Él tenía el poder. Ella solo quería hacer bien su trabajo.
Maximiliano Blackwood, el poderoso CEO de una de las empresas más importantes de Medellín, jamás imaginó que su nueva asistente personal se convertiría en la única mujer capaz de desestabilizarlo.
Valentina no llegó a su vida buscando amor, mucho menos a su jefe. Pero entre miradas, deseo, celos y una química imposible de ignorar, las reglas comienzan a romperse.
Porque cuando un hombre acostumbrado a tenerlo todo descubre que puede perder el control por una mujer…
ella deja de ser su asistente para convertirse en su mayor debilidad.
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CAPÍTULO 22: ENTRE EL AMOR Y EL PODER
El teléfono de Maximiliano comenzó a sonar a primera hora de la mañana.
Miró la pantalla.
Era uno de los principales accionistas de Grupo Blackwood.
—Buenos días.
—Necesitamos hablar —dijo la voz al otro lado.
Maximiliano supo inmediatamente que aquella llamada no sería agradable.
—¿Sobre qué?
—Sobre lo que está ocurriendo en la empresa.
Maximiliano se quedó en silencio.
—¿La relación con Valentina?
—Exactamente.
Su expresión se endureció.
—La situación laboral ya fue reorganizada.
—No es suficiente.
—¿Por qué?
—Porque la imagen de la compañía también está en juego.
Maximiliano se levantó de su escritorio.
—Mi vida personal no afecta mi capacidad para dirigir esta empresa.
—Quizá no. Pero los inversionistas están preocupados.
—Entonces hablaré con ellos.
—No será tan sencillo.
La llamada terminó pocos minutos después.
Maximiliano permaneció de pie frente al ventanal.
Por primera vez desde que había decidido hacer pública su relación, comprendió que su decisión tendría consecuencias.
No se arrepentía.
Pero tendría que defenderla.
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Valentina llegó unos minutos después.
—Buenos días.
Maximiliano se giró.
—Buenos días.
Ella lo observó atentamente.
—Algo pasó.
—Sí.
Valentina se acercó.
—¿Qué?
Maximiliano dudó.
No quería preocuparla.
Pero tampoco quería ocultarle nada.
—Algunos accionistas están cuestionando nuestra relación.
Valentina se quedó quieta.
—¿Por qué?
—Creen que puede afectar la imagen de la empresa.
Ella bajó la mirada.
—Tal vez debería alejarme.
Maximiliano inmediatamente negó.
—No.
—Pero si esto te está causando problemas…
—Tú no eres el problema.
—Maximiliano…
—No vuelvas a decir que tienes que alejarte para resolver algo que no provocaste.
Valentina lo miró.
—No quiero ser la razón por la que pierdas algo tan importante.
Él se acercó.
—Escúchame.
Tomó sus manos.
—Mi empresa es importante para mí.
Hizo una pausa.
—Pero tú también lo eres.
Valentina sintió un nudo en la garganta.
—No quiero que tengas que elegir.
—No voy a elegir entre mi empresa y tú.
—Entonces, ¿qué vas a hacer?
Maximiliano sonrió ligeramente.
—Voy a demostrar que puedo tener ambas cosas sin sacrificar ninguna.
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Horas después, se celebró una reunión extraordinaria con algunos miembros de la junta.
Valentina no participó.
No quería que su presencia influyera en las decisiones.
Maximiliano entró solo.
Uno de los accionistas fue directo.
—Creemos que debería terminar la relación.
Maximiliano lo miró con frialdad.
—Eso no está dentro de sus facultades.
—Estamos pensando en el futuro de la compañía.
—Yo también.
—Entonces debería entender nuestra preocupación.
Maximiliano dejó una carpeta sobre la mesa.
—Precisamente por eso preparé esto.
Abrió el documento.
—Desde que Valentina ingresó a Grupo Blackwood, su desempeño ha superado las expectativas.
Comenzó a presentar cifras.
Resultados.
Proyectos.
Mejoras.
Todo estaba documentado.
—Su ascenso no se debe a nuestra relación —continuó—. Se debe a sus resultados.
Otro miembro de la junta revisó los documentos.
—Los números son claros.
—Y si necesitan una garantía adicional —agregó Maximiliano—, estoy dispuesto a establecer una política interna que impida que cualquier decisión sobre su carrera sea tomada directamente por mí.
