LUCIAN SANTOS , un hombre guapo y libre de ataduras ,no vive así por alguna decepción o algo que se le parezca ,no ,es el estilo de vida que el prefiere, pero todo da un giro inesperado; cuando una mañana aparece una bebe en su puerta y solo necesita la ayuda de la mujer que siempre está a su disposición ,para ayudarlo en esta nueva travesía (su secretaria) ,sin imaginar el gran secreto que ella guarda...
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Rata con patas
La idea de Lucian de "pasar tiempo de calidad" con su hija era llevarla a un parque infantil de lujo en el Upper East Side. Él lo imaginaba como una operación militar: Mikeila en su cochecito de alta tecnología, él leyendo un informe económico, y una niñera de élite discretamente encargándose de los pormenores. La realidad, por supuesto, fue una comedia de errores.
Elena había insistido en acompañarlos, bajo el pretexto de "supervisar el proceso de adaptación de la niñera". La verdad era que no podía dejar a su hija sola con Lucian, no cuando él seguía viéndola como un "proyecto" más. La niñera, una joven rubia llamada Tiffany con un currículum impresionante y cero experiencia en el mundo de los Santos, parecía tan abrumada como Lucian.
—Señor Santos, Mikeila está intentando comer arena —informó Tiffany, con voz tensa, mientras Lucian intentaba equilibrar el cochecito con el pie y revisar las cotizaciones en su teléfono.
—Quítale la arena, Tiffany. Para eso te pago —respondió Lucian sin mirar, con la concentración de un cirujano.
Elena intervino rápidamente, sacando una toallita húmeda y limpiando la boquita de Mikeila, que miraba a su madre con una adoración que solo ellas entendían. Lucian ni siquiera lo notó.
Estaban sentados en un banco de hierro forjado, a unos pocos metros de la zona de columpios. Mikeila, ya cansada de intentar ingerir material de construcción, había empezado a balbucear y a señalar un árbol. Lucian la miró como si le hubiera hablado en arameo antiguo.
—¿Qué quiere ahora? —preguntó Lucian, mirando a Elena—. ¿Quiere una rama? ¿Un pájaro? Rivas, ¿hay un manual para esto?
—No, señor. Los bebés no vienen con un manual —respondió Elena, reprimiendo una sonrisa.
En ese preciso instante, una figura esbelta y glamorosa apareció en el sendero del parque. Era Bianca, con unas gafas de sol gigantes que ocultaban sus ojos, un vestido veraniego de diseñador y un diminuto perro chihuahua que llevaba un collar de diamantes.
Lucian se puso rígido.
—Maldita sea.
Bianca se acercó, quitándose las gafas con una sonrisa fría que no llegó a sus ojos. Había sido la última conquista de Lucian antes de la aparición de Mikeila. La ex-novia, para ser exactos.
—Lucian, cariño —dijo Bianca, con una voz melosa que contrastaba con su mirada de hiel
—. Pensé que me habías plantado para una junta de emergencia. No para un... ¿un día de campo?
Sus ojos se posaron en Mikeila, que estaba sentada en el regazo de Lucian, jugando con el borde de su camisa. Luego, su mirada se dirigió al cochecito de bebé y finalmente a Elena, que intentaba volverse invisible detrás de un arbusto.
—Ah, ya veo —continuó Bianca, su voz goteando sarcasmo—. Una nueva adquisición, Lucian. ¿Ahora te dedicas a adoptar? Pensé que eras más del tipo "comprar".
Lucian se levantó, sosteniendo a Mikeila con firmeza. La bebé, sintiendo la tensión, se aferró a su cuello.
—Bianca, por favor. Esto no es lo que parece. Ella es... la "consultora" de la que te hablé.
Bianca soltó una risa aguda.
—¿Una consultora de pañales, quizá? Lucian, eres un desastre. ¿Quién es la madre de esta... cosa?
La palabra "cosa" encendió algo en Lucian. Su rostro se endureció.
—No es una "cosa", Bianca. Es mi hija. Y la madre es asunto mío.
