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La Vida De Un Escritor Otaku

La Vida De Un Escritor Otaku

Status: En proceso
Genre:Romance
Popularitas:311
Nilai: 5
nombre de autor: Nickto

La vida de un escritor otaku

Saito Takahara tiene 28 años y lleva una vida tranquila y solitaria en Tokio.

Es un escritor de novelas ligeras que ha conseguido ganarse la vida con sus historias, pero fuera de su trabajo pasa la mayor parte del tiempo encerrado en su casa, escribiendo, jugando videojuegos y disfrutando de su mundo otaku.

Todo cambia una noche en Akihabara.

Al salir de una tienda, Saito encuentra a dos jóvenes sentadas en la calle, agotadas y sin un lugar donde pasar la noche. Son Izumi, de 21 años, y Akane, de 18.

Sin saber qué les ha ocurrido y sin esperar nada a cambio, Saito decide ayudarlas y les ofrece quedarse en su casa.

Lo que comienza como una simple ayuda termina convirtiéndose en algo mucho más grande.

La casa que durante años había estado en silencio comienza a llenarse de conversaciones, risas, videojuegos y momentos que Saito jamás imaginó vivir. Mientras Akane empieza a sentirse cada vez más cómoda a su lado, Izumi mantiene cierta distancia.

NovelToon tiene autorización de Nickto para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Pasando el día los dos solos

Cuando regresé a casa después de acompañar a Izumi en su primer día de trabajo, encontré a Akane en la sala.

Estaba sentada frente al televisor, pero apenas prestaba atención a lo que estaba viendo.

—Ya volví.

—Bien.

Su respuesta fue bastante seca.

Me quedé mirándola durante unos segundos.

Definitivamente seguía molesta.

—Akane…

—¿Sí?

—¿Sigues enfadada conmigo?

—No.

Respondió demasiado rápido.

—No estoy enfadada.

—Eso no parece.

—Estoy bien.

Suspiré.

Era evidente que algo le pasaba.

No sabía exactamente cómo arreglarlo, así que decidí intentarlo de otra manera.

—¿Quieres salir a desayunar conmigo?

Akane finalmente apartó la mirada del televisor.

—¿Desayunar?

—Sí. Podemos ir a algún café.

Pensó unos segundos.

—Está bien.

Me alegré de que aceptara.

—Entonces vamos.

Caminamos hasta un pequeño café que estaba a unas calles de casa.

Nos sentamos junto a una ventana y pedimos café, algo de comer y unos dulces.

Durante los primeros minutos ninguno dijo demasiado.

Yo seguía intentando pensar en qué decirle.

Entonces recordé algo.

—Ah, por cierto.

Akane levantó la mirada.

—Yamada aceptó mi nueva novela.

Sus ojos se abrieron un poco.

—¿En serio?

—Sí.

Sonreí.

—Donde el silencio se rompe fue aceptada.

—Me alegro mucho por ti.

Por primera vez desde que salimos de casa, su expresión parecía un poco más alegre.

Pero entonces frunció el ceño.

—Aunque…

—¿Qué?

—Me habías prometido que me dejarías leerla antes de entregársela a Yamada.

Me quedé completamente quieto.

Entonces lo recordé.

La promesa que le había hecho.

Akane me miró.

—¿Lo habías olvidado?

Bajé la mirada.

—Sí.

—Ya veo.

Su voz volvió a ser fría.

—Lo siento.

—¿Por qué lo olvidaste?

No sabía cómo explicarlo.

—Porque había prometido ayudar a Izumi a encontrar trabajo.

Akane guardó silencio.

—Cuando pensé en hablar con Yamada, solo se me ocurrió llevarla conmigo para preguntarle si podía ayudarme.

La expresión de Akane cambió.

—Parece que últimamente solo piensas en Izumi.

Me puse rojo.

—Eso no es cierto.

Aparté la mirada.

—No pienso solamente en Izumi.

—Entonces, ¿por qué parece que todo gira alrededor de ella?

No supe qué responder.

Akane terminó su café.

Se levantó de la mesa.

—Me voy.

