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Poseída Por El Diablo. Imperio De Pasión

Poseída Por El Diablo. Imperio De Pasión

Status: En proceso
Genre:CEO / Posesivo / Mafia
Popularitas:12.4k
Nilai: 5
nombre de autor: Yamila22

Tradición, armas y sangre: la mafia tiene reglas claras, y la primera es que ninguna mujer gobierna. Valeria Rossi vino a destruirlas todas. Acostumbrada a dominar el mundo empresarial, su vida da un vuelco cuando cae en las garras de Dante Volkov, un líder despiadado que no perdona ni comparte lo que es suyo. Entre noches de placer salvaje que le hacen olvidar a su novio y una posesión rabiosa que la quema por dentro, Valeria y Dante transformarán la atracción en una guerra de poder. Porque ella no se rinde ante nadie... y si Dante la quiere a su lado, tendrá que aprender a gobernar con una reina por delante.

NovelToon tiene autorización de Yamila22 para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

CAPÍTULO 20: Fuego en el archivo

El murmullo de la comitiva desvaneciéndose por el pasillo principal indicó el fin de la extensa jornada de trabajo. Tras dar por terminada la reunión de directorio en la torre corporativa, la delegación se había desplazado hacia la zona de administración del puerto para verificar los folios físicos de las concesiones. Mientras Alexis acompañaba a Don Héctor hacia el estacionamiento ejecutivo para coordinar la salida de los vehículos, Valeria decidió desviarse un momento hacia la zona de archivos históricos del área administrativa. Necesitaba recuperar un expediente de permisos de atraque y, sobre todo, respirar aire fresco lejos de las miradas pesadas de su familia.

El pasillo de los archivos era un corredor angosto, flanqueado por estantes metálicos repletos de carpetas, carpetas de cuero y planos desplegados. La iluminación era tenue, proveniente de unos tubos fluorescentes colocados a gran altura que arrojaban sombras largas sobre el suelo de cemento alisado. El silencio ahí dentro era absoluto, interrumpido únicamente por el leve zumbido del sistema de ventilación.

Valeria caminó hasta el fondo del recinto, se detuvo ante un escritorio de madera maciza donde descansaban varios tomos y comenzó a hojear los documentos. Todavía sentía el pecho agitado por la batalla de miradas que había sostenido en la sala de juntas.

El eco de unos pasos pesados y decididos resonó en la entrada del pasillo.

Valeria no necesitó darse vueltas para saber de quién se trataba. La sola presencia que alteraba el aire del lugar, cargándolo de un aroma denso a tabaco fino, cuero y perfume amaderado, delató al recién llegado.

Dante Volkov avanzó entre los anaqueles con la calma parsimoniosa de un depredador que sabe que su presa no tiene escapatoria. Cerró la puerta pesada de madera a sus espaldas con un chasquido seco y le pasó el cerrojo de un solo movimiento.

—Es una imprudencia andar sola por zonas restringidas, Valeria —dijo él con esa voz grave, rasposa, que retumbaba en las paredes del archivo.

Valeria mantuvo la espalda recta, colocó una mano sobre el escritorio y se giró despacio, apoyando la cadera contra el borde de la madera. Llevaba la chaqueta roja desabotonada, revelando la línea de su cuello y el vaivén agitado de su respiración.

—Este puerto pertenece a mi familia desde antes de que tu gente pisara esta ciudad, Volkov —respondió ella con frialdad calculada, sosteniéndole la mirada sin dar un solo paso atrás—. Sé perfectamente dónde camino.

Dante acortó la distancia en tres zancadas imponentes. Se detuvo a escasos centímetros de ella, obligándola a levantar levemente el rostro para mirarlo. Su figura masiva tapó la poca luz de la habitación, acorralándola por completo contra el escritorio.

El ruso bajó la vista hacia las manos de Valeria. Su mirada se posó en el anular izquierdo, liso, desnudo, sin el destello del diamante que durante tres años había marcado su pertenencia a otro hombre.

Una sonrisa lenta, cargada de una satisfacción oscura y posesiva, se dibujó en los labios de Dante. Levantó una mano y, con la yema del pulgar, le acarició lentamente el nudillo donde solía descansar el anillo.

—Me encanta ver tu dedo vacío —murmuró Dante, aproximándose a su oreja para que su aliento cálido le rozara la piel del cuello—. Queda mucho mejor así. Limpio.

Valeria sintió un chispazo de electricidad recorriéndole la columna vertebral, pero apretó los dientes para no mostrar debilidad.

—No te confundas, Dante —dijo ella en un susurro firme—. Si me quité esa marca no fue para ponerme la tuya.

—No me mientas, Val —siseó él, tomándola con firmeza por la cintura para pegar su cuerpo al de él. La presión de su agarre era aplastante, demostrándole la diferencia abismal de fuerza entre ambos—. Te liberaste por mí. Lo hiciste porque sabés que desde la noche que te probé, ningún otro tipo te puede tocar sin que te acuerdes de mí. Te quemás por dentro cada vez que me tenés cerca.

