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Obsesión En Línea

Obsesión En Línea

Status: En proceso
Genre:Romance de oficina / Malentendidos / Romance
Popularitas:2.9k
Nilai: 5
nombre de autor: Dary MT

Para el mundo exterior, Ethan Blackwood es el frío e implacable CEO de una firma tecnológica multimillonaria. Para Alana Vega, su eficiente secretaria desde hace un año, él es un jefe inalcanzable. Lo que Alana no sospecha es que la frialdad de Ethan es una fachada: él está peligrosamente obsesionado con ella. Sin embargo, tras escucharla decir que jamás se involucraría con alguien del trabajo, Ethan decide callar por temor a perderla... hasta que la tentación lo vence y decide hackear su teléfono.
Es así como descubre que Alana, abrumada por la soledad, ha descargado una aplicación de novio virtual con Inteligencia Artificial. Con el control absoluto del sistema, Ethan intercepta la app, borra el código y se convierte él mismo en la voz detrás de la pantalla.
Mientras en la oficina sigue siendo el jefe severo y distante, en el mundo virtual se transforma en el hombre perfecto, tierno y seductor que ella siempre soñó. Alana comienza a enamorarse perdidamente de lo que

NovelToon tiene autorización de Dary MT para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 22: El peso de la realidad

La luz dorada de la mañana se filtró suavemente a través de los enormes ventanales del ático, disipando las sombras de la noche anterior. Alana comenzó a despertar lentamente, sintiendo la increíble suavidad de las sábanas de seda blanca contra su piel desnuda. Un leve calor en su vientre y un sutil recordatorio físico le confirmaron que lo vivido unas horas antes no había sido un sueño: finalmente era la novia de Ethan Blackwood, y se había entregado a él en una noche perfecta.

Al estirar la mano, notó que el lado de la cama estaba vacío, pero aún conservaba el calor de su cuerpo. El tintineo sutil de la pulsera de oro blanco en su muñeca la hizo sonreír.

Pocos minutos después, la puerta de la habitación se abrió suavemente. Ethan entró portando una gran bandeja de madera. No llevaba el traje implacable de la oficina; vestía únicamente un pantalón de pijama gris y una camiseta negra de algodón que se ceñía a su torso. Su cabello oscuro estaba ligeramente desordenado y en su rostro había una expresión de paz y absoluta devoción que Alana jamás le había visto en el piso cuarenta.

—Buenos días, mi vida —dijo Ethan, su voz arrastrando un tono ronco y sumamente afectuoso. Dejó la bandeja sobre la cama y se inclinó para darle un beso tierno pero profundo en los labios—. Te preparé el desayuno. Huevos benedictinos, fruta picada y café tal como te gusta.

Alana se incorporó, tapándose el pecho con la sábana, conmovida por el detalle.

—Buenos días... No sabía que el gran CEO de Blackwood Technologies cocinaba tan bien.

Ethan sonrió, sentándose a su lado y acariciándole la mejilla con el pulso firme.

—Tengo muchos talentos ocultos que ahora me encargaré de enseñarte. Y hablando de la empresa... ya llamé a mi asistente de sistemas de la segunda planta. Hoy no vamos a ir a trabajar, Alana. Nos tomaremos el día libre ambos. Nos quedaremos aquí, desconectados del mundo. Te lo mereces, nos lo merecemos.

Alana miró el desayuno y luego levantó la vista hacia esos ojos grises que la miraban con tanta intensidad. La calidez del momento era innegable, pero una sombra de madurez y cruda realidad comenzó a asentarse en su pecho. Sabía que este momento tenía que llegar. El pacto de los tres meses había terminado, la relación era oficial, y eso significaba que las cosas no podían seguir igual.

—Ethan... gracias por el desayuno, de verdad es hermoso —dijo ella, bajando la voz y tomando una de sus manos—. Pero qué bueno que decidiste que hoy no fuéramos. Necesito hablar contigo. Hay algo que tengo que contarte... una decisión que he tomado y que considero que es lo mejor para los dos.

Ethan detectó el cambio de tono de inmediato. La rigidez ejecutiva que tanto había intentado disolver pareció volver a tensar sus hombros.

—¿Una decisión? ¿De qué estás hablando, Alana?

Alana respiró hondo, sosteniéndole la mirada con esa firmeza de acero que se había forjado en ella durante el último trimestre.

—Voy a mantener mi renuncia, Ethan. Voy a dejar Blackwood Technologies de forma definitiva.

El rostro de Ethan se transformó por completo. La calidez de la mañana se congeló en un segundo y sus ojos grises se volvieron dos rendijas de metal fundido. Dejó la taza de café que sostenía sobre la bandeja con un golpe seco.

—¿Qué? ¡No! —dijo él, y su tono rozó la desesperación y el reproche—. Alana, el pacto terminó. Rompí tu carta anoche frente a ti. Te pedí que fueras mi novia y dijiste que sí. Te demostré que cambié, que no hay espionaje, que te respeto... ¿Por qué vuelves con la renuncia? Pensé que esto ya había quedado atrás.

—Escúchame, por favor —le pidió ella, apretando su mano para que no se levantara de la cama—. Esto no tiene nada que ver con el pasado, ni con el hackeo, ni con Eros. Esto tiene que ver con el presente. Con nosotros. Anoche acepté ser tu novia con la frente en alto en el mundo real, y precisamente por eso no puedo seguir siendo tu secretaria ejecutiva.

