Alina siempre creyó que su matrimonio era solo un contrato frío con el hombre más poderoso de la ciudad. Durante tres años vivió ignorada por su esposo, el misterioso empresario Adrián Valek.
La noche en que decide firmar el divorcio, un atentado cambia todo.
Adrián pierde la memoria… y lo único que recuerda es que Alina es la persona más importante de su vida.
Mientras él intenta enamorarla otra vez, enemigos ocultos del imperio empresarial de Adrián comienzan a atacar.
Pero hay un secreto que nadie conoce:
Alina no es una mujer común… ella lleva años investigando quién intentó destruir su vida.
Y ahora que Adrián cambió…
tal vez el amor que nunca existió pueda nacer de verdad.
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La identidad que nadie conocía
La carpeta cayó pesadamente sobre la mesa del hospital.
Adrián Valek la observaba con el ceño fruncido.
—Explícate —dijo con voz fría.
Su asistente personal, Daniel, tragó saliva antes de hablar.
—Investigamos el pasado de la señora Alina Torres… como usted ordenó.
Adrián cruzó los brazos.
—¿Y?
Daniel abrió la carpeta.
—No encontramos nada.
La habitación quedó en silencio.
—¿Cómo que nada?
Daniel señaló los documentos.
—No hay registros de su infancia.
Pasó una página.
—No hay escuela primaria.
Otra página.
—No hay registros médicos antes de hace tres años.
Adrián sintió un escalofrío recorrer su espalda.
—Eso es imposible.
—Eso mismo pensé —respondió Daniel—. Pero todos los datos empiezan el mismo año.
Señaló una fecha.
—El año en que usted se casó con ella.
Adrián apretó la mandíbula.
—Entonces alguien borró su pasado.
Daniel asintió.
—O lo creó.
Las palabras quedaron flotando en el aire.
Adrián cerró la carpeta lentamente.
Pero algo dentro de él decía que eso no cambiaba nada.
Porque en su mente… los recuerdos seguían ahí.
La forma en que Alina caminaba por el jardín de la mansión.
La forma en que siempre parecía triste cuando pensaba que nadie la miraba.
Y algo más.
Una sensación.
Como si él hubiera amado a esa mujer durante mucho más que tres años.
Adrián levantó la mirada.
—Encuéntrala.
Daniel dudó.
—Señor, si realmente ocultó su identidad, encontrarla no será fácil.
Adrián se puso de pie.
El dolor en su cuerpo seguía ahí, pero lo ignoró.
—Tengo recursos suficientes para encontrar a cualquier persona en este país.
Sus ojos se volvieron fríos.
—Y ella es mi esposa.
Daniel suspiró.
—Ex esposa.
Adrián lo miró con una intensidad peligrosa.
—Eso lo veremos.
Mientras tanto…
En el último piso de un edificio antiguo en el centro de la ciudad.
Alina estaba de pie frente a una ventana enorme.
Las luces nocturnas brillaban abajo como estrellas caídas.
El hombre que la había recibido antes estaba sentado en el sofá.
—No esperaba que reaccionaras tan tranquila al accidente de Adrián —dijo.
Alina no respondió de inmediato.
Solo observaba la ciudad.
—No cambia nada.
—¿De verdad?
El hombre se levantó.
—Pasaste tres años viviendo con él.
Alina finalmente se giró.
—Eso fue parte del plan.
El hombre la observó con atención.
—Aun así… pensé que sentirías algo.
Alina lo miró fijamente.
—¿Y tú qué crees, Lucas?
Lucas sonrió ligeramente.
—Creo que eres la mujer más peligrosa que conozco.
Alina volvió a mirar la ciudad.
—Entonces sabes que no vine aquí por sentimientos.
Lucas caminó hacia una mesa y abrió otra carpeta.
—Tenemos noticias.
Alina levantó una ceja.
—¿Qué tipo de noticias?
Lucas colocó una fotografía frente a ella.
