NovelToon NovelToon
LA HABITACIÓN QUE NUNCA DEBIÓ ABRIRSE

LA HABITACIÓN QUE NUNCA DEBIÓ ABRIRSE

Status: En proceso
Genre:Casos sin resolver / Maldición / Terror
Popularitas:368
Nilai: 5
nombre de autor: Ana Rosa Yosef Osca

Valeria Salvatierra ha aprendido a desconfiar de los misterios. Como periodista, sabe que detrás de cada leyenda existe una explicación y que incluso los casos más extraños pueden resolverse siguiendo las pistas correctas.
Hasta que una mañana recibe una caja sin remitente.
Dentro encuentra una fotografía antigua de cinco personas frente a una mansión abandonada. El rostro de una de ellas ha sido borrado con tinta negra. También hay un recorte de periódico sobre la desaparición de una joven ocurrida treinta años atrás... y una llave marcada con un número:
17.
En el reverso de la fotografía hay una advertencia:
«Ella murió hace treinta años. Pero anoche volvió a llamar a mi puerta.»
Valeria comienza a investigar y descubre que la desaparición está relacionada con una habitación que la policía nunca pudo registrar.
La habitación 17.
Mientras sigue las pistas, nuevos asesinatos comienzan a ocurrir y personas relacionadas con aquella antigua tragedia empiezan a morir una tras otra.

NovelToon tiene autorización de Ana Rosa Yosef Osca para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 6 — La verdad bajo la casa

Valeria permaneció frente al espejo sin atreverse a tocarlo nuevamente. Las palabras escritas sobre el cristal parecían moverse cada vez que parpadeaba. Ahora sabes quién salió. Pero todavía no sabes quién murió. Intentó convencerse de que todo aquello tenía una explicación racional. Quizás alguien había preparado la habitación. Quizás las fotografías eran falsas. Quizás la grabación había sido manipulada. Quizás la voz que había escuchado no pertenecía a su padre. Había construido su carrera sobre la idea de que ninguna historia debía aceptarse sin pruebas.

Pero allí estaban las pruebas.

El cuaderno de Gabriel.

Las fotografías.

La grabación.

La niña del espejo.

Y aquella mujer que afirmaba ser Valeria.

Tomó la grabadora del suelo y la guardó en su bolso. Después recogió el cuaderno de su padre. Antes de abandonar la habitación, volvió a mirar las fotografías de la pared. Había algo que no había notado antes. Todas las imágenes posteriores a 1996 mostraban a la misma persona: ella. La mujer que había vivido toda su vida como Valeria Salvatierra. Pero en una de las fotografías, tomada apenas unos días después de la desaparición, aparecía junto a Gabriel.

Su padre estaba sonriendo.

La niña también.

Sin embargo, en la esquina de la fotografía había una pequeña anotación.

«No recuerda nada.»

Valeria sintió un escalofrío.

Guardó la fotografía.

Cuando abrió la puerta, el pasillo estaba vacío.

El hombre del abrigo negro había desaparecido.

Valeria bajó las escaleras rápidamente. Al llegar al vestíbulo, se detuvo frente al retrato familiar. Lo iluminó con la linterna y descubrió algo que no había visto antes.

El cuadro no mostraba a tres personas.

Mostraba a cuatro.

La mujer.

Gabriel.

La niña.

Y una segunda niña que había sido cubierta con varias capas de pintura.

Valeria pasó los dedos por el borde del cuadro sin tocarlo.

—¿Por qué intentaron borrarte?

Un sonido respondió desde el piso superior.

Un golpe seco.

Valeria levantó la cabeza.

Después escuchó una voz.

—Porque ella nunca debió existir.

Era la voz del hombre del abrigo.

Valeria se volvió.

Estaba parado junto a la puerta principal.

—¿Dónde estabas?

—Esperándote.

—¿Por qué desapareciste?

El hombre miró hacia las escaleras.

—Porque no quería estar aquí cuando ella despertara.

—¿Quién es ella?

El hombre no respondió.

Valeria avanzó hacia él.

—Quiero la verdad.

—No estás preparada.

—Mi padre me ocultó treinta años de mi vida. Mi madre acaba de mentirme. Hay una niña que dice ser mi hermana y una mujer que asegura ser yo. Creo que ya estoy bastante preparada. El hombre la observó durante unos segundos.

—Me llamo Samuel.

—¿Samuel qué?

—Samuel Ortega.

El nombre no significaba nada para ella.

—¿Conociste a mi padre?

—Sí.

—¿Qué eras para él?

Samuel bajó la mirada.

—Su amigo.

—¿Estuviste aquí aquella noche?

—Sí.

Valeria sintió que el aire se volvía más frío.

—Entonces dime qué ocurrió.

Samuel se acercó lentamente.

—Tu padre recibió una llamada tres meses antes de la desaparición. Alguien le pidió investigar una serie de muertes relacionadas con esta casa.

—¿Muertes?

—Personas que habían entrado y nunca habían vuelto a salir.

—¿Cuántas?

Samuel la miró fijamente.

—Siete.

Valeria recordó los nombres de los hombres de la fotografía.

—¿Y todos estaban relacionados con la habitación 17?

Samuel asintió.

—La habitación era el centro de todo.

—¿Qué había dentro?

—Al principio, nada.

Valeria frunció el ceño.

—¿Nada?

—Eso fue lo que encontró tu padre cuando llegó por primera vez. Una habitación vacía. Una cama, un espejo y una caja de madera.

