Luna lo perdió todo: su fortuna, su hogar y, sobre todo, a la familia que amaba. Y todo por obsesionarse con el hombre equivocado. Cuando ya no le quedaba nada, cerró los ojos convencida de que era el final...
Pero despertó tres años en el pasado.
Su familia vive. Su casa sigue en pie. Y esta vez Luna conoce cada golpe que le tiene reservado el destino. Con los recuerdos de una vida que no piensa repetir, se propone una sola cosa: cambiarlo todo. Alejarse del heredero frío y cruel que arruinó su existencia, proteger a los suyos y, por fin, vivir para ella misma.
El problema es que el destino no se deja corregir tan fácil. Julián, el hombre que juró olvidar, ya no la mira como antes. Un pretendiente inesperado le ofrece la ternura que nunca tuvo. Y en las sombras, viejos rencores y secretos de familia empiezan a moverse... porque no es la única que sabe lo que aún no ha pasado.
Entre fiestas de alta sociedad, imperios familiares, traiciones que cortan el aliento y un amor que se niega a morir, Luna descubrirá que una segunda oportunidad no se recibe: se pelea.
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Rechazar el compromiso
Bruno ya estaba listo con su traje nuevo, y Luna se veía preciosa con un elegante vestido blanco diseñado especialmente por su propia madre. Ah, sí, para que quede claro: Wendy era una de las diseñadoras de vestidos más famosas de la ciudad.
—Vaya, qué hermosa está la niña de papá —David no salía de su asombro al ver a su pequeña, que ya se había convertido en toda una mujer.
Luna sonrió de oreja a oreja y se colgó del brazo de su padre.
—Gracias, papá.
—Lo bonito es el vestido, papá, no la persona —de la nada apareció Bruno, listo para empezar la pelea con Luna.
Desde siempre los dos disfrutaban peleándose por la atención de David, aunque ambos recibían exactamente el mismo cariño.
Wendy solo pudo resoplar, fastidiada, mientras Luna y Bruno empezaban a empujarse para quedarse con el brazo de su marido. Con un movimiento rápido, ella tomó la mano de David y la apretó con fuerza.
—A un lado, chicos. Papá es solo mío.
Bruno y Luna se quedaron con la boca abierta viendo cómo sus padres se alejaban y los dejaban ahí plantados.
—Uf, qué insoportable eres —se quejó Luna, y de inmediato le dio un empujón en el brazo a Bruno antes de correr tras sus padres.
Bruno, que no pensaba quedarse atrás, alcanzó enseguida a su hermana y le echó el brazo por encima de los hombros estrechos, tanto que la mujer terminó encorvada bajo el peso.
—Ay, pesas mucho —lloriqueó Luna, pero a Bruno le dio igual. Al contrario, la arrastró así hasta que llegaron afuera.
Julián contemplaba su reflejo en el espejo, satisfecho. Desde siempre había sabido que era muy guapo. Con razón había tantas mujeres detrás de él.
Sobre todo Luna.
Gustavo se acercó a su hijo y le dio una palmada en el hombro fornido.
—Vamos —lo apuró.
Julián giró la cabeza y sonrió.
—Sí, papá.
Los dos bajaron enseguida.
—Cuánto tardan. Ni el hijo ni el padre; los dos igual de lentos —refunfuñó Yuri, y los dos hombres se taparon los oídos.
Luna contemplaba maravillada el edificio de la sucursal del hotel de su familia. Daba la casualidad de que David tenía un negocio hotelero bastante exitoso: ya se podían contar tres sucursales, y ahora quería sumar una más.
—Si aceptas ser mi sirvienta durante tres años, te regalo este hotel —dijo Bruno, con un tono más bien insolente.
Luna entrecerró los ojos y le lanzó una mirada sarcástica a aquel hombre que era su propio hermano.
—Ni en tus sueños. Yo le voy a pedir mi herencia a mamá —respondió, molesta.
Bruno soltó una risita. Le daban ganas de reírse a carcajadas, solo que ya estaban rodeados de gente importante, y no podía arruinar la imagen que tenía como heredero del negocio hotelero de su padre.
En realidad, lo que decía Luna no iba tan desencaminado. David y Wendy ya habían pensado en el futuro de sus hijos: David le había ido presentando a Bruno el negocio hotelero desde que era pequeño.
Lo mismo con Wendy, que le había enseñado a la pequeña Luna a dibujar, ya que ella misma trabajaba como diseñadora. Aunque bien podía decirse que el talento de Luna era el de una pintora. Pero no importaba; pintora y diseñadora no eran cosas tan distintas.
