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Reencarné Como La Esposa Del Emperador Que Quiere Matarme

Reencarné Como La Esposa Del Emperador Que Quiere Matarme

Status: En proceso
Genre:Viaje a un mundo de fantasía / Reencarnación / Romance
Popularitas:4.4k
Nilai: 5
nombre de autor: Darcalie

Morir fue inesperado.

Despertar dentro de una novela fue absurdo.

Pero reencarnar como Serena Valmont, la villana destinada a morir a manos de su propio esposo, fue una completa pesadilla.

Conozco esta historia.

Sé que el emperador Kael Draven jamás amará a Serena. Sé que muy pronto conocerá a la verdadera protagonista. Y sé que, cegada por los celos, Serena cometerá una serie de crímenes que terminarán llevándola al cadalso.

Pero yo no soy Serena.

Y no pienso seguir su destino.

Mi plan es simple: alejarme de la protagonista, pedirle el divorcio al emperador y desaparecer antes de que la historia comience.

Solo hay un problema.

—Quiero el divorcio.

Kael alzó la mirada hacia mí.

—No.

...¿Cómo que no?

Se suponía que esta historia ya estaba escrita.

Entonces, ¿por qué está empezando a cambiar?

NovelToon tiene autorización de Darcalie para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 10

Capítulo 10: Se supone que debo humillarla.

Tenía tres días para prepararme para cometer un crimen.

Bueno.

«Crimen» quizá era exagerado.

Técnicamente solo tenía que derramar una copa de vino sobre Elena, insultarla frente a media nobleza imperial y acusarla de intentar seducir a mi esposo.

Después vendrían los rumores.

Las amenazas.

El veneno.

Mi ejecución.

Así que sí.

Para mí era prácticamente un crimen.

Y había decidido no cometerlo.

—Necesito eliminar todas las copas del palacio.

Margaret dejó de cepillarme el cabello.

—¿Perdón, Su Majestad?

—Las copas.

—¿Qué ocurre con ellas?

—No me gustan.

—Ayer bebió vino en una.

—He evolucionado.

Margaret me observó a través del espejo.

Cada día parecía cuestionar más seriamente su decisión de trabajar para mí.

—¿Desea reemplazarlas por vasos?

Me quedé pensando.

El vaso también podía derramarse.

—No.

—¿Tazas?

También.

—No.

—¿Entonces cómo serviremos las bebidas durante el banquete?

Excelente pregunta.

—Con...

Pensé.

—Botellas.

Margaret parpadeó.

—¿Botellas?

—Cada persona recibe una.

—Su Majestad, estamos organizando una cena para las familias nobles más importantes del Imperio.

—Precisamente. Seguro saben utilizar una botella.

Margaret apretó los labios.

—¿Hay algún motivo por el que no quiera copas?

Sí.

Porque una copa específica iniciaría mi descenso narrativo hacia la decapitación.

—Me parecen peligrosas.

—Son de cristal.

—Exactamente.

—Lleva años utilizándolas.

—He decidido valorar mi seguridad.

Margaret dejó el cepillo.

—¿Esto tiene algo que ver con Lady Rosenthal?

Me giré.

—¿Por qué todo el mundo cree que todo lo que hago tiene que ver con Elena?

—Porque usted pidió cancelar su visita, después pasó todo el día con ella, luego prohibió que entrara a los jardines del norte y ahora quiere eliminar las copas tres días antes del banquete en su honor.

Cuando lo decía así...

—Coincidencias.

—Claro.

No me creyó.

Nadie me creía nunca.

—Solo quita las copas.

—Sí, Su Majestad.

—Todas.

—Sí.

—Especialmente las de vino.

Margaret caminó hacia la puerta.

—Margaret.

Se volvió.

—¿Sí?

—¿Tenemos vino tinto?

—Por supuesto.

—Deshazte de él.

Su expresión fue maravillosa.

—¿De todo el vino tinto del Palacio Imperial?

—Sí.

—Tenemos aproximadamente trescientas botellas.

—Regálalas.

—¿A quién?

—A Lucien.

Silencio.

—¿Tres cientas botellas al duque Raventhal?

