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¿Te Amo O Te Odio?

¿Te Amo O Te Odio?

Status: Terminada
Genre:Amor-odio / Matrimonio arreglado / Completas
Popularitas:1.9k
Nilai: 5
nombre de autor: Lisi A. A

Mauricio y Celine no tuvieron el mejor comienzo, así que les tocará a ellos vencer los obstáculos que el destino les ha puesto para determinar que final quieren para su matrimonio. intrigas, secretos, envidias y más

NovelToon tiene autorización de Lisi A. A para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

CAPÍTULO 7: Una cena demasiado incómoda

La tarde había caído sobre la mansión DoCampo cuando Mauricio y Celina regresaron del hospital.

El encuentro con Don Augusto había dejado más preguntas que respuestas.

El anciano se había negado a explicar por qué insistía en que permanecieran juntos. Cada vez que Mauricio intentaba profundizar en el tema, su abuelo cambiaba de conversación o fingía estar demasiado cansado para continuar hablando.

Y aquello comenzaba a irritarlo.

—Está ocultando algo —dijo Mauricio mientras subían las escaleras principales.

—Eso es evidente —respondió Celina.

—Y no es algo pequeño.

Celina asintió.

Por primera vez desde que se conocieron, ambos parecían estar del mismo lado.

Un detalle extraño para dos personas que apenas cuarenta y ocho horas antes eran completos desconocidos.

Cuando llegaron al segundo piso, Elena apareció apresuradamente.

—Señor Mauricio.

—¿Qué ocurre?

—Su padre llamó hace unos minutos.

Mauricio suspiró.

—¿Qué quiere ahora?

—Que ambos asistan a una cena mañana por la noche.

—No.

La respuesta fue inmediata.

Elena sonrió con cierta compasión.

—También dijo que no acepta negativas.

Mauricio cerró los ojos.

—Por supuesto.

Celina observó la escena en silencio.

—¿Qué clase de cena es?

—Si mi padre la organiza, seguramente una tortura elegante.

Por primera vez, ella soltó una pequeña risa.

Mauricio la miró sorprendido.

Y durante un instante ambos olvidaron lo extraño de su situación.

Al día siguiente, la mansión estuvo inusualmente agitada.

Personal entrando y saliendo.

Flores.

Decoraciones.

Chef especiales.

Todo indicaba que la cena era más importante de lo que parecía.

Celina observaba el movimiento desde una ventana.

—¿Siempre hacen esto?

Elena acomodó unas flores.

—Los DoCampo convierten cualquier reunión en un espectáculo.

—¿Y la familia Montenegro?

La mujer dudó.

—Supongo que también asistirán.

Aquella respuesta borró inmediatamente cualquier tranquilidad que Celina hubiera sentido.

—Genial —murmuró.

—¿No se lleva bien con ellos?

Celina soltó una risa amarga.

—Sería más fácil preguntarme con quién sí me llevo bien.

Esa noche, el gran comedor principal estaba iluminado por enormes lámparas de cristal.

Una mesa larguísima ocupaba el centro del salón.

Cuando Mauricio y Celina entraron, la mayoría de los invitados ya estaban presentes.

Y, para desgracia de Celina, también estaban los Montenegro.

Eduardo Montenegro levantó la vista apenas la vio.

Su expresión fue fría.

Distante.

Como si ella no fuera su hija.

Como si fuera simplemente una pieza dentro de una negociación.

Verónica sonrió con falsedad.

—Celina, querida.

Celina apenas inclinó la cabeza.

—Verónica.

Inés, en cambio, parecía especialmente feliz.

Demasiado feliz.

Y aquello nunca era buena señal.

—Cuñado —saludó a Mauricio con una sonrisa encantadora.

Mauricio apenas respondió con un gesto educado.

Lo cual pareció molestarla.

La cena comenzó.

Durante los primeros minutos solo se escucharon conversaciones superficiales.

Negocios.

Inversiones.

Política.

