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No firmaré el divorcio: mi esposo puede leer mi mente

No firmaré el divorcio: mi esposo puede leer mi mente

Status: Terminada
Genre:Romance / CEO / Reencarnación / Reencarnación(época moderna) / Telepatía / Completas
Popularitas:45.3k
Nilai: 5
nombre de autor: Vivi

Sofía Reyes despertó dentro de una novela donde su destino ya estaba escrito.
Era la hermana odiada, la esposa no deseada, la villana descartable que todos iban a culpar. Según la historia original, debía casarse con Leonardo Montero, ser abandonada por él y morir sola después del divorcio.
Pero nadie esperaba un error en el destino.
Leonardo podía escuchar todo lo que ella pensaba.
Sofía solo quería sobrevivir, vengarse de su familia y escapar antes de que el final la alcanzara.
Pero el esposo frío que debía despreciarla empezó a protegerla.
Y cuando ella por fin quiso irse, Leonardo rompió el guion con una sola frase:
—No firmaré el divorcio.
Ahora Sofía tendrá que enfrentarse a una hermana hipócrita, una familia cruel y un destino decidido a destruirla.
Porque si la novela la escribió como villana, ella va a reescribirla como protagonista.

NovelToon tiene autorización de Vivi para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 10

Capítulo 10

La trampa del vestidor

Y en el segundo piso, Leonardo vio desde lejos cómo la noche volvía a inclinarse hacia otro peligro.

Valentina no improvisaba mal.

Ese era uno de sus talentos: si una escena fallaba, encontraba otra antes de que el público dejara de mirarla.

Sofía volvió al salón con el vestido intacto, el cabello en orden y cuatro enemigas respirando rabia en el corredor. Valentina salió de la puerta lateral dos minutos después, pálida, como si acabara de presenciar algo terrible.

—Sofía —dijo, acercándose con una copa de jamaica en la mano—. Estaba preocupada por ti.

Sofía miró la copa.

—Qué emoción. ¿Ahora la preocupación viene líquida?

—No seas así. Solo quería traer algo para que te refresques.

Valentina fingió tropezar.

La copa se volcó sobre el vestido azul noche.

El líquido oscuro se extendió por la tela como una mancha de sangre diluida.

Alrededor, varias personas voltearon.

—¡Ay, Dios mío! —Valentina se llevó una mano a la boca—. Perdón, Sofía. Perdón. No vi la alfombra.

Sofía bajó la vista a la mancha.

[Y aquí vamos. Segundo intento de la noche. Vestido manchado, vestidor privado, hombres escondidos, gritos, escándalo. Joaco, tu cumpleaños trae paquete completo de delitos.]

En la entrada del salón, Joaquín se quedó rígido.

Hombres escondidos.

Delitos.

El aire se le volvió espeso.

Valentina, sin oír nada, tomó la mano de Sofía.

—Ven. Arriba hay un vestidor. Renata tiene vestidos de emergencia para invitadas. Te ayudo.

Sofía retiró la mano con suavidad.

—No hace falta.

—Insisto. No puedes quedarte así toda la noche.

La presión era dulce. Pública. Perfecta.

Renata se acercó al ver la mancha.

—Puedo pedirle a una empleada que te acompañe.

Valentina respondió antes.

—Yo la llevo, señora Carranza. Es mi hermana.

La palabra hermana sonó como una cuerda apretada al cuello.

Sofía sonrió.

—Claro. Vamos.

Joaquín dio un paso.

—Yo...

Valentina lo miró, apenas.

No tuvo que hablar.

Él se quedó en su lugar.

[Míralo. Una mirada de Vale y el heredero Carranza se vuelve estatua. Así terminas en prisión, mi querido Joaco: obedeciendo ojos bonitos.]

Joaquín sintió náusea.

Leonardo bajó las escaleras.

No corrió.

Pero cada paso estaba calculado.

Sofía dejó que Valentina la guiara hasta un vestidor amplio al final del pasillo. Había un biombo, un espejo de cuerpo entero y varios vestidos colgados. También había una puerta interior que, según la distribución de la casa, debía comunicar con un cuarto de servicio.

La puerta estaba cerrada.

No con llave.

Sofía lo notó.

—Te espero afuera —dijo Valentina.

—Qué raro. Pensé que querías ayudarme.

—No quiero invadir tu privacidad.

—¿Desde cuándo?

Valentina sonrió con tristeza.

—Ojalá algún día dejes de odiarme.

Salió.

En el corredor, su expresión cambió antes de que la puerta terminara de cerrar.

Ya no había lágrimas.

Solo una vigilancia helada.

Joaquín estaba a unos metros, detenido entre acercarse y fingir que nada ocurría. Era el heredero de los Carranza, el cumpleañero, el músico que en otro tiempo había llenado auditorios privados y ahora se había convertido en el perro más obediente de Valentina. También era el hombre que, según la novela, terminaría pagando con cárcel y muerte por proteger a la protagonista equivocada.

Valentina le rozó la manga.

—No entres —murmuró—. Sofía está cambiándose. Si vas, la van a malinterpretar.

