El Destino de la Sangre Mestiza
En un mundo fracturado por una guerra milenaria entre criaturas de la noche, Selene es lo que todos temen y nadie debería existir: una híbrida. Heredera del fuego carmesí y la fuerza indomable de los lobos Alfa, vive escondiendo la mitad de su naturaleza en las sombras. Pero cuando una antigua profecía se desata y el Primer Híbrido despierta para devorar el continente, la única forma de salvar su hogar es pactar con el enemigo.
Valerius es el despiadado y letal príncipe de la Casa de las Sombras. Un vampiro noble que se mueve en la oscuridad con una fría elegancia, educado para odiar a la especie de Selene. Sin embargo, cuando la magia ancestral amenaza con destruirlo todo, se ve obligado a luchar codo a codo con la única mujer capaz de acelerar su frío corazón.
Entre batallas sangrientas contra dioses olvidados, traiciones de la Inquisición humana y secretos ocultos bajo el mar, una atracción peligrosa e inevitable florece entre la fiera y el vampiro.
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Filos de hielo y fuego.
Capítulo 6: Filos de Hielo y Fuego.
El caos estalló en la taberna. Los guerreros lobo sacaron sus hachas, abalanzándose contra los asesinos de Valerius. El sonido de acero contra acero y los rugidos viscerales llenaron el aire cargado de humo y polvo.
Selene no esperó a que el enemigo diera el primer paso. Se impulsó con la velocidad de un lobo salvaje, esquivando a dos clientes aterrorizados, y lanzó un puñetazo envuelto en fuego carmesí directo al rostro de Valerius.
El príncipe reaccionó con la elegancia de una sombra. Bloqueó el golpe con la hoja plana de su espada negra, pero la fuerza bruta del impacto lo hizo retroceder tres metros, dejando marcas profundas en el suelo de piedra.
—Vaya... —murmuró Valerius, sacudiéndose el hielo de la manga que se había derretido por el calor de las llamas de Selene—. Veo que tu fuerza sobrehumana no es un mito.
—¡Hablas demasiado! —rugió Selene.
Dio una pirueta en el aire y descargó un latigazo de sangre ardiente que cortó el aire con un silbido agudo. Valerius desplegó una barrera de escarcha nocturna para detenerlo. La colisión entre el fuego sagrado y el hielo ancestral provocó una explosión de vapor hirviente que cegó a los presentes.
A través de la humareda, Valerius reapareció a solo centímetros de ella. Selene sintió el frío de la espada negra rozándole el cuello, pero antes de que él pudiera moverla, ella lo agarró de las muñecas con una garra lobuna reforzada, inmovilizándolo.
Quedaron frente a frente, respirando agitados. A tan corta distancia, los ojos grises del príncipe no reflejaban odio, sino una fascinación magnética que le erizó la piel a Selene.
—Si el Rey te atrapa, te usará como un arma viva para exterminar a los de tu clase —susurró Valerius, hablando tan bajo que solo ella podía escucharlo entre el ruido de la pelea—. Tu padre cree que te está protegiendo, pero te está ocultando de tu verdadero destino.
—¿Y tú qué sabes de mi destino? —escupió Selene, apretando el agarre hasta hacer crujir las protecciones de la armadura del vampiro.
—Sé que no perteneces a las sombras de este bosque... ni a las jaulas de estos lobos —respondió él, acercando su rostro peligrosamente al de ella—. Ven conmigo. Te mostraré cómo dominar la mitad de tu poder que tu padre no comprende.
Antes de que Selene pudiera procesar sus palabras, un rugido ensordecedor sacudió los cimientos del edificio. Lycan irrumpió desde el pasillo trasero en su forma monstruosa, derribando la pared de madera con una furia destructiva.
—¡Aléjate de mi hija, vampiro! —bramó el alfa, lanzando un zarpazo brutal contra el intruso.
Valerius se vio obligado a soltarse de Selene y dar un salto hacia atrás, atravesando la puerta destrozada para salir a la calle empedrada de la ciudad.
Las alarmas de la fortaleza comenzaron a sonar por todas partes. Antorchas y pasos pesados de cientos de guardias lobos se acercaban a la taberna. Valerius miró a Selene por última vez desde la penumbra de la noche, esbozando esa media sonrisa que empezaba a volverla loca.
—Esto apenas comienza, pequeña fiera —dijo el príncipe, antes de disolverse entre las sombras nocturnas justo cuando la guardia de la ciudad rodeaba el lugar.
Selene se quedó de pie en medio del estropicio, con los puños aún humeantes. Sabía que debía odiarlo por ser el enemigo... pero la chispa que Valerius había encendido en su interior ya no se podía apagar.