Él juró destruirla. Ella prometió jamás inclinar la cabeza.
En un mundo gobernado por la mafia, donde la lealtad se paga con sangre y la traición se castiga con la muerte, dos almas destinadas a odiarse se verán obligadas a caminar por el mismo infierno.
Él es un hombre frío, peligroso y acostumbrado a obtener todo lo que desea. Ella, una mujer fuerte que no está dispuesta a convertirse en el trofeo de nadie.
Entre secretos, venganza, mentiras y una atracción imposible de ignorar, descubrirán que el odio puede ser el inicio de la historia más peligrosa de sus vidas.
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Capitulo 6- La noche que cambio el destino
"Hay noches que parecen una simple casualidad... hasta que cambian el resto de tu vida."
La lluvia había desaparecido.
Las luces de la ciudad iluminaban las calles mientras el reloj marcaba las nueve de la noche.
En la residencia Vesperi, el ambiente seguía siendo tenso.
Dante permanecía sentado en el despacho de su padre, revisando documentos sin prestarles verdadera atención.
Vittorio cerró una carpeta.
—Llevas toda la semana trabajando sin descansar.
—Estoy bien.
—No lo estás.
Bianca, que acababa de entrar, cruzó los brazos.
—Papá tiene razón.
Pareces una máquina.
Dante suspiró con cansancio.
—¿Qué quieren que haga?
Enzo apareció apoyado en el marco de la puerta.
—Salir.
Raffaele sonrió.
—Y antes de que inventes una excusa...
Ya reservamos una mesa.
Dante levantó una ceja.
—¿Una mesa?
—En el Eclipse.
Uno de los bares más exclusivos de la ciudad.
Bianca sonrió satisfecha.
—Ve.
Necesitas despejar la cabeza.
Dante negó con resignación.
—Está bien...
Pero solo un rato.
Enzo y Raffaele chocaron los puños con una sonrisa de victoria.
Mientras tanto...
En la residencia Russo...
Camila caminaba de un lado a otro por la habitación de Valentina.
—No aceptaré un "no" como respuesta.
Valentina levantó la vista de su libro.
—¿Otra vez con eso?
Sofía apareció sosteniendo tres vestidos.
—Sí.
Hoy sales con nosotras.
—No tengo ganas.
Camila le arrebató el libro.
—Precisamente por eso.
Necesitas distraerte.
Valentina suspiró.
—Solo un par de horas.
—¡Eso!
Las tres comenzaron a elegir ropa entre risas.
Después de varios minutos...
Valentina apareció con un vestido negro elegante que llegaba por encima de las rodillas.
Su cabello caía en suaves ondas sobre sus hombros.
Camila sonrió.
—Ahora sí pareces alguien dispuesto a divertirse.
—No exageres.
Solo voy a acompañarlas.
A las diez de la noche...
El Eclipse Lounge estaba completamente lleno.
Música en vivo.
Luces tenues.
Personas bailando.
Y un ambiente elegante que reunía a empresarios, artistas y celebridades.
Dante entró junto a Enzo y Raffaele.
El encargado los condujo directamente a una zona VIP ubicada en el segundo piso.
Desde allí podían observar casi todo el lugar.
—Excelente vista —comentó Raffaele.
Enzo pidió una botella para los tres.
—Hoy nadie habla de trabajo.
Dante aceptó el vaso que le ofrecieron.
—Solo por esta noche.
Apenas quince minutos después...
Otro automóvil se detuvo frente al mismo lugar.
Valentina descendió junto a Camila y Sofía.
Ninguna levantó la vista hacia el segundo piso.
Tampoco Dante miró hacia la entrada.
Los dos estaban en el mismo lugar...
Sin saberlo.
Camila tomó la mano de Valentina.
—Vamos.
La pista nos espera.
Las tres comenzaron a caminar entre la multitud mientras la música aumentaba de intensidad.
Valentina sonrió por primera vez en varios días.
Quizás aquella salida no era tan mala idea.
En la zona VIP...
Enzo levantó su copa.
—Por los amigos.
Raffaele sonrió.
—Y porque Dante deje de tener cara de pocos amigos.
Los tres chocaron sus vasos.
Dante bebió un sorbo.
Después otro.
Y otro más.
Enzo lo observó.
—Despacio.
No estás acostumbrado a beber tanto.
—Hoy no quiero pensar.
Raffaele intercambió una mirada con Enzo.
Era la primera vez que veían a Dante intentando escapar de sus propios pensamientos.
Y eso les preocupaba.
En la planta principal...
