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Salvando Al Heredero

Salvando Al Heredero

Status: Terminada
Genre:Romance / Padre soltero / Hijo/a genio / Salvar al hijo enfermo / Completas
Popularitas:20.7k
Nilai: 5
nombre de autor: Lobelia

​Liam Volkov es un CEO implacable que cree que el dinero puede comprarlo todo, excepto la salud de su único heredero, el pequeño Ian, quien padece una enfermedad cardíaca degenerativa. Desesperado y tras haber despedido a diez especialistas, se cruza con la Dra. Elena Ríos, una cardióloga brillante, extrovertida y sin filtros que no le teme a sus gritos ni a su fortuna.
​Mientras la villana, Sabrina Valois (la ambiciosa prometida de Liam), planea la "muerte accidental" del niño para heredar la fortuna Volkov, Elena se convierte en el escudo de Ian. Pero en el proceso de salvar la vida del pequeño, Elena terminará operando el órgano más difícil de tratar: el corazón de piedra de su padre.

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Capitulo 12

​El aire en la cocina de la mansión Volkov solía oler a especias finas y a la disciplina silenciosa que Liam exigía en cada rincón de su vida. Sin embargo, esa mañana, el aroma a pan recién horneado fue reemplazado por el hedor metálico del miedo.

​Elena bajaba las escaleras, con su cuaderno de registros bajo el brazo y los ojos todavía pesados por la vigilancia nocturna, cuando el sonido de una porcelana rompiéndose y un sollozo ahogado la hicieron acelerar el paso. Al entrar en el área de servicio, se encontró con una escena que le revolvió la sangre.

​Sabrina estaba de pie en el centro de la cocina, luciendo un conjunto de seda color crema que gritaba opulencia, señalando con un dedo acusador a la señora Rosa, la cocinera que llevaba más de quince años al servicio de los Volkov. Rosa, una mujer de manos nudosas y ojos bondadosos que siempre le guardaba a Ian una porción extra de caldo casero, temblaba mientras recogía los restos de un tazón de avena del suelo.

​—¡Es inaceptable! —chillaba Sabrina, con una voz que pretendía ser elegante pero que destilaba una crueldad purulenta—. Le pedí específicamente que añadiera el suplemento granulado a la avena de Ian, y me entero de que usted lo tiró a la basura. ¡Está despedida! ¡Fuera de esta casa ahora mismo!

​—Señorita Sabrina, por favor... —suplicó Rosa con la voz quebrada—. La doctora Ríos me dio instrucciones estrictas de no añadir nada que ella no hubiera analizado primero. Yo solo seguía las órdenes médicas por el bien del niño...

​—¡Usted no sigue órdenes de una empleada temporal, usted sigue mis órdenes! —Sabrina dio un paso hacia la anciana, invadiendo su espacio de forma intimidante—. Recoja sus harapos y lárguese antes de que llame a seguridad para que la acusen de robo.

​Elena no necesitó escuchar más. Entró en la cocina con la fuerza de un vendaval, colocándose directamente entre la aterrorizada cocinera y la furiosa prometida.

​—La señora Rosa no se va a ninguna parte —dijo Elena. Su voz era baja, pero tenía ese filo de acero que usaba en el quirófano cuando un asistente cometía un error fatal.

​Sabrina retrocedió un paso, sorprendida por la irrupción, pero recuperó su máscara de arrogancia de inmediato.

—¿Tú otra vez? Esto no te incumbe, "doctorcita". Estoy gestionando al personal doméstico. Esta mujer es insubordinada y peligrosa para la salud de Ian.

​—Peligrosa es la sustancia que intentaste colar en esa avena sin mi consentimiento —replicó Elena, cruzándose de brazos—. Rosa estaba cumpliendo con su deber profesional. Según mi contrato, yo soy la autoridad máxima en la salud de Ian. Si Rosa hubiera puesto ese suplemento, yo misma la habría sancionado. Pero como fue fiel a la seguridad del niño, hoy es la persona más valiosa de esta cocina.

​En los rincones de la habitación, el resto del servicio —el mayordomo, las dos camareras y el jardinero que traía verduras frescas— observaban la escena con el aliento contenido. En los años que llevaban allí, nadie se había atrevido a desafiar a Sabrina Valois. La veían como la futura dueña, una sombra inevitable que pronto gobernaría sus vidas con la misma frialdad con la que Liam gobernaba sus empresas.