Temas que parecían aburrir profundamente a Celina.

Hasta que Inés decidió intervenir.

—Debe ser emocionante comenzar una vida juntos.

Celina levantó la vista inmediatamente.

Conocía ese tono.

Era una trampa.

Mauricio también pareció notarlo.

—Supongo.

—¿Ya tuvieron luna de miel?

La pregunta hizo que varios invitados levantaran la cabeza.

Celina sintió calor en las mejillas.

—Inés...

—¿Qué? Solo tengo curiosidad.

—No es asunto tuyo.

—Claro que lo es. Eres mi hermana.

Aquello estuvo a punto de provocar una carcajada en Celina.

Pero logró contenerse.

Mauricio apoyó los cubiertos.

—No hemos tenido luna de miel.

—Qué lástima.

Inés sonrió.

—Una pareja tan atractiva debería disfrutar de más tiempo juntos.

El comentario hizo que varios invitados intercambiaran miradas.

Y que Mauricio comenzara a perder la paciencia.

La cena continuó.

Y con cada minuto, Inés parecía sentirse más cómoda.

Demasiado cómoda.

Buscaba cualquier excusa para dirigirle la palabra a Mauricio.

Cualquier oportunidad para llamar su atención.

Hasta que finalmente ocurrió.

—Mauricio.

—¿Sí?

—¿Puedo hacerte una pregunta personal?

Celina cerró los ojos.

Ya sabía que aquello terminaría mal.

—Depende de la pregunta.

—¿Crees en el amor?

El silencio fue inmediato.

Varias personas dejaron de hablar.

Y esperaron la respuesta.

Mauricio tomó un sorbo de vino.

Luego respondió:

—No especialmente.

Inés sonrió.

—Interesante.

—¿Por qué?

—Porque yo sí.

Celina estuvo a punto de atragantarse con el agua.

Aquello era tan descarado que resultaba vergonzoso.

Pero Inés no parecía notar la incomodidad general.

O quizás sí.

Y simplemente disfrutaba provocándola.

Horas después, cuando la cena finalmente terminó, Celina salió al jardín para tomar aire.

Necesitaba alejarse de todos.

Especialmente de Inés.

La noche era fresca.

Silenciosa.

Y por primera vez en horas logró relajarse un poco.

—Sabía que te encontraría aquí.

La voz de Mauricio la hizo girarse.

—¿Escapando también?

Él sonrió.

—Algo así.

Por un momento permanecieron en silencio.

Observando las luces de la propiedad.

Hasta que Mauricio habló.

—Tu hermana es insistente.

Celina soltó una risa.

—Eso fue una forma muy elegante de decirlo.

—Intenté ser amable.

—No merece tanta amabilidad.

Mauricio la observó.

—¿Siempre fue así?

—Desde que era niña.

—Debe ser agotador.

—No tienes idea.

Por primera vez, Mauricio pareció comprender realmente algo sobre ella.

No la heredera.

No la esposa impuesta.

Sino la mujer que había crecido bajo la sombra de una familia complicada.

Y aquello creó una cercanía inesperada entre ambos.

Pequeña.

Pero real.

Sin embargo, mientras ellos conversaban en el jardín, alguien los observaba desde una ventana del segundo piso.

Inés.

Y la expresión de su rostro ya no era la de una mujer divertida.

Era la de alguien que comenzaba a sentirse amenazada.

Porque había visto algo que no le gustaba.

Algo que no esperaba.

La forma en que Mauricio miraba a Celina.

Y la manera en que Celina sonreía cuando estaba con él.

Tal vez aún no era amor.

Pero podía llegar a serlo.

Y si eso ocurría...

Mauricio dejaría de ser una posibilidad.

Se convertiría en algo inalcanzable.

Inés apretó los dedos alrededor de la copa que sostenía.

Y una idea comenzó a formarse en su mente.

Una idea peligrosa.

Porque si no podía conseguir la felicidad para ella...

Quizás tampoco permitiría que Celina la tuviera.

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