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El Amor No Lo Es Todo

El Amor No Lo Es Todo

Status: En proceso
Genre:CEO / Amante arrepentido / Mujer poderosa
Popularitas:9.5k
Nilai: 5
nombre de autor: Crisbella

Durante cinco años viví convencida de que el amor entre mi esposo y yo era indestructible. En el camino dejé atrás mi carrera, mis amigos y a mi propia familia, volcando todas mis fuerzas en sostener un hogar que hoy lo entiendo, solo existía en mi imaginación. Mis dos hijos son mi mundo entero y mi mayor orgullo. Sin embargo, nunca imaginé que en cuestión de días todo lo que construí con tanto sacrificio se vendría abajo, ni que el hombre con quien compartí mi vida terminaría mostrando su verdadero y frío rostro. Ahora me toca descubrir que el amor no lo es todo... y que es momento de reconstruirme.

NovelToon tiene autorización de Crisbella para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo X Negocios turbios

Punto de vista ya de Alberto

Tres años. Tres largos años habían transcurrido desde que firmé el acta de divorcio con Elena y me casé con Camila.

Ante los ojos de la alta sociedad y de mis colegas en el gremio legal, mi vida era la imagen misma del éxito. Tenía a mi lado a una mujer despampanante, elegante y codiciada, la clase de esposa que lucía perfecta en las galas y portadas de revistas. Mi madre y mi hermana apenas nos visitaban; la convivencia con Camila se volvió insostenible desde los primeros meses y terminaron por alejarse, recluyéndose en su antiguo departamento. En el fondo, aquella distancia me producía un alivio cobarde: prefería no escuchar los reclamos de mi madre con tal de mantener la paz en mi lecho matrimonial.

Sin embargo, detrás de la fachada de mármol y las sonrisas ensayadas frente a las cámaras, la realidad era una pesadilla sofocante.

El estilo de vida que Camila exigía se había vuelto un monstruo insaciable. Joyas de diseñador, viajes relámpago a Europa, remodelaciones absurdas a la mansión y tarjetas de crédito al límite. Por mucho que me matara trabajando en la firma, por más casos que aceptara, los ingresos ya no alcanzaban para cubrir sus caprichos. Camila no era como Elena. Elena jamás pidió nada; administraba la casa con una eficiencia silenciosa que yo, en mi soberbia, jamás supe valorar. Camila, en cambio, medía mi valor como hombre por el grosor de mi billetera. Si los lujos cesaban, su afecto se transformaba en un hielo punzante y en reproches hirientes que destruían mi orgullo.

Estaba al borde del colapso financiero. Las deudas bancarias se acumulaban, las hipotecas sobre la mansión comenzaban a vencerse y mi reputación como uno de los abogados más prestigiosos de la ciudad pendía de un hilo invisible.

Fue en medio de esa desesperación cuando apareció la oportunidad. Una propuesta que prometía dividendos millonarios en tiempo récord, la única salida para saldar mis compromisos y seguir dándole a mi mujer la vida de reina que exigía.

Esa tarde recibiría en mi despacho privado a mi nuevo socio. Caminé de un lado a otro detrás de mi escritorio de caoba, ajustándome el nudo de la corbata con dedos húmedos por el sudor frío. La ansiedad me carcomía las entrañas, pero debía proyectar la imagen de un abogado implacable, dominador de la situación.

A las cuatro en punto, la puerta de mi oficina se abrió.

—El señor Fernández está aquí, Doctor Fábregas —anunció mi secretaria antes de dar paso al visitante.

El hombre cruzó el umbral con paso pausado. Lucía un traje de corte italiano impecable y un reloj de oro que destellaba bajo la luz de la lámpara, pero había algo en su postura que me erizó los vellos de la nuca. Sus ojos, pequeños y oscuros como dos cuentas de cristal, escaneaban cada rincón de mi despacho con una frialdad calculadora.

No poseía la elegancia natural de mis clientes habituales; emanaba un aura pálida, un peligro contenido que ningún perfume caro lograba disimular.

—Señor Fernández, qué absoluto gusto tenerlo por aquí —saludé con un entusiasmo fingido, extendiendo mi mano.

El hombre sostuvo mi agarre con demasiada fuerza durante un par de segundos eternos antes de soltarme.

—Ahorrémonos las cortesías, Fábregas. Vayamos al grano, mi tiempo vale más que el oro —dijo Fernández, sentándose en el sillón de piel sin esperar invitación.

—Por supuesto... Comprendo que es un hombre extremadamente ocupado —respondí, rodeando mi escritorio para tomar asiento, intentando disimular el leve temblor de mis manos.

A pesar de la elegancia del traje, el sujeto no me inspiraba la menor confianza. Mi instinto como abogado me gritaba que estaba cruzando una línea sin retorno, pero la sombra de los embargos y la voz burlona de Camila resonaban en mi cabeza, acallando cualquier escrúpulo moral.

—Hablemos de números —continuó Fernández, sacando del interior de su saco un estuche de piel negra y dejándolo rodar sobre la madera lustrada de mi escritorio—. Mi grupo corporativo necesita una firma legal con el prestigio y la impecable reputación de la suya. Queremos constituir una red de doce sociedades mercantiles de fachada para mover capitales internacionales. Operaciones complejas, transferencias de alto volumen.

Tragué saliva. La garganta se me secó al instante.

—Sociedades de fachada... Señor Fernández, usted sabe perfectamente que la creación de empresas fantasma para la triangulación de fondos bordea el delito de blanqueo de capitales. Si la fiscalía o la unidad de inteligencia financiera detecta una irregularidad.

