este es una novela que habla de una chica que es en el salón de clases es muy tranquila pero afuera es todo lo contrario y además tiene a tres chicos y se queda con los tres por eso el nombre
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Capítulo 2: El juego de las máscaras
La música seguía sonando en el enorme salón, pero para Valentina todo parecía haberse detenido.
Tres hombres.
Tres miradas.
Tres posibles amenazas.
Ella estaba acostumbrada a controlar cada situación. Sabía cuándo alguien mentía, cuándo alguien escondía una intención y cuándo una persona se acercaba con un propósito oculto.
Pero aquella noche era diferente.
Porque esos tres hombres no la miraban como los demás.
No veían a una chica de 18 años con un vestido elegante.
Veían un misterio.
Y eso era algo que Valentina no permitía.
—¿Quiénes son ellos? —preguntó en voz baja mientras tomaba una copa de la mesa.
Mateo, que estaba a unos metros detrás de ella fingiendo ser un invitado más, respondió rápidamente.
—Adrián Velasco. Heredero del grupo empresarial Velasco. Controla inversiones internacionales y tiene una fortuna que supera la imaginación de muchos.
Valentina observó al hombre de traje oscuro que se acercaba lentamente.
—Demasiado seguro de sí mismo —murmuró.
—El segundo es Thiago Ferrer. Empresario, dueño de varios negocios de entretenimiento. Tiene fama de ser encantador… pero también impredecible.
Valentina desvió la mirada hacia él.
Thiago sonreía como si conociera todos los secretos del mundo. Era de esos hombres que entraban a una habitación y conseguían que todos notaran su presencia.
—Peligroso —dijo ella.
Mateo asintió.
—Y el tercero…
Hubo una pequeña pausa.
Valentina lo notó.
—¿Qué pasa con el tercero?
—Lautaro Vega.
Solo escuchar ese nombre hizo que su expresión cambiara ligeramente.
—¿El estratega?
—Exacto. No aparece en revistas, no busca fama y casi nadie sabe qué hace realmente. Pero cuando alguien intenta enfrentarse a él… pierde.
Valentina miró hacia Lautaro.
Él seguía observándola.
Como si estuviera intentando resolver un acertijo.
Como si supiera que detrás de esa apariencia tranquila había algo más.
—Interesante —susurró.
Y por primera vez en mucho tiempo, sintió que alguien podía representar un verdadero desafío.
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Adrián fue el primero en acercarse.
Caminó con elegancia entre la multitud hasta detenerse frente a ella.
—Creo que no nos conocemos.
Valentina le dedicó una sonrisa educada.
Una sonrisa falsa.
Una de las muchas que había aprendido a utilizar.
—Entonces será porque no hemos tenido motivos para hacerlo.
Adrián levantó una ceja, sorprendido por su respuesta.
La mayoría de las personas intentaban impresionarlo. Ella, en cambio, parecía no estar interesada.
—Curiosa respuesta.
—¿Por qué?
—Porque normalmente las personas buscan llamar mi atención.
Valentina tomó un sorbo de su bebida.
—Quizás yo no soy como las demás personas.
Aquella frase quedó entre ellos.
Adrián sonrió ligeramente.
Por primera vez en años, alguien no había intentado agradarle.
Y eso despertó algo en él.
Interés.
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A unos metros, Thiago observaba la escena divertido.
—Vaya… Adrián parece confundido.
Su acompañante lo miró extrañado.
—¿Confundido? Él nunca pierde el control.
Thiago sonrió.
—Por eso es interesante.
Sin esperar invitación, se acercó.
—Espero no interrumpir.
Valentina lo miró.
—Ya lo hiciste.
Thiago soltó una pequeña risa.
—Me gusta tu sinceridad.
—A mí me gusta que la gente sepa cuándo retirarse.
La respuesta hizo que Thiago sonriera aún más.
No estaba acostumbrado a que alguien le hablara así.
La mayoría de las personas buscaban su aprobación.
Ella parecía estar evaluándolo.
Como si él fuera una pieza más en un tablero.
Y eso lo fascinó.
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Lautaro esperó.
No se apresuró.
Él sabía que las personas revelaban más cuando creían que nadie las observaba.
Había visto cómo Valentina analizaba las salidas del lugar.
Cómo miraba los reflejos de los espejos.
Cómo notaba cada movimiento alrededor.
Una chica común no hacía eso.
Cuando finalmente se acercó, no sonrió.
—No eres quien dices ser.
La frase cayó como un golpe silencioso.
Valentina mantuvo la calma.
—Qué extraño. Ni siquiera me conoces.
—Precisamente por eso.
Ella lo miró fijamente.
Durante unos segundos, ninguno dijo nada.
Era como una batalla sin armas.
Dos mentes intentando descubrir cuál era más fuerte.
—Ten cuidado —dijo Valentina suavemente—. Las personas que buscan secretos a veces encuentran cosas que no pueden manejar.
Lautaro sostuvo su mirada.
—Y las personas que esconden secretos a veces olvidan que alguien puede descubrirlos.
Por primera vez esa noche…
Valentina no tuvo una respuesta inmediata.
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Más tarde, cuando regresó a su residencia secreta, dejó caer la máscara de tranquilidad.
Se quitó los accesorios, soltó su cabello y observó su reflejo en el espejo.
La chica inocente había desaparecido.
Ahora estaba la verdadera Valentina.
La reina de las sombras.
—Tres hombres —murmuró—. Tres problemas.
Mateo dejó unos documentos sobre la mesa.
—No parecen simples problemas.
Ella tomó la carpeta.
Dentro había información de los tres.
Familias poderosas.
Fortunas enormes.
Influencias capaces de cambiar gobiernos.
Pero había algo más.
Los tres habían comenzado a investigar a la Sombra Carmesí.
—Esto no es una coincidencia —dijo Mateo.
Valentina cerró la carpeta.
—No.
Sus ojos brillaron con determinación.
—Alguien los está acercando a mí.
—¿Crees que saben quién eres?
Ella guardó silencio.
Porque por primera vez existía una posibilidad que no podía ignorar.
Que alguien estuviera acercándose demasiado.
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Al día siguiente, la ciudad amaneció con una noticia inesperada.
Tres de los hombres más poderosos del país habían anunciado una nueva alianza empresarial.
Adrián Velasco.
Thiago Ferrer.
Lautaro Vega.
Los tres juntos.
Y aunque todos creían que era un simple acuerdo de negocios…
Valentina sabía la verdad.
Ellos estaban buscando algo.
A ella.
Pero lo que esos tres hombres todavía no sabían era que estaban persiguiendo a una mujer mucho más peligrosa de lo que imaginaban.
Una mujer que podía destruir sus imperios con una sola orden.
Una mujer que nunca había permitido que nadie entrara en su corazón.
Hasta ahora.
Porque tres caminos habían comenzado a cruzarse…
Y el destino acababa de abrir la primera puerta.