por los hombros—. ¿Dónde está tu patrulla?
—Nos... nos emboscaron, Saúl... —tosió el joven rastreador, escupiendo un hilo de sangre—. No los olimos. Aparecieron de la nada en el sendero del sur. Eran lobos oscuros... y seres con ojos negros. Los mataron a todos. A mí... a mí me dejaron vivir solo para traeros esto.
Mateo extendió sus manos temblorosas y depositó en el suelo un objeto que hizo que la sangre de Thais y Tobías se congelara en un instante. Era un lazo de cuero canela trenzado, roto por la mitad y manchado de sangre. El amuleto de protección de la hermana pequeña de Thais... la Luna destinada de mi hermano Saúl.
—¡No... no puede ser! —exclamó Thais, tapándose la boca con las manos mientras las lágrimas acudían a sus ojos—. ¡Lucía! Ella estaba en el refugio de la frontera sur ayudando con los suministros de reserva...
Saúl se quedó completamente petrificado. Sus ojos, que normalmente eran de un castaño cálido, se tiñeron de un azul Alfa salvaje, brillante y descontrolado. Un gruñido sordo, un sonido ancestral y asesino que hizo temblar el suelo, brotó de su pecho. Su lobo interior estaba a punto de tomar el control absoluto por el dolor del lazo herido. Su mate, su compañera, acababa de ser capturada por el enemigo.
—Gustav... —siseó Saúl, poniéndose en pie con los puños tan apretados que las garras le perforaban las palmas de las manos—. Ese maldito malnacido tiene a mi Luna.
—¡Saúl, alto! ¡No te muevas por impulso! —le gritó mi padre, intentando sujetarlo, pero el dolor de un Alfa joven que ve a su pareja en peligro es una fuerza casi imposible de contener—. ¡Es una trampa! Te están provocando para que vayas directo a sus garras.
—¡Me importa una mierda que sea una trampa, papá! —rugió Saúl, encarándose a su propio padre con una falta de respeto que reflejaba su desesperación—. ¡Tienen a Lucía! Si tengo que quemar el bosque entero con mis propias manos para traerla de vuelta, lo haré. ¡Tobías, conmigo! ¡Nos vamos al sur ahora mismo!
Tobías, destrozado también por el secuestro de su hermana pequeña, dio un paso al frente, listo para seguir a su Alfa hacia una muerte segura.
—¡He dicho que os detengáis los dos! —mi voz de Alfa y de CEO resonó con la fuerza de un latigazo en toda la plaza, obligando a Saúl y a Tobías a detenerse en seco a mitad del sendero. Me bajé del porche a paso firme y me planté delante de mi hermano menor, sosteniéndole la mirada salvaje sin parpadear. Kala rugía dentro de mí, compartiendo el dolor familiar, pero mi cerebro seguía buscando el beneficio del negocio de la supervivencia—. Mírame, Saúl. Mírame bien. Sé exactamente lo que sientes. Sé que el lazo te está quemando las venas. Pero si sales corriendo hacia el sur con Tobías y una docena de lobos enfurecidos, lo único que vas a conseguir es que Gustav os mate a los dos y use vuestra sangre de Alfas para activar el portal de Morgana más rápido. ¿Es eso lo que quieres para Lucía? ¿Convertirte en su verdugo por culpa de tu impaciencia?
Saúl apretó los dientes, temblando de rabia y dolor, pero las lágrimas de impotencia empezaron a rodar por sus mejillas. El recordatorio de que su imprudencia podría matar a su Luna le frenó el golpe.
Asmodeo se acercó a nosotros, colocando una mano firme sobre el hombro de mi hermano menor. Su energía oscura rodeó a Saúl, no para atacarlo, sino para estabilizar su aura licántropa desbocada con el peso de su propia soberanía.
—Escucha a tu hermana, cachorro —dijo Asmodeo con una seriedad que infundía un respeto absoluto—. Liderar significa mantener la cabeza fría cuando el infierno se desborda. Gustav y Morgana han cometido su peor error estratégico. Al capturar a tu Luna y activar ese destello en el este, nos acaban de revelar sus dos cartas. El este es la distracción mágica. El sur es la emboscada física donde te esperan. Lo que significa... que el santuario oscuro de Morgana y el artefacto real están ocultos exactamente en el punto intermedio: el Valle de las Sombras, en el centro del bosque. Pensaban que nos dividiríamos entre el este y el sur, dejándoles el centro libre para el ritual.
Celeste miró el báculo, y una sonrisa de triunfo cruzó su rostro de magia blanca.
—El Rey Demonio tiene razón. Las líneas místicas coinciden. El secuestro de la joven es la pieza que nos faltaba para triangular la posición real de Morgana. Están en el Valle de las Sombras.
Giré la cabeza hacia mi padre, Thomas y los chicos. La tregua familiar se había convertido oficialmente en un consejo de guerra definitivo.
—Muy bien, familia —declaré, y mis ojos zafiro brillaron con una luz asesina que Kala aprobó con un rugido de guerra—. Gustav quería jugar sucio tocando a nuestra gente. Ahora va a descubrir lo que pasa cuando intentas estafar a una Alfa con mentalidad de empresaria. Saúl, vas a recuperar a tu Luna, te lo prometo. Pero lo haremos bajo mis reglas. Asmodeo, Celeste... preparad a vuestra gente. Nos vamos al Valle de las Sombras a asolar ese santuario oscuro de una vez por todas.
La cuenta atrás se había terminado. El imprevisto nos había dolido en el alma, pero también nos había dado la ubicación exacta del enemigo. La batalla por la manada Tierra de Fuego y por la salvación de Lucía acababa de comenzar.