—¿Akane?

—Nos vemos en casa.

Salió del café.

Me quedé sorprendido.

Pagué rápidamente y salí detrás de ella.

—¡Akane!

Ella siguió caminando.

La alcancé unos metros después y tomé suavemente su mano.

—Espera.

Akane se detuvo.

Me miró.

—¿Qué te pasa?

Durante unos segundos ninguno dijo nada.

Entonces ella habló.

—Pensé que yo también era importante para ti.

Sentí cómo mi rostro se calentaba.

Akane también se puso roja.

Varias personas que caminaban por la calle nos miraron.

Me di cuenta de que todavía estábamos tomados de la mano.

—Será mejor que hablemos en otro lugar.

—Sí.

Sin soltar su mano, la llevé hasta un parque cercano.

Nos sentamos en una banca.

Durante unos segundos miré el suelo.

No sabía exactamente cómo expresar lo que sentía.

Pero tenía que intentarlo.

—Akane…

Ella permaneció en silencio.

—Tú e Izumi son importantes para mí.

Akane levantó ligeramente la mirada.

—Si ustedes no hubieran aparecido en mi vida, no creo que fuera tan feliz como lo soy ahora.

Me puse nervioso.

—Cuando estoy en casa y ustedes están allí… siento que todo es diferente.

Sonreí tímidamente.

—La casa está llena de vida.

Akane me miró.

—Y de alegría.

Bajé la mirada.

—Antes solo estaba yo. Escribía, jugaba y comía solo. Ahora hay alguien esperándome cuando regreso.

Akane permaneció callada.

—Por eso las dos son importantes para mí.

Ella finalmente habló.

—No parece que yo sea tan importante.

—¿Por qué dices eso?

—Porque no pudiste cumplir una promesa tan sencilla.

No pude negarlo.

—Tienes razón.

Suspiré.

—La olvidé.

Akane bajó la mirada.

—Pensé demasiado en ayudar a Izumi y terminé olvidándome de algo que te había prometido a ti.

Hice una pausa.

—Pero eso no significa que seas menos importante.

Akane no hablo.

—De hecho…

Sentí que volvía a ponerme rojo.

—Para mí, tú eres incluso más importante que Izumi.

Los ojos de Akane se abrieron.

Por primera vez desde que habíamos llegado al parque, me miró directamente.

—¿De verdad?

—Sí.

No sabía por qué me estaba resultando tan difícil decirlo.

—Tú eres como una compañera con la que puedo compartir muchas cosas.

Akane escuchaba atentamente.

—Los videojuegos…

Sonreí.

—Aunque todavía pierdes bastante.

—¡No pierdo tanto!

—Claro que sí.

—¡Eso no es verdad!

Ambos sonreímos.

—También te están empezando a gustar los animes que veo.

—Algunos.

—Y te gusta leer.

Akane asintió.

—Pero sobre todo…

Me quedé pensando.

—Me gusta que me prepares cosas para comer.

Akane sonrió.

—¿Eso es lo que más te gusta?

—También me gusta que me lleves bocadillos cuando estoy escribiendo.

Ella soltó una pequeña risa.

—Y que me llames por teléfono para preguntarme cómo estoy.

Akane bajó la mirada.

—Entonces…

—¿Sí?

—Espero que me tengas más en cuenta a partir de ahora.

—Lo haré.

La miré.

—Y siento mucho haber olvidado la promesa.

Akane sonrió ligeramente.

—Está bien.

—¿Eso significa que ya no estás enfadada?

—Un poco.

—¿Un poco?

—Sí.

—Entonces necesito hacer algo para que dejes de estarlo completamente.

Akane me miró con curiosidad.

—¿Qué?

—Hoy pasaremos todo el día juntos.

—¿Solo los dos?

—Sí.

Sonreí.

—Podemos recorrer Akihabara, comer algo y hacer lo que quieras.

Akane se quedó pensativa.

Después sonrió.

—Está bien.

Comenzamos a caminar hasta Akihabara.

Entramos en varias tiendas.

Akane se detenía cada cierto tiempo para mirar algo que le llamaba la atención.

