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HASTA QUE SEAS MÍA

HASTA QUE SEAS MÍA

Status: En proceso
Genre:Matrimonio contratado / Posesivo / Divorcio
Popularitas:23.6k
Nilai: 5
nombre de autor: Enn Gómez

Isabella Mason creyó que su matrimonio con Alan sería para siempre. Lo amó, lo apoyó cuando no tenía nada y permaneció a su lado mientras él construía la vida que siempre quiso. Pero con el éxito llegaron la distancia, la ambición y la certeza de que amar a alguien no siempre significa ser suficiente para quedarse.
Cuando su matrimonio se derrumba, Alexander Blackwood aparece con una propuesta imposible: divorciarse y casarse con él. Alexander está a punto de anunciar su candidatura presidencial. Isabella necesita empezar de nuevo. El acuerdo parece sencillo. Hasta que deja de serlo. Porque Alexander Blackwood nunca entra en una historia por casualidad.

NovelToon tiene autorización de Enn Gómez para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 5

Un mes.

Así de rápido se puede desmoronar una vida que tardó casi tres años en construirse. Uno de novios, dos de casados. Suena a poco tiempo cuando lo digo así, en voz alta, y sin embargo ahí cupo todo: la universidad, la huida, la precariedad, la empresa, el amor que creí eterno y el que resultó no serlo.

Alan no me buscó. No hubo llamadas, ni mensajes pidiendo perdón, ni esa versión de él que en algún momento habría aparecido en mi puerta con los ojos rojos jurando que todo había sido un error.

Solo silencio.

Un silencio tan completo, tan cuidadosamente sostenido, que en algún punto dejé de preguntarme cuándo iba a buscarme y empecé a preguntarme si realmente había querido hacerlo alguna vez.

Hace una semana llegó el sobre. Lo reconocí antes de abrirlo: el logo del despacho de abogados en la esquina superior, ese mismo que meses atrás Alan había contratado para revisar los términos de la serie A. Ni siquiera había buscado a alguien distinto para esto. Los mismos abogados que negociaban acciones e inversiones ahora redactaban la forma más eficiente de deshacerse de mí.

Los términos eran generosos. Eso, al menos, tuve que reconocerlo.

Pero no había firmado.

No porque dudara, ni porque todavía creyera que quedaba algo que salvar. Simplemente no podía.

El sobre seguía sobre la mesa del pequeño cuarto/habitación que ahora rentaba sola. Sin firmar. Era lo único que todavía controlaba.

Buscar trabajo había resultado más difícil de lo que imaginé. Tenía un título universitario, sí, pero ningún historial laboral que lo respaldara. Ninguna empresa donde hubiera figurado con un puesto oficial, ningún nombre dentro de un organigrama que probara todo lo que había hecho durante años detrás de la empresa de Alan.

Podía haber dicho que prácticamente la había construido con él. Que conocía sus primeras cuentas, sus primeros inversionistas y cada una de las crisis que casi la hicieron desaparecer antes de convertirse en la compañía que ahora aparecía en revistas financieras con una valuación de nueve cifras. Alan mismo me lo había dicho una vez, hacía mucho tiempo, medio en broma: que sin mí, la empresa probablemente no habría sobrevivido ni el primer año.

No lo mencioné en ninguna entrevista. No quería empezar mi vida nueva sosteniéndome sobre la anterior, ni que Alan siguiera siendo la primera explicación de quién era yo.

Así que, después de dos semanas de rechazos amables, acepté el primer trabajo que me ofrecieron.

Mesera en un restaurante.

Mis pies aprendieron un cansancio distinto al que conocía, pero no me quejaba. Servía mesas. Tomaba órdenes. Llevaba platos. Recogía propinas. Y al final del turno, ese dinero era mío.

No era la vida que había imaginado para mí, pero tampoco sentía vergüenza. Había crecido rodeada de personas que confundían comodidad con mérito y dinero con valor; tal vez por eso haber perdido prácticamente todo me estaba enseñando algo que antes no había necesitado aprender.

Trabajar no me hacía menos. Empezar de cero tampoco.

Aquella noche salí del restaurante después de las diez, con el delantal doblado dentro del bolso y el cabello todavía recogido. Me despedí de una compañera, empujé la puerta y respiré el aire frío de la calle.

Entonces lo vi.

Durante un segundo pensé que mi antigua vida había venido a buscarme.

