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La gordita y el mafioso

La gordita y el mafioso

Status: Terminada
Genre:Mafia / Autosuperación / Matrimonio arreglado / Romance oscuro
Popularitas:141
Nilai: 5
nombre de autor: Lenardt

A los diecinueve años, Joana solo conoce el hambre, los golpes y el desprecio: en su propia casa la tratan como a una sirvienta, la llaman "gorda" y le hacen creer que no vale nada. Cada noche traba la puerta de su cuarto con una silla y sueña con desaparecer.

Lo que no sabe es que, todas las mañanas, el hombre más peligroso de la ciudad la observa desde la mesa de la cafetería donde trabaja.

Sócrates Grizantemo es el Don de la mafia: frío, implacable, capaz de la peor crueldad con sus enemigos… y tiene los días contados para casarse o perder su imperio. Cuando decide comprar la mano de Joana para saldar la deuda de su padre, cree que solo cierra un trato conveniente. Ninguno de los dos imagina que ese matrimonio arreglado despertará en él una ternura que jamás mostró a nadie, y en ella, una mujer fuerte, deseada y libre que no sabía que llevaba dentro.

Pero el pasado de Joana esconde secretos que exigen sangre, y la nueva familia que empieza a amarla guarda los suyos: traiciones que llegan hasta lo más alto, un amor prohibido entre quienes se criaron como hermanos y una conspiración capaz de destruirlos a todos.

En un mundo donde el amor se paga con lujo y las deudas con la vida, Joana tendrá que decidir hasta dónde está dispuesta a llegar por los suyos.

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Capítulo 22

Después de aquel momento con Renzo nos bañamos juntos y, ya con la cama limpia, dormimos juntos, y no podía estar más en el cielo. Sabía que estaba mal, sabía que no podía hacerlo y que las consecuencias serían terribles, tal vez hasta devastadoras, pero no logré evitarlo. Al final, aun con toda la presión que ejerció mi padre, fui yo quien decidió qué hacer con mi cuerpo, y eso para mí es motivo de orgullo, del valor que tuve.

Le estoy muy agradecida a Sócrates; mi hermano siempre cuidó de mí y siempre dejó muchas cosas en mis manos. Le agradezco que crea en mí y que no actúe con todo el machismo con el que nos criaron. Aun en medio de todas las barbaridades que presenciamos a cada momento, mi hermano siempre fue distinto.

Pero confieso que, con todo el amor y la admiración que le tengo, nada me preparó para despertar con él en la puerta. El susto fue tremendo. Renzo fue a la puerta para tratar de sortear la situación y despachar a mi hermano sin que descubriera lo que su hermana acababa de hacer. Y por primera vez desde que lo hice sentí miedo, no arrepentimiento, sino miedo, miedo de lo que ya sabía que iba a pasar, pero que no podría evitar. Y por encima de eso, sentí miedo de que mi hermano me mirara a los ojos y me dijera lo decepcionado que estaba de mí, ya que él confió en mí y yo lo arruiné todo.

Sentí ganas de huir, sentí ganas de enfrentarlo todo. Mi cabeza se volvió una locura entera. Nada tenía sentido, pero una cosa estaba clara: este no era el momento para que Sócrates lo descubriera todo.

Cuando oí a Renzo decir que me había mandado a una misión importante, temí que Sócrates estallara, pero no, todo lo contrario, hasta le gustó. De verdad está loco; mi padre jamás permitiría algo así, ni siquiera me mandaría a una misión, mucho menos sola, pero mi hermano confía en mí a ese punto, y eso me entristeció por estar ocultándoselo. Aunque entiendo que él, como Don, tendrá problemas cuando se entere de todo, porque tendrá que tomar medidas contra su propia hermana y su propio hermano.

—¿Estás bien? —preguntó Renzo desde la puerta del cuarto, haciéndome dar un salto. Estaba tan perdida en mis pensamientos que no lo vi acercarse.

—Tal vez sea yo quien debería preguntar eso, estás pálido como el papel. —Soltó una risa débil y se sentó en la cama, mirándome a los ojos.

—Mira, confieso que me tomó por sorpresa Sócrates aquí, justo ahora, y eso me asustó, mucho…

—Y te arrepentiste. Te entiendo, Renzo, tranquilo, no voy a exigirte nada, y cuando lo descubran, quédate tranquilo que las consecuencias serán solo mías; jamás voy a contar que quien estuvo conmigo fuiste tú.

—Oye, no me dejaste terminar, chiquita. Sí, me asusté, pero nada, absolutamente nada, me haría arrepentirme de haber estado contigo. Solo de imaginarte en brazos de aquel viejo maldito tenía pesadillas. Solo que ahora nuestro problema es aún mayor. Porque no voy a poder dejar que nadie, jamás, toque este cuerpo. —Me agarró el trasero y me atrajo hacia el medio de sus piernas—. Eres mía, Bea, y no voy a poder dejarte ir.

—¿Crees que todo esto te pertenece?

—Por supuesto. —Me jaló hacia su regazo y me besó, un beso intenso, un beso que mostraba cuánto ansiábamos este día y que aprovecharíamos cada minuto que estuviéramos juntos.

—Tengo que irme. Gracias a tu mentira, ahora tengo una misión. —dije riendo—. Aunque me encantó la idea, cobrar una deuda tan grande parece toda una responsabilidad.

—Sé que puedes con eso, pero voy contigo, para darte apoyo por si me necesitas.

—No voy a rechazar ayuda, mi amor, pero antes, ¿qué tal si aprovechamos un poquito más? —Su sonrisa pícara me dejó claro que entendió perfectamente mis intenciones.

Renzo me arrojó a la cama y se puso sobre mí, besándome con hambre, pero lo empujé hacia un lado, dejándolo confundido.

—Nada de eso. Creo que mandar va mucho más con mi estilo. —dije subiéndome sobre él y besándolo.

—Creo que creé un monstruo. Y lo peor es que estoy adorando a este monstruito. —Volvió a besarme mientras sus manos iban a parar a mi espalda, subiéndome la blusa.

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