NovelToon NovelToon
Pecado Clandestino

Pecado Clandestino

Status: En proceso
Genre:Romance / Posesivo
Popularitas:6.2k
Nilai: 5
nombre de autor: Miliarias

Julián Zaragoza lo tiene todo bajo control, excepto su propia vida. A sus 30 años, es el frío y respetado director de una firma de administración aduanera internacional, viudo y padre soltero de una rebelde joven de 18 años. El estrés corporativo y la rutina lo están asfixiando por dentro.
​Entonces conoce a Esther Molina.
​Ella tiene 27 años, una hija pequeña a la que proteger y un pasado oscuro que dejó atrás: años atrás, trabajó en un prostíbulo. Cuando Julián descubre su secreto, no la juzga. Ve en ella la vía de escape perfecta.
​La propuesta de Julián es tan directa como indecente: una relación puramente física. Sin citas, sin preguntas sobre sus vidas personales, sin involucrar a sus hijas y, sobre todo, sin enamorarse. Un pacto donde la única regla es el placer absoluto para olvidar el mundo exterior.

NovelToon tiene autorización de Miliarias para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

En el baño - +18

El autocontrol de Julián Zaragoza tenía un límite, y yo lo había hecho saltar por los aires.

No sé qué hilos corporativos movió ni a cuántas personas tuvo que dar órdenes, pero cuatro días después de nuestra noche en el hotel, me encontré vistiendo un uniforme azul de personal de limpieza temporal en el piso ejecutivo de Zaragoza Aduanera Internacional. Cuando la agencia me llamó ofreciéndome el puesto con un sueldo que triplicaba lo que ganaba en la cafetería, supuse que era un milagro. Pero en cuanto pisé el reluciente piso de mármol del último piso y sentí el aroma de su perfume caro flotando en el pasillo, entendí la verdad.

Me había traído a su terreno. Nos habíamos prohibido textear, pero él había encontrado la forma de tener su adicción cerca.

Llevaba una hora pasando el plumero por los muebles de caoba de la sala de juntas, con el corazón latiéndome a mil por hora cada vez que escuchaba unos pasos firmes. El uniforme, aunque holgado, me rozaba la piel de las piernas, recordándome la urgencia con la que él me había desnudado la última vez. La atracción seguía viva, quemándome por dentro.

A media tarde, aproveché que el pasillo estaba desierto para entrar al baño ejecutivo de la dirección, un espacio amplio, impecable, decorado con espejos de piso a techo y mármol oscuro. Coloqué el carrito de limpieza en la entrada y cerré la puerta detrás de mí. Di un largo suspiro, apoyándome en el lavabo.

De pronto, el pestillo de la puerta giró.

Me tensé por completo. La puerta se abrió y la figura imponente de Julián bloqueó la entrada. Llevaba el saco desabrochado, la corbata ligeramente floja y esa mirada gris, oscura y felina, fija directamente en mí. Antes de que pudiera pronunciar una sola palabra, entró, cerró la puerta con llave y giró el letrero exterior a "Fuera de servicio".

—¿Qué haces aquí? Alguien puede verte —susurré, dando un paso atrás, pero choqué directamente contra el borde de mármol del lavabo.

—No aguantaba más, Esther —su voz sonó más ronca que de costumbre, cargada de una vibración tan caliente que me hizo apretar los muslos por puro instinto—. Te prohibí textear, pero no verte. Tenerte a unos metros y no poder tocarte me está destrozando el juicio.

Avanzó hacia mí con pasos lentos, decididos. El contraste era absurdo y peligrosamente excitante: él, el director general impecable de una multinacional; yo, la empleada de limpieza con un uniforme azul. Pero en cuanto sus ojos recorrieron mi cuerpo, supe que las clases sociales no existían para el deseo que nos consumía.

