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Omega De Sangre Real

Omega De Sangre Real

Status: En proceso
Genre:Omegaverse / Vampiro / Posesivo
Popularitas:1.9k
Nilai: 5
nombre de autor: VICTOR CUETO

Su sangre puede coronar reyes... o enterrarlos.

Cuando un omega despierta con la marca de un alfa vampiro ardiendo en su cuello, descubre demasiado tarde que no es una víctima: es la última arma que todos quieren poseer.

Y el alfa que lo reclamó no piensa soltarlo... ni vivo, ni muerto.

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Capítulo 7: La marca completa

La marca completa

La noche cayó sobre el castillo como una sentencia.

Kael no había comido casi nada. Se había encerrado en la habitación que Damien le había asignado, caminando de un lado a otro mientras la marca en su cuello latiía con un ritmo cada vez más insistente. Cada vez que cerraba los ojos, recordaba las palabras del alfa:

*Esta noche… completamos la marca.*

No era una amenaza vacía. Lo sabía. La sangre de Damien ya corría en su interior desde aquella primera mordida, y ahora exigía más. El cuerpo de Kael lo sabía también. Las feromonas que desprendía se habían vuelto más dulces, más densas, casi empalagosas. El aire de la habitación olía a él… y a miedo.

Cuando la puerta se abrió, no se sorprendió.

Damien entró sin llamar. Llevaba la misma camisa negra de la tarde, pero las mangas estaban arremangadas y el cuello desabrochado. Sus ojos rojos brillaban con una intensidad que hacía que el pecho de Kael se apretara. Cerró la puerta a su espalda y el sonido del pestillo resonó como un golpe final.

—No vas a pelear esta noche —dijo con voz baja, casi suave—. No de verdad.

Kael retrocedió hasta que la parte trasera de sus rodillas tocó el borde de la cama.

—No puedes obligarme.

Damien dio un paso adelante. Luego otro. El olor de sus feromonas llenó la habitación de inmediato: sándalo, sangre antigua y algo más oscuro, más salvaje. Kael sintió que las piernas le temblaban.

—No voy a obligarte —respondió Damien—. Voy a dejarte elegir. Pero el tiempo se acabó, Kael. Las otras casas ya saben que existes. Si no completo el vínculo esta noche, mañana pueden intentar tomarte. Y yo… no pienso permitirlo.

Se detuvo frente a él. La diferencia de altura obligó a Kael a levantar el rostro. La marca ardió con fuerza, como si reconociera la cercanía de su dueño.

—¿Qué pasa si la completas? —preguntó Kael. La voz le salió más rota de lo que quería.

Damien levantó una mano y, con dos dedos, rozó la cicatriz brillante. El contacto fue suficiente para que un temblor recorriera todo el cuerpo del omega.

—Si la completo, el vínculo se vuelve permanente. Sentiré tu dolor. Sentiré tu miedo. Sentiré cuando estés en peligro… y cuando me necesites. Tú sentirás lo mismo de mí. Y nadie más podrá reclamar lo que ya es mío.

Kael cerró los ojos un segundo. El calor de esos dedos fríos contra su piel era adictivo. Peligroso.

—Y si me niego…

—Entonces arderás solo —dijo Damien con honestidad brutal—. Hasta que el celo te consuma. Y cuando eso pase, no sé si podré contenerme. Ni siquiera yo.

El silencio se alargó. Kael abría y cerraba las manos a los costados, intentando controlar la respiración. El olor de Damien lo envolvía por completo. Su propia sangre parecía cantar bajo la piel, pidiendo más.

Al final, levantó la mirada.

—Hazlo.

Damien no sonrió. No mostró triunfo. Solo asintió una vez, como si hubiera estado esperando esa palabra desde hacía siglos.

—Acuéstate.

Kael obedeció. Se recostó sobre las sábanas negras, el corazón latiéndole con fuerza. Damien se quitó la camisa con movimientos lentos, deliberados. El cuerpo que quedó al descubierto era pálido, marcado por cicatrices antiguas que hablaban de guerras que Kael ni siquiera podía imaginar. Se subió a la cama y se colocó a horcajadas sobre las caderas del omega, sin llegar a sentarse del todo.

—Voy a morderte otra vez —susurró—. En el mismo lugar. Pero esta vez… tú también tendrás que beber de mí.

Kael tragó saliva.

Damien se inclinó. Primero rozó con la nariz la línea del cuello de Kael, inhalando profundamente. Luego lamió la marca una vez, despacio, como si estuviera preparándola. El gemido que se escapó de los labios de Kael fue imposible de contener.

—Eso es… —murmuró Damien contra su piel—. No lo reprimas.

Los colmillos se hundieron.

El dolor fue blanco y puro, igual que la primera vez, pero esta vez había algo más. Un tirón profundo, casi espiritual, que pareció arrancar algo del interior de Kael y entregárselo al alfa. La sangre fluyó. Damien bebió con lentitud, con control, pero Kael podía sentir cómo el vínculo se estiraba, se tensaba, se hacía más fuerte con cada sorbo.

Cuando Damien se separó, sus labios estaban teñidos de rojo. Los ojos brillaban como brasas.

Se cortó la propia muñeca con un colmillo. La sangre oscura, casi negra, brotó de inmediato. Acercó la herida a los labios de Kael.