En una de ellas vio una boina francesa de color blanco.

—Saito.

—¿Qué?

—Mira esto.

Tomó la boina.

—Es bonita.

—Pruébatela.

Akane se la puso frente a un espejo.

Después se giró hacia mí.

—¿Cómo me queda?

La miré.

—Muy bien.

Akane sonrió.

—Quiero escuchar lo mismo que le dijiste a Izumi.

—¿Qué?

—Ya sabes.

Me quedé pensando.

Entonces recordé lo que había dicho el día anterior.

Te ves muy hermosa.

Mi rostro comenzó a calentarse.

—¿Tengo que decirlo?

—Sí.

Akane me miraba esperando que lo diga.

Suspiré.

—Te ves hermosa.

Akane sonrió inmediatamente.

—Gracias.

En ese momento escuché una voz detrás de nosotros.

—La verdad es que sí.

Me giré.

La vendedora estaba allí.

No me había dado cuenta de que estaba escuchando.

—Hacen una pareja muy bonita.

—¿Qué?

Akane se puso roja.

Yo también.

—No somos…

No pude terminar.

La vendedora sonrió.

—Disculpen.

Akane bajó la mirada, todavía sonrojada.

Finalmente compramos la boina.

Al salir de la tienda, ninguno de los dos mencionó lo ocurrido.

Aunque ambos seguíamos bastante avergonzados.

Al mediodía fuimos a una cafetería.

Comimos tranquilamente mientras hablábamos de cosas bastante simples.

Akane parecía mucho más contenta.

Durante todo ese tiempo había pensado en ella de una manera diferente.

Sentia que Akane era como una hermana pequeña para mí.

Pero no podía decirle algo así.

Después de lo ocurrido está mañana, probablemente volvería a enfadarse.

Así que decidí no decir nada.

Por ahora.

Después de comer, continuamos caminando por Akihabara.

Por la tarde fuimos al cine.

Akane había visto el tráiler de una película en televisión y quería verla.

Era una tragedia romántica.

Al principio no me llamó demasiado la atención.

No suelo buscar ese tipo de películas.

Pero después de unos minutos, la historia comenzó a atraparme.

Los personajes eran interesantes y la relación entre ellos se volvía cada vez más complicada.

En cierto momento sentí algo sobre mi mano.

Miré hacia abajo.

Akane había tomado mi mano desde el apoyabrazos.

La miré.

Ella parecía completamente concentrada en la película.

No dije nada.

Miré alrededor.

La sala estaba llena de parejas.

Entonces volví a mirar la pantalla.

Cuando terminó la película, salimos del cine.

—¿Qué te pareció?

Akane me miró.

—¿La película?

—Sí.

Me di cuenta de que todavía tenía mi mano agarrada.

—Me gustó más de lo que esperaba.

—¿Y los personajes?

—Creo que…

Comencé a explicarle lo que pensaba sobre ellos.

Akane escuchaba atentamente.

Seguimos caminando mientras hablábamos.

Y, de alguna manera, continuamos tomados de la mano.

Después de un rato, Akane habló.

—Saito.

—¿Sí?

—Deberíamos ir a la playa algún fin de semana.

La miré, durante la película los protagonistas iba de viaje a la playa eso habrá despertado su entusiasmo por ir.

—¿A la playa?

—Sí.

—¿Dónde?

—Hay una en Yokohama a la que podemos llegar en tren en unos treinta minutos.

—Eso suena bien.

Akane sonrió.

—Entonces vamos.

—Claro.

Pensé un momento.

—Pero primero tendremos que comprarles trajes de baño a ti y a Izumi.

Akane asintió.

—Sí.

En ese momento recordé que tenía que ir a buscar a Izumi a la editorial.

—Podemos pasar por la editorial y luego ir a comprar.

—Está bien.

Cuando llegamos a la editorial, Izumi acababa de terminar su jornada.

Akane soltó mi mano en cuanto la vio y fue directamente hacia ella.

—¡Izumi!

—¿Qué pasa?

Akane se acercó y le mostró la boina.

—Mira.

Izumi la observó.

