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Operación Cuna: 844 Razones Para Matar

Operación Cuna: 844 Razones Para Matar

Status: En proceso
Genre:Mafia / Venganza / CEO
Popularitas:1.3k
Nilai: 5
nombre de autor: Osy Kaita

Valeria Silva lo perdió todo a los 24: su libertad, su dignidad y 2 costillas rotas a manos de Ricardo del Valle.

Escapó con 2.7 millones robados y una promesa: nunca más.

8 años después es CEO, madre de 118 niños rescatados y el objetivo #1 de Errol Musk, el hombre que trafica con “Oro Rojo”: niños.

Cuando Errol quema sus casas y secuestra a Ana, su hija de 8 años, Valeria deja de ser CEO.

Vuelve a ser superviviente.

Junto a Gael Torres, (su primer Amor) que mató a su ex por ella, lanzan Operación Cuna: rescatar a 844 niños y enterrar a 750 monstruos.

"No dejes monstruos sobre la faz de la tierra"

Tags: #Venganza #CEO #Mafia #MadreCoraje #Acción #RomanceAdulto #Thriller #BasadoEnHechosReales #Secuestros #Geopolítica

NovelToon tiene autorización de Osy Kaita para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 12 : La deuda de la piel.

Casa de Segovia. 5:42 am. Niebla.

La llave sigue bajo la maceta, mamá estaría orgullosa, ú horrorizada.

Entramos. Huele a cerrado, a infancia, a la única vida donde fui feliz antes de Ricardo.

Gael casi se cae en el recibidor. Gris. Ardiendo. El hombro empapa el chándal de rojo oscuro.

"Shhh", lo sujeto, pesa, pesa como ocho años de culpa. "Ya llegamos, templario."

Ana y Sofía ni abren los ojos, las llevo a mi cuarto de niña, las tapo con la colcha de ositos. Aún huele a mí con 12 años, les doy otro cuarto de pastilla, dormirán hasta el mediodía, sin pesadillas, por hoy.

Bajo. Gael está apoyado en la encimera de la cocina. Temblando.

Abro el mueble-bar de papá, sigue ahí.

Cardhu 12 años, para las noches malas.

Sirvo dos dedos, dos vasos, sin hielo, asi no enfriamos el dolor. Lo quemamos.

Le tiendo uno. Nuestras manos se rozan. Mano derecha. Mano izquierda, las dos asesinas.

"Bebe", ordeno. "Para los nervios."

Él se ríe, sin humor. "No hay whisky que cure esto, Valeria."

"Lo sé." Choco mi vaso con el suyo. Clink. Brindis de condenados. "Bebe igual."

Tragamos. Quema. Quema menos que el box 7.

Lo miro. La sangre seca en el cuello, en el pelo, mi sangre, la de Ricardo, la de Koval, toda mezclada.

"La ducha", le digo. No es pregunta.

Él asiente. Sabe que no puede solo.

El baño es pequeño, azulejos azules, aquí me bañaba mamá cuando tenía fiebre.

Abro el agua caliente, que salga vapor, que borre el olor a hospital, a sudor, a sangre, a culpa.

Le ayudo a quitarse el chándal, la tela está pegada a la herida. Tira. Él aprieta la mandíbula. No se queja. Nunca se queja.

Se queda desnudo. Cicatrices. Tatuajes de nombres. Sofía. Lucía. Marta, y dos balas nuevas. Una mía. Una de Koval.

Me quito la sudadera, los vaqueros, estoy llena de sangre de Ricardo, en el vientre, en los muslos, como si me hubiera parido el mismísimo infierno.

Entramos juntos.

El agua cae. Roja al principio, luego rosa, luego limpia.

Le limpio el hombro con cuidado, gasas, jabón, cada vez que sisea de dolor, me clava sus ojos verdes.

"Tenía que hacerlo yo", susurro, el agua me entra en la boca, sabe a sal. A él. "No podías cargar con uno más."

"Valeria..."

"Chist." Le pongo un dedo en los labios. "Esta noche la izquierda y la derecha están de acuerdo."

Le paso la esponja por el pecho, por las costillas, cuento cada cicatriz, cada nombre que no pudo salvar.

Él me agarra la muñeca, detiene mi mano sobre su corazón. Va a mil.

"¿Y si nos encuentran?", su voz es agua y vaho. "¿Y si mañana estamos muertos?"

Entonces lo beso.

No como en el puerto. Desesperada. Rota.

Lo beso como con 21 años. Con hambre. Con rabia. Con ocho años de deuda.

Él responde. Me estampa contra los azulejos. Fríos. Su piel arde. Me quema. Me salva.

El roce de piel con piel desata el infierno.

No hay ternura, hay necesidad, hay "si nos matan mañana, que sea con tu olor en mi boca".

Me levanta. Le rodeo la cintura con las piernas. Él gruñe de dolor por la herida. Me da igual. Me da igual todo.

Hacemos el amor contra la pared. En el suelo. En la alfombrilla empapada, como si debiéramos apagar la deuda de 8 años en los siguientes polvos.

Grito su nombre. Él grita el mío. No hay Ricardo. No hay billetes. No hay muertos.

Solo "Gael". "Valeria". "Más". "No pares". "Ocho años". "Perdóname". "Te Perdóno".

Cuando acabamos, estamos en el suelo, temblando, Él dentro de mí todavía, no quiero que salga, si sale, vuelve la realidad.