​—¡Liam no tolerará que una extraña proteja a una inepta! —gritó Sabrina, perdiendo los estribos al ver que los sirvientes empezaban a levantar la cabeza—. ¡Rosa, he dicho que te vayas!

​—¡Y yo he dicho que se queda! —Elena se giró hacia Rosa y le puso una mano cálida en el hombro—. Rosa, prepare otro tazón de avena. Exactamente como lo hace siempre. Sin "polvos mágicos" de nadie. Yo me encargo de lo demás.

​—¡Esto es el colmo! —Sabrina se giró, dispuesta a salir en busca de refuerzos, pero se detuvo en seco.

​Liam estaba en el umbral.

​No llevaba traje. Vestía un jersey de cachemir azul marino y unos pantalones oscuros, dándole un aire más humano pero no menos imponente. Su mirada saltó del tazón roto en el suelo a los ojos llorosos de Rosa, y finalmente se posó en Elena y Sabrina. Había escuchado lo suficiente desde el pasillo para entender la dinámica del conflicto.

​—Liam, amor, gracias a Dios —Sabrina corrió hacia él, intentando forzar un llanto que no lograba brotar—. Esta mujer está incitando a los empleados a desobedecerme. He intentado despedir a la cocinera porque está descuidando la nutrición de Ian y la doctora Ríos la está protegiendo. ¡Es un caos! Necesitamos a alguien de mi confianza en esta cocina, alguien que no cuestione mis cuidados por el niño.

​Liam no la abrazó. Mantuvo sus manos en los bolsillos, observando la escena con una frialdad analítica. Miró a Rosa, quien bajó la cabeza con humildad, y luego miró a Elena. Elena no estaba fingiendo nada; estaba de pie, con los pies firmes, protegiendo a la mujer mayor con una lealtad que no se compraba con dinero.

​En ese momento, Liam recordó lo que Elena le había dicho: que Ian necesitaba luz y verdad. Recordó a Rosa cuidando de él cuando era un niño y su propia madre lo ignoraba. Sabrina quería reemplazar la historia y la lealtad de la casa por peones que le respondieran solo a ella.

​—Rosa —dijo Liam. El silencio en la cocina era absoluto.

​—¿Sí, señor? —susurró la cocinera.

​—No se preocupe por los vidrios rotos.

Alguien más los limpiará. Continúe con el desayuno de mi hijo tal como la doctora Ríos le indique. Sus servicios son, como siempre, impecables.

​El aire pareció salir de los pulmones de todos los presentes en un suspiro de alivio colectivo. Sabrina se quedó paralizada, con la boca abierta, sintiendo cómo el suelo se abría bajo sus pies de diseñador.

​—¿Liam? ¿Estás bromeando? —Sabrina tartaleó, con el rostro volviéndose de un rojo violáceo—. ¡Me estás humillando frente a los criados! ¡He dicho que esa mujer debe irse!

​—Y yo he decidido que se queda —replicó Liam, su voz subiendo un tono, lo suficiente para dejar claro quién era el dueño de la mansión—. Elena tiene mi plena confianza. Si ella dice que nada entra en el cuerpo de Ian sin su revisión, así será. Sabrina, no vuelvas a interferir con el personal médico o doméstico mientras Ian esté bajo este tratamiento.

​Sabrina retrocedió como si la hubieran abofeteado. Miró a su alrededor y vio lo que más temía: las miradas del servicio ya no eran de miedo, sino de un respeto renovado hacia la doctora. Elena les había devuelto la dignidad, y Liam les había dado seguridad.

​—Esto... esto no se va a quedar así —susurró Sabrina, con una voz cargada de un odio tan puro que incluso Liam sintió un escalofrío—. Te estás dejando manipular por una cara bonita y un par de frases sentimentales, Liam. Te arrepentirás.

​Sabrina salió de la cocina a paso rápido, el sonido de sus tacones golpeando el suelo como una declaración de guerra.

​Elena soltó un suspiro largo y se volvió hacia Rosa. —Está bien, Rosa. Todo ha terminado.

​—Gracias, doctora. Muchas gracias —dijo la anciana, tomándole la mano a Elena con gratitud genuina—. Y gracias a usted, señor Volkov.

​Liam asintió brevemente y le hizo un gesto a Elena para que lo siguiera al pasillo. Una vez fuera del alcance de los oídos de la cocina, se detuvo y la miró intensamente.