Gustavo, que acababa de llegar al vestíbulo del hotel, fue directo a saludar a David, que conversaba con algunos de sus colegas.
—¿Por qué llegan tan tarde? —preguntó David, y de inmediato abrazó a su viejo amigo.
—El tráfico, ya sabes —respondió Gustavo, un poco fastidiado.
Julián y Yuri también saludaron a David.
—Vaya, tu hijo es realmente guapo. Con razón Luna está loca por él —David miró con admiración a Julián, que en efecto se veía más apuesto cada día, aunque no hacía tanto que se habían visto. Pero ver a Julián de traje lo dejó impresionado: se le notaba a leguas el aura de heredero.
David condujo enseguida a la familia hacia el interior.
—Ah, Julián también vino —Wendy los recibió con calidez.
—Sí, Wendy, hasta yo me sorprendí de que este muchacho aceptara venir a un evento así —respondió Yuri, y de inmediato abrazó a la mujer. Sus maridos eran amigos, así que ellas también habían decidido serlo.
Las dos se fueron enseguida a buscar un rincón para conversar, cosas de mujeres.
David, por su parte, empezó a buscar a sus hijos con la mirada. ¿Dónde se habían metido?
—Ah, oye, David, ¿qué pasó con el compromiso de nuestros hijos? —preguntó Gustavo, y la pregunta dejó de piedra a Julián.
¿Compromiso?
¿De quién?
¿De él y Luna?
—Ah, se me olvidó, todavía no le dije nada a mi hijo, Gustavo —David de verdad se había olvidado por completo del plan.
Gustavo sonrió.
—Pero no creo que sea problema que Luna no lo sepa. A tu hija le gusta Julián, seguro estará feliz de comprometerse con él —dijo con toda tranquilidad.
—¿Y Julián sí quiere comprometerse con Luna? —preguntó David, clavando en Julián una mirada profunda.
Julián seguía atónito al escuchar que iban a comprometerlo con Luna.
—¿Tú quieres, hijo? —preguntó Gustavo a su hijo con una mirada llena de esperanza.
Julián quería negarse, pero no sabía por qué le pesaba tanto decírselo a su padre.
—Yo me niego, papá —de la nada, Luna apareció de pronto junto a su padre. La joven había estado discutiendo con su hermano hasta que su madre llegó y les ordenó ir a recibir a Gustavo y a Julián.
Luna misma se sorprendió al enterarse de que Julián estaba ahí. El problema era que, en su otra vida, aquel hombre jamás había querido ir a los eventos de su familia. Por eso, en aquel entonces, ella había abandonado tontamente un evento importante de su familia para ir tras Julián, que en ese momento estaba jugando videojuegos con Arturo en la casa de él. Y todo terminó con ella arrojada a la piscina y con fiebre.
Aun así, no había faltado a la universidad, con tal de ver a su adorado.
Ahora que lo pensaba, en aquel entonces había sido una verdadera tonta.
Pero lo que no entendía ahora era: ¿por qué estaba ese hombre aquí? ¿Acaso a Julián no le desagradaba encontrarse con ella?
Y encima había alcanzado a oír la conversación de su padre sobre concertarle un matrimonio con Julián.
Eso no podía pasar.
Bruno observó con curiosidad el rostro de su hermana, que se veía reacia a mirar en dirección a Julián. No era propio de Luna mostrarse indiferente hacia alguien que le gustaba.
—Disculpe, señor Gustavo, pero rechazo la propuesta de comprometerme con Julián —dijo la joven con cortesía, sin siquiera volverse hacia el hombre que quería evitar.
Gustavo sonrió con amabilidad y le dio una palmadita en el hombro.
—No hay problema, mija. Era solo un plan nuestro para estrechar los lazos entre las familias, pero tampoco podemos obligarte —dijo el anciano, y sus palabras dejaron a Luna aliviada.
—¿No vas a saludar a Julián, mija? —dijo David subiendo y bajando las cejas, intentando molestar a su hija.
El rostro de Luna se puso serio al instante. Su padre era de verdad insoportable.
—Bienvenido, Julián. Espero que disfrutes de la fiesta —dijo Luna un poco a la fuerza; ni siquiera se dignó a volverse hacia él.
Julián arqueó una ceja. Miró desconcertado a la mujer que solía mirarlo con ojos de amor y que ahora se negaba hasta a girar la cabeza en su dirección.
—¿Tienen algún problema? —preguntó David, y el cuerpo de Luna se tensó.
¿Qué se suponía que debía responder?
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