Hola aaa aquie le straigo otra historia nueva, espero que les guste y que le den mucho amor como a las demás..
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Capítulo 7: El sabor de lo amargo
Los primeros rayos del sol apenas comenzaban a iluminar la residencia Beaumont cuando Alisa ya se encontraba despierta.
A diferencia de la mayoría de las jóvenes nobles, ella no pasaba las mañanas eligiendo vestidos o aprendiendo modales.
Desde pequeña había acompañado a su padre en el negocio familiar.
Sentada frente a un enorme escritorio, revisaba una montaña de libros contables.
—Las ganancias del puerto oriental aumentaron un doce por ciento... pero los impuestos también... —murmuró mientras hacía algunos cálculos.
Después tomó otra libreta.
—Si reducimos los costos del transporte marítimo...
—¡Exacto!
La voz de su padre la hizo levantar la cabeza.
El barón Harold sonrió orgulloso.
—Sabía que llegarías a esa conclusión.
Alisa dejó la pluma sobre la mesa.
—Padre, deberías contratar otro contador.
—¿Para qué? Tengo a la mejor.
Ella soltó una pequeña risa.
—Solo soy buena con los números.
—Eres mucho más que eso.
Harold cerró uno de los libros de cuentas.
—Gracias a ti evitamos perder miles de monedas el año pasado.
Alisa sonrió con timidez.
Aquellos momentos trabajando junto a su padre eran de sus favoritos.
Un par de horas después...
Uno de los mayordomos llamó a la puerta.
—Mi señor.
—Adelante.
—Ha llegado el nuevo inversionista.
Harold se levantó inmediatamente.
—¡Por fin!
Alisa levantó una ceja.
—¿Nuevo inversionista?
—Sí.
Hace unos días recibí una propuesta para ampliar nuestras rutas comerciales.
Si todo sale bien, podremos comerciar con casi todo el continente.
—Eso suena maravilloso.
—Ven. Quiero que conozcas a la persona que financiará el proyecto.
Ambos caminaron hasta el elegante salón principal.
Las puertas se abrieron lentamente.
Alisa dio un paso...
Y se quedó completamente inmóvil.
Frente a ella estaba él.
Vestido con un impecable traje negro.
Cabello oscuro.
Ojos rojos.
Arion.
Él también levantó la mirada.
Durante unos segundos...
Todo el salón desapareció.
Solo podían verse el uno al otro.
Harold sonrió sin notar la tensión.
—Archiduque Arion, le presento a mi hija, Alisa.
Arion realizó una leve inclinación de cabeza.
—Es un gusto volver a verla.
Alisa tardó unos segundos en reaccionar.
—Igualmente...
Ninguno apartó la mirada.
El barón comenzó a explicar los detalles del negocio.
Pero Alisa apenas escuchaba.
Cada vez que levantaba la vista...
Él ya la estaba observando.
Y cuando intentaba ignorarlo...
Sentía aquellos ojos sobre ella otra vez.
—¿Tengo algo en la cara...? —preguntó finalmente, algo nerviosa.
Harold soltó una carcajada.
Arion permaneció completamente serio.
—No.
Simplemente...
Es agradable verla.
Aquella respuesta hizo que Alisa desviara inmediatamente la mirada.
No supo qué responder.
Y eso era algo que rara vez le ocurría.
La reunión terminó casi al mediodía.
Cuando Arion abandonó la residencia, el silencio reinó durante unos segundos.
Alisa fue la primera en hablar.
—Padre...
Harold seguía sonriendo.
—¿Sí?
—¿Por qué aceptaste trabajar con él?
—Porque es el mejor inversionista que existe.
—No me refiero a eso.
El barón cruzó los brazos.
—Entonces... ¿a qué te refieres?
Alisa suspiró.
—Sentí que no dejó de mirarme en toda la reunión.
Harold comenzó a reír.
—¿Y eso te molesta?
—¡Claro que sí!
—Curioso...
Porque tú tampoco dejabas de verlo.
Las mejillas de Alisa se encendieron.
—¡Eso no es cierto!
—¿Ah, no?
El barón fingió pensar unos segundos.
—Entonces supongo que hice bien en aceptar su propuesta.
Alisa frunció el ceño.
—¿Qué propuesta?
