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BAJO EL DOMINIO DEL DEMONIO

BAJO EL DOMINIO DEL DEMONIO

Status: Terminada
Genre:Mafia / Mujer poderosa / Villana / Completas
Popularitas:3.1k
Nilai: 5
nombre de autor: Naibelys Perez

Hace quince años, la dejaron en la calle, hambrienta y sin esperanza, con dos niños pequeños y una madre agonizante. Hoy, es "La Tiburón" en los corporativos de alta alcurnia y "El Demonio", la implacable jefa de la mafia que controla el país desde las sombras. Cuando su despreciable exmarido regresa buscando destruirla con la complicidad de la esposa de un poderoso magnate industrial, descubrirán demasiado tarde que han despertado al monstruo equivocado. Una guerra de poder, finanzas y venganza donde el amor y la supervivencia bailan al filo de una navaja.

NovelToon tiene autorización de Naibelys Perez para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

EL BAILE DE LOS IMPOSTORES

​La mañana siguiente al evento en El Refugio trajo consigo una calma tensa, el tipo de silencio que precede a una tormenta eléctrica. Amelia Castañeda no descansó. A las seis de la mañana ya estaba revisando los reportes de inteligencia que Bruno le entregaba: los clanes del puerto estaban convulsionados. La información falsa sobre su supuesta "colaboración" con Sebastián Ferrer había surtido efecto; los líderes de las facciones criminales estaban tan ocupados intentando interceptar lo que creían eran datos internos del magnate, que habían bajado la guardia en la seguridad de sus propios depósitos.

​Amelia sonrió mientras tomaba su primer café del día. Era la estrategia perfecta: mientras el mundo miraba a la izquierda, ella estaba golpeando por la derecha.

​A las diez en punto, Sebastián Ferrer cruzó las puertas de su despacho corporativo. No lucía como el hombre que había estado en la gala la noche anterior; sus ojos delataban una noche de insomnio, pero su porte era más imponente que nunca. Sin saludar, caminó hacia el escritorio de Amelia, dejando caer una carpeta negra sobre la superficie de caoba.

​—He terminado mi "limpieza" —dijo Sebastián, con una voz cargada de un cansancio gélido—. Bárbara ha pedido el divorcio tras confrontarla con las pruebas que me diste. Y mi exsocio está siendo investigado por la fiscalía federal. Has cumplido tu parte del trato, Amelia. Has limpiado mi casa. Ahora, dime... ¿qué es lo que realmente quieres de mí?

​Amelia cerró su laptop y se levantó, caminando lentamente hacia él. La tensión sexual de la noche anterior todavía flotaba en el aire, pero ahora estaba mezclada con el peso de la realidad.

—Quiero una sociedad real, Sebastián. No solo contratos. Quiero que nuestros mundos se fusionen bajo un paraguas de poder que nadie pueda desafiar. Tú aportas la infraestructura y la legitimidad; yo aporto la logística invisible y la capacidad de eliminar obstáculos que tú, con tu impecable reputación, no puedes tocar.

​Sebastián la observó en silencio, sopesando cada palabra.

—Estás describiendo una alianza que raya en la ilegalidad.

​—Estoy describiendo una alianza de supervivencia —replicó ella con suavidad—. En el mundo en el que nos movemos, la línea entre la legalidad y el poder es una sugerencia, no una ley. ¿Quieres seguir siendo el rey de un castillo que se desmorona por la traición, o quieres ser el emperador de un territorio donde nadie se atreve a cuestionar tu autoridad?

​Sebastián dio un paso hacia ella, invadiendo su espacio personal.

—Me estás tentando a ir demasiado lejos, Castañeda.

​—¿Es eso una queja, Sebastián? Porque si es así, creo que te está faltando sentido del humor. ¿Quieres oír algo realmente triste?

​Sebastián cerró los ojos, soltando un suspiro profundo, casi un gruñido.

—Si terminas esa frase con un chiste, juro por Dios que te despido de este proyecto ahora mismo.

​Amelia rió, ignorando su advertencia con una chispa de malicia en los ojos.

—¿Por qué los esqueletos no pelean entre sí? —preguntó ella, dando un paso más hacia él—. Porque no tienen agallas.

​Sebastián, incapaz de mantenerse serio, soltó una carcajada que resonó en las paredes de vidrio del despacho. Se acercó tanto que sus frentes quedaron apoyadas, compartiendo la misma respiración.

—Eres insoportable. Pero tienes razón en algo: el mundo es demasiado aburrido sin tu caos.

​Antes de que pudiera continuar, el teléfono de Amelia interrumpió el momento. Era una llamada de emergencia de Bruno desde el puerto. La cara de Amelia cambió al instante; la máscara de CEO volvió a endurecerse.

​—Perdóname —dijo ella, apartándose con una agilidad felina—. Es un asunto de la logística que está en curso.

​Sebastián la observó mientras ella atendía, notando por primera vez una nota de autoridad en su voz que no era corporativa. Era el tono de una comandante en una zona de guerra. Cuando colgó, Amelia se giró hacia él, su rostro era una máscara de póker impenetrable.

​—Ha ocurrido un incidente menor en uno de los depósitos del puerto —mintió con una naturalidad pasmosa—. Tendré que encargarme personalmente.

​—¿Necesitas ayuda? —preguntó Sebastián, sus ojos entrecerrándose en sospecha—. Tengo seguridad privada que puede cubrir cualquier perímetro.

​—No —respondió ella, caminando hacia la puerta—. Esta es una batalla que tengo que librar sola. Quédate aquí, Sebastián. Analiza los nuevos contratos. Cuando regrese, terminaremos esta conversación donde la dejamos.

​Mientras salía del edificio, Amelia se transformó. En el ascensor, se quitó los pendientes de diamantes y los guardó en su bolso. Al llegar al estacionamiento subterráneo, Bruno la esperaba con el motor en marcha y un chaleco táctico sobre el asiento trasero.

​—Los clanes han tomado el control del almacén 4 —dijo Bruno sin preámbulos—. Están buscando las pruebas de la "falsa alianza". Si no los sacamos de ahí ahora, van a descubrir que los registros están vinculados a la red de Castañeda Holdings.

​—Entonces asegúrate de que no quede nadie para contarlo —sentenció Amelia, ajustándose un arma pequeña en la funda oculta tras su muslo—. Esta noche, el Demonio va a recordarles a todos quién es la verdadera reina de este puerto.

​Sebastián, desde el piso 40, observaba por el ventanal cómo el coche de Amelia se alejaba a toda velocidad. Una sombra de duda, más profunda y oscura que todas las anteriores, cruzó su rostro. Ella no era una simple empresaria. La intensidad, el secretismo, la forma en que el aire cambiaba a su alrededor... Sebastián Ferrer, el hombre que nunca se equivocaba en los negocios, sabía que acababa de cometer el error de su vida al confiar en la mujer más peligrosa que jamás había conocido. Y, lo que era peor, en ese preciso instante, se dio cuenta de que no le importaba en absoluto. Tenía que descubrir la verdad, aunque esa verdad terminara quemando su imperio hasta los cimientos.

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