NovelToon NovelToon
Bajo contrato con el magnate

Bajo contrato con el magnate

Status: Terminada
Genre:CEO / Arrogante / Maltrato Emocional / Venderse para pagar una deuda / Amante arrepentido / Romance oscuro / Completas
Popularitas:418
Nilai: 5
nombre de autor: lulu

Para pagar el tratamiento de su abuela, Valentina Cabrera acepta convertirse en la amante de Damián Mondragón, un magnate acostumbrado a decidir cuándo empieza una relación y cuándo termina.
El acuerdo es claro: acudir cuando él la llame, guardar el secreto y no confundir la cama con el amor.
Valentina tiene su propio plan. Anotar cada peso que recibe, seguir bailando y devolverle todo para poder marcharse. Lo difícil será cumplirlo cuando Damián empiece a romper sus reglas y ella a esperar algo más que dinero cada vez que él la busca.
Pero mientras sus besos la hacen creer que es especial, sus decisiones empiezan a cerrarle las puertas que necesita para construir una vida propia.
Cuando Valentina decide irse, él le recuerda el precio de romper el contrato: seis millones de pesos.
Ella acepta la deuda.
Damián estaba preparado para sus reclamos, sus lágrimas, incluso para que le pidiera más. No para verla elegir una vida sin él.
Ahora tendrá que descubrir cómo recuperarla cuando su dinero ya no basta para hacerla volver.

NovelToon tiene autorización de lulu para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 12

Capítulo 12 — Me perteneces

Damián mandó por ella el jueves en la noche.

El coche la recogió a la salida de la Academia Armonía. Valentina subió con el presupuesto del hospital en la mochila. Había pasado el día buscando cómo pedirle a Damián que autorizara el gasto; ahora que iba a verlo, repasaba las cifras para poder explicárselas sin equivocarse.

Lo encontró en la recámara principal, de pie junto al ventanal, con la camisa a medio desabrochar y el celular en la mano. No la saludó. La miró por el reflejo del vidrio, contra las luces de Polanco, y algo en esa mirada le dijo a Valentina que esa noche estaba de un humor raro.

—Llegas tarde —dijo.

—La clase terminó tarde, señor Mondragón. Había mucho que ensayar.

—La clase. —Dejó el celular bocabajo sobre la cómoda—. O el maestro. O el compañero ese que te acompaña hasta la puerta. ¿Cómo se llama? Gonzalo.

Valentina se quedó quieta.

—Gonzalo es un compañero.

—Un compañero que te lleva los avisos de una audición. Que te defiende en la escuela. Que aparece en cada foto que sube esa niña a internet, muy cerca de ti. —Se dio la vuelta, despacio, y por primera vez la vio de frente—. Traes la cabeza en todos lados menos aquí, Vale. En la audición. En el teléfono. En lo que dicen de ti en esas benditas redes. En todos, menos en mí.

—Estoy aquí —dijo ella—. Vine en cuanto me llamó. Y necesito hablarle de mi abuela.

—Tu cuerpo vino. —Empezó a acercarse—. Lo demás no sé dónde anda.

Ella retrocedió un paso sin darse cuenta, hasta que la orilla de la cama le tocó la parte de atrás de las rodillas.

Damián se agachó.

No la tocó a ella primero. Le tocó el tobillo. Le subió el ruedo del pantalón con dos dedos, sin prisa, hasta descubrir la cadenita delgada con la campanita minúscula y la "M" que le colgaba contra el hueso.

La rozó.

La campanita sonó. Durante la clase había tenido que sujetarla bajo el calcetín para que no se oyera con cada paso.

—¿Te acuerdas de lo que es esto? —murmuró él, sin soltarle el tobillo, mirándola desde abajo.

—Me acuerdo.

—Dime qué es.

Valentina tragó saliva. Sintió la mano de él, tibia, subir de a poco por su pantorrilla.

—Es una tobillera.

—Es una marca. —La campanita volvió a sonar cuando le apretó apenas el tobillo—. Es para saber dónde estás. Para oírte llegar. Para acordarte, cada vez que caminas, de quién te la puso. —Se enderezó, muy cerca, tanto que ella tuvo que echar la cara hacia atrás para mirarlo—. Y últimamente creo que se te olvida seguido.

—No se me olvida —dijo, y odió que la voz le saliera temblorosa.

—Entonces dilo. —Le puso una mano en la nuca, no brusco, pero firme, sin dejarle voltear a otro lado—. Me perteneces. Dilo.

Valentina apretó los labios.