Alexander Blackwood estaba de pie junto a la entrada. No necesité verlo dos veces. Había personas que uno reconocía por el rostro; a Alexander se le reconocía por la presencia. Incluso allí, en una calle angosta, entre el ruido de los extractores de cocina y el olor a comida que se acumulaba en el aire, parecía ocupar más espacio del que realmente ocupaba.

Vestía un traje oscuro hecho perfectamente a su medida. No llevaba corbata y el primer botón de la camisa estaba abierto, un detalle casi informal que en cualquier otro hombre habría pasado inadvertido. En Alexander parecía deliberado. Todo en él lo parecía. Un automóvil negro esperaba estacionado al otro lado de la acera, con el motor encendido y un chofer al volante.

Habían pasado años desde la última vez que lo había visto de cerca. Ya no era simplemente el hijo mayor de Victoria y Richard Blackwood al que veía en las cenas de nuestras familias, ni solo el heredero de una de las fortunas más antiguas del país. Se había convertido en algo mucho más grande.

Con solo treinta años, manejaba los hilos de un imperio que abarcaba tecnología, energía, infraestructura y medios. Ya no se trataba únicamente del apellido o el dinero; se trataba de influencia. De poder absoluto.

Alexander Blackwood pertenecía a un mundo que yo había dejado atrás.

O eso pensaba.

Sus ojos verdes encontraron los míos. Seguían siendo iguales. Serenos. Atentos. Difíciles de leer.

—Isabella.

Mi nombre salió de su boca sin sorpresa.

—Cuánto tiempo.

Acomodé el bolso sobre mi hombro.

—¿Qué haces aquí?

No hubo incomodidad en mi voz.

Nuestras familias se conocían desde antes de que nosotros naciéramos. Los Mason y los Blackwood habían compartido negocios, vacaciones, cenas y suficientes fotografías familiares para que durante años pareciera lógico que, tarde o temprano, ambos apellidos terminaran unidos también mediante un matrimonio.

Mi madre había considerado a Alexander perfecto para mí. Mi padre jamás lo había dicho abiertamente, pero nunca había sido difícil saberlo. Durante mucho tiempo su nombre ocupó el primer lugar de una lista de futuros esposos que nadie me preguntó si quería.

El candidato perfecto.

Nunca aparecía borracho saliendo de clubes. No tenía escándalos, ni amantes concediendo entrevistas, ni exnovias vendiendo historias sobre él. No perdía el control, no hablaba de más, no cometía errores que otros pudieran utilizar. Y, sobre todo, no improvisaba.

Por eso verlo allí me inquietó más de lo que quería admitir.

Un segundo después pensé en lo único que podía justificar su presencia.

—¿Les pasó algo a mis padres? ¿A mi hermana?

—No. Están bien, Isabella. Todos están bien.

El alivio me atravesó de inmediato. Hacía demasiado tiempo que no hablaba con ellos. Cerré los ojos apenas un instante antes de volver a mirarlo.

—Entonces ¿qué haces aquí? –pregunté genuinamente

—Estoy aquí por ti.

No entendí. O no quise entender, porque la frase, tan simple, no encajaba con nada de lo que yo conocía sobre Alexander Blackwood: un hombre que jamás hacía nada sin una razón medible, sin un objetivo claro detrás.

Se acercó un paso. No demasiado. Lo suficiente para que la luz de la entrada alcanzara mejor su rostro.

Había cambiado desde la última vez que lo vi. La edad le había endurecido las facciones, su mandíbula estaba más marcada, los hombros eran más anchos. Había algo en su forma de quedarse quieto que antes no recordaba.

Poder. No el que otorgaba el dinero —habíamos crecido rodeados de dinero—, sino algo diferente: la seguridad de un hombre acostumbrado a tomar decisiones y ver cómo cientos de personas se movían para convertirlas en realidad.

—¿Por mí? Alexander, no es un buen momento para...

—Quiero que te cases conmigo.

El ruido de la calle desapareció, o al menos dejó de importarme. Me quedé completamente inmóvil. Por un instante pensé que no había escuchado bien. Esperé una sonrisa, una explicación, cualquier indicio de que se trataba de una broma particularmente absurda.

No llegó.

Lo conocía lo suficiente para saber una cosa: Alexander Blackwood nunca decía algo que no tuviera intención de cumplir.

