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HASTA QUE EL ORGULLO SE ROMPA. (HISTORIA JOSE Y ESTELA "UN DESEO QUE CAMBIO MI VIDA""

HASTA QUE EL ORGULLO SE ROMPA. (HISTORIA JOSE Y ESTELA "UN DESEO QUE CAMBIO MI VIDA""

Status: Terminada
Genre:Amor-odio / Atracción entre enemigos / Amor de la infancia / Romance / Completas
Popularitas:6.9k
Nilai: 5
nombre de autor: SIKEVALEN

Estela y José se conocen desde la infancia, marcados por una diferencia de edad que parecía un abismo y una eterna relación de perro y gato. Detrás de cada burla y de cada cita saboteada, se escondía un amor tan profundo como doloroso. Al crecer, el orgullo, las malas decisiones y terceras personas los distanciaron, empujando a José a forjar una falsa reputación de hombre frío y mujeriego para proteger su dignidad herida.
Años después, convertidos en dos exitosos profesionales, el destino los obliga a unirse de nuevo. Laura, hermana de José y mejor amiga de Estela, se convierte en el lazo inquebrantable que derriba sus muros. Un inesperado viaje de negocios a la costa y la estrechez de un apartamento compartido encenderán la mecha de una pasión contenida durante una década. ¿Podrán sanar los fantasmas del pasado y admitir que sus corazones siempre se pertenecieron, o el orgullo familiar ganará la última batalla?

NovelToon tiene autorización de SIKEVALEN para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

CAPITULO 15. JORNADAS GRISES Y LLAMADAS PERDIDAS

Parte 1: La perspectiva de José

Me miré en el espejo del baño del restaurante, acomodándome el cuello de la chaqueta con una frialdad que ya formaba parte de mi rutina diaria. Fuera, en la mesa principal, me esperaba una mujer espectacular, una modelo con la que me habían visto cenar tres veces esa semana en los locales más concurridos de la ciudad. Sabía perfectamente que los rumores ya corrían como la pólvora en los corrillos del pueblo. La farsa del empresario mujeriego, del soltero de oro que saltaba de flor en flor sin mirar atrás, estaba funcionando a la perfección ante los ojos de la sociedad. Nadie, ni siquiera mis propios padres, sospechaba que detrás de esa sonrisa de donjuán cansado se escondía un hombre completamente quebrado por dentro.

Salí del baño y regresé a la mesa, ofreciendo una disculpa seductora que ya tenía ensayada de memoria. Ella se rió, rozando su copa de vino con la mía, mientras empezaba a hablarme de un viaje que quería hacer el próximo mes. Yo asentía, fingiendo interés, pero mi mente estaba muy lejos de allí. Estaba en la cocina de mi casa, recordando cómo Laura me había soltado hacía un par de días, de forma casual, que Estela andaba sumergida en juicios y contratos en su bufete de la capital.

Cada mujer que se sentaba frente a mí en estas cenas artificiales era un recordatorio constante de mi propio fracaso. Intentaba mirar sus rostros, memorizar sus nombres, pero al final de la noche, cuando las dejaba en sus portales con un beso de cortesía en la mejilla, me quedaba solo en mi coche, respirando el silencio. Me dolía el alma haber renunciado a las comidas familiares de los domingos para no cruzarme con ella, pero era el único mecanismo de defensa que me quedaba para mantener a salvo lo poco que me quedaba de dignidad. Estela seguía su vida con su novio perfecto en la gran ciudad, brillando con luz propia, mientras yo seguía encerrado en una oficina céntrica, construyendo un imperio de paja para ocultar que la única mujer que de verdad deseaba me había borrado por completo de su horizonte.

Parte 2: La perspectiva de Estela

La puerta del piso compartido se cerró con un golpe seco, anunciando la llegada de Laura. Me levanté del sofá a toda prisa y caminé hacia el pasillo, encontrándome a mi amiga con las ojeras marcadas hasta las mejillas, el uniforme del gran supermercado de la capital arrugado y los hombros caídos por el cansancio extremo. Se dejó caer de espaldas sobre el colchón de la sala, soltando un suspiro que arrastraba una frustración inmensa.

—No puedo más, Estela. Juro que un día de estos le voy a estampar una bandeja de pescados en la cara al encargado —se quejó Laura, cubriéndose los ojos con el brazo—. Doce horas de pie, aguantando a clientes maleducados, reponiendo estanterías a contrarreloj y todo por un sueldo miserable que apenas nos da para pagar el alquiler de este antro. Estoy agotada de trabajar en este supermercado de mala muerte.

—Tranquila, Lau. Cámbiate de ropa, te he preparado un té caliente —le dije, acariciándole el hombro con un cariño profundo, sintiendo una punzada de impotencia al ver a la enérgica Laura convertida en una sombra por culpa de la precariedad laboral.

Mi propia realidad no era mucho mejor. Mientras Laura se desgastaba entre los pasillos de alimentación, yo pasaba la vida enterrada en el sótano del bufete, redactando anexos legales que los socios principales firmaban como propios sin darme el más mínimo crédito. Sin embargo, el dolor físico del trabajo no era nada comparado con la sospecha que me corroía el estómago desde hacía días.

Dejé a Laura descansando y regresé a mi habitación. Miré la pantalla de mi teléfono móvil: tres llamadas perdidas a Sergio y ningún mensaje de respuesta en las últimas ocho horas. Hacía meses que nuestra relación se había convertido en un simulacro frío. Sergio siempre alegaba reuniones de última hora, cenas con clientes importantes de su firma y viajes imprevistos de fin de semana que nunca terminaba de explicar con claridad.

Esa misma noche, cuando por fin me devolvió la llamada a las once de la madrugada, su voz sonaba distante, extrañamente apurada, y de fondo pude percibir un murmullo de música suave y una risa femenina que se cortó en cuanto él carraspeó para hablarme.

—Estela, te he dicho mil veces que no me agobies con tantas llamadas cuando estoy trabajando en la capital. Estoy en una cena de negocios, hablamos mañana —me soltó con una brusquedad que me heló el pulso.

Al colgar el teléfono sin darme tiempo a responder, me quedé sentada en la cama, abrazando mis propias piernas en la oscuridad de la habitación. Las lágrimas que había estado conteniendo durante semanas resbalaron por mis mejillas. Sentía que el suelo bajo mis pies se estaba agrietando de forma irremediable. Me había esforzado tanto por construir una vida perfecta lejos del pueblo, por convencerme de que Sergio era el hombre que me daría la estabilidad que José me negó, que la simple idea de aceptar que todo era una farsa me aterrorizaba. Estaba cansada del bufete, agotada de ver sufrir a Laura y completamente sola en mitad de una gran ciudad que empezaba a devorarnos a las dos sin piedad alguna.

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alejandra martinez añez
me gusta ésta novela, sale fuera de lo común, aunque el comportamiento de él es muy infantil! tiene 35 años y sale corriendo! 🤣
alejandra martinez añez
me gusta ésta novela, sale fuera de lo común, aunque el comportamiento de él es muy infantil! tiene 35 años y sale corriendo! 🤣
Ruby Baquero de Sánchez
Pero no tuvieron sino una hija de tres años, después de tanto tiempo de matrimonio? Y dónde están los padres de Estela? Se crió sola?
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