Estar en la zona de amigos es vivir en el infierno disfrazado de confianza.
Layla ama en silencio a Alexander, su mejor amigo, pero para él ella es solo una hermana: nunca la verá con otros ojos. Mientras tanto, Ryan, el chico que parecía no tener corazón ni sentimientos, se cruza en su camino y pone su mundo patas arriba.
De repente nada es sencillo. Alexander empieza a cuestionarse si en realidad ha estado mirando a la persona equivocada todo este tiempo. Y Ryan está dispuesto a todo para demostrarle que, a veces, lo que buscas no está donde crees… sino justo frente a ti.
¿Seguirá esperando a quien nunca la verá, o se atreverá a tomar el riesgo de amar a quien sí la mira como nadie más?
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Cap 14: Alivio y dudas
...Alexander Hall ...
Aquí vamos.
Empecemos por la fiesta de Madison: ahí me llevé un golpe duro al descubrir que tenía novio. Entre la decepción y las ganas de olvidar, bebí hasta perder el control… y terminé besando a mi mejor amiga.
No, mejor olvidemos ese día.
Desde el momento en que Layla corrió desesperada hacia su auto, con el rostro lleno de preocupación, supe que algo malo estaba por suceder. Jamás imaginé que fuera un accidente. Ella siempre ha sido la hija y alumna más correcta, obediente y con el mejor promedio. No se me ocurría ninguna respuesta para la pregunta que todos nos hacíamos.
¿Por qué conduciría de esa forma tan descuidada?
Recuerdo haberla visto practicar mucho para obtener su licencia. Afirmó cientos de veces que no cometería ninguna infracción y yo le creí, porque ella era la persona más honesta que conocía. Jamás mentiría.
Entonces, ¿qué la llevó a causar ese accidente?
Enterarme de ello fue terrible. Desde que se marchó sabía que algo no andaba bien, pero me ignoró cuando le pedí que se detuviera. Minutos después llegó Madison a la escuela, siempre tarde y sin importarle nada. Cuando me vio y se acercó, decidí evitarla: aún no me sentía listo para enfrentarla. Pero con el maquillaje corrido y el cuerpo temblando, todas mis barreras se derrumbaron; nunca me gustó verla llorar.
—Ella ha tenido un accidente —dijo, sollozando mientras se aferraba a mí—. Está grave, Alexander.
Salimos corriendo hacia el hospital. Sus padres estaban destrozados; incluso tuvieron que darle tranquilizantes a su madre cuando la policía mostró el video del choque. Su estado era incierto al llegar, pero luego el médico explicó que tenía un golpe fuerte en la cabeza y que todo dependía de su recuperación para despertar.
No me moví. Ni siquiera cuando mi madre vino a buscarme.
Pero tenía clase y no podía faltar.
Por eso olvidé el enojo por lo de Madison y me concentré en mi mejor amiga. Lo peor fue volver y escuchar como todos murmuraban acerca del accidente.
¿Qué mierda tenían en la cabeza?
Pues decidí encargarme de todo aquel que hablara incoherencias, no toleraría ni un solo rumor acerca de ella. A Madison no le gustaba que fuera violento, pero no podía evitarlo. Si se tratara de ella también reaccionaría de la misma manera.
Al tercer día me di cuenta de que me estaba descontrolando cuando traté mal a Jacob, un amigo y compañero de equipo. La furia me dominaba cuando me preocupaba, siempre me pasa. Sabía que debía disculparme, pero la rabia me ganaba.
—Tranquilízate, esa violencia no es buena —me advirtió Madison.
—Tiene razón, deja de actuar como idiota —añadió Connor, capitán del equipo de béisbol.
—Le debes una disculpa a Lucas, lo acorralaste —dijo Karol, molesta.
—Es Jacob, no Lucas—corrigió Rachel.
—Ah, los confundo porque siempre van juntos.
Todos me miraban, pero yo no podía concentrarme. Mi mente estaba en el hospital, en esa habitación donde la chica pelinegra de ojos azules seguía inconsciente. Me aterraba que no despertara.
—Ya no serán solo los dos —dijo Alana, mirándome con rabia. Desde que cortamos lo nuestro, se había vuelto insoportable.
Antes nos veíamos en su casa, solo para olvidarnos de todo. Pero cuando supe que le hacía la vida imposible a mis amigas, dejé de verla. Eso la enfureció y ahora me odia.