La calentura contenida durante días amenazaba con hacer estallar la cordura en esa habitación aislada. Pero en lugar de asustarse o intentar zafarse, Valeria decidió ir a fondo con el juego que había planeado.

Echó la cabeza hacia atrás, pegando su espalda al escritorio, y le dedicó una sonrisa provocativa, rozando con la punta de sus dedos la solapa del traje del ruso. Subió las manos despacio hasta su nuca, enredando los dedos en su cabello corto, y se aproximó a sus labios hasta que apenas un hilo de aire los separó.

—¿Sos tan vanidoso como para creer que todo gira alrededor tuyo, Volkov? —le provocó Valeria con voz profunda, mirándole fijamente la boca—. Si querés pensar que sos el centro de mi mundo, pensá lo que quieras. Pero te aviso una cosa: si pensás que me vas a tener arrodillada pidiendo por favor cada vez que se te antoje, estás muy equivocado.

Dante no aguardó un segundo más. La respuesta de Valeria terminó de encender la mecha de su autocontrol.

La tomó por la nuca con brutal ternura y le estampó los labios en un beso salvaje, hambriento, descontrolado. Valeria respondió al ataque con la misma intensidad, entreabriendo la boca para dejar pasar su lengua, ahogando un gemido en su garganta mientras sentía cómo las manos de Dante bajaban con violencia por su espalda, apretándole los muslos y levantándola unos centímetros para sentarla sobre la madera del escritorio.

El choque de los cuerpos hacía crujir los papeles sobre la mesa. Dante se metió entre sus piernas, pegando su cadera a la de ella en un roce ardiente que delataba la erección dura y agresiva que le tensionaba el pantalón. Las manos del ruso se colaron por debajo de la chaqueta roja, buscando la piel de su cintura, apretándola con una posesión enfermiza que le dejaba marcas invisibles.

—Sos mía, Valeria... —le gruñó Dante entre beso y beso, mordiéndole el labio inferior hasta sacarle un suspiro ahogado—. Vas a ser mía hasta que yo me canse.

El aire dentro del archivo se volvió irrespirable. La temperatura subía a cada segundo, y la tentación de entregarse ahí mismo, sobre el escritorio de madera, envueltos en la penumbra y el riesgo de ser descubiertos, estuvo a punto de derribar las últimas defensas de Valeria. La calentura le nublaba el juicio, haciéndole jadear contra la boca del ruso mientras sentía el calor de sus manos subiendo por sus muslos.

Pero justo cuando Dante deslizaba la mano hacia el cierre de su falda para rematar la faena, las palabras de sus amigos resonaron en su mente: Mantenelo en el borde. Que entienda que para tenerte va a tener que sudar sangre.

Valeria reunió cada gramo de fuerza de voluntad que le quedaba en el cuerpo. Colocó ambas palmas contra el pecho de Dante y, con un movimiento firme y decidido, lo empujó hacia atrás.

Dante se tambaleó un paso, con la respiración entrecortada, los ojos oscurecidos por el deseo reprimido y los labios manchados con el carmín de ella.

—¿Qué hacés? —siseó el ruso con voz ronca, amenazante.

Valeria se deslizó hacia abajo del escritorio, acomodándose la falda con parsimonia absoluta. Se limpió el labio con el dorso de la mano, le sostuvo la mirada con una frialdad desarmante y esbozó una sonrisa triunfal al ver el estado de colapso sensual en el que lo había dejado.

—Hasta acá llegamos por hoy, Volkov —dijo Valeria, ajustándose la chaqueta roja y abotonándola con dedos seguros—. Te dije que esto es un juego de dos. Vos no marcas el ritmo. Lo marco yo.

Dante dio un paso al frente, con los puños apretados al costado del cuerpo, apretando la mandíbula con tanta fuerza que los músculos del cuello se le marcaron como cuerdas.

—No tenses demasiado la cuerda, Valeria —le advirtió él en un susurro peligroso—. Podés terminar quemada.

—A mí el fuego no me asusta —retrucó Valeria, caminando hacia la salida con paso firme y sensual—. Nos vemos en la próxima reunión, socio.

Destrabó el cerrojo de la puerta, abrió de par en par y salió al pasillo sin mirar atrás, dejando a Dante a solas en la penumbra del archivo, apretando los dientes, consumido por una rabia y un deseo que amenazaban con volverlo absolutamente loco.

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Mine Romero
Excelente novela, muchas gracias por actualizar 🙂🙂
Dulce maria Canelon
pobre Dante te compadezco cariño😘😘😘
Maria Mongelos
Par de idiotas, no saben con quien se mete
Isabel Fernández
Me gusta Dante 🤣🤣
Milagros Medina
Dios mío me tenéis sufriendo esa novedad buenísima más capítulo
Maria Mongelos
Gianni, ese hombre ya tiene dueña, él la eligió, llegaste tarde
Maria Mongelos
Está muy buena esta historia
Maria Mongelos
Interesante comienzo 💕
Yura Ran
😁😁😁😁😁😁😁🤪🤪🤪 dale pues lo suyo
Milagros Medina
me encanta cada capítulo mas xfa
Milagros Medina
Buenos días más capítulo está buenísima la novela
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