Cassidy Evans sabe arreglar casi cualquier cosa, excepto su propia vida. Entre un taller que apenas se sostiene, un padre que consume todo lo que toca y un futuro que parece decidido por otros, ha aprendido a confiar solo en sus manos, su ingenio y su hermano.
Adamo Greco nació para un mundo completamente distinto. Heredero de una familia mafiosa, peligroso, arrogante y demasiado acostumbrado a conseguir lo que quiere, llega a Idaho buscando algo que ni siquiera sabe nombrar.
Una Ducati averiada los pone frente a frente. Lo que comienza con provocaciones, discusiones y una atracción imposible de ignorar pronto se convierte en una obsesión capaz de arrastrarlos a ambos.
Cassidy no sabe quién es realmente Adamo.
Adamo sí sabe que debería mantenerse lejos de ella.
Pero hay adicciones que empiezan con una sola mirada… y terminan costándolo todo.
NovelToon tiene autorización de Yesenia Stefany Bello González para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
Actuación improvisada
Adamo
¿Qué?
Travis frunce el ceño.
Yo probablemente también.
—¿Tu qué?
Cassidy camina hacia mí.
—Mi novio.
Sus ojos me dicen algo.
No sé exactamente qué, pero suena peligrosamente parecido a sígueme.
Eso sí lo entiendo.
Travis me observa.
—Tu papá dijo que estabas soltera.
—Mi papá no sabe todo lo que hago.
Cassidy se detiene frente a mí.
Tiene que levantar bastante la cabeza.
Yo miro hacia abajo.
De cerca sus ojos son todavía más claros.
Hay pequeñas motas doradas alrededor de la pupila.
—¿Verdad, cariño?
Esto es maravilloso.
Paso una mano lentamente alrededor de su cintura.
Su cuerpo se pone rígido.
—Por supuesto, cariño.
Sus ojos se estrechan.
Quizá exageré el cariño.
Travis mira mi mano.
—¿Desde cuándo?
Cassidy responde demasiado rápido.
—Dos meses.
Yo respondo al mismo tiempo: —Tres.
Mierda.
Ella me mira.
Yo la miro.
—Casi tres —corrijo—. A ella le gusta fingir que el primer mes no cuenta, porque todavía no admitía que estaba enamorada de mí.
La furia que aparece en sus ojos es espectacular.
—Soy tímida —dice entre dientes.
Tengo que morderme el interior de la mejilla.
—Muchísimo.
Travis no parece convencido.
—Nunca te he visto.
—Vive fuera —dice Cassidy.
Yo asiento.
—Muy fuera.
—¿Dónde?
—Europa.
Cassidy gira apenas la cabeza.
Probablemente no esperaba que dijera esa parte.
Travis vuelve a mirarla.
—Tu papá tampoco mencionó esto.
—Como ya establecimos, mi padre no participa en mis decisiones románticas.
Travis debería irse, pero no lo hace.
—No parece tu tipo.
Ahora sí me molesta.
Cassidy suelta una risa seca.
—¿Y cuál es mi tipo?
—No sé. No eso.
Eso.
Interesante.
Noto cómo se tensa debajo de mi mano.
No necesito intervenir.
Podría.
Quiero.
Pero hay algo en Cassidy que me dice que probablemente me arrancaría un dedo si intentara salvarla de una conversación que ella puede manejar perfectamente.
Así que espero.
—Qué suerte —dice— que no necesito que te guste mi novio.
Travis me mira.
Yo sonrío.
No de forma amable.
Él lo nota.
Bien.
—Cass...
—Travis.
—Solo estoy diciendo…
—Y yo estoy diciendo que no. ¿Cuántas formas diferentes necesitas escuchar esa palabra?
Eso finalmente consigue algo.
Su mandíbula se aprieta.
—Tu papá tenía razón. Siempre haces todo más difícil de lo necesario.
La mano de Cassidy sobre mi pecho se cierra.
Mierda.
Eso la golpeó.
No entiendo exactamente por qué, pero lo hizo.
Travis se gira hacia la salida.
Y debería dejarlo ir.
Cassidy también.
Solo que antes de cruzar la puerta se gira otra vez.
—Cuando esto se acabe, llámame.
La siento inhalar.
Y entonces hace algo que definitivamente no esperaba.
Me toma la camiseta, se pone de puntillas y me besa.
No es un pequeño beso teatral.
Al menos no después del primer segundo.
Al principio sus labios apenas tocan los míos.
Sorpresa.
Esa es mi primera reacción.
La segunda es bastante menos noble.
Mi mano sube desde su cintura hasta su espalda.
Cassidy hace un pequeño sonido contra mi boca.
Error.
Grave error.
Porque yo estaba perfectamente dispuesto a colaborar.
Eso ya es otra cosa.
Inclino la cabeza y la beso de verdad.
Su boca se abre apenas y aprovecho.
Solo un segundo.
Quizá dos.
Lo suficiente para sentir cómo sus dedos se aferran más fuerte a mi camiseta.
Lo suficiente para olvidar completamente que hay otro hombre en el taller.
Lo suficiente para entender que Cassidy Evans sabe a café.
Y que besarla provoca algo inesperadamente parecido al instante exacto antes de un salto.
Ese segundo.
El cuerpo alerta.
El pulso arriba.
Todo lo demás desaparece.
Interesante.
Muy interesante.
Ella se separa primero.
Sus pupilas están enormes.
Yo probablemente no me veo mejor.
Por un momento ninguno habla.
Después Cassidy gira hacia Travis.
—¿Quedó claro?
Travis tiene la cara dura.
—Perfectamente.
Sale y ambos escuchamos la puerta de la camioneta.
Luego el motor y las ruedas sobre la grava.
Esperamos.
Yo sigo teniendo una mano en la cintura de Cassidy.
Ella mira hacia abajo.
Mira mi mano.
Después me mira a mí.
Retiro la mano.
—Buen trabajo en equipo —digo.
Cassidy me golpea en el abdomen.
No fuerte. Pero tampoco suave.
—¡Eso no era parte del trato!
Me río y doy medio paso atrás.
—¿Qué?
—¡El beso!
—Tú me besaste.
—¡Yo te di un beso!
—Sí.
—¡Tú metiste...!
Se detiene.
Mi sonrisa crece.
—¿Metí qué?
—No lo digas.
—No iba a decir nada.
—Estás pensando algo.
—Muchas cosas.
Me vuelve a golpear.
Esta vez alcanzo a sujetarle la muñeca.
—Violenta.
—Te lo ganaste.
—No me culpes por ser tan buen actor.
—Actor mi…
La puerta del taller se abre detrás de nosotros.
Cassidy se queda inmóvil.
Yo sigo sosteniéndole la muñeca.
Ella está prácticamente pegada a mí cuando un hombre entra cargando una caja de repuestos.
Nos mira.
Mira mi mano.
Mira a Cassidy.
Después vuelve a mirarme.
Cassidy cierra los ojos.
—Hola, Luke.
El recién llegado deja lentamente la caja sobre el mostrador.
—Cass. —Sus ojos se clavan en mí—. ¿Quién mierda es este?
Sonrío.
Esto acaba de ponerse mucho más interesante.
😑😑😑😑
y ahora sin carga de un padre que les quita el dinero de una madre que ni los protege