Joaquín apretó los dedos contra la copa vacía que aún sostenía.

—¿Entonces por qué gritaste hace rato?

—Porque me preocupa.

—¿Te preocupa o la quieres exponer?

La pregunta salió tan baja que nadie más la oyó.

Valentina levantó la vista.

Por un instante, su dulzura se quedó sin barniz.

—Joaco, ¿también tú vas a creerle a ella?

El golpe fue exacto.

Joaquín bajó los ojos.

Leonardo, desde el extremo del pasillo, vio ese mínimo descenso de cabeza y entendió más de lo que dijo. La casa Carranza estaba llena de cámaras, meseros y apellidos con dinero, pero Valentina solo necesitaba una frase para mover al hijo del anfitrión como una pieza.

Eso lo enfrió.

No por celos.

Por cálculo.

La luz se apagó.

El clic fue inmediato.

Y desde la puerta interior entró una respiración que no pertenecía a una empleada.

Luego otra.

Luego una tercera.

Sofía cerró los ojos un segundo.

No por miedo.

Para ubicar los cuerpos.

—La señorita llegó —susurró un hombre.

—Rápido, antes de que venga alguien.

Sofía tomó el primer objeto que encontró: una percha de madera gruesa.

Cuando el primero se acercó, ella golpeó bajo, directo a la rodilla. El hombre cayó con un grito ahogado. El segundo recibió el extremo de la percha en la muñeca y soltó el teléfono que llevaba encendido. El tercero intentó sujetarla por detrás.

Sofía giró, bajó el centro de gravedad y lo estrelló contra el biombo.

La tela cayó sobre los tres como una cortina ridícula.

—Consejo gratis —dijo ella, respirando apenas más rápido—: si van a cometer un crimen, no lo hagan contra alguien con memoria muscular y mal humor.

Tomó el teléfono del suelo, lo apagó y salió por la puerta interior.

El pasillo de servicio la llevó a la cocina, luego a una terraza lateral. Allí encontró a una empleada con una bandeja.

—¿La señora Renata? —preguntó Sofía.

—En la galería norte, señorita.

—Gracias.

Cinco minutos después, Valentina gritó frente al vestidor.

—¡Sofía! ¿Estás bien?

Joaquín llegó primero, pálido.

Leonardo llegó un segundo después.

—Abre —ordenó.

La puerta no tenía seguro.

Cuando encendieron la luz, encontraron a tres hombres enredados en el biombo, uno sujetándose la rodilla, otro la muñeca, el tercero con la camisa rota. No había rastro de Sofía.

Valentina se quedó sin color.

—¿Dónde está?

Leonardo miró la escena con una calma terrible.

—Esa es una excelente pregunta.

Joaquín dio un paso atrás.

Los tres hombres lo miraron.

Lo reconocieron.

Ese segundo bastó para destruirlo.

—Yo no... —empezó.

Leonardo giró hacia él.

—¿No qué?

El ruido atrajo a más invitados. Don Alejandro apareció con el rostro endurecido. Renata llegó desde la galería, pero no venía sola.

Sofía caminaba a su lado, con un chal claro sobre el vestido manchado y una taza de té en la mano.

—¿Pasó algo? —preguntó Sofía.

Valentina abrió la boca.

No encontró frase.

Sofía miró dentro del vestidor, luego a Valentina, luego a Joaquín.

—Qué curioso. Todos parecían muy seguros de que yo estaba ahí.

Doña Patricia empujó entre los curiosos.

—¡Sofía, no hagas escenas!

—Yo estoy tomando té.

Renata no se apartó de ella.

—Sofía estuvo conmigo en la galería. Me estaba hablando del maestro que la invitó a Bellas Artes.

La frase de Renata cayó como una firma notarial.

Sofía miró a Valentina.

—Dime algo, Valentina. ¿Querías que estuviera ahí? ¿Pensabas que estaba ahí? ¿O necesitabas que todos creyéramos que estaba ahí?

Tres preguntas.

Tres cuchillos.

Valentina retrocedió.

—Yo solo... me preocupé.

—Te preocupas mucho por los lugares donde quieres encontrarme arruinada.

Una señora soltó una respiración escandalizada.

Otra miró el celular, ya lista para contar la escena en el grupo de WhatsApp de las señoras de sociedad.

La fiesta de Joaquín había dejado de ser una noche elegante. Se había convertido en un tribunal con flores caras.

Sofía no subió la voz.

Eso la hizo peor.

—Primero el piano. Luego la jamaica. Después el vestidor cerrado y tres hombres adentro. Valentina, si esto es preocupación de hermana, odio imaginar cómo se ve tu enemistad.

Valentina quiso llorar.

No pudo hacerlo de inmediato.

Ese retraso, mínimo, fue visible para Leonardo.

También para Joaquín.

Don Alejandro miró a los hombres.

—¿Quién los dejó entrar?

Nadie respondió.

Leonardo habló entonces, bajo y preciso:

—Lo resolverá la policía si prefieren.

Don Alejandro giró hacia él.