Bianca se quedó petrificada. Su mandíbula cayó ligeramente.
—¿Tu hija? ¡Pero si no sabías ni cómo cambiar una bombilla, Lucian! ¡Y esta... esta mujer! —señaló a Elena con un dedo acusador—. ¡Tu secretaria! ¿Está ella aquí de... niñera?
En ese momento, el chihuahua de Bianca se escapó de su correa y corrió directamente hacia el cochecito de Mikeila. Tiffany, la niñera de élite, gritó. Elena, por instinto, corrió para atrapar al perrito antes de que llegara a la bebé. Lo agarró justo a tiempo, pero el pequeño canino, asustado, le mordió la mano.
—¡Ay! —exclamó Elena, soltando al perro que corrió de vuelta a Bianca.
Lucian vio la mordida en la mano de Elena. Una pequeña marca roja empezaba a aparecer en su piel. Sintió un picor de furia.
—¡Bianca! ¡Controla a tu rata con patas! —rugió Lucian, dejando a Mikeila en el cochecito para acercarse a Elena. Tomó su mano con delicadeza, examinando la herida—. ¿Estás bien, Rivas?
Bianca estaba lívida. El chihuahua se acurrucó a sus pies.
—¿Mi "rata con patas"? ¿Y la defiendes a ella? ¡Es solo tu secretaria!
Lucian levantó la vista, sus ojos de acero fijos en Bianca.
—Es la única persona sensata en este maldito parque, Bianca. Y si dices una palabra más sobre Mikeila o sobre Elena, te juro que compraré tu agencia de modelos y te despediré personalmente. Ahora, lárgate.
Bianca, con un último bufido de desdén, se dio la vuelta y se alejó con su perro, murmurando algo sobre lo "ridículo" que se había vuelto Lucian.
Lucian se quedó de pie junto a Elena, todavía sosteniendo su mano. El roce de su pulgar sobre su piel era una caricia que Elena nunca había esperado sentir de él.
—¿Te duele mucho? —preguntó Lucian, con un tono genuino de preocupación que hizo que Elena se sonrojara.
—Estoy bien, señor. Fue solo un susto —respondió ella, intentando retirar la mano, pero Lucian la apretó ligeramente.
Mikeila, desde su cochecito, soltó una risita. Parecía entender que su padre la había defendido, y que la "mala" se había ido.
Lucian miró a su hija, luego a Elena. El parque seguía lleno de niños y risas, pero para él, solo existían ellos tres. Sintió una punzada extraña en el pecho. No era miedo al escándalo, ni rabia por la interrupción. Era algo más profundo, algo que no había sentido desde la muerte de su padre: un instinto protector.
—Rivas —dijo Lucian, soltando su mano con una lentitud que le dolió a Elena—. Tiffany no funciona. Te necesito a ti.
Elena lo miró, incrédula.
—¿Quiere que sea la niñera, señor?
Lucian se cruzó de brazos, con una sonrisa ladeada.
—No. Quiero que seas mi mano derecha en esto. Tú eres la única que sabe cómo traducir el idioma "bebé". Y la única que no me mira como si estuviera a punto de comerme un pañal. A partir de ahora, estás a cargo de la "Gestión de Herederos". Tendrás un aumento, por supuesto. Y un presupuesto... para lo que necesites.
Elena sintió una mezcla de alegría y desesperación. Más tiempo con su hija, más cerca de Lucian. El plan avanzaba, pero el riesgo de que él descubriera la verdad se hacía más grande con cada día.
—Acepto, señor Santos —dijo Elena, mirándolo a los ojos, una promesa silenciosa que ambos entendían de diferentes maneras.
Lucian asintió, volviendo a su papel de hombre de negocios. Pero mientras caminaba de regreso al coche, no sacó su teléfono para revisar la bolsa. En cambio, se agachó y le hizo una mueca a Mikeila, que le respondió con una carcajada contagiosa. El corazón de Lucian, sin que él lo supiera, ya no era de acero, sino de algo mucho más suave y vulnerable
La narración me hace morir de risa 😂😂😂😂😂