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Cautiva

Cautiva

Status: Terminada
Genre:Elección equivocada / Romance / Traiciones y engaños / Completas
Popularitas:2.1k
Nilai: 5
nombre de autor: Lisi A. A

Amar es lindo, que te ame y elija vez tras vez la misma persona que amas, es inexplicable. Pero lamentablemente, en este mundo, hay demasiadas personas rotas, demasiadas personas tratando de curar sus heridas, demasiadas personas sin saber reconocer cuando son amadas y cuando solamente son un paso en la vida. Y muchas personas olvidan lo más importante, para amar a otros sin lastimar, primero debemos amarnos nosotros mismos

NovelToon tiene autorización de Lisi A. A para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

CAPÍTULO 7 La familia que nadie cuestiona

El encuentro con el hombre del bar había dejado a Ana Laura con una sensación incómoda, como si cada palabra escuchada hubiera abierto una puerta que llevaba demasiado tiempo cerrada.

Horacio Montenegro.

La heredera desaparecida.

El poder absoluto de una familia que, según todos, había dejado de existir… pero que en realidad parecía haberse ocultado a plena vista.

Ana caminaba ahora por la ciudad con la mente saturada. Jared aún no llegaba, pero ella tampoco podía quedarse quieta. Necesitaba seguir atando cabos, aunque cada uno de ellos la llevara a un lugar más oscuro.

El teléfono vibró.

Un mensaje de Samuel:

"Estoy cerca. Dime dónde estás."

Ana lo leyó, pero no respondió de inmediato.

Por primera vez sintió culpa… pero también algo nuevo: la necesidad de actuar sin protección.

Guardó el teléfono.

Y siguió caminando.

El edificio de archivos históricos de la ciudad era mucho más antiguo que la biblioteca. Allí no entraban turistas ni estudiantes curiosos. Era un lugar silencioso, casi olvidado.

Ana entró sin anunciarse demasiado.

—Necesito acceso a registros antiguos —dijo directamente al encargado.

El hombre la miró con desconfianza.

—¿Qué tipo de registros?

—Familias importantes de hace veinte o treinta años. Especialmente… Montenegro.

La expresión del hombre cambió de inmediato.

—Eso no es información pública.

Ana apretó los labios.

—Entonces ¿por qué existe?

El hombre dudó.

—Espere aquí.

Desapareció por un pasillo estrecho.

Ana miró alrededor.

Todo en aquel lugar parecía cargado de secretos.

Minutos después, el hombre regresó con una carpeta.

—No debería hacer esto —murmuró.

La dejó sobre el escritorio.

Ana la abrió con cuidado.

Fotografías antiguas.

Recortes de periódicos.

Eventos sociales.

Y allí estaban.

Los Montenegro.

Una familia elegante, poderosa, casi intocable.

En una de las fotografías aparecía un hombre mayor, de mirada dura y presencia dominante.

Horacio Montenegro.

Ana sintió un escalofrío.

—¿Quién es esta mujer? —preguntó señalando una imagen donde aparecía una joven de cabello oscuro, elegante, pero con una mirada triste.

El encargado dudó.

—Valentina.

Ana repitió el nombre en voz baja.

—Valentina Montenegro.

—La hija del patriarca.

Ana sintió que algo dentro de ella encajaba… demasiado bien.

—¿Y ella?

El hombre bajó la voz.

—Fue la heredera principal.

Ana pasó otra página.

Y entonces lo vio.

Una nota social antigua.

“La señorita Valentina Montenegro contraerá matrimonio con el empresario Ramiro Echeverría en una ceremonia privada.”

Ana sintió que el aire se le detenía.

—¿Echeverría…? —susurró.

El hombre asintió.

—Otra familia poderosa.

Ana sintió un nudo en el estómago.

—¿Y ella aceptó?

El hombre dudó.

—No fue una elección libre.

El silencio cayó pesado.

Ana cerró la carpeta lentamente.

Todo comenzaba a encajar… pero de una forma peligrosa.

La puerta del archivo se abrió de golpe.

—¡Ana!

Era Samuel.

Su rostro estaba tenso, preocupado.

—¿Qué estás haciendo aquí?