​—Has ganado el primer round, Elena —dijo Liam, con un tono que mezclaba la advertencia con una pizca de admiración—. Pero ahora la tienes como enemiga declarada. Sabrina no perdona las ofensas públicas.

​—No me asusta, Liam —respondió Elena, acercándose a él—. Lo que me asusta es lo que estaba en ese frasco. Rosa me dijo que ella intentó obligarla. Si ella está dispuesta a pasar por encima de la salud del niño para marcar territorio, es capaz de cualquier cosa.

​Liam suspiró y, en un gesto impulsivo, le puso una mano en el hombro. —Lo sé. Por eso te agradezco que hayas intervenido. Me doy cuenta de que... hay muchas cosas en esta casa que he dejado de ver por estar mirando mis empresas.

​Elena le sostuvo la mirada. Por un segundo, la gratitud de Liam se sintió más cálida que el café que le había llevado la noche anterior. En esa cocina, Elena no solo había salvado el empleo de Rosa; se había ganado un ejército silencioso. A partir de ese momento, los ojos y oídos de la mansión —los que limpian, los que cocinan, los que cuidan el jardín— serían sus aliados.

​—No estoy aquí solo por Ian, Liam —susurró ella—. Estoy aquí porque esta casa necesita recordar qué es ser una familia.

​Liam asintió, incapaz de articular palabra, y se alejó hacia su despacho. Elena regresó a la cocina para ayudar a Rosa a recoger los vidrios. Mientras lo hacía, sintió las miradas amables de los empleados. Sabía que Sabrina atacaría de nuevo, y que el próximo golpe sería más bajo, pero por primera vez desde que llegó a esa mansión gris, Elena Ríos sintió que no estaba peleando sola.

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Melisuga
Es una linda historia.
😍😍😍
Melisuga
¿Está embarazada?
😃
Melisuga
¿El mayordomo también es de apellido Petrov?
😳😳😳
Melisuga
No sé de dónde saca Ian que el olor a limón es malo. 🤔
Melisuga
Espero que Ian esté mencionando a Petrov porque no sabe que fue despedido y no porque Liam lo dejó trabajando con él a pesar de su traición.
Melisuga
¡Bien por Elena!
👏🏼👏🏼👏🏼
Demuestra que es una persona fiel a sus principios y a sí misma.
Melisuga
¡Calladita te ves más bonita, Sabrina! Estás poniendo más clavos en el ataúd de tu familia con semejante confesión.
Melisuga
¡Qué horror!
😱😱😱
Maritza Suarez
👍
Melisuga
Ya me extrañaba que Liam fuera desfalcado por Sabrina de esa manera tan burda.
Melisuga
¿Liam no tiene también una empresa de ciberseguridad?
Melisuga
¿Pero a Sabrina no se la habían llevado presa del hospital?
Melisuga
O sea, ¿No usaron el quirófano con los monitores manipulados para el engaño? Espero que así haya sido.
Melisuga
Espero que también cambie el quirófano al que llevará a Ian.
Melisuga
Debió mandarle el audio a Liam sin decirle a Sabrina que lo había grabado. 🤷🏻‍♀️
Melisuga
Quiero creer que todo es un montaje de Liam para que Sabrina se confíe. Caso contrario, ¡Que se vaya al mismísimo infierno Liam por estúpido, imbécil, prepotente y soberbio!
🤬🤬🤬
Melisuga
Liam no es más tonto porque no practica. ¿Desde cuándo Elena conoce sus secretos industriales? Pero aún, ¿Cómo es capaz de equiparar la salud de su hijo a sus empresas? Realmente, Elena merece salvar a Ian y luego seguir su vida y encontrar un hombre que la valore y ame sin secretos ni desconfianza. Si al final de la novela se queda con Liam, me entristecerá muchísimo su perdida de dignidad y amor propio.
Melisuga
No pueden salirle mal las cosas a Elena. Es entendible que aparezcan imprevistos en el transoperatorio pero, por favor, estimada escritora, que no pase a mayores.
Melisuga
Espero que revise su maletín antes de salir. Es algo que hace cualquier profesional de la salud cuando va a enfrentarse a cualquier situación: verificar sus herramientas y suministros.
Melisuga
Espero que ocurra algún imprevisto de último minuto que impida que logren llevar a cabo tan maquiavélico plan.
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