Durante días, las hermanas Caroline y Estefany Richi mantenían un romance secreto y prohibido, con los que se supone que son sus enemigos Marco y Fabián Rossi, desafiando el odio ancestral entre sus familias. Sin embargo, cuando un ataque brutal de la Bratva rusa destruye el hogar de los Richi, lo que era un pecado oculto se convierte en la única vía de salvación: un matrimonio oficial para unir a los dos clanes más poderosos de Chicago
Sin embargo, la unión estalla cuando descubren que el patriarca de los Rossi, Dante, fue el autor intelectual del asesinato de Elena, madre de las Richi. Ante la traición, los hermanos Rossi eligen a sus prometidas por sobre su padre, convirtiéndose en fugitivos. Ahora, los cuatro luchan desde las sombras para derrocar a Dante, eliminar a los rusos y reclamar el trono de Chicago.
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Estefany …
Los muros de la mansión Rossi no estaban hechos de ladrillos, sino de una paranoia asfixiante que Dante Rossi llamaba "protección". Para Caroline y para mí, acostumbradas a la libertad peligrosa de nuestras propias reglas, cada día en esa mansión se sentía como una sentencia de cadena perpetua en una celda de oro y alta tecnología.
Habían pasado apenas setenta y dos horas desde que nos mudamos a la mansión Rossi, y ya sentía que las paredes se cerraban sobre mí. No podía ir al gimnasio sin que cuatro hombres me escoltaran. No podía tomar un café en la terraza sin que un francotirador desde la torre norte ajustara su mira "por seguridad". Pero lo peor de todo no era la vigilancia de Dante, era Fabián
Él no me dejaba ni a sol ni a sombra. Se había convertido en una extensión de mi propia sombra, una presencia posesiva que reclamaba cada uno de mis minutos. Si estaba leyendo, él se sentaba a mi lado. Si intentaba entrenar, él aparecía para "ayudarme" con un contacto físico que siempre terminaba en una demostración de dominio. Me amaba, a su manera oscura, pero me estaba robando el aire
— Tienes que comer algo, Estefany — dijo Fabián, entrando en mi vestidor sin llamar, como si mi privacidad hubiera dejado de existir el día del compromiso — Mi padre dice que estás muy pálida. No quiero que te desmayes cuando tengamos que presentar la alianza ante los capitanes mañana
— Lo que necesito es que salgas del vestidor y me dejes respirar, Fabián — respondí, tirando un zapato de tacón contra el espejo con una rabia contenida — No soy una muñeca de porcelana que puedas guardar en una vitrina. Soy una Richi. Sé cuidarme sola
— Ahora eres una Rossi en potencia — replicó él, atrapándome por las muñecas y pegándome a la pared con una calma que me ponía enferma — Y los Rossi cuidamos lo que es nuestro con una ferocidad que tú todavía no comprendes. No vas a salir de este recinto hasta que yo diga que el riesgo ha pasado
Me solté de su agarre con un gruñido y salí al pasillo, buscando a Caroline. La encontré en el ala norte, apoyada en una barandilla, mirando hacia el portón principal con una expresión de absoluta molestia. Marco estaba a unos metros, hablando por teléfono, pero sin quitarle la vista de encima ni un segundo. Nos miramos y, en ese silencio de hermanas, lo dijimos todo: nos estábamos asfixiando
— Si paso una noche más viendo documentales de guerra con Marco mientras él limpia sus armas, voy a cortarle el cuello — susurró Caroline cuando logramos encontrarnos en el jardín interior, lejos de los micrófonos ambientales — Me trata como si fuera un tesoro robado que tiene miedo de perder
— Fabián es peor — respondí, bajando la voz — Me sigue hasta al baño. Pix me envió un mensaje cifrado esta mañana. Tiene una fiesta privada en el club, solo para el círculo interno. Dice que hay una salida trasera que sus hackers han desbloqueado en el sistema de los Rossi. Una brecha de cinco minutos en las cámaras del muro este
— Es hoy o nunca, Chiqui — dijo Caroline, y vi ese brillo salvaje de nuevo en sus ojos — Prefiero morir en un tiroteo con la Bratva que morir de aburrimiento y control en este castillo de cristal
Esperamos a que la casa se sumergiera en esa falsa calma de la medianoche. Los Rossi celebraban una reunión de hombres en el sótano, una de esas cenas donde el alcohol fluye y la guardia se relaja ligeramente. Usamos el dispositivo que Pixelín nos había hecho llegar: un inhibidor de frecuencia que congelaría la imagen de nuestras habitaciones en los monitores de seguridad durante el tiempo justo
Nos vestimos con lo más provocativo y letal que encontramos. Cuero, tacones de aguja que servían como armas y nuestras pistolas ocultas. Saltamos el muro este, en el punto ciego que Pix nos indicó, cayendo sobre el pasto húmedo con la agilidad de dos gatas que acaban de escapar de su jaula
— ¡Libertad! — gritó Caroline en un susurro mientras corríamos hacia el coche que Pixelín había dejado escondido a dos manzanas
Media hora después, el neón del "Electric Void" nos recibió como un abrazo eléctrico. Pixelín estaba en la entrada, con su cabello Rosa y una sonrisa de oreja a oreja
— ¡Mis fugitivas favoritas! — exclamó, dándonos paso directo a la cabina de control — Los Rossi van a tener un ataque al corazón cuando vean que sus trofeos han desaparecido. He bloqueado sus señales de rastreo personal. Por esta noche, son fantasmas
— Pon la música tan alta que no pueda oír mis propios pensamientos, Pix — pedí, sintiendo cómo la vibración del club empezaba a disolver la tensión de la mansión — Necesito tequila, sudor y el tipo de peligro que yo elijo, no el que me imponen
Nos lanzamos a la pista de baile, mezclándonos con la multitud anónima. Caroline se movía con una sensualidad agresiva, recordándole al mundo que las Richi seguían siendo las dueñas de la noche. Yo cerré los ojos, dejando que el ritmo me poseyera, sintiendo por fin que el aire entraba en mis pulmones sin el filtro de Fabián Rossi
Pero en el fondo de mi mente, sabía que el castigo por esta escapada sería brutal. Fabián y Marco no eran hombres que aceptaran la desobediencia, y menos cuando su orgullo estaba en juego. Pero mientras pedía otra ronda de tragos y reía con Caroline bajo las luces estroboscópicas, no me importaba. Prefería una noche de caos absoluto que una vida de obediencia silenciosa
Me subí a la barra de tragos dejándome llevar por la música y comencé a bailar de una forma tan provocativa que me hacía liberarme cada vez más. Carol se subió también y juntas comenzamos a desatarnos con la música
Cerré los ojos y comencé a acariciar mí cuerpo al compás de la música, dos hombres subieron junto conmigo y se pegaron a mí para bailar los tres juntos. Estaba completamente desatada, hacía tiempo que no me divertía de esta forma. Amaba mí libertad y hacer lo que quisiera
— Disfruta mientras dure, hermana — me gritó Caroline al oído mientras bailábamos — Porque cuando esos dos nos encuentren, y sé que lo harán, la mansión Rossi se va a sentir como el paraíso comparado con lo que nos tienen preparado
— Que vengan — respondí, bebiendo el último shot — Al menos habremos recordado lo que se siente al ser libres antes de que nos vuelvan a poner las cadenas
La noche apenas comenzaba, y en los servidores de Pixelín, los rastreadores de los Rossi empezaban a parpadear con una furia roja que anunciaba la tormenta que estaba por caer sobre el "Electric Void”