—Parece alguien que sabría qué hacer con ellas.

Margaret bajó la cabeza.

—Como ordene.

Salió.

Sonreí.

Perfecto.

Sin copas.

Sin vino tinto.

Sin escena.

A ver cómo solucionabas esa, historia.

Ding.

Me congelé.

No.

Las palabras aparecieron frente al espejo.

[MODIFICACIÓN AMBIENTAL DETECTADA.]

—No estoy haciendo nada.

Margaret ya había salido.

Salem me observó desde la cama.

[El evento 005 requiere una copa de vino.]

Sonreí.

—Pues qué pena.

[Restaure las condiciones originales.]

—No.

[Restaure las condiciones originales.]

—¿Vas a seguir repitiéndolo?

[Sí.]

Me quedé callada.

—¿Acabas de responderme?

Nada.

Me levanté.

—Espera.

Las letras comenzaron a desaparecer.

—¡No! Vuelve.

Nada.

—Cobarde.

Salem maulló.

—Estoy discutiendo con una novela. Déjame vivir mi momento.

...****************...

La primera parte de mi plan había funcionado.

La segunda consistía en algo todavía más sencillo: no asistir al banquete.

No podía derramar vino sobre Elena si estaba a tres kilómetros de ella.

Matemáticas.

Así que necesitaba una excusa.

Una buena.

Una imposible de discutir.

Me tumbé en la cama.

—Estoy enferma.

Margaret me miró.

—No lo parece.

—Estoy muy enferma.

—Hace cinco minutos pidió pastel.

—Los enfermos también comen.

—Pidió dos porciones.

—Necesito energía para recuperarme.

Margaret cruzó los brazos.

Aquella mujer estaba perdiéndome el miedo.

Me gustaba.

También complicaba considerablemente mis mentiras.

—¿Qué síntomas tiene?

—Dolor.

—¿Dónde?

Señalé vagamente mi cuerpo.

—General.

—¿Fiebre?

—Emocional.

—Eso no existe.

—En mi antiguo mundo sí.

Silencio.

—¿Su antiguo qué?

—Mi antiguo...

Maldita boca.

—Estado de ánimo.

Margaret me miró.

—Voy a llamar al médico.

—¡NO!

Demasiado rápido.

—No es necesario.

—Si está demasiado enferma para asistir al banquete...

—Estoy mejorando.

—Hace diez segundos estaba muy enferma.

—Recuperación milagrosa.

Margaret suspiró.

—El emperador ya preguntó si asistiría.

Por supuesto.

—Dile que no.

—Lo hice.

—¿Y?

—Dijo que vendría personalmente.

Me incorporé.

—¿Aquí?

—Sí.

—¿Cuándo?

Llamaron a la puerta.

Margaret me sonrió.

Traición.

—Ahora.

—No lo dejes...

La puerta se abrió.

—...entrar.

Kael apareció.

Naturalmente.

Uniforme oscuro.

Cabello perfectamente peinado.

Expresión de hombre que había nacido cansado de mí.

—Fuera —dijo.

Miré a Margaret.

—¿Escuchaste? Te está echando.

—A todos menos Serena.

Maldito.

Margaret hizo una reverencia y salió.

Los demás sirvientes la siguieron.

La puerta se cerró.

Kael me miró.

Yo tosí.

—Estoy enferma.

—No.

—¿Cómo puedes saberlo?

—Porque hace veinte minutos estabas corriendo por el corredor persiguiendo a tu gato.

...****************...

—Fue un último estallido de energía.

—Serena.

—Kael.

—No hagas eso.

Tosí otra vez.

—Estoy débil.

Kael caminó hacia la cama.

—¿Qué te duele?

—Todo.

—Específico.

—Mi cabeza.

Me tocó la frente.

Me quedé inmóvil.

Su mano estaba fría.

Kael frunció el ceño.

—No tienes fiebre.

—Puede ser interna.

—Toda fiebre es interna.

—Entonces tengo razón.

Cerró los ojos.

Lo estaba desgastando.

Excelente.

Quizá así conseguiría el divorcio.

—Asistirás al banquete.

—No.

—Sí.

—Estoy enferma.