Valentina bailaba junto a Camila y Sofía.
Las tres reían como hacía mucho tiempo no lo hacían.
—¡Esta canción me encanta! —gritó Camila.
Sofía levantó su vaso.
—¡Por nuestra amistad!
Las tres brindaron.
Valentina tomó un pequeño sorbo.
No tenía intención de beber demasiado.
Solo quería olvidar, aunque fuera por unas horas, la frialdad con la que Dante la había tratado los últimos días.
Sin darse cuenta...
Él se encontraba apenas unos metros por encima de ella.
Y el destino volvía a jugar con ambos.
La música retumbaba en todo el Eclipse Lounge.
Las luces cambiaban de color al ritmo de cada canción mientras la pista permanecía llena.
Camila tomó a Valentina de la mano.
—¡Deja de pensar y disfruta!
Valentina soltó una pequeña risa.
—Lo intento.
—No.
Sigues con esa cara de que estás resolviendo problemas.
Sofía apareció con tres bebidas.
—Último brindis de la noche.
Las tres levantaron sus vasos.
—¡Por las nuevas oportunidades!
Valentina sonrió.
—Y porque la próxima semana sea menos complicada.
Las tres chocaron sus copas.
En el segundo piso...
La botella ya estaba casi vacía.
Enzo observó a Dante con preocupación.
—Ya es suficiente.
Dante dejó el vaso sobre la mesa.
—Estoy perfectamente.
Raffaele negó con la cabeza.
—No lo estás.
Llevas toda la noche intentando convencerte de que no piensas en ella.
Dante levantó la mirada.
—¿Otra vez con ese tema?
—Porque todos lo notamos.
Tú no eras así.
Él apoyó los codos sobre la mesa.
—No pienso en Valentina.
Pienso en todo lo que está ocurriendo.
Enzo habló con tranquilidad.
—Quizá sea cierto.
Pero cuando alguien logra entrar en tu cabeza, es imposible ignorarlo.
Dante no respondió.
Tomó aire profundamente y se puso de pie.
—Voy a caminar un momento.
Mientras tanto...
Valentina decidió alejarse unos minutos de la pista.
—Voy por un poco de agua.
Camila asintió.
—Te esperamos aquí.
Valentina caminó hacia un pasillo más tranquilo que conducía a una pequeña terraza.
El aire fresco acarició su rostro.
Cerró los ojos por unos segundos.
Necesitaba ese momento de calma.
No escuchó los pasos que se acercaban.
Dante salió por otra puerta hacia la misma terraza.
Se detuvo al verla de espaldas.
Por un instante pensó en regresar.
Pero Valentina se giró.
Los dos se quedaron inmóviles.
—¿Tú...? —dijeron al mismo tiempo.
Valentina cruzó los brazos.
—Empiezo a creer que realmente me estás siguiendo.
Dante soltó una risa breve.
—Podría decir exactamente lo mismo.
Ella negó con la cabeza.
—Qué mala suerte.
—Tal vez.
El silencio volvió a instalarse entre ellos.
Esta vez ninguno tenía ganas de discutir.
El sonido lejano de la música llegaba amortiguado hasta la terraza.
Valentina apoyó los brazos sobre la baranda.
—¿Viniste con tus amigos?
—Sí.
—Yo también.
Dante asintió.
—Necesitábamos despejarnos un poco.
Ella sonrió con tristeza.
—Supongo que todos tenemos días difíciles.
Por primera vez desde que se conocían...
No había sarcasmo.
No había orgullo.
Solo dos personas cansadas de cargar responsabilidades.
Dante rompió el silencio.
—Lo siento.
Valentina lo miró sorprendida.
—¿Por qué?
—Por cómo te hablé en la reunión.
No debí hacerlo.
Ella permaneció callada.
No esperaba escuchar una disculpa.
—Me hiciste enojar.
—Lo sé.
—Y me lastimaste.
Dante bajó la mirada.
—También lo sé.
Valentina respiró hondo.
—No entiendo por qué cambiaste de un día para otro.
Él tardó unos segundos en responder.
—Porque pensé que era la mejor forma de proteger a mi familia.
Ella negó lentamente.
—A veces creemos que alejar a las personas es protegerlas...
Cuando en realidad solo conseguimos herirlas.
Dante levantó la vista.
Por primera vez...
Comprendió que Valentina tenía razón.
Antes de que pudiera responder, Camila apareció en la puerta de la terraza.
—¡Valentina! Ya nos vamos.
Valentina asintió.
—Ya voy.
Volvió a mirar a Dante.
—Gracias por disculparte.
