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El Contrato Del CEO

El Contrato Del CEO

Status: En proceso
Genre:CEO / Embarazo no planeado / Traiciones y engaños
Popularitas:2.5k
Nilai: 5
nombre de autor: Baudilio Smith Burgos

Seis meses. Sin sexo. Sin preguntas. Sin sentimientos.
Camila firmó el contrato sin dudarlo. Necesitaba el dinero para salvar a su madre. No le importaba casarse con un hombre frío, poderoso y peligroso.
Pero hay dos cosas que él sabe y ella no.
Primera: él ya sabe que ella es la hermana gemela de su ex prometida, la mujer que él cree haber matado.
Segunda: él también sabe que ella tiene un hijo de tres años. Un hijo que él nunca ha visto.
Él busca la verdad. Ella busca venganza. Ambos ocultan secretos mortales.
Pero cuando el contrato se rompa y la verdad explote, descubrirán que el amor puede ser el arma más peligrosa de todas.
💣 ¿Podrá el odio convertirse en amor? ¿O la venganza lo destruirá todo?

NovelToon tiene autorización de Baudilio Smith Burgos para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 6: El Secreto del ADN.

CAPÍTULO 6: El Secreto del ADN

Dormí sola y Elena lo sabía. Mientras tomaba el desayuno dejé el teléfono a un costado de la mesa, y entró otro mensaje de Rebeca quemando la pantalla de mi móvil como una amenaza.

"Nicolás no es hijo de Sebastián. Hice cambiar la prueba de ADN. El verdadero padre es otro."

Mis dedos temblaban. Mi corazón latía tan fuerte que creí que Sebastián lo escucharía.

—Camila —dijo él, notando mi palidez—. Ayer te pregunté y no me contestaste ¿Quién te escribió, y qué fue lo que te dijo?

Guardé el teléfono en el bolsillo de mis pantalones.

—Nadie. Es un mensaje de Lucía. Nico está bien.

Volví a mentirle a Sebastián, y la lista de mentiras no dejaba de crecer. Sebastián me observó unos segundos y sé que no me creyó, pero no insistió en obtener la respuesta que deseaba.

—Si estás cansada, puedes subir a descansar

—dijo.

—No. Quiero hablar con tu madre.

Elena, que estaba terminando su café en la otra punta de la mesa, alzó una ceja.

— ¿Conmigo? Qué sorpresa. La nueva señora Montes quiere pleito antes del postre.

—No pretendo pelear con usted. Solo hacerle unas preguntas.

—Pregunta entonces, porque yo no tengo nada que ocultar.

— ¿Usted sabía que Rebeca está viva?

El silencio se hizo más denso que la niebla matutina. Elena dejó la taza sobre la mesa, con un gesto lento y deliberado. Como quien se prepara para asestar un golpe.

—Sí —respondió—. Lo supe desde el principio.

Sebastián se levantó de la mesa.

— ¿Qué?

—Siéntate, hijo. Nunca te hablé de ese asunto porque no te concierne.

—Estás equivocada porque si me concierne. ¡Estamos hablando de mi esposa y de su hermana, la mujer que planeó todo esto!

—Por eso mismo —dijo Elena, con una calma aterradora—. Porque ella lo planeó todo y yo la dejé.

Mi estómago se revolvió.

— ¿Usted ayudó a Rebeca?

—Ayudar es una palabra muy fuerte. Digamos que... no me interpuse.

— ¿Por qué? —pregunté, con la voz quebrada.

Elena me miró. Por primera vez, no había odio en sus ojos. Algo peor: indiferencia.

—Porque Sebastián necesitaba una lección. Creció creyéndose intocable, pensando que el dinero lo puede todo. Creyendo que podía comprar personas, y Rebeca le demostró que no siempre es así.

— ¿Rebeca le demostró? —Sebastián golpeó la mesa—. ¡Rebeca fingió su muerte, manipuló a mi esposa y usó a mi hijo!

