Ella es una policía que trabaja en una cárcel. Después de morir, ella reencarna en una joven maga quien en sueños ve como muere, así que despierta decidida a cambiar su destino y a cobrar venganza.
*Esta novela pertenece a un mundo mágico*
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Megara
El viaje hacia los territorios Bruyne continuó tranquilamente.
Aunque, para Circe, la palabra tranquilo tenía un significado bastante particular.
Desde que habían partido, no había dejado de practicar con la daga.
No era una daga común.
Tenía un hermoso tallado en la empuñadura y una figura mágica cuidadosamente grabada en el metal.
Circe la observaba con atención.
[Es una daga especial, trátala bien.]
[eso me dijo el mago White]
Y desde entonces había comenzado a practicar.
Durante el viaje la sacaba de su funda.
La guardaba.
Volvía a sacarla.
La giraba entre sus dedos.
Practicaba cambiarla de mano.
Aprendía a colocarla de manera que pudiera extraerla rápidamente.
Una y otra vez.
Roun la observaba desde el otro lado del carruaje.
Finalmente soltó una carcajada.
—Circe.
—¿Sí?
—Vamos a una boda.
Circe continuó practicando.
—Lo sé.
—Una boda.
—Sí.
—No una batalla.
Circe guardó la daga.
—Nunca se sabe.
Roun volvió a reír.
—Definitivamente la marca de alma te cambió.
Circe sonrió.
—Quizás.
Roun negó con la cabeza, divertida.
—Por cierto, estuve investigando al novio de Megara.
Eso hizo que Circe levantara la mirada.
—¿Y?
—Parece un buen hombre. Lo conocí cuando estuve allá.
Circe se quedó pensativa.
—¿Estás segura?
—Sí. He preguntado bastante.
—¿Y qué descubriste?
—Que trata bien a Megara, que la respeta y que, según todos los informes que recibí, realmente está enamorado de ella.
Circe asintió lentamente.
—Entonces es cierto.
—¿Qué cosa?
—Megara es inteligente.
Roun sonrió.
—Muchísimo.
—No se acercaría a cualquiera.
Roun soltó una pequeña risa.
—Eso también es verdad.
Circe volvió a mirar por la ventana.
[Entonces puedo estar tranquila.]
Al menos por una cosa.
Cuando finalmente llegaron a la mansión Bruyne, Circe se quedó mirando el lugar.
La residencia estaba completamente decorada.
Flores blancas adornaban los jardines.
Había velas cuidadosamente distribuidas.
Arreglos delicados decoraban las entradas y las ventanas.
Todo parecía preparado con enorme cuidado.
No era una decoración ostentosa.
Era elegante.
Cálida.
Y, sobre todo, parecía hecha pensando en Megara.
Circe bajó del carruaje.
Miró alrededor.
Después comenzó a observar a los invitados.
Quiénes estaban allí.
Quiénes trabajaban en la mansión.
Quiénes parecían pertenecer a la familia.
Quiénes se encargaban de recibir a los invitados.
Su mirada se movía constantemente.
Roun la conocía demasiado bien.
—No estás buscando problemas, ¿verdad?
—No.
—¿Segura?
—Estoy observando.
—Eso es lo que dices siempre.
Circe ignoró el comentario.
En lugar de eso, comenzó a conversar discretamente con algunos miembros de la servidumbre.
Hizo preguntas sencillas.
Nada demasiado sospechoso.
Quería saber cómo había sido tratada Megara desde que había llegado a la mansión.
Las respuestas fueron suficientes.
—La señorita Megara es muy querida.
—El conde la respeta muchísimo.
—Todos estamos felices por ellos.
—Desde que llegó, la casa cambió.
—El conde parece mucho más feliz desde que está con ella.
Circe escuchó atentamente.
No encontró contradicciones.
No escuchó quejas.
No vio miedo.
Todo lo contrario.
Había afecto.
Respeto.
Cariño.
Circe finalmente dejó escapar un pequeño suspiro.
[Está bien.]
[Realmente está bien.]
Roun subió para ayudar a Megara a prepararse.
Circe estuvo a punto de acompañarla.
Pero se detuvo.
Miró nuevamente alrededor.
[Primero quiero asegurarme de que esté segura aquí.]
No necesitaba subir.
Si todo estaba bien...
Podía dejar que Megara disfrutara de su momento.
Así que permaneció abajo.
Observando.
Esperando.
Hasta que aproximadamente una hora después, todos comenzaron a dirigirse hacia el jardín.
La ceremonia estaba por comenzar.