1
mariela
Ahora sí después de esa deliciosa 😋😋😋🤤🤤🤤 consumación del matrimonio ya no hay vuelta atrás.
Ahora veremos qué hará la putizorra para entrometerse en esa relación 🤔🤔🤔❓❓❓
mariela
Alexander e Isabella están poniendo las bases para un matrimonio sólido la confianza una de ellas, el apoyo mutuo de los dos Vanessa que haga y diga lo que quiera ahora sí que se consuma el matrimonio con un buen delicioso 😋😋😋🤤🤤🤤.
Maria Angela Gini: escritora termine la novela porfavor
total 3 replies
mariela
Isabella hizo muy bien en contarle la verdad a Alexander para que después no haya malos entendidos entre ellos le dolio el engaño de ese infiel que se aprovecho de ella y la dejo en medio de la nada y el feliz lo bueno que no permitió que Alexander lo ayude que se joda el solo.
mariela
Ojalá y le cuente a Alexander lo que fue hacer con su hermana de su sospecha de que Alan había mandado las flores y fue su asistente para decirle que era inocente pero culpable de la infidelidad de que ya tenía 8 meses con la otra.
mariela
Vanessa será una piedra en el zapato de Alexander porque ella no se va a dar por vencida y ahora le toca darle un puesto en su campaña y va está pegada como garrapata por lo que se ve no acepta que el terminará con ella.
Entre los ramos de flores llegó uno de Alan Reed que quiere ahora con esas palabras no le creas.
Noiraly Tovar
Noooooooooooo jajajajajaja 🤭🤭🤭🤭 siempre quiero leer más 🤭🤭🤭🤭🤭🤭
GALATEA CORAZÓN ❤️🫰🇨🇴❤️🫰
Que encrucijada. 🤔🇨🇴🇨🇴🇨🇴
GALATEA CORAZÓN ❤️🫰🇨🇴❤️🫰
Así está bien, sin secretos, para no arriesgar nada. 👏🇨🇴
GALATEA CORAZÓN ❤️🫰🇨🇴❤️🫰
Mal hecho de Isabella, se enojó con Alexander porque le ocultó lo de Alan y ahora ella le está ocultando algo peor. Ojalá y no sea una trampa de la venenosa, aparecida. 🧐🤔🇨🇴🇨🇴
GALATEA CORAZÓN ❤️🫰🇨🇴❤️🫰
En este punto, recordé una historia que leí hace bastante tiempo, dónde la susodicha resultó venenosa, obsesiva, loca, con montajes logró separar a los protagonistas por un tiempo. Sé que aquí no pasará 🙏🤔🤔🤔🤔🤭🇨🇴🇨🇴🇨🇴🇨🇴
mariela: Será la misma que yo leí que se obsesiono puede ser 🤔🤔🤔❓❓❓
total 1 replies
Claudia Yanover
que tengas un lindo fin de semana y si sos Argentina FELIZ DÍA DE LA MADRE 🥰🥰
Noiraly Tovar
Que intriga.....que está pasando.....y esa perra no debió permitir que la tuviera cerca 🤬🤬🤬🤬
mariela
Nunca falta una mosca en la sopa llegó Vanessa con esa confianza de llamar "Alex" delante de Isabella y viene a ocasionar problemas entre ellos veremos que pasará en la campaña 🤔🤔🤔❓❓❓
mariela
Isabella con el roce cotidiano con Alexander ya lo está viendo desde otra perspectiva como su esposo.
yaneth maria moreno hermoso
Hola. Queremos más capitulo por favor
Francisca Leguizamon
La novela esta muy buena se la recomiendo a pesar de que leí creo que menos de la mitad esta para deleitarse
Francisca Leguizamon
La novela esta muy buena se la recomiendo a pesar de que leí creo que menos de la mitad esta para deleitarse
GALATEA CORAZÓN ❤️🫰🇨🇴❤️🫰
Bueno, buenísimo. 👏👏🤗🇨🇴🇨🇴
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Entonces quién le mandó los papeles del divorcio Sería que Alexander hizo algo? No creo.......mejor dicho, no quiero creerlo. 🤔🇨🇴🇨🇴🇨🇴
GALATEA CORAZÓN ❤️🫰🇨🇴❤️🫰
Y no habló de la mujer que estaba con él en la oficina, la amante, porque para estar tan tranquilos , durmiendo, tendría que ser alguien por quien tenía sentimientos, diría yo. 🤨🤔🧐🇨🇴🇨🇴🇨🇴
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