—No lo estás.

—¿Ahora también eres médico?

—No hace falta serlo para saber cuándo mientes.

—Qué confianza.

Kael miró alrededor.

Sus ojos se detuvieron sobre una bandeja.

Dos platos vacíos.

Restos de chocolate.

Traidores.

—Veo que tu misteriosa enfermedad no afectó tu apetito.

—El pastel tiene propiedades medicinales.

—¿Según quién?

—Yo.

—Conveniente.

Se sentó en una silla.

Eso era malo.

—¿Qué haces?

—Esperando.

—¿Qué?

—Que me digas la verdad.

—Ya te la dije.

—No quieres asistir porque estará Elena.

—Incorrecto.

—Entonces ve.

—No quiero.

—Entonces es por Elena.

—¡No todo gira alrededor de Elena!

Kael me observó.

—Hace una semana todo lo relacionado con Elena parecía importarte demasiado.

—He cambiado.

—Lo noto.

Ahí estaba otra vez.

Esa mirada.

Demasiado atenta.

—¿Por qué te importa tanto que vaya?

—Eres la emperatriz.

—Puedes ir solo.

—El banquete lo organizaste tú.

—La Serena anterior...

Me detuve.

Kael levantó una ceja.

—¿La Serena anterior?

—La Serena...

Piensa.

—...de antes.

—Eso no mejora la frase.

—Sabes lo que quiero decir.

—No. Últimamente nunca sé qué quieres decir.

Se levantó.

—Estarás allí.

—Kael.

—A las ocho.

—¡No quiero ir!

Se detuvo.

—¿Por qué?

Porque tengo una cita con una copa de vino y mi propia destrucción.

—Porque...

Nada.

No podía decirle.

—No me gustan los banquetes.

—Adoras los banquetes.

—¡Pues ahora los odio!

—¿Desde cuándo?

—Desde que morí.

Silencio.

Oh.

No.

Kael quedó completamente inmóvil.

Yo también.

Salem levantó la cabeza.

—¿Desde que qué?

—Desde que...

Mi cerebro gritó.

—...murió mi gusto por ellos.

Nada.

Absolutamente nada en su rostro indicaba que hubiera comprado esa mentira.

—¿Murió tu gusto?

—Sí.

—Por los banquetes.

—Exactamente.

Kael me sostuvo la mirada.

—Voy a pedir que el médico te examine.

—¡No necesito un médico!

—Entonces asiste.

—Eres un manipulador.

—A las ocho.

Y salió.

Le lancé una almohada.

La puerta ya estaba cerrada.

—¡TE ODIO!

Silencio.

Después escuché su voz al otro lado.

—Eso ya me lo dijiste.

...

Agarré otra almohada.

...****************...

Necesitaba un plan B.

Y para eso necesitaba un criminal.

Encontré a Lucien en su despacho.

Entré sin llamar.

Él levantó la vista.

—Cada día te pareces más a Kael.

—Retira eso.

—Entras sin llamar.

—Emergencia.

—¿Qué ocurrió ahora?

Me senté frente a él.

—Necesito que me secuestres.

Lucien dejó lentamente la pluma.

—Perdón.

—Secuéstrame.

—Escuché perfectamente. Estoy intentando decidir si quiero saber más.

—Solo durante unas horas.

—Eso no mejora nada.

—Mañana por la noche.

Lucien se recostó.

—¿Quieres que secuestre a la emperatriz durante un banquete imperial?

—Sí.

—Delante de Kael.

—Preferiblemente antes.

—Y después quieres que siga respirando.

—Sería ideal.

Lucien se quedó callado.

Después comenzó a reír.

—No es gracioso.

—Es la mejor petición que me han hecho en años.

—¿Lo harás?

—No.

—¡Tú también!

—¿También qué?

—Nada.

Me crucé de brazos.

—Necesito no estar en ese banquete.

—¿Por Elena?

—No.

—¿Por Kael?

—No.

—¿Por mí?

—Definitivamente no.

—Eso dolió.

—Lucien.

Su expresión cambió.

—¿Por qué estás tan asustada?

Me callé.

No estaba sonriendo.

—No estoy asustada.