—No hace falta convertir un incidente doméstico en problema legal.

—Tres hombres escondidos en un vestidor no son incidente doméstico.

El silencio cambió de dueño.

Don Alejandro entendió el precio.

—Grupo Carranza revisará los términos de nuestra operación.

Leonardo no parpadeó.

—Otro punto.

—Leonardo...

—O llamo ahora.

Don Alejandro tardó dos segundos.

—Otro punto.

La palabra cayó seca.

Para cualquiera más, era una concesión empresarial. Para Leonardo, era una admisión operativa: la casa Carranza no podía permitirse que la policía encontrara quién había autorizado el acceso al vestidor, qué teléfonos traían encendidos aquellos hombres y por qué el hijo del dueño había estado tan cerca del pasillo justo antes del grito.

Para Sofía, en cambio, fue casi cómico.

Joaquín se quedó mirando el piso.

[Mira qué eficiente. De una trampa criminal salieron millones para Grupo Montero y té para mí. Joaco, de verdad, si sigues así vas directo a comer rancho en prisión. Y después ni eso, porque en la novela ni la cárcel te salva: sales, chocas y te mueres. Llevas combo completo, preso y muerto.]

Joaquín levantó la cabeza.

El mundo se inclinó.

Preso.

Muerto.

Accidente.

No era una burla vaga. Era una sentencia.

Buscó a Valentina.

Ella estaba llorando, claro. Pero no lo miraba a él. Miraba a Leonardo. Medía daños. Calculaba salida.

Por primera vez, Joaquín sintió que la devoción le pesaba como una cadena.

La fiesta terminó poco después.

Los invitados se fueron con sonrisas rígidas y teléfonos ardiendo. Renata sostuvo la mano de Sofía al despedirse.

—Ven a verme cuando quieras —dijo—. Sin público.

—Me gustaría.

Leonardo acompañó a Sofía al auto. No habló hasta que la puerta se cerró.

—¿Estás herida?

—No.

—¿Segura?

—Montero, si me hubieran herido, estarías negociando tres puntos más.

Él exhaló, casi una risa.

En la entrada de la residencia, Joaquín miraba la pantalla de su teléfono.

Había intentado escribirle a Valentina:

Sofía sabe cosas. Oigo su voz en mi cabeza. Dijo que voy a ir a prisión y morir.

Pero en la pantalla solo aparecían caracteres sin sentido:

####### #### ###### #### #####

Volvió a escribir.

El texto volvió a romperse.

Joaquín apretó el celular hasta que le dolieron los dedos.

Y en su cabeza siguió sonando la frase de Sofía:

[Preso y muerto. Combo completo.]

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Estrella Guadalupe Martinez Vera
😍😍😍😍 ya era hora que lo pensara ❤️
Estrella Guadalupe Martinez Vera
mmm no supuestamente el sistema de la historia protege a sus protagonistas por qué no lo hace con Nicolás solo a Valeria 🤔🤔🤨
Estrella Guadalupe Martinez Vera
Woow habrá una nueva Valeria no se confundirá el sistema 😅
Estrella Guadalupe Martinez Vera
si esa es la mejor solución encontrar otra protagonista
Estrella Guadalupe Martinez Vera
rayos di que está loca está trama 😅😅😅
Estrella Guadalupe Martinez Vera
y ahora a quien va a matar 🤨
Estrella Guadalupe Martinez Vera
que difícil situación
Estrella Guadalupe Martinez Vera
eso es lo que quiere la historia que Valentina y Nicolás sean los ganadores entonces todos los demás tendrán que desaparecer poco a poco de la historia y fingir sus muertes
Estrella Guadalupe Martinez Vera
ellos son los buenos por qué no pueden ser felices a fuerza tiene que seguir la trama 🤨
Estrella Guadalupe Martinez Vera
pero por queeeee si la Valentina es un asco de protagonista 🤔
Estrella Guadalupe Martinez Vera
pues eras por qué no a villana llegas 🤨
Estrella Guadalupe Martinez Vera
Rodrigo tonto así no se hacen las cosas se hablan pero tú proceder deja mucho que desear 🤨🤨🤨
Estrella Guadalupe Martinez Vera
❤️❤️❤️❤️❤️😍
Estrella Guadalupe Martinez Vera
no quiere retenerla por compromiso si no que quiera que ella sea libre de elegir
Estrella Guadalupe Martinez Vera
anda que ya me había olvidado de la zorra está 😅😅😅😅 y ahora que quiere la manipuladora llorona
Estrella Guadalupe Martinez Vera
si que estás familia son un caso serio
Estrella Guadalupe Martinez Vera
o temas enamorarte Sofía el ya está enamorado de ti desde hace tiempo aunque no lo sepa decir
Estrella Guadalupe Martinez Vera
pobre aún está traumada con la muerte en la bañera a pesar de que no haya sido ella
Estrella Guadalupe Martinez Vera
mmmm 🤔🤔🤔 quien será ahora
Estrella Guadalupe Martinez Vera
anda zorrita ya te quedaste solo sin perros que te ladren
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