Julián acortó la distancia, atrapándome entre su cuerpo y el lavabo. Su aroma a tabaco y colonia de diseñador me inundó los sentidos. Levantó una mano, enterrando sus dedos en mi cabello desordenado, obligándome a levantar la cabeza para mirarlo.

—Estás loca si piensas que voy a esperar al fin de semana —siseó contra mi boca, y antes de que pudiera responder, estampó sus labios contra los míos.

El beso fue rápido, sucio, hambriento. Un gemido ahogado escapó de mi garganta mientras mis manos, actuando por puro instinto, se aferraban a las solapas de su saco. Julián gruñó, empujándome con firmeza hacia atrás, haciéndome girar hasta que mi espalda impactó contra la fría pared de azulejos oscuros del baño. El frío de la pared contrastó violentamente con el calor abrasador de su cuerpo presionando el mío.

Sus manos bajaron con una urgencia salvaje. No había tiempo para sutilezas. Agarró la tela de mi uniforme azul y la subió de un tirón hasta mi cintura. Sus dedos fríos entraron en contacto directo con la piel de mis muslos, haciéndome jadear. Cuando su mano grande y posesiva rompió la lencería de encaje que llevaba debajo, abrí las piernas por inercia, enganchando una de mis piernas alrededor de su cadera.

—Dios, Esther... estás empapada por mí —susurró, rozando con sus dedos mi intimidad, descubriendo la deliciosa evidencia de que yo lo deseaba tanto como él a mí.

—Julián, alguien... alguien puede entrar —logré articular entre jadeos, mientras él bajaba la cabeza para morder suavemente la base de mi cuello, justo en el lugar donde la blusa del uniforme se abría.

—Nadie entra aquí —respondió con autoridad, con los ojos inyectados de una necesidad primitiva.

Se deshizo del cinturón de su pantalón de vestir con movimientos torpes y rápidos. Sentí la dureza de su masculinidad presionar contra mi entrada, y la anticipación hizo que mi vientre se contrajera en un espasmo de puro placer. Julián me sujetó firmemente de las nalgas, elevándome un poco contra la pared para alinear nuestros cuerpos.

Sosteniéndome la mirada, se hundió en mí de una sola estocada profunda y ruda.

El impacto me hizo echar la cabeza hacia atrás, soltando un gemido agudo que resonó en las paredes de mármol del baño. Julián tapó mi boca con la suya, devorándome el aliento mientras comenzaba a moverse a un ritmo rápido, salvaje y descontrolado. Cada embestida me aplastaba contra la pared, haciéndome delirar de placer. La adrenalina de estar en su oficina, a pocos metros de sus empleados, sumada a la química irreal de nuestros cuerpos, convirtió el encuentro en algo pecaminoso y adictivo.

—Mía... eres malditamente mía aquí dentro —me gruñó al oído, embistiendo con más fuerza, perdiendo por completo el control corporativo que tanto lo caracterizaba.

El clímax me arrastró en cuestión de minutos, una ola de espasmos intensos que me hizo apretarme a su cuerpo como si me fuera la vida en ello. Julián dio tres estocadas finales, rápidas y profundas, soltando un rugido ahogado contra mi cuello mientras se corría dentro de mí, llenándome con su calor.

Nos quedamos suspendidos, jadeando, con la frente apoyada en la pared. Julián me bajó despacio, permitiendo que mis pies tocaran el suelo. Con las manos temblando, me arregló el uniforme con una delicadeza que me desarmó. Me dio un último beso tierno en la frente, se acomodó el pantalón y, sin decir una palabra, salió del baño, dejándome temblando de placer, con el corazón desbocado y la certeza de que este pecado clandestino nos iba a destruir a los dos.

1
Rita Coba
cómo está es embarazo de aldo riesgo no pueden tener relaciones sexual 🤣
Rita Coba
ojalá ke se estén cuidando si embarazo en la puerta 🤣🤣
NovelToon
Step Into A Different WORLD!
Download MangaToon APP on App Store and Google Play