—Sí.

—Estoy preocupada.

—Serena.

—No empieces.

—Desde que despertaste hace unos días hablas de morir. Evitas determinados lugares. Sabías que Kael se cortaría la mano antes de que ocurriera. Intentaste impedir que se encontrara con Elena y ahora estás desesperada por evitar un banquete.

Mi corazón comenzó a latir más rápido.

Lucien se inclinó.

—¿Qué sabes?

Demasiado.

—Nada.

—Mientes.

—¿Ahora todos pueden detectarlo?

—Eres terrible haciéndolo.

Miré hacia otro lado.

Lucien permaneció callado.

Después:

—¿Alguien te está amenazando?

La pregunta me sorprendió.

—¿Qué?

—Si alguien te amenaza, puedo ayudarte.

Había perdido el tono bromista.

Por primera vez entendí por qué era comandante.

—No puedes.

—Déjame decidirlo.

—Lucien...

—Serena.

Lo miré.

Parecía realmente preocupado.

Y una parte de mí quiso contárselo.

Todo.

Mi muerte.

La novela.

La ejecución.

Los mensajes.

Pero ¿qué podía decir?

Hola. Eres un personaje secundario de un libro que leí mientras comía galletas.

Seguramente lo tomaría estupendamente.

—No puedo explicarlo.

Lucien sostuvo mi mirada.

Finalmente asintió.

—Bien.

Parpadeé.

—¿Bien?

—Cuando puedas, me lo cuentas.

Eso fue...

inesperado.

—¿No vas a insistir?

—Podría.

Sonrió ligeramente.

—Pero aparentemente ya tienes suficientes hombres insoportables en tu vida.

Me reí.

—Uno.

—Kael cuenta como dos.

—Justo.

Lucien abrió un cajón.

Sacó una botella.

Vino tinto.

Mis ojos se abrieron.

—¿De dónde sacaste eso?

—Tu regalo.

—¿Qué regalo?

—Trescientas botellas llegaron esta mañana.

Oh.

Cierto.

—No bebas eso mañana.

Lucien miró la botella.

—¿Está envenenado?

—¡No!

Se quedó quieto.

Yo también.

La palabra quedó flotando entre nosotros.

Envenenado.

Más adelante.

Elena.

Una copa.

El verdadero intento.

Sentí frío.

—Solo...

Me levanté.

—No bebas vino mañana.

—Serena.

—Promételo.

Su sonrisa desapareció.

—Lo prometo.

—Y no le des a nadie.

—¿Por qué?

—Por favor.

Me observó.

—Está bien.

Me relajé.

—Gracias.

Llegué a la puerta.

—Y no puedo secuestrarte —dijo.

—Eres pésimo amigo.

—¿Ahora somos amigos?

Me detuve.

Lo miré.

Lucien estaba sonriendo.

—Supongo.

—Qué honor.

—No te emociones.

—Demasiado tarde.

Rodé los ojos.

Salí.

Y no vi a Kael al otro extremo del corredor.

Pero él sí me vio.

...****************...

Al día siguiente llegó el banquete.

Había perdido.

Kael había ganado.

O eso creía él.

Porque yo tenía un plan final.

Si no podía evitar asistir...

evitaría la escena.

Margaret terminó de ajustar mi vestido.

Rojo oscuro.

Precioso.

Amenazante.

Muy villana.

—No.

—¿Qué ocurre?

—Quiero otro color.

—Usted eligió este hace dos semanas.

Claro.

La antigua Serena había elegido el vestido exacto de la escena.

—Blanco.

—Lady Elena llevará blanco.

—Azul.

—El emperador pidió que combinara con sus colores.

Lo miré.

Rojo y negro.

Perfecto.

Pareceríamos una pareja de villanos.

—Bien.

Me levanté.

—Recuerda las copas.

—Fueron retiradas.

—¿Y el vino?

—Enviado al duque Raventhal.

Excelente.

—Nada puede salir mal.

Margaret hizo una expresión extraña.

—No hagas esa cara.

—¿Qué cara?

—La cara que dice que no debería haber dicho eso.

...****************...

El salón estaba lleno.

Cientos de velas.

Música.