—Te queda muy bonita.

—Gracias.

Akane sonrió.

—Además, tenemos un plan para este fin de semana.

Izumi miró hacia mí.

—¿Qué plan?

—Vamos a ir los tres a la playa.

Izumi arqueó una ceja.

Después me lanzó una sonrisa pícara.

—¿Los tres?

—Sí.

—Entonces supongo que a Saito le gustó la idea porque tendrá la oportunidad de vernos en bikini.

—¡¿Qué?!

Me puse completamente rojo.

—¡Fue idea de Akane!

Izumi comenzó a reír.

—Tranquilo, Saito.

Akane también estaba riéndose.

—Entonces, ¿vamos?

—Claro.

Izumi sonrió.

—Estoy de acuerdo.

Akane parecía realmente feliz.

Los tres fuimos a una tienda de ropa.

—Pueden comprar lo que necesiten —les dije.

Les di dinero.

—No se preocupen por el precio, pero tampoco compren media tienda.

Izumi sonrió.

—No prometo nada.

—Izumi…

—Es broma.

Akane tomó mi brazo.

—¿No vienes con nosotras?

Miré a Izumi.

Tenía una expresión demasiado sospechosa.

Parecía estar pensando en alguna forma de avergonzarme.

—Creo que tomaré un café en el local de al lado.

—¿Seguro?

Izumi sonrió.

—¿No quieres entrar con nosotras?

—Sí, estoy seguro.

—Qué pena.

Su sonrisa me decía que había tomado la decisión correcta.

—Nos vemos en unos minutos.

Entré en la cafetería de al lado.

Unos diez minutos después, mientras tomaba mi café, vi a las dos salir de la tienda con un bolsa.

Me levanté, pague y sali.

—¿Encontraron lo que buscaban?

—Sí —respondió Akane.

—Todo perfecto —añadió Izumi.

—Bien.

Volvimos de regreso a casa, Akane e Izumi caminaban unos pasos delante de mí.

Hablaban sobre lo que habían hecho durante el día.

—¿Qué hicieron mientras yo estaba trabajando? —preguntó Izumi.

Akane sonrió.

—Salí con Saito.

Izumi se giró lentamente hacia mí.

Me lanzó una sonrisa.

Una de esas sonrisas que inmediatamente me hicieron pensar que estaba imaginando algo.

Después volvió a mirar a Akane.

—¿Y qué hicieron?

—Fuimos a desayunar, caminamos por Akihabara, almorzamos y vimos una película.

—Vaya.

Izumi volvió a mirarme.

No dije nada.

—¿Qué hiciste tú? —preguntó Akane.

—Ayude a Yamada.

Izumi levantó la bolsa.

—Tuve bastante trabajo. Organicé algunos papeles, respondí llamadas y ayudé a ordenar las reuniones de Yamada.

—Parece que te vas a acostumbrando rápido —dijo Akane.

—Sí.

Izumi sonrió.

—También conocí a la otra escritora de la editorial.

—¿Hay otra escritora? —preguntó Akane.

—Sí.

—¿Cómo es?

—Es una chica joven.

Izumi pensó unos segundos.

—Y bastante bonita.

La miré.

—¿Cómo se llama?

—Naori Nakamura.

Akane pareció interesarse.

—¿Es famosa?

—Por lo que me dijo Yamada, es la escritora que más copias ha vendido de la editorial.

Miré a Izumi.

—¿Naori?

—Sí.

Hice una pequeña pausa.

—Solo he oído hablar de ella.

—¿Nunca la conociste?

—No.

La conversación cambió rápidamente de tema.

—¿Y qué haremos en la playa? —preguntó Akane.

Izumi comenzó a hablar sobre todo lo que quería hacer.

Yo las escuchaba mientras caminábamos detrás de ellas.

Todavía no sabía mucho sobre Naori.

Pero tampoco le di demasiada importancia.

En ese momento había algo mucho más importante.

Nuestro primer fin de semana juntos en unas mini vacaciones.

Y, por alguna razón, tenía la sensación de que iba a ser un fin de semana bastante complicado.

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