Quiso decirle que lo recordaba cada vez que buscaba una prenda para cubrirse el tobillo, cada vez que tenía que ocultar la campanita en clase. No necesitaba oírlo otra vez. Pero él le sostenía la nuca y ella había venido a pedirle más dinero. Le dio rabia no saber si callaba por eso o porque una parte de ella quería que la acercara.

—Dilo, Vale —repitió él, más bajo, casi contra su boca—. No es difícil. Me perteneces. Solo puedes pensar en mí.

Antes de que ella pudiera responder, él apartó la boca y le besó el cuello. A los labios no se acercó: esa regla seguía en pie.

Valentina perdió la frase con la que iba a contestarle. Él la echó hacia atrás sobre la cama, con una mano todavía en su nuca y la otra bajo la blusa, sobre la piel de su cintura. Ella se aferró a su camisa abierta. Hacía un momento quería apartarle la mano; ahora esperaba el siguiente roce y esa contradicción le resultaba más difícil de admitir que el deseo.

—Me perteneces —le dijo él contra el cuello, mientras la campanita del tobillo sonaba suave, absurda, cada vez que ella se movía—. Solo a mí.

No repitió las palabras que él le pedía.

Esa noche se dejó llevar por sus manos y el peso tibio de su cuerpo. Cuando pensaba en hablar del hospital, él volvía a tocarla y ella aplazaba la conversación un poco más.

Después, Damián se quedó quieto a su lado con un brazo sobre su cintura. Valentina miró hacia la silla donde había dejado la mochila. El presupuesto seguía ahí. Ya no podía fingir que se le había olvidado.

La libreta la ayudaba con el dinero: una cantidad recibida, otra que devolver. Con lo que acababa de pasar no sabía hacer eso. Había deseado que él la tocara. Incluso ahora le costaba levantarle el brazo para sentarse. Le asustó pensar que un día pudiera terminar de pagar y seguir buscando una razón para quedarse.

Él le apartó el pelo de la cara con una suavidad que no le conocía de día.

—¿En qué piensas? —preguntó, bajo.

—En el hospital. Traigo el presupuesto. Hay que confirmar mañana.

—Dáselo a Lino. Que lo pague. —Le pasó el pulgar por el pómulo—. No estabas pensando solo en eso.

Valentina no contestó.

Damián esperó a que contestara. Como no lo hizo, retiró la mano de su cara y preguntó más despacio:

—¿Y si te dejo libre? —Se detuvo—. Si rompiera el contrato ahora mismo, si te quitara la deuda, la tobillera, todo. ¿Te quedarías?

Valentina buscó su cara en la penumbra. No sabía si le estaba ofreciendo algo o si tenía que acertar con la respuesta. Había imaginado tantas veces que le devolvía el contrato y se iba; en esas escenas nunca tenía su brazo sobre la cintura ni a la abuela esperando que él autorizara otro tratamiento.

Abrió la boca. No consiguió decir ni que sí ni que no.

Él retiró el brazo antes de que ella encontrara las palabras.

* * *

En la madrugada, Damián salió a la sala sin encender la luz y marcó.

Lino contestó a la primera, como siempre, con la voz despierta de quien nunca se permite dormir del todo.

—Señor Mondragón.

—La audición de la escuela de danza. —Damián miró la ciudad por el ventanal, la copa vacía de la noche todavía sobre la mesa—. ¿Sigue en pie para el fin de semana?

—Sí, señor. La pasaron del viernes al sábado. Producción ya avisó a las aspirantes y Belmonte confirmó al jurado.

—Quiero que le sigas los pasos. Todo. Quién arma la mesa de jurados, quién decide, a quién le deben favores. —Hizo una pausa—. Y quiero saber, antes que nadie, con qué números llega ella.

—Como usted diga. —Lino dudó medio segundo, algo que casi nunca hacía—. ¿Muevo algo, señor?

Damián no respondió enseguida.

Desde la sala alcanzaba a ver la puerta de la recámara. Valentina no lo había llamado al sentirlo levantarse. Él tampoco le había dicho adónde iba.

Había esperado una respuesta inmediata. Un sí, aunque ella lo dijera por miedo a perder lo de su abuela. Ahora le molestaba habérselo preguntado de esa manera: no habría creído una respuesta complaciente, pero el silencio seguía sin dejarlo en paz.

—Tú vigila —dijo por fin—. Yo decido después.

1
NovelToon
Step Into A Different WORLD!
Download MangaToon APP on App Store and Google Play