Al despertar descubre que está casado con otro, con el cual no se lleva muy bien y ahora resulta que es un omega... Joy tendrá que ser valiente y superar los obstáculos.
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Olor delicioso
Joy conducía el convertible rojo con una calma que contrastaba con el caos de su mente. La música sonaba con un ritmo constante, ayudándole a procesar los eventos de las últimas horas, pero el momento de paz fue interrumpido por el chirrido de su teléfono móvil. Al mirar la pantalla, un suspiro de fastidio escapó de sus labios.
-Ay, no. Es mi "nueva mami".- Murmuró, haciendo una mueca de absoluto desagrado. Sabía que esa llamada no traería nada bueno.
-Ven a la casa, ¡ahora!- La voz de la mujer sonó como un látigo antes de colgar sin esperar respuesta.
Joy apretó el volante. Ya se hacía una idea de lo que le esperaba: reproches, exigencias y esa presión asfixiante que el antiguo Joy no había sabido manejar. Sin embargo, él no era el mismo chico frágil. Iba preparado, mentalizado para no dejarse pisotear por personas que solo veían en él una transacción comercial.
Al llegar a la residencia de sus padres, se dio cuenta de que, aunque ostentosa, carecía de la elegancia imponente de la mansión de Damon. Un hombre mayor lo recibió con una reverencia, presentándose como el nuevo mayordomo. Joy apenas asintió, entrando al salón principal con la frente en alto.
-Buenos días, queridos padres.- Dijo con un tono que bordeaba el sarcasmo.
¡Plaf!
El impacto fue seco y violento. Una fuerte cachetada resonó en el silencio del lugar, haciendo que la cabeza de Joy girara hacia un lado. El calor de la agresión comenzó a irradiar en su mejilla. Joy cerró los ojos un segundo, inhalando profundamente para controlar el impulso de devolver el golpe. Frota con cuidado la zona del impacto y centró su mirada en la mujer. Sus ojos, antes sumisos, ahora destellaban con una chispa peligrosa.
-¿Qué te piensas al no responder los mensajes y llamadas?- Rugió la mujer, temblando de rabia -Eres un desagradecido. Te dimos un techo, comida, la mejor educación y así nos pagas. Si no fuera por nosotros, estarías muerto en alguna zanja.-
La mujer tomó asiento en un sillón con la elegancia de una reina tirana. Joy no se amilanó; se quedó de pie, observándola como si fuera un bicho molesto.
-¿Qué más desean de mí?- Preguntó con voz gélida -Se supone que con mi matrimonio ya reciben suficientes beneficios económicos. ¿Por qué insisten en que deba darle un hijo a Damon también? ¿No les basta con haberme vendido una vez?-
La mujer lo observó fijamente, sorprendida por el tono desafiante.
-Tú no cuestiones y solo haz lo que se te ordena.- Escupió ella -O ese beta, Aron, sufrirá las consecuencias. Entiende que un heredero consolidará nuestra posición y mejorará nuestra situación financiera para siempre.-
Joy soltó una risa seca, una que carecía de alegría.
-¿Cómo?- Dijo, dando un paso al frente -No me afecta en lo más mínimo lo que le pase a ese escuálido. Por mí, se lo pueden quedar, envolverlo en papel de regalo y tirarlo al río. Y les informo algo para que les quede claro: en los próximos años no pienso tener hijos para su beneficio. El Joy que conocían, ese que agachaba la cabeza y lloraba por las esquinas, ya no existe. No soy yo.-
Sin esperar respuesta, caminó hacia la salida ante la mirada atónita de sus progenitores.
-¡Si te vas, Aron la pasará muy mal!- Gritó la mujer, fuera de sí, pensando que su hijo solo estaba haciendo una rabieta de mal gusto.