—¿Qué había en la caja?

Samuel tardó en responder.

—Fotografías.

Valeria sintió un escalofrío.

—¿Fotografías de quién?

—De dos niñas.

El silencio entre ambos se volvió pesado.

—¿Valeria y Vera?

Samuel asintió.

—Pero había algo imposible.

—¿Qué?

—Las fotografías eran anteriores a su nacimiento.

Valeria quedó inmóvil.

—Eso no tiene sentido.

—Por eso tu padre siguió investigando.

Samuel sacó una pequeña fotografía del interior de su abrigo.

Se la entregó.

Valeria la miró.

Era una imagen antigua de dos niñas.

La fotografía parecía mucho más vieja que las que había encontrado en la habitación.

En la parte posterior aparecía una fecha.

1966.

Valeria observó los rostros.

Eran idénticos.

—No pueden ser ellas.

—No lo son.

—Entonces, ¿quiénes son?

Samuel señaló una pequeña inscripción en la parte inferior.

Las primeras.

Valeria sintió que un escalofrío le recorría la espalda.

—¿Qué significa eso?

—Que lo que ocurrió contigo y con tu hermana no comenzó en 1996.

Valeria levantó la mirada.

—¿Cuándo comenzó?

Samuel respondió en voz baja.

—Hace sesenta años.

La lluvia comenzó a caer con más fuerza mientras ambos salían de la mansión. Valeria caminó junto a Samuel hasta el automóvil sin dejar de mirar hacia las ventanas del tercer piso.

En una de ellas apareció una figura.

Una niña.

Valeria se detuvo.

—Samuel.

Él siguió su mirada.

La niña estaba detrás del cristal.

No se movía.

—No la mires —dijo él.

Valeria apartó los ojos.

—¿Es Vera?

—No.

—¿Entonces quién es?

Samuel abrió la puerta del automóvil.

—Sube.

—Dime quién es.

Samuel la miró con preocupación.

—La primera.

Valeria subió al vehículo.

Samuel arrancó.

Durante varios minutos ninguno habló.

Finalmente Valeria rompió el silencio.

—Quiero que me cuentes todo.

—No puedo.

—Sí puedes.

—Si te cuento todo, no podrás regresar a tu vida.

Valeria soltó una risa amarga.

—Mi vida dejó de existir hace unas horas.

Samuel guardó silencio.

—¿Mi madre sabía de Vera?

—Sí.

—¿Mi padre sabía que yo no era Valeria?

—Sí.

Valeria cerró los ojos.

—¿Por qué me llamó Valeria?

Samuel apretó el volante.

—Porque ese era el nombre que debía tener.

—No entiendo.

—Tu padre quería protegerte. Si te llamaba Vera, la mujer de la habitación habría sabido que te había encontrado.

—¿La mujer de la habitación?

Samuel asintió.

—Ella no puede salir de la casa.

—¿Por qué?

—Porque alguien tiene que permanecer allí.

Valeria recordó las palabras de la niña.

Una de las dos tiene que quedarse.

—¿Es una maldición?

Samuel negó con la cabeza.

—No exactamente.

—Entonces, ¿qué es?

—Un pacto.

Valeria lo miró.

—¿Con quién?

Samuel no respondió.

—Samuel.

—Con algo que vivía en esa casa mucho antes de que existiera la mansión.

Valeria sintió que el estómago se le revolvía.

—¿Estás diciendo que hay un demonio?

—Estoy diciendo que tu padre creyó que lo había.

—¿Y tú?

Samuel miró por el espejo retrovisor.

—Yo lo vi.

Valeria guardó silencio.

—¿Viste al demonio?

—Vi algo que no debería existir.

El automóvil continuó avanzando por la carretera.

Después de unos minutos, Samuel frenó de repente.

—¿Qué ocurre?

Había otro vehículo estacionado delante.

Un automóvil negro.

Samuel palideció.

—¿Lo conoces?

—Sí.

—¿De quién es?

Samuel no respondió.

Valeria miró hacia el automóvil.

La puerta del conductor se abrió.

Una mujer descendió.

Era su madre.

Elena.

Valeria salió inmediatamente.

—¡Mamá!

Elena levantó la mirada.

Parecía haber envejecido diez años desde la última vez que hablaron.

Tenía los ojos rojos y el rostro lleno de miedo.

—Valeria, tenemos que irnos.

—No.

—¡Ahora!

—Quiero saber la verdad.

Elena miró a Samuel.

—¿Él te trajo aquí?

—Él me ayudó.

—No debiste confiar en él.

Samuel dio un paso adelante.

—Elena...

—Cállate.

Valeria miró a ambos.

—Los dos saben lo que ocurrió.

Elena comenzó a llorar.

—Yo intenté protegerte.

—¿De quién?

—De tu padre.

Valeria se quedó paralizada.

—¿De papá?

—Gabriel cambió después de aquella noche.

—¿Qué quieres decir?

Elena se acercó.

—Cuando regresó con la niña, me dijo que eras tú.

—Pero no lo era.

Elena cerró los ojos.

—No.

Valeria sintió que las piernas le temblaban.

—Entonces ¿por qué aceptaste criarme como Valeria?

Elena tardó en responder.

—Porque la verdadera Valeria estaba muerta.

Samuel bajó la mirada.

Valeria sintió que el mundo se detenía.

—¿Qué?

Elena comenzó a llorar.

1
NovelToon
Step Into A Different WORLD!
Download MangaToon APP on App Store and Google Play