Y entonces...
Megara apareció.
Circe levantó la mirada.
Se quedó completamente quieta.
La joven de cabello blanco caminaba junto a Roun.
Su vestido era hermoso.
Su cabello estaba cuidadosamente arreglado.
Y su expresión...
Era diferente.
Estaba feliz.
Realmente feliz.
Circe sonrió.
[Se ve preciosa.]
Pero no fue el vestido lo que más la impresionó.
Fue su expresión.
Megara no parecía nerviosa.
No parecía estar fingiendo.
Parecía exactamente donde quería estar.
Entonces Circe miró al novio.
El conde Thomas Bruyne.
Él estaba esperando.
Y en cuanto vio a Megara...
Su expresión cambió.
La miró con absoluto enamoramiento.
Con devoción.
Como si en aquel momento no existiera nadie más en el jardín.
Circe observó aquella mirada durante unos segundos.
Y comprendió.
[Está bien.]
[Realmente estará bien.]
[Es amada.]
Eso era lo único que necesitaba saber.
La ceremonia comenzó.
Roun presidió la boda.
Los votos fueron románticos.
Promesas de permanecer juntos.
De cuidarse.
De acompañarse.
De construir una vida juntos.
Circe escuchó en silencio.
Y cuando vio la sonrisa de Megara...
Sonrió también.
[Esto era lo que quería para ella.]
La ceremonia terminó entre aplausos.
Después llegó el banquete.
La comida llenó las mesas.
Los invitados comenzaron a conversar.
La música sonaba suavemente.
Y finalmente Circe pudo acercarse a Megara.
—¡Circe!
Megara sonrió ampliamente.
Circe la abrazó.
—Felicidades.
—Gracias.
Ambas se separaron y comenzaron a reír.
Por unos minutos parecían las mismas niñas del templo.
Las dos hablaban.
Se burlaban una de la otra.
Recordaban cosas.
Y disfrutaban de estar juntas nuevamente.
—Si necesitas algo, solo tienes que escribirme.
Circe sonrió.
—¿Incluso si estoy lejos?
—Especialmente si estás lejos.
—¿Y me enviarás una poción?
Megara sonrió.
—Por supuesto.
Circe soltó una carcajada.
—Sigues siendo la misma.
—Tú también, aunque ahora te ves mas libre
Circe sonrio.
—Cuídate.
—Tú también.
Se separaron nuevamente.
Circe regresó al banquete.
Todo parecía perfecto.
Hasta que escuchó una conversación.
—...con los Root.
Circe se detuvo.
Su expresión cambió inmediatamente.
[Root.]
Ese apellido.
No necesitó escuchar más para prestar atención.
Giró discretamente la cabeza.
Había un hombre conversando con otros invitados.
Era alto.
Tenía el cabello oscuro, corto y perfectamente arreglado.
Sus ojos eran grises.
Su rostro era atractivo.
Vestía con elegancia.
Parecía alguien acostumbrado a moverse entre personas importantes.
Circe no apartó la mirada.
El hombre hablaba tranquilamente.
—Todavía estoy pensando si aceptar algunos de esos negocios.
Mencionó varias casas importantes del reino de Sunderland.
Nombres de familias poderosas.
Acuerdos comerciales.
Posibles alianzas.
Y entonces...
Volvió a mencionar a los Root.
Circe permaneció completamente quieta.
Su mano descendió lentamente.
Hasta quedar cerca de la daga que White le había entregado.
Sus labios se curvaron.
Una sonrisa pequeña.
Ladiana.
Maliciosa.
[Así que...]
[Después de todo, quizas podría saber información hoy de los Root.]
No sabía todavía quién era aquel hombre.
No sabía qué relación tenía con ellos.
No sabía qué negocios estaba considerando.
Pero sí sabía una cosa.
Aquel apellido había aparecido justo delante de ella.
Y eso difícilmente podía ser una coincidencia.
Circe apoyó tranquilamente una mano sobre la mesa.
Sus ojos siguieron al hombre mientras continuaba hablando.
[Interesante.]
El hombre se movió unos pasos.
Circe siguió observándolo.
[Quizás la suerte está de mi lado.]
La sonrisa maliciosa volvió a aparecer.
Porque después de semanas entrenando...
Después de aprender magia ofensiva...
Después de aprender a manejar la espada...
Y después de recibir aquella daga...
Por primera vez desde que había despertado en este mundo...
Había encontrado una posible pista.
Los Root.
Y Circe no tenía ninguna intención de dejarla escapar.