Nobles.

Kael me esperaba junto al trono.

Cuando me vio, se quedó quieto.

Solo un segundo.

Me acerqué.

—¿Qué?

—Nada.

—Otra vez nada.

Me ofreció el brazo.

Lo miré.

—Protocolo —dijo.

—Claro.

Tomé su brazo.

Entramos juntos.

Sentía miradas.

Muchas.

—¿Por qué nos observan?

—Porque eres la emperatriz.

—Eso sigue siendo raro.

Kael giró ligeramente la cabeza.

—¿Qué?

—Nada.

Llegamos a nuestros asientos.

Busqué a Elena.

Estaba lejos.

Perfecto.

Lucien estaba a su lado.

Me vio.

Levantó discretamente una copa.

Me congelé.

Copa.

Pero contenía agua.

Lo miré.

Él sonrió.

Había cumplido.

Bien.

Todo estaba bien.

Comenzó la cena.

No había vino tinto.

No había copas de cristal.

Habían utilizado pequeños vasos metálicos.

Sonreí.

Jaque mate.

Historia.

Pasó media hora.

Nada.

Una hora.

Nada.

Empecé a relajarme.

Incluso Kael parecía extrañamente agradable.

—¿Por qué sonríes?

—Estoy feliz.

—Eso me preocupa.

—Deberías intentar hacerlo alguna vez.

—¿Sonreír?

—Ser feliz.

—Lo consideraré.

Lo miré.

—¿Acabas de hacer una broma?

—No.

—Creo que sí.

—Estás imaginando cosas.

—Definitivamente fue una broma.

Y entonces...

Ding.

Mi sonrisa murió.

No.

Frente a mí aparecieron las palabras.

[EVENTO CLAVE 005 INICIADO.]

Miré alrededor.

Nadie reaccionó.

[Ubicación correcta.]

No.

[Personajes presentes.]

No.

[Objeto requerido... &$@"*@]

Las letras titilaron.

[ERROR.]

Sonreí.

—Sí.

Kael me miró.

—¿Qué?

—Nada.

[Objeto requerido no disponible.]

Mi sonrisa creció.

Te gané.

[Buscando alternativa.]

Mi sonrisa desapareció.

—Espera.

Kael frunció el ceño.

—¿Con quién hablas?

—Nadie.

[Alternativa encontrada. ✅]

No.

Un sirviente entró.

Llevaba una bandeja.

Sobre ella... una única copa de cristal.

Llena de vino tinto.

Me quedé horrorizada.

—No.

El sirviente caminó hacia mí.

—Su Majestad.

—No quiero eso.

—Es un obsequio del embajador de Varen.

—Devuélvelo.

—Pero...

—¡Devuélvelo!

Varias personas miraron.

Kael frunció el ceño.

—Serena.

—No quiero vino.

—Entonces no bebas.

El sirviente dejó la copa sobre la mesa.

No.

La miré.

La copa me miró.

Bueno.

No literalmente.

Espero.

[Objeto restaurado.]

Hija de...

Me levanté.

—Necesito aire.

Kael intentó detenerme.

—Serena.

—Ahora vuelvo.

Me alejé de la mesa.

Perfecto.

Sin Serena, no hay escena.

Caminé hacia Lucien.

—Distráeme.

—¿Qué?

—Habla.

—¿Sobre qué?

—Cualquier cosa.

—Kael no deja de mirarnos.

—Mejor.

Lucien miró detrás de mí.

—Definitivamente peor.

—No importa.

Elena se acercó.

No.

—Serena.

Retrocedí.

—Hola.

—Quería agradecerte por invitarme.

—No hay de qué.

Aléjate.

Por favor.

Te quiero mucho.

Vete.

—El banquete es precioso.

—Gracias.

Ding.

No.

[Personajes posicionados.]

Miré alrededor.

Yo.

Elena.

Lucien.

Kael observando desde la mesa.

La copa estaba lejos.

No podía ocurrir.

[Corrigiendo.]

Un sirviente pasó.

Tropezó.

Chocó contra otro.

La bandeja voló.

La copa de vino... también.

La vi en el aire.

Todo ocurrió lentamente.