— ¿Tu hijo? —Elena sonrió—. ¿Estás seguro de eso?

El mundo se detuvo otra vez.

— ¿Qué quieres decir con eso? —Pregunté, aunque ya sabía la respuesta.

—Que yo pagué para que cambiaran la prueba de ADN, que le hiciste al niño el mes pasado…

Sebastián palideció.

—Tú...

—Así es Sebastián. Nicolás no es tu hijo, y nunca lo fue.

Al escuchar las palabras de Elena me sentí sofocada, como si el aire hubiera escapado de la habitación. Miré a Sebastián y su mandíbula estaba tensa. Sus puños cerrados. Sus ojos negros brillaban con una furia que nunca le había visto.

— ¿Por qué? —Preguntó en un susurro, que daba más miedo que un grito,

—Porque Rebeca me prometió algo que tú nunca pudiste darme.

— ¿Qué cosa?

—Un nieto legítimo. Un heredero. Pero no con esta mujer, sino con otra. Con alguien que ella eligió para ti. Eso me prometió.

— ¡Nicolás es mi hijo! —grité, sin poder contenerlo—. Lo llevé nueve meses en mi vientre. Lo vi nacer. Lo crié sola mientras ustedes jugaban a sus guerras sucias. ¡Nadie me va a quitar a mi hijo!

Elena se levantó.

—Nadie quiere quitártelo, querida. Solo asegurarme de que no herede nada de esta familia.

—Ya es suficiente —dijo Sebastián.

Agarró a su madre del brazo, pero sin violencia. Con una frialdad que asustaba más que otra cosa.

—Vas a decirme toda la verdad. Ahora mismo.

—O si no, ¿Qué?

—O te juro por mi padre muerto que te dejo en la calle. Sin un centavo; sin esta mansión, sin el apellido que tanto amas.

Los ojos de Elena se abrieron. Por primera vez vi miedo en ella.

—No te atreverías.

—Ponme a prueba y lo comprobarás.

Casi al instante, Elena se quedó en silencio y bajó la cabeza. Por un momento pareció una anciana frágil, no la villana que había sido.

—Rebeca contactó conmigo hace tres años —confesó—. Dijo que tenía un plan para vengarse de tu padre. Y yo odiaba a tu padre. El me engañó. Me humilló. Me quitó todo.

—Papá ya está muerto.

—Pero su sangre sigue viva en ti. En tu hijo.

—Nicolás no es mi hijo, según tú misma dijiste.

—No lo es —respondió Elena, mirándome a mí

—. El verdadero padre del niño es Alejandro.

Mi corazón dio un vuelco.

— ¿Alejandro? —pregunté—. ¿Cuál Alejandro?

—El sobrino de Rebeca. Bueno, no es su sobrino biológico. Es un hombre al que ella entrenó. Un sicario. Un criminal.

Las palabras no me entraban. Nicolás... ¿Hijo de un sicario?

—No es cierto —susurré.

—Pregúntale a tu hermana. Ella tiene las pruebas. Ella lo planeó todo desde el principio. La noche que tú creíste que dormías con Sebastián, en realidad estabas con Alejandro. Él estaba drogado y tú también. Rebeca los llevó a la misma habitación. Sebastián nunca estuvo allí.

Me levanté de la silla. Las piernas me temblaban.

—Eso es mentira.

—Ojalá lo fuera.

— ¡Es mentira!

Mi grito resonó en toda la mansión. Sebastián vino hacia mí y quiso abrazarme. Pero yo lo aparté.

—No me toques.

—Camila...

—Si no eres su padre, no tienes derecho a tocarme. No tienes derecho a nada.

Se quedó paralizado.

Y por primera vez desde que lo conocía, vi lágrimas en sus ojos.

—Yo no sabía nada de esto.

—Pero ahora lo sabes.

Salí de la biblioteca y corrí. Subí las escaleras sin mirar atrás y entré a mi habitación. Cerré la puerta, me tiré en la cama y lloré.