Harold sonrió con una expresión demasiado inocente.
—También acepté otra.
Un silencio incómodo llenó la habitación.
—...¿Qué hiciste?
—Le dije que mañana podrías acompañarlo a tomar el té.
Alisa abrió los ojos de par en par.
—¡¿Padre?!
—¿Qué?
—¡Concertaste una cita!
—No, no...
Una reunión amistosa.
—¡Eso sigue siendo una cita!
Harold no pudo contener la risa.
—Hija, llevas dieciocho años rechazando a todos los jóvenes nobles.
Déjame disfrutar un poco.
Alisa cruzó los brazos.
—Voy a cancelar.
—No puedes.
—¿Por qué?
—Porque ya aceptaste.
Ella parpadeó.
—¿Cuándo?
—Hace cinco minutos.
—¡Yo nunca dije que sí!
—Sonreíste.
—¡Eso no cuenta!
El barón soltó una carcajada tan fuerte que incluso los sirvientes comenzaron a reír discretamente.
Alisa llevó ambas manos al rostro.
—Qué vergüenza...
Al día siguiente...
Una elegante repostería de la capital recibía a nobles de alto rango.
El aroma del pan recién horneado inundaba el ambiente.
Alisa llegó unos minutos antes.
Todavía seguía preguntándose cómo había terminado allí.
—Esto es culpa de mi padre...
—No.
Es culpa mía.
La voz hizo que levantara la mirada.
Arion acababa de entrar.
Vestía de manera sencilla para alguien de su posición, aunque seguía siendo imposible no notar su presencia.
Se sentó frente a ella.
Por primera vez...
Los dos estaban completamente solos.
Una joven camarera se acercó.
—¿Qué desean ordenar?
Alisa sonrió.
—Quisiera un pastel de fresas y un chocolate caliente.
La camarera miró a Arion.
—¿Y usted, señor?
Él observó la carta apenas unos segundos.
—Solo café negro.
—¿Desea azúcar?
—No.
—¿Algún postre?
Arion negó con tranquilidad.
—No me gustan las cosas dulces.
Alisa lo miró con curiosidad.
—¿Entonces qué le gusta?
Él sostuvo su mirada.
—Lo amargo.
Aquellas palabras sonaron mucho más profundas de lo que parecían.
Como si no estuviera hablando únicamente del café.
Alisa sonrió levemente.
—Yo soy completamente lo contrario.
—Lo sé.
Ella frunció el ceño.
—¿Cómo puede saberlo?
Arion no respondió.
Simplemente continuó observándola.
Y, por extraño que pareciera...
Ese silencio comenzaba a gustarle.
Al terminar la reunión, Alisa decidió caminar un poco antes de regresar a casa.
No había avanzado mucho cuando una voz conocida la detuvo.
—Señorita Alisa.
Giró.
El príncipe heredero caminaba hacia ella acompañado únicamente por un caballero.
Sonreía con la misma calidez de siempre.
—Qué agradable coincidencia.
—Su Alteza.
Él hizo una leve inclinación.
—Me preguntaba si aceptaría acompañarme al festival de la luna dentro de unos días.
Alisa quedó sorprendida.
Era una invitación que muchas jóvenes nobles soñaban recibir.
Sin embargo...
Su respuesta llegó sin pensar.
—Lo lamento...
No puedo aceptar.
El príncipe parpadeó.
—¿Hay algún motivo?
Ella dudó unos segundos.
Ni siquiera sabía por qué lo estaba rechazando.
Él era amable.
Educado.
Y cualquier noble habría aceptado sin pensarlo.
Pero...
Su corazón simplemente no reaccionaba.
—Prefiero no darle falsas esperanzas, Su Alteza.
El príncipe guardó silencio.
Después sonrió con elegancia.
Aunque en el fondo sintió una pequeña decepción.
—Entiendo.
Quizá en otra ocasión.
Mientras él se alejaba...
Desde el otro lado de la avenida, oculto entre la multitud...
Arion había visto toda la escena.
Y, por primera vez desde que conoció a Alisa...
Sintió que la presión sobre su pecho desaparecía.
Ella lo había rechazado.
Sin saberlo...
Aquella simple respuesta había calmado a la bestia que dormía en el corazón del dragón negro.
Gracias autora /Heart//Rose//Heart/