Hubo silencio.
—Eso reduciría el conflicto de interés —admitió uno de ellos.
Maximiliano asintió.
—Exactamente.
Finalmente, el presidente de la junta habló.
—No estamos aquí para decidir con quién debe salir el CEO.
Maximiliano levantó ligeramente la mirada.
—Entonces estamos de acuerdo.
—Pero queremos transparencia.
—La tendrán.
La reunión terminó después de casi dos horas.
Cuando Maximiliano salió, Santiago lo esperaba en el pasillo.
—¿Y?
—No me despidieron.
Santiago sonrió.
—Eso es una buena señal.
—También aprobaron la nueva estructura laboral.
—Entonces salió bien.
Maximiliano soltó el aire.
—Sí.
Pero antes de continuar, su teléfono vibró.
Era Valentina.
Valentina: ¿Cómo salió?
Maximiliano sonrió.
Maximiliano: Mejor de lo que esperaba.
Valentina: ¿Estás bien?
Maximiliano: Ahora sí.
Ella respondió:
Valentina: Entonces te espero.
Él frunció el ceño.
Maximiliano: ¿Dónde?
La respuesta llegó segundos después.
Valentina: En tu oficina.
Maximiliano sonrió.
—Esta mujer…
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Cuando entró a su oficina, encontró a Valentina sentada en el sofá.
Se levantó inmediatamente.
—¿Todo bien?
—Sí.
—¿Seguro?
—Seguro.
Ella se acercó.
—Entonces ven.
Lo abrazó.
Maximiliano cerró los ojos.
Durante unos segundos, simplemente disfrutó del momento.
—Estoy orgullosa de ti —susurró ella.
Él abrió los ojos.
—¿De mí?
—Sí.
—¿Por qué?
—Porque no huiste.
Maximiliano sonrió.
—No podía.
—¿Por qué?
La miró directamente.
—Porque cuando encuentro algo que quiero, no acostumbro rendirme.
Valentina sonrió.
—¿Y qué quieres?
Él acarició su mejilla.
—A ti.
Ella se puso de puntillas y lo besó.
Esta vez fue ella quien tomó la iniciativa.
Maximiliano la sostuvo suavemente por la cintura.
Cuando se separaron, ambos sonrieron.
—Tengo una propuesta —dijo él.
—¿Qué propuesta?
—Escaparnos este fin de semana.
Valentina levantó una ceja.
—¿Escaparnos?
—Sí.
—¿A dónde?
—Cartagena.
Los ojos de Valentina se iluminaron.
—¿En serio?
—Me dijiste que querías conocer el mar.
—Sí.
—Entonces vamos.
Ella sonrió.
—¿Solo nosotros?
—Solo nosotros.
Valentina lo abrazó.
—Acepto.
Maximiliano sonrió contra su cabello.
—Perfecto.
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Dos días después, Valentina estaba frente a su maleta.
Solo había planeado estar fuera un fin de semana.
Pero sentía que aquel viaje significaba mucho más.
Era la primera vez que viajarían juntos sin reuniones.
Sin contratos.
Sin juntas.
Sin la presión de Grupo Blackwood.
Solo Maximiliano y ella.
Mientras cerraba la maleta, recibió un mensaje.
Maximiliano: Ya estoy abajo.
Valentina sonrió.
Valentina: Bajo en cinco minutos.
Tomó su bolso y salió.
Cuando llegó al automóvil, Maximiliano bajó para recibirla.
—¿Lista?
—Completamente.
Él tomó su maleta.
—Entonces vámonos.
Valentina subió.
Antes de arrancar, Maximiliano la miró.
—¿Sabes qué espero de este viaje?
—¿Qué?
—Nada.
Ella sonrió.
—¿Nada?
—Solo quiero estar contigo.
Valentina tomó su mano.
—Entonces creo que será perfecto.
El automóvil comenzó a avanzar.
Medellín quedó atrás poco a poco.
Y mientras el paisaje cambiaba frente a ellos, ninguno imaginaba que aquel viaje a Cartagena sería el comienzo de una etapa mucho más íntima de su relación.
Porque lejos de la empresa, lejos de los rumores y lejos de todas las reglas…
Maximiliano y Valentina tendrían que descubrir qué significaba realmente estar juntos.
Y quizá, por primera vez, podrían empezar a vivir su amor sin mirar hacia atrás.