Evelyn Bellamy ha vivido toda su vida bajo un nombre que quizá nunca le perteneció. Cuando una antigua fotografía, una cinta azul y una serie de muertes inexplicables despiertan recuerdos que creía perdidos, descubre que su pasado esconde una verdad capaz de destruirlo todo. Ahora deberá descubrir quién es realmente antes de que alguien silencie la verdad para siempre.
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Capítulo 12: Dos hijas, una mentira
Evelyn seguía mirando la fotografía.
Las dos aparecían frente a la casa Laurent.
Juntas.
Adultas.
Y la imagen había sido tomada aquella misma noche.
No era una amenaza vacía.
Alguien las había estado observando.
Alistair guardó la fotografía en el bolsillo de su abrigo.
—Tenemos que irnos.
La verdadera Evelyn negó.
—No.
—¿Qué?
—Si quien tomó esa fotografía quería que huyéramos, no pienso darle el gusto.
Evelyn la observó.
Era la primera vez que veía a alguien enfrentarse al peligro con la misma determinación que ella.
Quizá realmente eran hermanas.
—Quiero saber una cosa —dijo Evelyn.
Su hermana la miró.
—Pregunta.
—¿Por qué desapareciste?
La expresión de Evelyn Bellamy cambió.
—Porque me obligaron.
—¿Quién?
—Nuestro padre.
La respuesta fue inmediata.
—Después del incendio, me llevó lejos. Durante años me hizo creer que nuestra madre había muerto y que tú también.
—¿Por qué?
—Porque quería que olvidara quién era.
—¿Y cómo escapaste?
Evelyn Bellamy sacó un pequeño libro de su bolso.
—Mi padre murió hace cuatro años.
Alistair frunció el ceño.
—Entonces, ¿quién te estaba vigilando?
—Nadie.
Evelyn abrió el libro.
Dentro había una serie de cartas.
—Después de su muerte encontré esto entre sus pertenencias.
Evelyn tomó una de las cartas.
Reconoció inmediatamente la letra.
—Isabelle.
—Sí.
—¿Tuviste contacto con ella?
—No.
—Entonces ¿cómo llegaron estas cartas hasta ti?
—Porque fueron escritas para mí.
Evelyn abrió los ojos.
—¿Cuándo?
—Antes del incendio.
La habitación quedó en silencio.
Evelyn comenzó a leer.
“Mis dos hijas:
Si alguna vez leen esto, quiero que sepan algo que nadie podrá cambiar.
Nacieron juntas, pero sus vidas fueron separadas por una razón.
Una de ustedes heredará la propiedad Laurent.
La otra heredará el apellido Bellamy.
No permitan que nadie las haga creer que una vale más que la otra.”
Evelyn bajó la carta.
—¿Eso era todo?
—No.
Su hermana señaló el final.
Había una segunda página.
Evelyn continuó.
“Pero hay algo que su padre desconoce.
La verdadera herencia no es ninguna propiedad.
Está escondida en el lugar donde comenzó nuestra familia.
Solo podrá encontrarse cuando ambas estén juntas.”
Evelyn levantó la mirada.
—Por eso nos separó.
—Sí.
Alistair comprendió.
—Creía que una de ustedes tenía acceso a la herencia.
—No exactamente —respondió Evelyn Bellamy.
—Entonces, ¿qué quería?
Ella cerró el libro.
—Quería encontrarla antes que nosotras.
—¿Encontrar qué?
—El registro original de la familia Laurent.
Evelyn frunció el ceño.
—¿Un documento?
—Sí.
—¿Y qué tiene de especial?
Su hermana la miró directamente.
—Demuestra quién era realmente nuestro padre.
Evelyn sintió que una pieza encajaba.
—No era un Laurent.
—No.
—Entonces, ¿quién era?
Evelyn Bellamy negó con la cabeza.
—Eso todavía no lo sé.
Evelyn soltó el aire.
—Pensé que habías dicho que íbamos a resolver esto.
—Y lo estamos haciendo.
Su hermana señaló la carta.
—Ahora sabemos por qué nos separaron.
Evelyn tuvo que admitir que era cierto.
Por primera vez, una parte del misterio tenía una respuesta.
No habían sido separadas por una simple disputa familiar.
Su padre las había separado porque necesitaba mantener oculta la verdadera historia de su linaje.
Alistair tomó otra carta.
—Aquí hay algo más.
La abrió.
La fecha era posterior al incendio.
Evelyn se quedó inmóvil.
—¿Cómo puede ser?
La carta estaba firmada por Isabelle.
“Evelyn, si estás leyendo esto, significa que tu hermana finalmente te encontró.
No regreses a la casa Laurent.
El documento está allí, pero no en la habitación que todos conocen.
Busca donde las dos aprendieron a escribir sus nombres.”
Evelyn levantó lentamente la cabeza.
—La habitación de las niñas.
Su hermana asintió.
—Exactamente.
***
Regresaron a la mansión antes del amanecer.
Beatrice estaba esperándolas en el vestíbulo.
Cuando vio a las dos mujeres juntas, se quedó sin palabras.
Evelyn se acercó.
—Mamá.
Beatrice miró a la otra mujer.
Sus ojos se llenaron de lágrimas.
—Evelyn.
La verdadera Evelyn dio un paso hacia ella.
Durante unos segundos ninguna habló.
Después Beatrice la abrazó.
Evelyn observó la escena en silencio.
Por primera vez comprendió algo importante.
Su madre no había olvidado a aquella niña.
Había pasado trece años esperando volver a verla.
—Lo siento —susurró Beatrice.
Evelyn Bellamy cerró los ojos.
—Yo también.
Después se separaron.
Evelyn se acercó a su madre.
—Hay algo que necesito saber.
—¿Qué?
—¿Por qué nunca me dijiste que tenía una hermana?
Beatrice bajó la mirada.
—Porque creí que había muerto.
Evelyn recordó la carta.
—Pero sabías que estaba viva.
Beatrice negó.
—No.
—Entonces dime la verdad.
Beatrice respiró profundamente.
—La última vez que vi a tu hermana fue la noche del incendio.
—¿Y después?
—Nunca volví a verla.
Evelyn sintió que una parte de su resentimiento comenzaba a cambiar.
Su madre no había conocido toda la verdad.
Había sido manipulada igual que ellas.
—Hay otra cosa —dijo Beatrice.
Evelyn la miró.
—¿Qué?
—Tu padre no era quien creíamos.
La frase hizo que Alistair levantara la cabeza.
—¿Qué quiere decir?
Beatrice miró a las dos hermanas.
—El hombre que las crió no era su padre biológico.
Silencio.
Evelyn no sintió miedo esta vez.
Solo cansancio.
Otra verdad.
Pero esta vez no era un misterio sin respuesta.
Tenían una dirección.
Una pista.
Y una razón para buscarla.
—Entonces encontraremos quién era nuestro verdadero padre —dijo Evelyn.
Su hermana sonrió.
—Juntas.
Evelyn la miró.
Por primera vez, aquella palabra no le produjo miedo.
Juntas.
Afuera, el cielo comenzaba a aclararse.
Y después de trece años, las dos hermanas estaban finalmente en la misma casa.
Pero ninguna