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LA HEREDERA QUE NO DEBIÓ VOLVER

LA HEREDERA QUE NO DEBIÓ VOLVER

Status: En proceso
Genre:Malentendidos / Traiciones y engaños / Venganza
Popularitas:2.2k
Nilai: 5
nombre de autor: Yesid Cabas

El día de su boda, Camila Duarte descubrió tres cosas: que su prometido nunca la amó, que su hermana tenía una relación con el, y que la familia que la crio la había estado usando desde el principio.

NovelToon tiene autorización de Yesid Cabas para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

CAPÍTULO 13: LOS ÚLTIMOS MIL DÍAS

Los siguientes tres años transcurrieron para Camila de una manera que ella misma, mirando atrás, jamás hubiera podido imaginar durante los primeros meses devastadores de su condena.

El plan avanzó despacio, con la paciencia meticulosa de dos mujeres que sabían exactamente lo que estaba en juego si algún detalle salía mal. El hermano de Trinidad, un hombre que Camila nunca conocería en persona hasta el día de su salida, se encargó, a través de cartas codificadas que llegaban camufladas entre correspondencia legal de Gabriel, de ir construyendo pieza por pieza la vida de Valeria Cross.

Un pasaporte panameño, obtenido mediante un programa legítimo de inversión extranjera, financiado con los primeros doscientos mil dólares liberados de la participación en Minera Altoro. Un historial crediticio impecable, construido durante dos años mediante transacciones cuidadosamente documentadas en cuentas bancarias que jamás mencionaban una sola palabra en español, ni un solo dato que pudiera vincularse con la ciudad donde Camila había nacido. Referencias comerciales de empresas reales, pequeñas pero legítimas, dispuestas a confirmar, a cambio de generosas comisiones, que Valeria Cross había trabajado con ellas durante los últimos cinco años como asesora de inversiones internacionales.

—Tu acento va a ser el primer detalle que alguien note —le advirtió Trinidad, una tarde en la biblioteca, mientras Camila repetía frases en un inglés cada vez más pulido, aprendido de cintas de audio que Gabriel había logrado introducir disfrazadas de material de estudio legal—. Alguien que pasó cinco años en Ginebra no habla exactamente igual que alguien que nunca salió de esta ciudad.

—Llevo dos años practicando, Trinidad.

—Y se nota. Pero todavía te apresuras con las erres cuando te pones nerviosa. —Trinidad sonrió, con esa mezcla de exigencia y cariño que había definido toda su relación desde el primer día—. Valeria Cross nunca se pone nerviosa. Valeria Cross ha negociado con hombres mucho más peligrosos que cualquiera que vayas a encontrar en esta ciudad.

Camila —o quien empezaba a convertirse cada día un poco más en Valeria— asintió, repitiendo mentalmente cada palabra, cada gesto, cada pequeño detalle que llevaba tres años perfeccionando: la manera de sostener una copa de vino sin apretar demasiado el tallo, la forma exacta de cruzar las piernas al sentarse en una junta de negocios, el tono preciso de voz que transmitía autoridad sin necesidad de elevarlo jamás.

Gabriel siguió visitándola cada mes, cada vez con noticias más precisas sobre el imperio financiero que Camila estaba a punto de heredar sin que nadie lo supiera. Fenwick Holdings había continuado sus movimientos trimestrales, silenciosos y constantes. Silverline Trust seguía apareciendo, de manera esporádica, vinculada a gastos domésticos de la mansión Duarte que ningún auditor externo se había molestado jamás en cuestionar. Y el fideicomisario de Georgetown —cuyo nombre completo Gabriel finalmente había logrado identificar, tras meses de investigación paralela realizada con un cuidado obsesivo por no dejar ningún rastro que pudiera alertar a la familia Duarte— resultó tener conexiones directas con al menos tres bufetes que también representaban, en distintos momentos, los intereses legales de Doña Perla.

—Cada pieza encaja —le dijo Gabriel, durante una de sus últimas visitas antes de la fecha de liberación—. Pero seguimos sin poder probar con absoluta certeza que tu madre ordenó el asesinato de Ernesto Roig. Tenemos motivo financiero. Tenemos oportunidad. Lo que nos falta es la conexión directa e innegable.

