NovelToon NovelToon
LA REINA DEL ASFALTO

LA REINA DEL ASFALTO

Status: Terminada
Genre:Autosuperación / CEO / El Ascenso de la Reina / Romance / Completas
Popularitas:3.7k
Nilai: 5
nombre de autor: Dalianna Elizondo

Cuando era pequeña, soñaba celebrando llena de emoción, con una alegría que no sé cómo explicar; solo recuerdo que mi pecho se llenaba de una sensación abrumadora al levantar en mis manos una gran copa.
Sin embargo, jamás imaginé que, para plasmar esa fantasía, tendría que sacar una fuerza que ni siquiera sabía que tenía: una especie de coraje como el de una leona que protege a su familia con uñas y dientes, o la fortaleza de una madre en pleno alumbramiento.
Pero, en fin, esta es mi historia, que espero les sirva de inspiración para perseguir de manera incansable todos sus sueños, aunque el mundo se oponga y diga que no puedes lograrlo.

NovelToon tiene autorización de Dalianna Elizondo para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 23

ISMARA

Mi sangre entró en ebullición. Sentí una ola de calor pesado que subía hasta mis mejillas, las cuales se inundaron de una rabia contenida que batallaba por no explotar en mi lengua. Era obvio: Ethan estaba usando provocaciones baratas como anzuelos con carnada esperando a que picara, con una precisión quirúrgica. Sin embargo, no alcanzaba a adivinar qué esperaba conseguir al desafiarme de esta manera o, peor aún, al pretender obligarme a seguir compartiendo mi tiempo con él.

Todo esto se sentía como una hipoteca sobre mi dignidad. Cada sonrisa suya de superioridad era un recordatorio implacable de que poseía la evidencia que podía librar a mi amigo de la cárcel; pero la deuda que estaba adquiriendo con esto era equivalente a venderle mi alma al diablo.

Él maniobró el auto con una elegancia que me resultó insultante. El motor rugió suavemente antes de estacionarse cerca del bullicio. Pronto fuimos rodeados por una euforia colectiva que se filtraba a través de la carrocería, pero mantuvo los cristales cerrados, aislándonos del alboroto que se había formado tras su llegada. Yo me quedé rígida en el asiento, manteniendo mi "muralla" intacta, hasta que rompió el silencio:

—Te quedaste muy callada, princesa... Y estás mirando mi cara como si me quisieras golpear. Esos ojos tan hermosos no deberían convertirse en dagas, Ismara.

—¡Es que eres un ser despreciable! —grité, incapaz de contener la molestia.

—No, solo me interesas mucho y quiero conocerte. ¿Acaso no te das cuenta de lo que hago? Solo quiero facilitarle a tu amigo la alternativa para demostrar su inocencia —respondió, adoptando una expresión de complacencia que habría convencido a cualquier incrédulo.

—Esa es la mentira más grande que he escuchado en mi vida, además de absurda.

—¿No dijiste en la universidad que estabas casi segura de ser mejor corredora que yo?

—¡Y lo sigo creyendo!

—Entonces, ¿a qué le tienes tanto miedo, gatita?

—No tengo nada que demostrarte a ti y ya me quiero ir de aquí. Cumplí con lo que prometí, es más que suficiente.

—¡Perdón! ¿No fuiste tú la que dijo que soy un simple corredor con patrocinio porque mi familia me apoya o porque no tenían mejores opciones? Creo que esas fueron exactamente tus palabras, cariño.

Guardé silencio. Recordé como en una película vieja todo lo que le solté el día que nos conocimos. Sentí una pizca de intriga sobre lo que pasaba por su cabeza; al final, este tipo no era más que un niño mimado que siempre había obtenido todo lo que quería sin el menor esfuerzo.

—Ethan, mi intención ese día no era ofenderte...

—A mí no me ofende quien no me supera, princesa, como ya te lo había dicho en aquella ocasión —interrumpió con arrogancia.

—Entonces, ¿por qué no simplemente me das los videos para ayudar a demostrar la inocencia de Michael? ¿Cuál es tu complicación conmigo?

—No es un problema como tal, hermosa. ¿Es que acaso no te das cuenta de que me gustas mucho?

—¿Y esperas que te crea mientras intentas chantajearme como un vil canalla? —inquirí con profunda indignación.

—Ismara, no tengo intenciones de extorsionarte. Qué feo se escucha eso de esa bonita boca. Solo busco una oportunidad para que me conozcas, pero tú me miras como al villano de la película, alejándote como si tuviese lepra —dijo, tamborileando los dedos sobre el volante.

Lo observé detenidamente. Levanté las cejas con indiferencia, pues jamás imaginé encontrar tanta hipocresía junta en una sola persona.

—Ethan, ni soy una gallina cobarde, ni soy una hermana de la caridad que se complace en servir a tus demandas de niñito malcriado solo porque te apetece jugar o dudas de tus destrezas como piloto y crees que eres el mejor. Sin embargo, veo que te agrado tanto como una marioneta a la que intentas manejar a tu antojo —exploté con rabia.