Era una imagen borrosa tomada desde lejos.
Un automóvil destruido.
El mismo del accidente.
—No fue un accidente —dijo Lucas.
Alina frunció el ceño.
—¿Qué?
Lucas señaló la foto.
—Los frenos del auto fueron manipulados.
El corazón de Alina dio un pequeño salto.
—¿Intentaron matarlo?
Lucas asintió.
—Eso parece.
Alina guardó silencio.
Porque si alguien intentó matar a Adrián…
Entonces significaba que el enemigo que ella estaba buscando…
También estaba cerca de él.
Lucas observó su expresión.
—¿Estás pensando lo mismo que yo?
Alina respiró lentamente.
—Sí.
—Entonces Adrián podría ser la próxima víctima.
Alina cerró los ojos por un momento.
Pero cuando los abrió, su mirada era fría otra vez.
—No es mi problema.
Lucas la observó en silencio.
—¿Seguro?
Alina no respondió.
Mientras tanto…
En la mansión Valek.
Adrián había regresado a casa esa misma noche.
La enorme casa estaba silenciosa.
Demasiado silenciosa.
Caminó por el pasillo principal.
Todo parecía igual.
Pero algo faltaba.
Cuando llegó a la puerta de la habitación principal, dudó por un momento antes de entrar.
La habitación estaba perfectamente ordenada.
Como siempre.
Pero el lado de la cama donde dormía Alina estaba vacío.
Adrián caminó lentamente hacia el armario.
Lo abrió.
La mitad de la ropa había desaparecido.
Ella realmente se había ido.
Pero algo llamó su atención.
En el fondo del armario había una pequeña caja de madera.
Adrián frunció el ceño.
No recordaba haberla visto antes.
La tomó.
La abrió lentamente.
Dentro había solo tres cosas.
Una fotografía.
Un anillo antiguo.
Y un pequeño colgante.
Adrián tomó la fotografía.
Era una imagen vieja de una familia.
Un hombre.
Una mujer.
Y una niña pequeña.
Pero lo que hizo que su corazón se detuviera…
Fue reconocer el rostro de la niña.
Era Alina.
Mucho más joven.
Sonriendo feliz.
Pero cuando Adrián miró mejor la foto…
Algo lo dejó completamente helado.
Porque el hombre que estaba al lado de la niña…
Era alguien que él conocía muy bien.
Alguien extremadamente poderoso.
Alguien que controlaba gran parte del mundo empresarial.
Adrián susurró el nombre con incredulidad.
—No puede ser…
El hombre de la foto era Alexander Black.
Uno de los empresarios más ricos y temidos del mundo.
Y un hombre que había muerto en un misterioso incendio hace diez años.
Adrián apretó la fotografía con fuerza.
Si eso era cierto…
Entonces su esposa…
No era una mujer común.
Era la heredera de uno de los imperios más poderosos que jamás existieron.
Y alguien había ocultado esa verdad durante años.
Pero en ese momento su teléfono sonó.
Era Daniel.
Adrián contestó de inmediato.
—¿Qué encontraste?
La voz de Daniel sonaba tensa.
—Señor… tenemos un problema.
—Habla.
—Alguien más está buscando a su ex esposa.
Adrián frunció el ceño.
—¿Quién?
Hubo unos segundos de silencio antes de que Daniel respondiera.
—Un hombre llamado Lucas Gray.
Adrián no conocía ese nombre.
Pero lo que Daniel dijo después hizo que su sangre se congelara.
—Y según nuestros informes… él vive con ella.
El silencio llenó la habitación.
Los ojos de Adrián se volvieron peligrosamente fríos.
—Prepárame el auto.
—¿Va a ir ahora?
Adrián tomó la fotografía de Alina.
—Sí.
Su voz fue baja y firme.
—Porque si alguien cree que puede quitarme a mi esposa…
Hizo una pausa.
—Está muy equivocado.