—No van a detectar nada —me interrumpió con una voz tan helada que cortó el aire de la habitación—. Para eso lo estoy contratando a usted, Fábregas. Usted conoce los vacíos de la ley mercantil como la palma de su mano. Se encargará de redactar los estatutos, blindar las firmas y autorizar los traspasos como apoderado legal.

—Es un riesgo enorme para mi firma... mi nombre…

—Su nombre está al borde de la quiebra, Doctor —sentenció Fernández, esbozando una sonrisa torcida que no llegó a sus ojos.

El hombre abrió el estuche de piel. En su interior no había contratos, sino una hoja de balances bancarios con mi nombre y el desglose exacto de todas mis deudas personales, las tarjetas sobregiradas y la segunda hipoteca de mi casa. Quedé paralizado, con el rostro completamente descolorido.

—¿Cómo... cómo consiguió esto? —susurré, sintiendo un vacío helado en el estómago.

—A mí no me puede vender cuentos, Fábregas —dijo Fernández, inclinándose hacia adelante, fijando sus ojos negros en los míos—. Sé que está ahogado en deudas. Sé que su preciosa esposa gasta más de lo que usted factura en un año. Si acepta el acuerdo, le pagaré un honorario del quince por ciento sobre cada transacción. Hablamos de más de dos millones de dólares libres en su cuenta en menos de seis meses.

Dos millones de dólares. La cifra retumbó en mi mente como el canto de una sirena. Con ese dinero no solo saldaría cada centavo que debía; podría acallar las exigencias de Camila, comprar su devoción por años y mantener la mentira de mi vida perfecta.

—¿Y si me niego? —pregunté en un hilo de voz, aunque en el fondo ya conocía la respuesta.

Fernández se puso de pie con tranquilidad, acomodándose los puños de la camisa.

—Si se niega, mañana a primera hora estos estados financieros filtrados llegarán a la junta directiva de su bufete y a los principales bancos de la ciudad.

Su crédito quedará destruido antes del mediodía y la ejecución hipotecaria de su mansión empezará esta misma semana. Dudo mucho que la bella Camila se quede a su lado para ver cómo lo embargan hasta los pantalones.

El chantaje era perfecto y absoluto. Me tenían acorralado contra la pared. El hombre me tendió un bolígrafo de plata junto a un documento preliminar de representación exclusiva.

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Jesus Castro Montero
Ahora Ekena tiene sus dos gemelos y su niña que felicidad ⁸
Jesus Castro Montero
Elena te topaste con un gran hombre qye es Christopher y el te ayudo a sanar tus herodas
Jesus Castro Montero
Eres una rata Camila por que no llamas a tu papá para que te ayude y te sal e de tu miserable vida
Jesus Castro Montero
Camila la vida de cobro todo lo que le hiciste y todavía falta más
Jesus Castro Montero
Alberto tu te lo buscaste Elena no tiene culpa de nada ahora que harán su madre y hermana
Jesus Castro Montero
Elena ya fue Christopher a salvarte a ti y a tu bebé hojala ese Fernández se muera de una vez
Jesus Castro Montero
Elena igual cuidate de Fernández ese hombre es muy peligroso
Jesus Castro Montero
Alberto eres un estúpido ya perdiste todo deja en paz a Elena ahora ella es feliz con Duran
Jesus Castro Montero
Elena yo creo que estas embarazada déjate cuidar por Christopher un bebé de los dos es fantástico los gemelos van a estar súper felices por que van hacer los hermanos mayores de ese bebé hojala sea una niña
Jesus Castro Montero
Elena de verdad eres una mujer increíble vas ayudar a las personas que más daño te an echo pero tu no les guardas rencor escritora tu novela nos enseña mucho que no hay que guardar rencor en nuestros corazones
Jesus Castro Montero
Elena tienes un corazón de oro apesar que Alberto te hizo mucho daño no le deseas la muerte excelente novela ye felicito escritora
Ysabel Correa: Muchas gracias. Da gusto leer tus comentarios 🫂
total 1 replies
Jesus Castro Montero
Fernández eres un ingenuo crees que Elens es una mujer que no se va a dejar pisotear ya no ya bastante la humillaron en el pasado así que atente a las consecuencias
Jesus Castro Montero
Así se hace Elena que el podrido de Alberto se muera en el intento de destruirte el es el va terminar en el fango del barro podrido buena novela gracias escitora
Jesus Castro Montero
Elena tienes que tener cuidado por que el baboso de Alberto te quiere hacer daño gusto con Fernández así que prepárate para que los destruyas a esos dos
Jesus Castro Montero
Por fin Elena encontró la felicidad al lado de Christopher ella y sus gemelos tendrán paz
Jesus Castro Montero
Que lindo Elena pusiste a esos dos en su lugar se les acabó la farsa
Jesus Castro Montero
Elena eres una gran mujer por eso Dios te a premiado conocer a un gran hombre como Durán le has perdonado a Melissa todas sus fechorias eso es tener un alma buena
Jesus Castro Montero
Bien Elena que bueno que le contaste a Durán tu pasado así el puede defenderte a ti y tus hijos
Jesus Castro Montero
Así se hace Elena esis dis que queden como dos tristes payasos esos son Akberto y Camila jajaja
Jesus Castro Montero
Alberto eres un mal hijo eres un desgraciado ye has olvidado de tu madre aunque ella se merece lo que le está pasando pero igual es tu madre Alberto 👏😂☺️🤭😭🤣🥰
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