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Amor Y Sombras De Obsesión

Amor Y Sombras De Obsesión

Status: Terminada
Genre:Romance / Brujas / Edad media / Completas
Popularitas:6.4k
Nilai: 5
nombre de autor: Lelixi

En el reino de Aethelgard, Jasmín, una joven reina de ancestral estirpe de brujas, sufre el tormento del distanciamiento de su esposo, el frío y calculador rey Dante. Tras un mes de matrimonio intacto y un lecho compartido solo en apariencias, la desesperación la lleva a suministrarle un elixir de amor supremo para someter su corazón. Al ver la repentina y desenfrenada voracidad pasional de Dante, Jasmín celebra su triunfo creyendo haber tomado el control. Lo que ella ignora es que el brebaje no tuvo efecto alguno: Dante la amaba con una obsesión despiadada desde antes de coronarla, y la poción solo fue la excusa perfecta para desatar su verdadera e insaciable devoción.

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CAPÍTULO 12: Pasión en las Ruinas del Norte

​Apenas dos días después de aquella discusión, una pequeña expedición privada abandonó la fortaleza al despuntar el alba. Dante había cumplido su palabra de la forma más estricta: prescindió de la guardia real de honor, ordenando únicamente al capitán Jeison y a dos exploradores que mantuvieran una distancia de un kilómetro a la redonda para asegurar el perímetro exterior contra cuadrillas de bandidos o espías.

​Jasmín vestía un traje de montar de cuero suave color verde cazador que moldeaba con escandalosa precisión cada curva de su figura, con una capa con capucha para resguardarse del viento frío de la sierra. Dante cabalgaba a su lado sobre un imponente semental negro, luciendo ropajes de viaje sencillos pero masculinos, portando únicamente su espada de acero valyrio al cinto.

​Cabalgaron durante horas en dirección a los viejos páramos del norte, donde se alzaban las ruinas de un templo olvidado construido por los primeros fundadores de Aethelgard. Para cuando el sol alcanzó el cenit, enormes nubes oscuras y cargadas de lluvia comenzaron a congregarse sobre las cumbres de las montañas, oscureciendo el cielo con un velo violeta y amenazante.

​—Deberíamos regresar a las caballerizas reales antes de que la tormenta descargue —sugirió Jasmín, observando los relámpagos que serpenteaban entre los picos de piedra.

​—No —respondió Dante, deteniendo su caballo al lado del de ella y contemplándola con una mirada que no tenía nada que ver con el clima—. Dijiste que querías sentirte libre de las murallas. Allá adelante están las ruinas del santuario. Nos refugiaremos allí.

​Se adentraron entre los arcos de piedra semicolapsados y los pilares cubiertos de hiedra silvestre del antiguo templo. Justo cuando los caballos quedaban resguardados bajo un tejado de piedra abovedado que había resistido el paso de los siglos, el cielo se rompió en un diluvio feroz. El rugido de la lluvia golpeando las losas y el retumbar de los truenos crearon una atmósfera aislada, salvaje y ajena al resto del mundo.

​Jasmín se despojó de la capa húmeda y caminó hacia el centro del antiguo altar de mármol blanco, donde la lluvia no alcanzaba a llegar. Respiró hondo el aroma a tierra mojada, musgo y aire ozonizado.

​—Es hermoso —murmuró, volviéndose hacia Dante—. Hacía semanas que no me sentía tan viva.

​Dante no miraba las ruinas ni la tormenta. Estaba de pie a pocos pasos, desabrochándose el broche de su propia capa antes de dejarla caer al suelo. Sus ojos oscuros devoraban la figura de Jasmín, fijos en la forma en que el traje de montar remarcaba sus caderas y en el sonrojo natural que el viento le había dejado en las mejillas.

​—Tú eres lo único hermoso en este lugar de piedras muertas, Jasmín —dijo él con una voz ronca que resonó por encima del murmullo del aguacero.

​Avanzó hacia ella con pasos decididos. Jasmín intentó dar un paso atrás por puro juego de seducción, pero Dante fue más rápido: la sujetó por la cintura y la empujó suavemente contra la superficie lisa y fría del altar de mármol ancestral.

​—Dante... estamos al aire libre —protestó ella entre cortadas respiraciones, aunque sus manos subieron instintivamente al cuello de la camisa del rey—. Jeison y los guardias están patrullando los alrededores...

​—Jeison sabe perfectamente lo que le ocurrirá si a alguno de sus hombres se le ocurre acercarse a menos de un kilómetro de este templo —respondió Dante, inclinando la cabeza para morder suavemente el lóbulo de su oreja, desatando un gemido ahogado en la reina—. No hay nadie aquí. Solo el cielo, la lluvia... y tú perteneciendo a tu rey.

​Sin darle tiempo a protestar, los labios de Dante reclamaron los suyos con un ímpetu abrasador. La frialdad del altar de mármol a su espalda contrastaba violentamente con el calor febril del cuerpo de Dante presionándola. El rey no fue paciente; desabrochó con destreza los broches de cuero del corpiño de la reina, exponiendo su piel blanca al aire fresco de la tormenta antes de cubrirla de besos voraces.

​Jasmín cerró los ojos, atrapada en la marea de placer desmedido. La sensación de ser tomada en un templo antiguo, rodeada por el rugido de la tormenta y expuesta a la naturaleza salvaje, encendió en ella una excitación tan intensa que le hizo olvidar cualquier indicio de pudor. Enredó sus piernas alrededor de los muslos de Dante y se entregó al ritmo feroz con el que su esposo la reclamaba.

​Cada embestida de Dante llevaba el peso de su devoción posesiva, y cada jadeo de Jasmín confirmaba su rendición. Era una danza salvaje donde la culpa que la asaltaba a veces en las noches tranquilas del castillo quedaba completamente barrida por el éxtasis del momento.

​Cuando la tormenta comenzó a amainar, transformándose en un chispeo sutil, Jasmín yacía recostada sobre el pecho de Dante, usando la capa de terciopelo del rey como manta sobre el altar de piedra. Dante acariciaba perezosamente la curva de su cadera desnuda, mirando el cielo gris con una expresión de triunfo absoluto.

​Jasmín contempló el perfil de su esposo. Lejos de arrepentirse de la osadía, sonrió con complacencia, pegando su rostro al hombro robusto de él. Si esta era la locura que había desatado con su magia, no tenía la menor intención de renunciar a ella.

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daniela mercado ortiz
Le van a dar como cajón que no cierra,🤭 Duro y contra el muro, hay tienes tu tomate para hacer salsa🤭🤣
daniela mercado ortiz
🤭Hay que pillo👏😂
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