Él hizo un leve movimiento con la cabeza.
—Cuídate.
Ella sonrió apenas.
—Tú también.
Valentina se alejó junto a Camila.
Dante permaneció solo en la terraza.
Observando cómo desaparecía entre la multitud.
Sin darse cuenta...
Aquella conversación había derribado una parte del muro que él mismo había construido.
Hay decisiones que cambian una vida entera, incluso cuando parecen pequeñas."
La conversación en la terraza había terminado de una forma inesperadamente tranquila.
Por primera vez desde que se conocían, Dante y Valentina se habían hablado sin orgullo.
Sin reproches.
Sin intentar herirse.
Cuando Valentina regresó con Camila y Sofía, sus amigas la observaron con curiosidad.
Camila arqueó una ceja.
—¿Con quién estabas?
—Tomando aire.
—Eso no responde mi pregunta.
Valentina tomó su bolso.
—Me encontré con Dante.
Las dos se quedaron inmóviles.
—¿Qué?
Sofía abrió mucho los ojos.
—¿Aquí?
Valentina asintió.
—Sí.
Camila sonrió con picardía.
—El destino definitivamente está obsesionado con ustedes.
Valentina negó entre risas.
—No empieces.
Solo hablamos unos minutos.
—¿Discutieron?
—No.
—¿Entonces?
Valentina bajó la mirada.
—Me pidió disculpas.
Las dos amigas intercambiaron una mirada de sorpresa.
—Eso sí que no lo esperaba —murmuró Sofía.
Mientras tanto...
En la zona VIP, Enzo observó a Dante regresar.
—¿Dónde estabas?
—En la terraza.
Raffaele sonrió.
—¿Y casualmente no estaba Valentina por allí?
Dante levantó una ceja.
—¿Cómo lo sabes?
Los dos comenzaron a reír.
—Porque te conocemos demasiado bien.
Dante tomó la chaqueta del respaldo de la silla.
—Creo que ya es hora de irnos.
Enzo dejó unos billetes sobre la mesa.
—Estoy de acuerdo.
Ha sido una noche larga.
Los tres descendieron hacia la salida.
Sin embargo, el destino volvió a jugar una última carta.
Justo cuando Dante cruzaba el vestíbulo...
Valentina salía por la puerta principal con Camila y Sofía.
Durante apenas unos segundos...
Sus miradas volvieron a encontrarse.
Ninguno habló.
Pero esta vez...
No había enojo.
Solo una extraña calma.
Valentina hizo un pequeño movimiento con la cabeza a modo de despedida.
Dante respondió de la misma forma.
Después, ambos siguieron caminos diferentes.
Sin saber que aquella noche quedaría grabada para siempre en sus recuerdos.
Dos semanas después...
La ciudad continuaba con su ritmo habitual.
Las empresas seguían trabajando.
Las familias continuaban intentando descubrir quién estaba detrás de la conspiración.
Pero algo había cambiado.
Valentina llevaba varios días sintiéndose cansada.
El café, que siempre le había encantado, ahora le producía rechazo.
Una mañana, mientras desayunaba, el aroma hizo que frunciera el ceño.
Isabella la miró con preocupación.
—¿Te encuentras bien?
—Sí...
Creo que solo estoy agotada.
Su madre no quedó convencida.
Más tarde...
Camila y Sofía la acompañaron a una cafetería.
—No tienes buena cara —comentó Camila.
—Últimamente me siento rara.
Tengo sueño todo el tiempo.
Y esta mañana casi no pude desayunar.
Sofía dejó lentamente la taza sobre la mesa.
—Valentina...
¿Hace cuánto no llega tu periodo?
La pregunta cayó como un balde de agua fría.
Valentina se quedó completamente inmóvil.
Comenzó a hacer cuentas en silencio.
Su respiración se aceleró.
Camila tomó su mano.
—¿Valentina?
Ella levantó la mirada.
Su rostro había perdido el color.
—Creo...
Creo que se ha retrasado.
Las tres permanecieron en silencio.
Ninguna quiso sacar conclusiones precipitadas.
Pero una duda comenzaba a instalarse en el corazón de Valentina.
Una duda que cambiaría el rumbo de su vida para siempre.
🖤 Palabras de la autora
La historia de Dante y Valentina apenas comienza a complicarse. Nuevos secretos, decisiones difíciles y emociones inesperadas pondrán a prueba a nuestros protagonistas.
Gracias por leer, comentar y apoyar esta historia. Nos vemos en el próximo capítulo.
Con cariño,
Zahira#🖤