Aethelgard Draconis (El Patriarca): Un vampiro de presencia imponente y fría elegancia, con siglos de existencia a sus espaldas. Su mente es una fortaleza inquebrantable.
Nyxandra Draconis (La Matriarca): De una belleza etérea y calculadora. Es la estratega del clan, capaz de leer las intenciones más ocultas antes de que sean pronunciadas.
Kaelen Draconis: El hermano mayor. Protector, de pocas palabras y con un aire de misterio melancólico que oculta una ferocidad implacable.
Vespera Draconis: La hermana menor. Ágil, perspicaz y con una fascinación peligrosa por el mundo efímero de los humanos.
Onyx Draconis (El Protagonista): El miembro más introspectivo de la familia. Vive con el peso de una eternidad que apenas comienza a comprender hasta que un giro del destino cruza su camino.
orden
- Ecos De Cenizas y Ónix
- El Eclipse Del Tiempo: Crónicas Del Valle Eterno
- El Eclipse Del Tiempo: El Despertar Del Abierto Horizonte
- Eclipse Del Tiempo: El Umbral Del Amanecer
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Sombras En La Ventana
La noche se cernía sobre la mansión Draconis con una quietud inquietante, pesada y opresiva. En la segunda planta, Onyx se encontraba de pie e inmóvil frente al ventanal de su habitación, con la mirada perdida en la absoluta oscuridad del bosque circundante, donde las copas de los abetos se agitaban violentamente bajo el azote del viento. A pesar de la tormenta eléctrica que comenzaba a sacudir las cumbres montañosas del norte, iluminando de vez en cuando el cielo con destellos azulados, su mente estaba en otra parte, analizando minuciosamente cada una de las posibles repercusiones del pacto que había sellado con Lyra horas antes en el instituto. Sabía perfectamente que el tiempo jugaba en su contra; cada día que pasaba con la muchacha aumentaba drásticamente la probabilidad de que los observadores del Consejo de Ancianos detectaran la anomalía en Oakhaven y decidieran intervenir sin previo aviso.
Un leve crujido en la madera vieja del pasillo exterior interrumpió bruscamente sus pensamientos. La puerta de su habitación se abrió sin emitir sonido alguno, revelando la silueta esbelta de Vespera. Cruzó los brazos sobre su pecho con elegancia, apoyándose contra el marco de la puerta con una expresión que combinaba la burla característica y una sincera, aunque bien oculta, preocupación fraternal.
—Mamá y papá están reunidos de urgencia absoluta en el estudio de la planta baja, evaluando minuciosamente un posible plan de reubicación de emergencia para todo el clan —comenzó Vespera en un tono de voz bajo, burlón pero cargado de una advertencia real—. Parece que los reportes sobre tus constantes salidas nocturnas, tus ausencias prolongadas y tus encuentros diurnos con la humana han encendido todas las alarmas rojas en el Consejo del norte. Saben que algo no encaja en nuestra fachada.
—No nos iremos de Oakhaven —respondió Onyx sin apartar la vista del exterior, donde un rayo brillante iluminó brevemente los abetos del jardín y los muros de piedra de la propiedad—. Este es nuestro hogar por ahora, el único lugar donde hemos encontrado una tregua temporal, y no permitiré que la paranoia ciega del Consejo dicte nuestros pasos ni decida nuestro destino en función de sus temores ancestrales.
—Puedes desafiar a papá todo lo que quieras, hermano, y sé que disfrutas poniendo a prueba los límites de su paciencia, pero sabes tan bien como yo que el Consejo jamás negocia ni acepta excepciones —advirtió Vespera, perdiendo parte de su tono irónico habitual mientras se acercaba un poco más a la ventana, reflejándose en el cristal—. Si deciden que la chica representa una brecha de seguridad insalvable para el secreto de nuestra especie, no enviarán una advertencia por escrito ni pedirán explicaciones diplomáticas. Vendrán directamente a eliminar el problema de raíz, y ni tú ni toda nuestra fuerza combinada podrán detenerlos si actúan desde las sombras de la noche.
Onyx giró lentamente la cabeza para mirarla con fijeza, con la mandíbula tensa y los ojos oscuros brillando con una resolución implacable que helaba el ambiente.
—Que lo intenten si se atreven —sentenció Onyx con voz gélida y absoluta—. Quien ose poner un pie en este territorio con la intención de tocar a Lyra tendrá que enfrentarse a algo mucho peor que la ira del Consejo.
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