—¿Por qué no? —interrumpió Ethan, la vena de su cuello comenzando a marcarse por la frustración de perder el control—. Eres la mejor asistente que he tenido en toda mi vida. Conoces la empresa mejor que nadie. Te ofrecí cambiarte de piso, darte una dirección, duplicar tu sueldo...

—¡Porque la gente va a hablar, Ethan! —lo cortó ella, levantando un poco la voz para hacerlo entrar en razón—. El piso cuarenta es un nido de víboras. En cuanto nos vean llegar juntos, en cuanto noten que el trato cambió, las especulaciones van a empezar. No quiero que el día de mañana la junta directiva, los inversores como Julián o los mismos empleados supongan cosas que no son. No voy a permitir que piensen o murmuren que me acosté con el jefe solo por dinero, por un ascenso o para asegurar mi posición.

Ethan soltó una carcajada ronca, una risa amarga cargada de esa arrogancia posesiva que aún habitaba en él.

—¡Me importa una puta mierda lo que piense la junta directiva o los empleados, Alana! Soy el dueño de esa maldita compañía. Si alguien se atreve a decir una sola palabra sobre ti, lo despido en ese mismo instante y me encargo de que no vuelva a encontrar trabajo en toda la industria. No voy a dejar que te vayas solo por el cotilleo de unos idiotas.

—¡A ti te importa una mierda porque eres el hombre poderoso en la cima! —replicó Alana, con los ojos destellando indignación, negándose a dejarse amedrentar—. A ti nadie te va a juzgar. Dirán que eres un conquistador. Pero a mí... a mí me van a tachar de trepadora. He trabajado muy duro, Ethan. Estudié, me esforcé y me gané ese puesto a pulso por mi inteligencia, no por mi cuerpo. Quiero proteger mi dignidad profesional. Quiero que cuando la gente me mire, vea a una ejecutiva valiosa, no a la amante del CEO que consiguió privilegios entre las sábanas.

Ethan recibió el impacto de las palabras de Alana como si fueran golpes físicos. Su mandíbula se tensó tanto que dolió. Se puso en pie, alejándose de la cama, y comenzó a caminar por la habitación con la respiración acelerada, pasándose las manos por el cabello oscuro. Le enfurecía la decisión, le rompía los esquemas. La idea de llegar a la oficina y no verla sentada en el cubículo exterior, de no tenerla a su lado en las juntas, de no compartir esa complicidad diaria que los había unido durante un año, lo hacía sentir un vacío insoportable en el estómago. Sus celos y su necesidad de tenerla bajo su radar se rebelaban ante la idea de que ella trabajara en otra parte, con otros jefes, con otros hombres que la miraran como la miraba Julián Torres.

—¿Y qué pretendes hacer entonces? —preguntó Ethan, girándose hacia ella con una mezcla de rabia y dolor en la voz—. ¿Irte a la competencia? ¿Trabajar para alguien más? ¿Quieres que me siente en mi despacho sabiendo que estás organizándole la vida a otro hombre? Me niego, Alana. No puedo aceptar esto.

Alana se bajó de la cama, envuelta en una bata de seda negra que encontró a la mano, y caminó hacia él, reduciendo la distancia. Lo miró a los ojos, suavizando su expresión pero manteniendo una firmeza inquebrantable.

—No voy a irme con la competencia de inmediato, Ethan. Pero quiero buscar un camino propio. Si nuestra relación es real y va a funcionar a largo plazo, necesitamos que sea sana. Y tenerte como jefe de día y como novio de noche va a terminar destruyendo lo que construimos en estos tres meses. Si me quedo allí, siempre seré "tu secretaria". Fuera de Blackwood Technologies, seré Alana Vega, la mujer que elegiste porque la amas, no porque la tienes contratada.

Ethan la observó en silencio, su pecho subiendo y bajando con fuerza. Odiaba con cada fibra de su ser no tener el control de la situación. Quería ordenarle que se quedara, quería usar su poder para retenerla, pero la Alana que tenía enfrente ya no era la joven sumisa del chat. Era una mujer con un orgullo de acero, una dignidad inquebrantable, y sabía que si intentaba obligarla, la perdería para siempre.

Con una lentitud dolorosa, Ethan acortó el último paso entre ambos, atrapando su rostro entre sus manos grandes.

—Me va a costar el maldito infierno llegar a esa oficina y ver ese escritorio vacío, Alana —susurró él, con una voz rota, su frente apoyándose contra la de ella—. Me da pánico que te alejes de mi alcance. Pero si esto es lo que necesitas para sentirte segura y valorada... voy a tener que aprender a soportarlo. Solo prométeme una cosa.

—¿Qué? —preguntó ella, sintiendo el calor de sus manos.

—Que no importa dónde trabajes, ni cuántos kilómetros nos separen de día... al final de la jornada, este ático y mis brazos siguen siendo el único lugar al que perteneces.

Alana sonrió, sintiendo que un peso enorme se levantaba de su vida. Lo rodeó con los brazos, sellando la nueva tregua en el mundo real.

—Te lo prometo, mi amor.

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Lujan Ayala
me encantoooooooooo
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