Valeria Castillo tiene una vida clara y ordenada: es periodista deportiva, ama su trabajo y sabe perfectamente cómo manejar a los hombres arrogantes del mundo del boxeo. Al menos… eso creía.
Todo cambia cuando conoce a Adrián Vega, el boxeador más prometedor del campeonato nacional. Talentoso, peligroso dentro del ring, insoportablemente seguro de sí mismo fuera de él… y con una sonrisa capaz de arruinarle la paciencia a cualquiera.
Lo que empieza como simples entrevistas pronto se convierte en algo más complicado: miradas demasiado largas, discusiones cargadas de tensión y una atracción imposible de ignorar. Adrián está acostumbrado a ganar todas sus peleas, pero nunca ha tenido que luchar por el corazón de una mujer que no piensa caer fácilmente.
Entre entrenamientos brutales, campeonatos que pueden cambiar una carrera, celos inesperados y momentos tan caóticos como románticos, Valeria descubrirá que amar a un boxeador significa vivir al borde del nocaut emocional.
Porque Adrián Vega puede derrotar a cualquiera en el ring…
pero con Valeria Castillo cada día es una pelea nueva.
Y tal vez la más difícil de todas.
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Capítulo 16 El peso del silencio
El estadio seguía lleno de ruido cuando los médicos entraron al ring.
Diego Morales no se había levantado.
Dos paramédicos revisaban sus signos mientras el árbitro mantenía al equipo de Adrián a distancia.
El público había pasado de la euforia… a un murmullo nervioso.
Adrián observaba desde su esquina.
La adrenalina de la victoria empezaba a desaparecer.
Y con ella…
llegaba algo más pesado.
Los paramédicos trajeron una camilla.
Diego fue colocado con cuidado.
Su entrenador caminaba al lado, pálido.
Su mánager tenía la mandíbula apretada.
Cuando comenzaron a sacarlo del ring…
el estadio guardó un respeto incómodo.
Adrián bajó la mirada.
Una hora después.
La conferencia de prensa estaba llena.
Cámaras.
Micrófonos.
Periodistas hablando al mismo tiempo.
Adrián estaba sentado junto a su entrenador, Lucas.
Pero el ambiente era completamente distinto al de otras noches.
La puerta se abrió de golpe.
El mánager de Diego Morales entró primero.
Detrás venía su entrenador.
Ambos con rostros llenos de furia.
Los periodistas inmediatamente levantaron sus cámaras.
—¡Esto es inaceptable! —dijo el mánager de Diego.
El murmullo creció.
Lucas frunció el ceño.
—¿Perdón?
El entrenador de Diego señaló directamente a Adrián.
—¡Intentaste matarlo!
La sala explotó en murmullos.
Adrián levantó la mirada.
Sorprendido.
—¿Qué?
El mánager golpeó la mesa.
—¡Ese golpe fue innecesario!
—¡Sabías que estaba cansado!
—¡Lo hiciste para destruirlo!
Las cámaras grababan cada segundo.
Lucas se inclinó hacia adelante.
—Basta.
Su voz fue firme.
Autoritaria.
—Eso es una acusación absurda.
El mánager se burló.
—¿Absurda?
Lucas señaló el ring imaginario con la mano.
—Esto es boxeo.
El entrenador de Diego respondió con rabia.
—¡Fue excesivo!
Lucas negó con la cabeza.
—No hubo ningún golpe ilegal.
Los periodistas tomaban notas rápidamente.
Lucas continuó.
—Todos los boxeadores saben el riesgo cuando suben al ring. —Tu peleador lo sabía. Mi peleador también.
El mánager de Diego miró a Adrián con desprecio.
—¿Y tú? ¿No tienes nada que decir?
Adrián abrió la boca.
Pero las palabras no salieron.
La imagen de Diego cayendo volvió a su mente.
El sonido seco del golpe.
El silencio del estadio.
El cuerpo inmóvil.
El entrenador de Diego sonrió con amargura.
—Claro.
—Nada que decir.
Lucas se inclinó hacia Adrián.
—No les debes explicaciones.
Pero Adrián ya no estaba escuchando.
Esa noche.
El hotel donde se alojaban los equipos estaba casi en silencio.
La mayoría de los periodistas ya se habían ido a dormir.
Las luces del patio iluminaban suavemente la piscina.
Valeria caminaba por el pasillo exterior del hotel con su libreta en la mano.
No podía dormir.
La pelea seguía dando vueltas en su cabeza.
Y la conferencia también.
Doblando una esquina…
lo vio.
Adrián estaba sentado en el borde de la piscina.
Con los pies casi tocando el agua.
La chaqueta colgando sobre su hombro.
Los vendajes aún cubrían sus manos.
No parecía el campeón que había noqueado a su rival esa noche.
Parecía… cansado.
Valeria se acercó lentamente.
—¿No puedes dormir?
Adrián levantó la mirada.
No parecía sorprendido de verla.
—No.
Valeria se sentó a su lado.
El agua reflejaba las luces del hotel.
Durante unos segundos ninguno habló.
Finalmente Adrián rompió el silencio.
—¿Lo viste?
Valeria asintió.
—Sí.
Adrián miró el agua.
—Cuando cayó.
Valeria también miró la piscina.
—Sí.
Pausa.
Adrián habló otra vez.
Con una voz más baja.
—¿Fui cruel?
Valeria lo miró.
Él seguía observando el agua.
—Dicen que quise matarlo.
El peso de esas palabras quedó flotando en el aire.
Valeria lo estudió con atención.
Podía ver algo que nunca había visto en él.
Culpa.
Real.
Pesada.
Ella negó con la cabeza inmediatamente.
—No.
Adrián levantó la mirada.
—¿No?
Valeria fue firme.
—Rotundamente no.
Adrián frunció el ceño.
—Pero el golpe…
Valeria lo interrumpió.
—Fue legal.
Adrián guardó silencio.
Valeria continuó.
—Esto es boxeo, Adrián.
—No es ajedrez.
—No es tenis.
—Es un deporte peligroso.
Adrián respiró profundo.
Valeria lo miró directamente.
—Todos los que suben a ese ring lo saben.
Pausa.
—Diego también lo sabía.
Adrián bajó la mirada otra vez.
—Pero…
Valeria habló con calma.
—Si él hubiera conectado ese golpe…
—y tú hubieras sido el que cayó…
Adrián levantó la cabeza.
Valeria terminó la frase.
—¿Crees que él estaría sentado aquí sintiéndose culpable?
El silencio volvió.
Adrián pensó en ello.
Y lentamente…
negó con la cabeza.
Valeria asintió.
—Exacto.
El agua de la piscina se movía suavemente.
Valeria apoyó las manos en el borde.
—No fuiste cruel.
—Fuiste mejor.
Adrián la observó.
Ella estaba mirando el reflejo de las luces.
—Eso es lo que hacen los campeones.
Adrián soltó una pequeña risa cansada.
—No suena tan heroico cuando lo dices así.
Valeria levantó una ceja.
—Nunca dije que fuera heroico.
Lo miró.
—Solo dije que es boxeo.
Adrián suspiró.
El peso en su pecho parecía un poco más ligero.
Miró a Valeria.
—Gracias.
Valeria se encogió de hombros.
—No te acostumbres.
Adrián sonrió.
Y por primera vez desde el knockout…
su mente estuvo en silencio.