Mis palabras quedaron flotando en el aire acondicionado de la cabina, cargado de un aroma a cuero y perfume caro que me resultaba sofocante. Lo miré fijamente; su arrogancia era asfixiante, pero él se limitó a sonreír con una sobriedad que me ponía los pelos de punta. Sus dedos, largos y cuidados, dejaron de golpear el volante y se giraron hacia mí.

—Jamás dije que fueras un ave emplumada. Me has demostrado que no eres como las demás y eso es precisamente lo que me tiene cautivado de ti.

Su voz bajó una octava, volviéndose más peligrosa. No era el tono de un admirador, sino el de un coleccionista de piezas exóticas que acababa de encontrar algo invaluable.

—La mayoría de las personas en mi mundo solo ven el logotipo del uniforme. Sin embargo, tú viste los fallos en mi técnica antes de conocerme. Eso no es algo que se olvida fácilmente.

—¿Por qué tanto interés en verme correr? ¿Qué ganas con eso?

—Solo saber si como roncas duermes o si solo son puras bravuconadas tuyas, señorita Bodra.

—¿Desde cuándo al gran Ethan Ferrara le interesa lo que una simple mujer diga de él?

—Ummm, ¡buen punto, princesa!... ¿Quieres los videos de tu amigo?

Miré hacia la pista improvisada, donde el humo de los neumáticos nublaba las luces de neón. Odiaba a Ethan y aborrecía su chantaje, pero el rugido de los motores afuera estaba empezando a sincronizarse con los latidos de mi corazón, provocando esa urgente descarga de adrenalina que la ira solía alimentar en mí. Quizás era hora de demostrarle a este patán cómo se doma el asfalto para que me dejara en paz de una vez por todas.

Bajé la ventanilla apenas unos centímetros y mis ojos recorrieron la línea de salida. El sonido de la zona industrial no era solo ruido: era una sinfonía de válvulas de descarga, transmisiones gimoteando bajo el estrés del arranque y el olor embriagador a combustible quemado.

A un lado había un Nissan Silvia S15 con un kit de carrocería ensanchado que rugía con un tono metálico; por el sonido del ralentí, supe de inmediato que tenía levas de alto rendimiento y una gestión electrónica que probablemente no estaba bien mapeada para la humedad de la noche. A su lado gruñía como león furioso un BMW antiguo, despojado de los asientos y faros para reducir peso, esperando su turno. Eran máquinas viscerales, desnudas, lo opuesto a los monoplazas esterilizados y perfectos en los que él solía lucirse en las competencias profesionales.

—Vaya, parece que tu pulso acaba de subir diez decibelios —murmuró Ethan, notando cómo mi mirada se afilaba al analizar la suspensión de un Mitsubishi que acababa de derrapar cerca de nosotros—. ¿Ya estás calculando la transferencia de masas en esa curva, princesa? ¿O estás buscando una excusa técnica para salir huyendo de aquí?

Me giré hacia él, ignorando su sonrisa de suficiencia. Mi mente ya no estaba concentrada en el chantaje, sino en la física de lo que tenía delante.

—Ese Mitsubishi tiene el diferencial trasero bloqueado; va a perder la tracción en la salida si no calienta bien los neumáticos antes —solté sin pensar, dejando que los conocimientos heredados del abuelo salieran a flote—. Tú crees que esto se trata de potencia pura, pero en este asfalto frío y sucio, la electrónica de tu coche de calle te va a traicionar. Los sensores van a cortar la inyección en cuanto detecten el mínimo deslizamiento. Aquí no hay telemetría que te salve, Ferrara: solo instinto y control mecánico.

Ethan ensanchó su sonrisa, pero esta vez vi un brillo de respeto genuino —o quizás de una ambición más oscura— en sus ojos.

—Entonces, hagamos el trato oficial —dijo, inclinándose hacia el tablero. Presionó una clave y la guantera se abrió con un clic, revelando una pequeña memoria USB—. Aquí están los videos de la entrada y salida de mi propiedad. Michael nunca salió del coche; su inocencia está literalmente en mis dedos.

Jugó con el dispositivo ante mis ojos. El corazón me dio un vuelco: ahí estaba la libertad de mi amigo, a pocos centímetros de mi mano.

—Correré, pero primero tengo que revisar el motor de tu auto —expresé con tono firme—. Si gano, me das la unidad con los videos y desapareces de mi teléfono para siempre. Nada de "nosotros", nada de citas inofensivas. Negocio cerrado.

—No. No estoy de acuerdo —respondió secamente—. Te dije que quiero conocerte y la única opción que me dejaste fue persuadirte con lo que vi que realmente llama tu atención, que es salvar a Lumis.

Tras decir esas palabras, Ethan guardó la memoria en su bolsillo, colocó la mano en la palanca de cambios y aceleró a fondo, sacándonos de allí a toda velocidad como alma que lleva el diablo.

1
Olga Silva
muy bella felicidades autora 👏
DAKI: Muchas gracias
total 1 replies
Tere Jimenez
gracias empieza muy interesante
NovelToon
Step Into A Different WORLD!
Download MangaToon APP on App Store and Google Play