—Bebe.

Kael dudó solo un segundo. Luego abrió la boca.

El sabor fue metálico, antiguo, poderoso. La sangre de Damien bajó por su garganta como fuego líquido. En el momento en que la tragó, la marca en su cuello estalló en luz. Un resplandor ámbar rojizo se extendió bajo su piel, dibujando líneas finas que parecían venas de fuego. El dolor se transformó en un placer intenso, casi insoportable. Kael arqueó la espalda, un grito ahogado escapándosele del pecho.

Damien gruñó. Bajó la cabeza y volvió a morder, más profundo esta vez, sellando el vínculo mientras Kael bebía. El mundo se redujo a sangre, calor y el olor embriagador de las feromonas de ambos mezclándose.

Cuando por fin se separaron, ambos respiraban agitados. La marca en el cuello de Kael ya no era solo una cicatriz brillante. Ahora latía con una luz constante, profunda, como un segundo corazón. Y por primera vez, Kael pudo sentir algo que no era suyo: una presencia oscura, antigua y posesiva instalada en el fondo de su mente.

Damien.

El alfa apoyó la frente contra la de él, respirando con fuerza.

—Ya está —susurró—. Ya eres mío del todo.

Kael tenía los ojos húmedos. No sabía si por el dolor, por el placer o por la certeza abrumadora de que ya no había marcha atrás. Levantó una mano temblorosa y tocó el pecho de Damien, justo sobre el corazón que no latía.

—Te siento… —dijo con voz rota—. Dentro.

Damien capturó esa mano y la apretó contra su piel fría.

—Y yo a ti. Cada latido. Cada miedo. Cada vez que tu sangre cante mi nombre.

Se quedaron así un largo rato, frente contra frente, mientras el vínculo se asentaba. El calor en el cuerpo de Kael no desapareció. Se transformó en algo más profundo, más hambriento. Sus feromonas se habían disparado. El aire de la habitación olía a sexo y a sangre y a posesión.

Damien lo notó. Por supuesto que lo notó. Sus ojos se oscurecieron todavía más.

—No esta noche —dijo con voz ronca, aunque su cuerpo estaba tenso como una cuerda—. Todavía no. Tu cuerpo acaba de recibir demasiado. Si te tomo ahora… no seré suave.

Kael quiso protestar. Quiso decir que no le importaba. Pero las palabras no salieron. Solo asintió, exhausto.

Damien se recostó a su lado y lo atrajo contra su pecho. El gesto fue posesivo, casi brutal en su ternura. Kael no se resistió. Apoyó la cabeza en el hueco del cuello del alfa y cerró los ojos, escuchando el silencio de un corazón que no latía y sintiendo, por primera vez, la presencia constante de Damien dentro de su mente.

Fuera, la luna roja seguía colgada en el cielo.

Y en algún lugar, más allá de los muros del castillo, las otras casas ya se estaban moviendo.

---

**Horas más tarde**

Kael despertó sobresaltado.

La marca ardía. No con el dolor anterior, sino con una urgencia nueva, afilada. Damien ya no estaba en la cama. La habitación estaba a oscuras, solo iluminada por el resplandor de la luna roja que entraba por las ventanas.

Entonces lo sintió a través del vínculo.

Rabia.

Amenaza.

Hambre de sangre.

Kael se levantó de un salto. La conexión le mostraba imágenes fragmentadas: pasillos oscuros, sombras moviéndose, el olor de vampiros desconocidos. Damien estaba luchando. O a punto de hacerlo.

Sin pensarlo, Kael salió de la habitación. El vínculo lo guiaba como un hilo invisible. Bajó las escaleras de piedra, el corazón latiéndole con fuerza, la marca brillando cada vez más intensa.

Llegó al salón principal justo a tiempo para ver la puerta principal hecha astillas.

Tres vampiros de ojos ámbar y plateados estaban de pie en medio del salón. Damien frente a ellos, sin camisa, con sangre ajena en los labios y los colmillos al descubierto. Su presencia era aterradora. El poder que emanaba hacía que el aire mismo temblara.

Uno de los intrusos sonrió al ver a Kael.

—Ahí está… el Omega de Sangre Real.

Damien giró la cabeza. Sus ojos rojos se encontraron con los de Kael a través del vínculo. La orden fue clara, silenciosa y absoluta:

*No te muevas.*

Pero Kael ya había dado un paso adelante. La marca en su cuello brillaba como una antorcha. Y por primera vez desde que había llegado al castillo, sintió algo nuevo corriendo por sus venas.

Poder.

Su propia sangre real respondiendo a la amenaza.

Los tres vampiros lo miraron. Uno de ellos lamió sus labios.

—El príncipe Voss no podrá protegerte para siempre, omega —dijo con voz sedosa—. Tarde o temprano… serás nuestro.

Damien no respondió con palabras. Se lanzó hacia adelante con una velocidad imposible.

Y el vínculo entre Kael y él se tensó hasta casi romperse cuando la violencia estalló.

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1
Victor Cueto
Quiero saber más..mm😭
Victor Cueto
Se pone cada vez más interesante
Victor Cueto
Me encanta....
Victor Cueto
Buenas trama para solo tener 3 capítulos por favor publicar más.
Victor Cueto
para iniciar apenas, está buena la trama.
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