-Hagan lo que quieran con ese borracho vividor.- Respondió Joy sin detenerse -Me voy, mi "esposito" me espera.-
Le dedicó una sonrisa irónica al mayordomo al salir y subió al convertible, dejando atrás la toxicidad de aquel hogar. Dentro de la casa, el padre alfa observaba en silencio. Había notado el cambio drástico en su hijo: la postura, el brillo en los ojos, la falta de miedo. Sintió un extraño alivio; quizás, después de todo, las cosas podrían mejorar. "Parece que ha llegado el momento de contarle la verdad a Joy", pensó el hombre mientras veía el rastro del auto rojo desaparecer.
Al llegar a la mansión de Damon, la señora Sofía lo recibió en la entrada. Su rostro reflejaba un alivio tan genuino que Joy sintió una calidez en el pecho. La mujer realmente se preocupaba por él.
-Señor, discúlpeme, pero estaba tan preocupada.- Dijo ella, caminando detrás de él con las bolsas de las compras que Joy había dejado en el auto el día anterior -No avisó que pasaría la noche afuera... temí que...-
-Pasé la noche en el apartamento de Khalil, Sofía.- La interrumpió Joy con una sonrisa reconfortante -Por favor, no se preocupe más. No volveré a hacerme daño. Yo soy el "nuevo Joy".-
Subieron las escaleras mientras charlaban, pero al llegar a la cima, la atmósfera cambió drásticamente. Damon estaba allí, apoyado contra el marco de una puerta, esperándolo. Su mirada profunda y oscura recorrió a Joy, provocándole un erizo en la nuca.
-Con que eres un "nuevo Joy"...- Repitió el alfa con una voz que vibró en el aire. Se acercó peligrosamente, invadiendo el espacio personal de Joy hasta que sus rostros quedaron a escasos centímetros.
Joy sintió que sus piernas fallaban. La presencia de Damon era intimidante, abrumadora, pero había algo más. Un aroma comenzó a filtrarse por sus sentidos: algo amaderado, cálido, como un bosque después de la lluvia. Era embriagador.
-Dime, "nuevo Joy"... ¿Por qué pasaste la noche fuera?- Preguntó Damon, sus ojos fijos en los de él.
Joy estaba aturdido por la cercanía y el instinto biológico que empezaba a despertar. Sin pensar, sin filtros, las palabras escaparon de su boca en un susurro:
-¿Por qué este hombre huele delicioso?-
El tiempo se congeló. La señora Sofía quedó estática con las bolsas en la mano y Damon, el alfa imperturbable, se quedó mudo. El impacto de esa confesión espontánea fue tal que el enojo de Damon se evaporó en un segundo. Olvidó su interrogatorio, olvidó su furia por la noche fuera y, por un momento, olvidó incluso quién era.
Damon carraspeó varias veces, visiblemente descolocado, y con un gesto torpe le indicó al omega que siguiera su camino. Joy, con el rostro ardiendo en un rojo carmesí, salió disparado hacia su habitación.
-¡Ya enloquecí! ¡Cómo se me ocurre decir eso! ¡Trágame tierra!- Se recriminó Joy apenas cerró la puerta, cubriéndose la cara con las manos. No podía creer que su instinto omega lo hubiera traicionado de esa forma frente al hombre que se suponía que detestaba.
Mientras tanto, la señora Sofía dejaba las cosas en su lugar con una sonrisa cómplice. Le gustaba esta nueva versión del joven amo; ya no había rastros del sufrimiento eterno, sino una chispa de vida que incluso lograba desarmar al imponente señor Zarek.
Para distraerse de la vergüenza, Joy se sentó en su escritorio. Mañana debía conocer su nuevo lugar de trabajo en la galería de arte, y aunque no tenía idea de ese rubro, estaba decidido a tomar las riendas de su agenda. Empezó a escribir su itinerario, tratando de convencerse de que aquel aroma delicioso era solo una reacción química sin importancia.
Damon: LLAMEN AL DACTOIIOR 😭😭👏👏👏