Ana lo miró.

Por primera vez no se sintió una hija siendo protegida.

Sino una mujer siendo observada.

—Buscando respuestas —respondió.

Samuel caminó hacia ella.

—Te dije que no te alejaras sola.

—No soy una niña.

—No, pero estás metiéndote en algo que no entiendes.

Ana apretó la carpeta.

—Entonces explícame.

Samuel miró el archivo.

Su expresión cambió al ver el nombre Montenegro.

Y eso fue suficiente.

Ana lo notó.

—Tú sabes algo —dijo lentamente.

Samuel negó demasiado rápido.

—No.

—Sí sabes.

—Ana, basta.

Ella dio un paso hacia él.

—¿Quién es Valentina Montenegro?

El rostro de Samuel se endureció.

Silencio.

Demasiado largo.

Demasiado revelador.

—No deberías estar viendo eso —dijo finalmente.

Ana sintió que el corazón le latía con fuerza.

—Eso no es una respuesta.

Samuel pasó una mano por su rostro, frustrado.

—Ese nombre no te pertenece.

Ana se quedó inmóvil.

—¿Qué?

Samuel la miró directamente.

—Olvida ese apellido.

La frase fue como un golpe.

Ana sintió rabia.

—No puedo olvidar algo que está conectado conmigo.

Samuel apretó los dientes.

—No tienes conexión con ellos.

Ana levantó la carpeta.

—Entonces explícame esto.

Silencio.

Samuel no respondió.

Y ese silencio lo dijo todo.

Ana sintió que algo dentro de ella se quebraba.

—¿Por qué reaccionas así? —preguntó más bajo.

Samuel bajó la mirada.

—Porque hay cosas del pasado que es mejor dejar enterradas.

Ana negó lentamente.

—No para mí.

El sonido de pasos interrumpió el momento.

Jared apareció en la entrada del archivo.

Su mirada se movió de Ana a Samuel inmediatamente.

Y algo en su expresión cambió.

Reconocimiento.

Tensión.

Pero también preocupación.

—Llegué tarde —dijo.

Ana lo miró.

—No demasiado.

Samuel lo observó con desconfianza.

—¿Quién eres tú?

Jared sostuvo su mirada sin intimidarse.

—Alguien que intenta ayudar.

Samuel frunció el ceño.

—No necesito ayuda de desconocidos.

Jared miró a Ana.

—Pero ella sí.

El silencio se tensó aún más.

Ana sintió que estaba en medio de dos fuerzas.

Una que la protegía.

Y otra que la empujaba hacia la verdad.

—Encontré esto —dijo finalmente, mostrando la carpeta.

Jared la tomó, la hojeó rápidamente.

Y su expresión cambió.

—Esto ya es más serio de lo que pensé.

Ana lo miró.

—¿Qué significa todo esto?

Jared cerró la carpeta.

—Significa que no estás buscando solo a tus padres biológicos.

Ana sintió un escalofrío.

—Entonces ¿qué estoy buscando?

Jared la miró directamente.

—El motivo por el cual te separaron de ellos.

El silencio cayó con fuerza.

Samuel apretó los puños.

—Esto se acabó —dijo.

Ana lo miró.

—No.

—Ana…

—No voy a detenerme ahora.

Jared dio un paso adelante.

—Tienes que decidir algo.

Ana lo miró.

—¿Qué?

Jared sostuvo su mirada.

—Si quieres la verdad… tienes que aceptar que puede destruir todo lo que crees saber.

Ana respiró hondo.

Y por primera vez no dudó.

—Entonces la quiero.

Samuel la miró con dolor.

—Ana Laura…

Pero ella ya había tomado una decisión.

—Quiero saber quién soy.

El silencio que siguió fue absoluto.

Y en ese silencio, algo invisible cambió para siempre.

Porque ya no había vuelta atrás.

La búsqueda había dejado de ser una curiosidad.

Se había convertido en una revelación inevitable.

Y alguien, en algún lugar, también lo sabía.

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Primi Mendez
pero no tiene sentido que diga que no podrá escaparse de su pasado si ella es lo que esta buscando. y lo que se busca siempre se encuentra /Bye-Bye/
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