Directamente hacia Elena.

—¡NO!

La agarré.

La aparté.

El vino pasó junto a ella.

Y cayó... sobre mí.

[Completando...]

Silencio.

Todo el salón quedó inmóvil.

Miré mi vestido rojo empapado.

Después a Elena.

Intacta.

Lucien abrió la boca.

Kael se levantó.

Yo... empecé a reír.

No pude evitarlo.

Primero bajito.

Después más fuerte.

—¿Serena? —preguntó Elena.

Me sujeté el estómago.

—Perdón.

Todos me miraban como si hubiera perdido la cabeza.

Quizá lo había hecho.

Pero no importaba.

Porque Elena estaba limpia.

Yo tenía el vino.

La escena había fallado.

—Te gané —susurré.

Ding.

Las letras aparecieron.

[ERROR.]

Sonreí.

[EVENTO CLAVE 005 INCOMPLETO.]

—Exacto.

[Recalculando.]

Mi sonrisa desapareció.

—No.

Elena dio un paso hacia mí.

—Déjame ayudarte.

—No te acerques.

Demasiado tarde.

Mi mano se movió.

Sola.

Se levantó.

No.

No.

Intenté detenerla.

No podía.

Los dedos se cerraron.

Mi cuerpo dio un paso hacia Elena.

—¿Qué...?

Elena me miró confundida.

Mi brazo se levantó.

Directamente hacia su rostro.

No.

La historia no estaba moviendo objetos esta vez.

Me estaba moviendo a mí.

—¡Elena, apártate!

Pero mi mano descendió.

Y antes de que pudiera tocarla... alguien atrapó mi muñeca.

Kael.

El salón entero quedó en silencio.

Su mano rodeaba la mía.

Me miró.

No con enfado.

Con desconcierto.

Porque estaba temblando.

—Serena.

Respiré con dificultad.

—No puedo...

Mi brazo seguía intentando avanzar.

Kael apretó mi muñeca.

—¿Qué haces?

—No soy yo.

Sus ojos se clavaron en los míos.

—¿Qué?

Las letras aparecieron detrás de él.

[INTERFERENCIA EXTERNA DETECTADA.]

Mi corazón se detuvo.

Externa.

Kael.

[El personaje KAEL DRAVEN ha alterado el evento.]

Las palabras titilaron.

Por primera vez... parecieron confundidas.

[Resultado no previsto.]

Miré a Kael.

Él todavía sostenía mi muñeca.

La fuerza desapareció de mi brazo.

Volvía a ser mío.

Retrocedí.

Kael no me soltó.

—Serena.

Lo miré.

Las palabras aparecieron una última vez.

[Nueva variable detectada.]

[KAEL DRAVEN.]

Y comprendí algo.

Yo no era la única capaz de cambiar la historia.

Kael acababa de hacerlo.

Sin saberlo.

Y por alguna razón... la historia no había sido capaz de detenerlo.

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Georgetth Rosemary
Más
Laura Pérez
👏👏👏👏
Is Cantil
Será que lucien,está implicado….…¿
Darcalie: No podremos saberlo aún 🤭
total 1 replies
Laura Pérez
que bonito 🙂!!
Laura Pérez
👏👏👏
Laura Pérez
👏👏👏👏👏👏👏
Laura Pérez
El autor de está historia tiene un don , para escribir maravillosas historias 😊
Laura Pérez
👏👏👏😊
Laura Pérez
que lindo
Laura Pérez
👏👏👏👏
Laura Pérez
que emocionante!!
Laura Pérez
que fantástico 👏
Laura Pérez
me encanta!!😊
Laura Pérez
que interesante ☺️👏
Georgetth Rosemary
Más
Georgetth Rosemary
Más capitulos
Georgetth Rosemary
Maaaasss capitulo
Darcalie: Hola! Muchas gracias por tu apoyo 🥰 Seguiré subiendo capítulos diariamente. De verdad agradezco enormemente que te esté gustando
total 1 replies
Erika1999
QUEEEEEEEE, QUÉ QUIERE DECIR ESTO? OMG
Darcalie: Sorpresas que se vienen 🤭
total 1 replies
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