Lloré como no lloraba desde que mi madre enfermó. Lloré por Nico. Por mí. Por Sebastián. Por la familia que nunca tuve. Fue en ese instante que el teléfono vibró otra vez.

Era otro mensaje de Rebeca que por medio de algún micrófono oculto, o de la información que le pasaba alguno de los criados, estaba al tanto de todas nuestras conversaciones.

"¿Ves, hermanita? Te dije que no conocías toda la verdad. Alejandro quiere conocer a su hijo. Nos vemos mañana en el parque. No faltes."

— ¡Dios mío! Un sicario es el padre de mi hijo.

—Pensé experimentando una sensación rara en el cuerpo.

Entonces Sebastián es un extraño, pero esta vez no había vuelta atrás.

Bajé al jardín cuando el sol se escondió. Quería estar sola. Quería pensar pero él ya estaba allí. Sebastián estaba Sentado en la fuente. En el mismo lugar donde encontré la foto de Rebeca con Nico.

—No te voy a pedir que me perdones —dijo, sin mirarme—. No te voy a pedir que te quedes.

—Entonces, ¿Qué haces aquí?

—Esperarte.

— ¿Para qué?

Se levantó y caminó hacia mí. Se detuvo a un paso de mi cuerpo, y me cogió tiernamente de la barbilla.

—Vine para decirte que sea o no su padre, voy a cuidar de Nico. Voy a cuidar de ti. No por deber. No por contrato, sino porque te quiero.

—No sabes lo que es querer.

—Lo estoy aprendiendo contigo.

La noche cayó sobre nosotros. Y yo por primera vez en mucho tiempo, no supe qué hacer. Dos días después, encontré un paquete sobre mi mesita de noche.

— ¿De dónde salió esto? —pregunté a Sebastián, que estaba arreglando su corbata frente al espejo.

—Te lo envió Gonzalo —respondió con una dureza que me estremeció por dentro—. Tiene una dedicatoria muy... cariñosa.

Abrí el paquete y era un libro. Se trataba de la última novela de Gonzalo.

En la primera página, había una dedicatoria escrita a mano:

"Para Camila, con admiración infinita. Porque hay personas que llegan para cambiar el rumbo de los demás. Gonzalo."

—Es solo un regalo —dije, cerrando el libro—. Esto no significa nada.

— ¿Y por qué te regaló su novela? ¿Qué espera de ti?

—Nada. Es tu amigo. Un hombre culto y bondadoso, al que apenas conozco.

—Pero él quiere conocerte mejor. —Insinuó Sebastián.

—Eso no es cierto.

— ¿Cómo lo sabes?

—Porque soy yo quien decide a quién conozco mejor. Y te elegí a ti. Aunque a veces me arrepiento.

Sebastián enmudeció.

—No quiero que lo veas más.

— ¿Me estás prohibiendo tener amigos?

—Te estoy pidiendo que respetes nuestro matrimonio.

—Nuestro matrimonio es un contrato, Sebastián. Y mientras eso no cambie, somos dos amigos que de vez en cuando se acuestan, mientras conviviendo bajo el mismo techo, ¿O ya lo olvidaste?

—Yo no he olvidado nada. Pero a ti si se te olvidaron las cláusulas de contrato, ya que tanto lo evocas cada vez que te incomodas conmigo.

Me acerqué a él, y mis ojos se clavaron en los suyos.

—No te confundas que no soy tu propiedad. Y si quieres que esto funcione, empieza a tratarme como a una persona, no como a una empleada.

Le di la espalda y salí de la habitación dando un portazo. Y tuve la sensación que a partir de ese momento, muchas cosas iban a cambiar entre nosotros.

1
Saily Smith
muy bueno. me encanta
Olga Robledo
Qué vieja tan mala, pero el karma existe, qué la vida le cobre todas sus intrigas
María Cortez
esta buena la novela con mucha intriga pero sigo aqui desvelandome por leerla .
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