—La vamos a encontrar. —Camila lo miró con una determinación que ya no admitía ninguna duda—. Cuando salga, voy a estar lo suficientemente cerca de ella como para encontrar exactamente lo que estamos buscando.

—Camila... —Gabriel dudó, y por un instante, la máscara profesional que solía mantener durante las visitas se resquebrajó ligeramente—. Cuando salgas de aquí en dos meses, vas a tener que decidir cómo y cuándo voy a poder volver a verte. Una vez que Valeria Cross exista oficialmente, cualquier conexión visible conmigo podría comprometer todo lo que hemos construido.

Camila sintió el peso exacto de lo que Gabriel estaba diciendo. Durante tres años, sus visitas mensuales se habían convertido en el único vínculo genuino, sin cálculo ni estrategia, que la mantenía anclada a algo parecido a la esperanza. Y ahora, justo cuando la libertad finalmente estaba al alcance de la mano, ese mismo vínculo se convertía en un riesgo que no podía darse el lujo de correr.

—Vamos a encontrar la manera —dijo, con más certeza de la que realmente sentía—. Valeria Cross puede tener un abogado nuevo. Alguien que aparezca en su vida de manera completamente orgánica, sin ninguna conexión visible con Camila Duarte.

—¿Estás sugiriendo que finjamos conocernos por primera vez?

—Estoy sugiriendo que hagamos lo que sea necesario. —Camila extendió la mano sobre la mesa, y Gabriel la tomó, con una intensidad que llevaba tres años conteniendo—. No voy a perder lo único bueno que me queda, Gabriel. Ni siquiera por esto.

La noche antes de su liberación, Camila se sentó por última vez frente a Trinidad en la biblioteca, sintiendo una mezcla extraña de euforia y una tristeza que no había anticipado del todo.

—Vas a estar bien —dijo Trinidad, con una calidez que raramente mostraba tan abiertamente—. Has construido en tres años lo que a otras personas les toma toda una vida entender: paciencia, estrategia, y el conocimiento exacto de cómo se mueve el poder real en este mundo.

—No lo hubiera logrado sin ti.

—Lo hubieras logrado de todas formas, tal vez más lento. —Trinidad sonrió, con una expresión que por primera vez dejaba ver algo parecido a la vulnerabilidad—. Yo solo aceleré el proceso. Y a cambio, tú me diste algo que no tenía desde hace mucho tiempo dentro de estos muros: un propósito.

—¿Qué vas a hacer cuando salgas tú también?

—Tengo un año más. —Trinidad se encogió de hombros, con una calma resignada—. Y cuando salga, espero encontrar noticias de una mujer llamada Valeria Cross, causando exactamente el tipo de desorden financiero que una familia como los Duarte jamás vio venir.

Camila sonrió, sintiendo por primera vez en años algo parecido a la felicidad genuina.

—Te lo prometo. Y cuando salgas, vas a tener un lugar esperándote. No como empleada, ni como asesora. Como socia.

Trinidad la miró fijamente durante un largo momento, y por primera vez desde que Camila la conocía, sus ojos se humedecieron ligeramente.

—Ve a destruirlos, Camila Duarte. —Se puso de pie, extendiendo la mano una última vez—. O mejor dicho: ve a destruirlos, Valeria Cross.

A la mañana siguiente, bajo un cielo gris de finales de invierno, Camila cruzó por última vez las puertas de acero del Centro Penitenciario Femenino de Altavista, con una pequeña bolsa que contenía todas sus pertenencias, un documento de libertad definitiva firmado apenas una hora antes, y una determinación forjada durante mil ochenta días exactos de dolor, aprendizaje, y una paciencia que ya no tenía absolutamente ningún límite.

No se giró a mirar atrás.

Porque la mujer que salía de esa prisión ya no era, para ningún efecto legal ni personal, Camila Duarte.

Y en algún lugar de la ciudad que la esperaba, ajena por completo a lo que estaba a punto de desatarse sobre ella, Doña Perla Duarte se preparaba para celebrar, esa misma semana, el segundo aniversario de bodas de su hija Renata, sin la más mínima sospecha de que el reloj que llevaba tres años corriendo en su contra estaba, finalmente, a punto de detenerse.

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Cecilia Hoyos Serna
excelente narrativa , da al lector el poder de ir encajando los sucesos y acomodando la trama perfectamente.
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