Apoya su frente en mi hombro. Llora, en silencio, el templario se rompe por fin.

"Te amo", dice contra mi piel. "Te amé cada día en la calle, cada billete era tuyo."

Lo abrazo. Le beso el pelo mojado. "Pues ya me tienes. Entera. Sucia. Tuya."

Dormimos ahí, en el suelo del baño, enredados, si viene la policía, que nos mate así.

7 Horas después.

El sol me da en la cara, me despierto sola.

"¡Gael!" Me levanto de golpe. Desnuda, el suelo frío.

Está en la cocina, sentado, blanco como la pared, temblando, sudor frío.

Toco su frente, arde. 40 de fiebre mínimo. Infección, se está muriendo.

"Mierda", agarro el móvil prepago, solo hay una persona en quien confío con una pistola y con una vida.

Marco.

"Sandra?", mi voz sale rota. Sandra Ruiz. Mi mejor amiga de la uni. Veterinaria. La única que me creyó cuando dejé a Gael. "Necesito... necesito que vengas, casa de Segovia, trae toda la artillería. Antibióticos. Sutura. Morfina. Y no hagas preguntas."

Silencio al otro lado. Luego un: "¿Estás herida, Val? ¿Qué coño pasó?"

"No yo", miro a Gael, se está yendo. "Es... es él. Por favor. Te debo la vida."

Otro silencio. Más largo. "Mándame ubicación. Llego en 1 hora."

Cuelgo, mojo trapos, se los pongo en la frente a Gael. "Aguanta, templario. Aguanta por mí."

1 hora 12 minutos después.

Portazo. Maletín. Pasos corriendo.

Sandra entra. 34 años. Pelo recogido. Ojeras. Bata llena de pelo de perro y olor a clínica.

Ve la escena, a mí desnuda con una toalla, a Gael desangrándose en mi sofá, a las dos niñas durmiendo arriba.

"La virgen santa, Valeria", abre el maletín, saca vías, suero, antibiótico de caballo. "¿En qué mierda te metiste?"

Se acerca a Gael, le levanta el párpado, le toma el pulso. Profesional. Hasta que le ve la cara.

Se congela.

El suero se le cae al suelo. Crash.

Gael abre los ojos, febril. La mira. No la reconoce. Hay muchas caras en 8 años de calle.

Pero ella sí.

"Tú...", Sandra se lleva la mano a la boca. Empieza a temblar. "Tú eres él."

Me mira a mí. Luego a él. Luego otra vez a él.

"Val... yo tenía 9 años", su voz es una niña rota. "El novio de mi madre... me encerró en el sótano. Tres días. Me... me..." No puede decirlo. No hace falta. "Olía a vino. Me rompió... todo."

Las lágrimas le caen. Nunca me lo contó. Nunca se lo contó a nadie.

"Una noche la puerta se abrió, estaba oscuro, un hombre me sacó en brazos, me tapó con su chaqueta. Olía a calle, pero... pero me habló bajito. 'Ya pasó, pequeña. Ya estás a salvo'."

Se arrodilla al lado de Gael, le agarra la mano ensangrentada, como si fuera una reliquia.

"Me dejó en la puerta de urgencias del Niño Jesús. Tocó el timbre y se fue corriendo. Jamás olvidé su cara, Val la dibujaba cada noche para no tener pesadillas. Era mi ángel. Mi mendigo."

Gael frunce el ceño. La fiebre le deja ver algo. Un flash. Una niña de 9 años. Sótano. Sangre.

"S... Sandra?", susurra. Y por primera vez, dice un nombre que no está tatuado por culpa.

Ella asiente. Llora, le besa la mano. "Tenía una deuda con aquel mendigo que me salvó, y hoy me la cobras, cabrón. Hoy te salvo yo a ti."

Clava la vía. Mete antibiótico. Sutura como si fuera un pastor alemán. Rápida. Brutal. Eficaz.

Me mira mientras trabaja. Ojos rojos.

"Cuando acabes con él, me cuentas todo, Valeria Montero", dice. Y no es mi amiga hablando. Es mi cómplice. "Porque si la policía viene, diré que yo le disparé. Que yo lo operé. Que vosotros nunca estuvisteis aquí."

Gael le aprieta la mano antes de caer inconsciente por la morfina.

"Deuda... pagada... pequeña...", susurra.

Sandra se derrumba encima de él llorando, abraza al fantasma que la mantuvo viva 20 años.

Yo me siento en el suelo, miro a las niñas dormir, a Sandra salvar al hombre que amo, al hombre que amo respirando otra vez.

Mano derecha. Mano izquierda. Y ahora una tercera mano que también sabe matar y salvar.

Ya no somos dos fugitivos.

Somos tres.

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M. Rosalba
De las mejores novelas que he leído, espero que no sea muy larga, o mejor hagala por temporadas, seguro que triunfa. Un saludo 👋
Jesus Lopez: Muchas gracias, no, llegará hasta el capítulo 40 más ó menos, lo de hacer más temporadas es buena idea, lo tendré en cuenta. ☺️
total 1 replies
M. Rosalba
Muy buena, me tiene enganchadisima no cambie.👏👏
M. Rosalba
Parece que promete, ojalá siga🥰
Jesus Lopez
Se va a poner, muy, muy interesante, esto solo acaba de empezar.
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