—¿Ese chico nuevo es con quien te peleaste? —preguntó Sam con curiosidad.
Asentí, sin ganas de explicar nada.
—Es muy guapo —suspiró ella.
—Guapo y estúpido —bromeó Jack, mientras comía.
—Es quien chocó con su auto —aclaré.
—Pues sí, pero pierde puntos por golpear a alguien —dijo Rachel.
—Defendió a Jacob, fue valiente —añadió Madison.
La miré con desagrado: ¿por qué hablaba bien de él?
—Fue una tontería —opinó Connor.
—Un cretino —agregó Jack.
—Idiota —dijimos los tres al mismo tiempo.
Las chicas nos miraron sin gracia.
—Ojalá ella estuviera aquí, seguro también diría que es guapo —comentó Karol sin pensar.
Se hizo un silencio. Evitábamos hablar de Layla, aunque Madison y yo íbamos todos los días al hospital para reemplazar a su madre cuando necesitaba descansar. Con los chicos no hablaba del tema: quería que fuera ella quien contara lo que pasó cuando despertara.
—La verdad es que se nota la diferencia sin ella —intervino Alana con tono burlón—. Ya no hay gritos ni quejas. Menos mal que se accidentó, así aprenderá a conducir bien.
Todos la miraron con asco.
—A nadie le importa tu opinión —dijo Madison apretando los cubiertos.
Alana rió con falsedad.
—¿No puedo hablar de su querida amiga? ¿O es que nadie puede decir nada malo de ella? —me miró con desdén—. Es la única que saca tu lado más salvaje, ¿verdad?
—Cierra la boca —le grité.
—Búscate una vida —añadió Madison, tirando los cubiertos con rabia.
Yo ya no tenía apetito. Solo quería que terminara la clase para ir al hospital. Noté que apretaba los puños hasta que Madison me tomó la mano.
—Eres una pesada —le dijo Rachel señalándola con el tenedor—. ¿Por qué te sientas con nosotros?
Alana se levantó sin hacer ruido.
—Porque sé que soy parte de este grupo, aunque no lo quieran —dijo con una sonrisa y se fue.
—La odio —dijo Karol tapándose la cara.
—¿Cambiamos de mesa? —preguntó Jack—. Así no nos sigue.
Todos asintieron. A mí me daba igual: donde fuera, Alana seguiría molestando.
Las horas pasaron lentas. Apenas sonó el timbre, Madison y yo salimos corriendo. Recordé que le había prestado mi auto a mi madre y ella no tenía uno, así que fuimos caminando.
En el camino, Madison lloraba: se sentía culpable porque lo último que habían hecho antes del accidente era discutir.
Al llegar, todo cambió: su madre hablaba por teléfono gritando que ya había despertado. Me sorprendió ver a una mujer desconocida con ella; conocía a toda su familia y esa señora no era pariente.
Corrimos a la habitación y lo primero que vi fueron esos ojos azules que tanto extrañaba. Quise abrazarla fuerte, pero sabía que su cuerpo todavía dolía.
El miedo me invadió cuando dijo que no nos recordaba, que lo había olvidado todo. Casi me lanzo sobre el médico para que hiciera algo, pero la aparición de un chico nuevo me detuvo. Me miró con sonrisa, y eso me irritó.
¿Qué hacía ahí? ¿Conocía a Layla?
—Tranquilos, les diré la verdad —dijo con calma—. Vine a ver al amor de mi vida.
Todos nos reímos, menos él. ¿Cómo iba a ser posible?
Ella jamás se fijaría en alguien así.
—¡Tío Justin! —gritó ella muy contenta.
—¡Pequeña! —la abrazó con ternura—. Sabía que eras fuerte y que despertarías. Tu madre exageraba con sus miedos.
Ella rió, y me quedé embelesado: verla sonreír otra vez era lo mejor del mundo.
Llegaron sus padres, llenándola de besos y palabras de aliento. Todos estaban felices. Mientras tanto, yo no dejaba de mirar a esa mujer desconocida: ¿qué relación tendría con la familia de Layla.
...“Entre el alivio de verla bien y la confusión por lo nuevo, supe que nada volvería a ser exactamente igual que antes.”...
^^^Continuará…^^^