Elena Vargas lo entregó todo por su familia.
Construyó un imperio desde cero, sacrificó sus sueños por su esposo y creyó que el amor podía superar cualquier obstáculo. Pero una noche descubre la verdad más cruel: Rodrigo, el hombre con quien compartió su vida, nunca la amó. Junto a su amante, ha pasado años robándole su empresa, manipulando a su hijo y convirtiéndola en la mujer desechable que ambos planean abandonar cuando ya no les sirva.
Humillada, traicionada y destrozada, Elena pierde la vida en un trágico accidente.
Pero el destino le concede un milagro imposible.
Despierta diez años en el pasado, justo antes de que todo se derrumbe.
Esta vez no cometerá los mismos errores.
No pedirá explicaciones. No suplicará amor. No volverá a confiar.
Mientras Rodrigo y su amante creen seguir manipulando a la esposa perfecta, Ele
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Capítulo 5 La Máscara y el Dolor
Elena regresó a la mansión con una extraña sensación de victoria. La reunión con Luciano Moretti había salido mejor de lo esperado. Tenía un aliado poderoso, alguien que no solo invertiría dinero, sino que podía ayudarla a desmantelar el imperio falso que Rodrigo había construido sobre su esfuerzo.
Por primera vez en muchos días, sintió un pequeño atisbo de esperanza.
Pero esa esperanza se apagó en cuanto abrió la puerta principal.
La casa estaba iluminada con velas. Había rosas rojas sobre la mesa del comedor, una cena elegante preparada y música suave de fondo. Rodrigo apareció desde la cocina con una sonrisa arrepentida, vestido con una camisa que ella misma le había regalado años atrás.
—Elena… —dijo con voz suave, acercándose—. Sé que he sido un idiota. Perdóname.
Ella se quedó paralizada en la entrada. El moretón en su mejilla aún latía bajo el maquillaje. El recuerdo de la bofetada estaba fresco, al igual que las imágenes de la cámara que había instalado: Rodrigo y Camila desnudos en su propia cama, riéndose mientras planeaban seguir robándole.
Puso una sonrisa forzada.
—No necesitas fingir, Rodrigo.
Él se acercó más y tomó sus manos.
—Fui un imbécil. Me sobresalté, perdí el control. Nunca debí levantarte la mano. Tú eres mi esposa, la mujer que ha estado a mi lado siempre. Solo quiero que volvamos a estar bien. Déjame compensarte.
Se arrodilló frente a ella, algo que Elena nunca había visto hacer a Rodrigo en años de matrimonio.
—Por favor, perdóname. Camila solo es una vieja amiga que está pasando por un mal momento. Siempre hemos ayudado a la gente, ¿no? No quería que pensaras mal. Te amo, Elena. Dame otra oportunidad.
Elena sintió náuseas. El asco le subía por la garganta como bilis. Quería gritarle, quería golpearlo, quería decirle que sabía exactamente quién era. Pero no podía. Aún no. Necesitaba sacar los fondos, blindar activos y dejar la empresa convertida en un cascarón vacío antes de mostrar sus cartas.
Tragó su odio, su rabia y su dolor.
Suspiró profundamente, fingiendo dudar.
—Está bien… cenemos. Pero no creas que te perdoné tan fácilmente. Me lastimaste, Rodrigo. Mucho.
Él se levantó con una sonrisa triunfante y la abrazó. Elena se quedó rígida entre sus brazos, conteniendo las ganas de vomitar.
Durante la cena, Rodrigo puso música romántica, le sirvió vino y la invitó a bailar. Por un momento —solo un breve y peligroso momento—, Elena sintió una tristeza profunda. Recordó al hombre del que se había enamorado hacía años. Ese Rodrigo que la hacía reír, que la apoyaba cuando empezaba la empresa.
Pero luego recordó el video.
Recordó sus gemidos mientras se acostaba con Camila en su cama. Recordó cómo planeaban usar el dinero que ella enviaba para Mateo en los estudios de Kevin. Recordó sus palabras: “Ella solo es una burra de carga”.
La ilusión se rompió.
Cuando Rodrigo intentó besarla, Elena giró el rostro.
—Estoy muy cansada —dijo con voz suave pero firme—. Ha sido un día largo. Mejor voy a descansar. Podemos comer mañana.
Él frunció el ceño y la tomó del brazo con un poco más de fuerza de la necesaria.
—Elena, solo…
—No insistas, Rodrigo —lo cortó ella, soltándose con delicadeza—. Aún no te he perdonado. Y no me presiones. Necesito tiempo.
Se encerró en la habitación de huéspedes y echó llave. Apoyó la espalda contra la puerta y dejó escapar un largo suspiro tembloroso. Las lágrimas que había estado conteniendo cayeron silenciosamente.
Su teléfono vibró. Era Mateo
Lo contestó de inmediato.
—¿Mateo?
—Mamá… —la voz de su hijo sonaba afectada—. Recibí el video que me enviaste. El audio editado… Escuché a papá y a esa mujer. ¿Es verdad? ¿Todo este tiempo ha estado usando el dinero que mandas para mí para pagar los gastos del hijo de ella?
Elena cerró los ojos.
—Sí, hijo. Es verdad.
Mateo se quedó en silencio unos segundos.
—…Lo siento. Todo este tiempo creí que tú eras la que no se preocupaba por mí. Papá siempre decía que…
—Lo sé —lo interrumpió ella con ternura—. No fue tu culpa. Él es muy bueno manipulando.
—Mamá, si quieres vuelvo. No voy a dejarte sola con ese monstruo.
Elena sonrió con tristeza, aunque él no pudiera verla.
—No, mi vida. Tú quédate ahí y concéntrate en tus estudios. Mientras estés protegido y lejos, yo puedo encargarme de todo. Te prometo que voy a arreglar esto.
—Pero mamá… te están utilizando. Papá es un monstruo. No quiero que te haga daño.
Elena sintió que el corazón se le hinchaba de amor y dolor al mismo tiempo.
—No te preocupes por mí —respondió con voz firme—. Yo me voy a encargar del monstruo.
Mateo guardó silencio un momento.
—Está bien… pero si necesitas que vuelva, solo dilo. Ya no creo nada de lo que papá me decía.
—Te quiero, Mateo.
—Yo también, mamá.
Cuando colgó, Elena se sentó en la cama y miró al techo. Las lágrimas seguían cayendo, pero ahora eran diferentes. Eran de determinación.
Rodrigo podía fingir todo lo que quisiera con cenas románticas y disculpas falsas.
Ella ya había empezado a tejer su red. Y cuando llegara el momento de tirar del hilo… nadie en esa casa quedaría en pie.
Ojalá que encuentren a Adriana Ferreti y entre las dos hundan a ese engendro.
Un duro golpe para ese muchacho de 17 años que apenas está empezando la vida y tener que enfrentar eso.
Me imagino que Luciano tiene amigos mafiosos y no quiere deberles nada así que los utilizará por el amor que siente por Elena.
Luciano está babeando por Elena y ella ya le está gustando Luciano que hasta lo besó.