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Reclamada Por El Tío Torres

Reclamada Por El Tío Torres

Status: En proceso
Genre:CEO / Venganza / Casada Con Mi Ex's Familiar
Popularitas:4.6k
Nilai: 5
nombre de autor: Kiary Valverde

Traicionada por su novio. Angie toma una decisión desesperada para vengarse pactar con el hombre más peligroso de la alta sociedad, Leonardo Torres, el imponente y calculador tío de su ex.
Lo que inicia como una tregua fría y un matrimonio por contrato de un año para proteger sus activos y estabilizar la corporación, rápidamente se sale de control. Entre miradas cargadas de tensión en la sala de juntas y roces que encienden una química devoradora a puerta cerrada, Angie descubre que Leonardo no es el tiburón despiadado que todos temen, sino un hombre dispuesto a todo por protegerla. Mientras Sebastián y sus aliados intentan destruirlos filtrando secretos del acuerdo, la falsa unión se transforma en un juego de posesión, poder y deseo donde ninguno de los dos quiere volver a ser libre.

NovelToon tiene autorización de Kiary Valverde para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

14

Angie Rojas

El auditorio de la torre corporativa parecía una caldera a punto de estallar. Más de ochenta periodistas, fotógrafos y camarógrafos abarrotaban el recinto, con las lentes apuntando directamente al estrado. Todo el país estaba sintonizando la transmisión en vivo, esperando ver si la "víctima confundida" caía ante los ruegos televisados de Sebastián o si se mantenía al lado del poderoso y frío CEO.

A través del cristal de la sala de espera, me di los últimos retoques frente al espejo. Elegí un vestido en tono crema, impecable y sofisticado, que proyectaba la imagen de una mujer serena, plena y completamente libre del fantasma del pasado.

Leonardo entró a la sala a paso firme, ajustándose el reloj de pulsera. Su porte era abrumador como siempre, pero cuando nuestros ojos se cruzaron en el espejo, pude notar la sombra de la tensión que arrastraba desde anoche en su estudio.

—La prensa está hambrienta de morbo, Angie —dijo con su voz grave, deteniéndose a mi lado—. Sebastián envió a tres reporteros afines a su causa para hacernos preguntas incómodas.

Giré sobre mis talones, le acomodé la solapa del saco con una lentitud deliberada y le dediqué la sonrisa más dulce de mi repertorio.

—Deja que pregunten lo que quieran, "mi cielo" —murmuré para él, disfrutando de la sutil rigidez que apareció en sus hombros al escuchar el apodo—. Anoche repasamos el libreto. Solo recuerda tu parte: mírame como si fuera la única mujer en este planeta y deja que yo me encargue del resto.

Las puertas del auditorio se abrieron. El ensordecedor sonido de los flashes nos recibió como un vendaval.

Leonardo no esperó a que llegáramos al centro del escenario. Siguiendo al pie de la letra nuestra práctica de anoche, deslizó su mano firme alrededor de mi cintura, atrayéndome hacia su costado con un gesto de protección posesiva que provocó un murmullo colectivo en la sala. Sentí el calor de su palma atravesando la tela de mi vestido y el ritmo acelerado de su respiración contra mi hombro.

Nos acomodamos frente al micrófono principal. Los periodistas ni siquiera esperaron a que abriéramos la sesión.

—¡Señorita Rojas! —gritó un reportero de la prensa de espectáculos desde la primera fila—. ¡Ayer vimos a Sebastián Torres suplicar públicamente por su perdón! Afirmó que lo de la universidad fue una tontería del pasado, que se enamoró de verdad y que el señor Leonardo se aprovechó de su error. ¿Qué tiene que decir al respecto?

Tomé el micrófono con delicadeza, soltando una risita suave y compasiva que resonó clara por todos los altavoces.

—Me parece un espectáculo sumamente triste —respondí con una calma aplastante, mirando directo a la cámara principal—. Sebastián habla de un "error inmaduro", pero lo que él llama error, para mí fue la lección más valiosa de mi vida. Gracias a esa decepción, pude abrir los ojos y darme cuenta de la diferencia entre un niño que necesita apuestas para sentirse hombre y un hombre de verdad que sabe valorar, respetar y proteger a la mujer que tiene a su lado.

El auditorio estalló en murmullos acalorados. De reojo, vi la cara de los periodistas que Sebastián envió; estaban completamente desarmados.

—¿Está diciendo que no hay posibilidad de perdón para él? —insistió el mismo reportero.

Giré la cabeza despacio para mirar a Leonardo. Le llevé la mano al rostro, ahuecando su mejilla con una ternura infinita frente a las cámaras, obligándolo a sostener mi mirada.

—El perdón se otorga a quien comete una falta por amor, no a quien usa el chantaje emocional para no perder su estatus —sentencié con la voz llena de dulzura—. Mi presente y mi futuro están aquí. Leonardo no me rescató por codicia; me demostró con hechos lo que es el verdadero amor.

...Leonardo Torres...

Sentí la mirada de noventa periodistas clavada en el modo en que mi mano rodeaba la cintura de Angie.

Pero lo que me estaba descolocando por completo no eran las cámaras ni la prensa; era la actuación implacable de la mujer que tenía abrazada a mi costado. El tacto de su mano suave en mi mejilla, el brillo cálido de sus ojos y la forma en que pronunciaba cada frase sobre "el verdadero amor" estaban borrando en cuestión de segundos semanas de crisis corporativa y años de difamación.

El periodista de la segunda fila, un enviado directo de la facción de mi hermano y mi sobrino, levantó la mano con urgencia.

—¡Señor Torres! —interrumpió con tono acusador—. ¡Usted ha sido calificado como un hombre frío y calculador que utilizó la posición de su sobrino para quedarse con la heredera de los Rojas! ¿Qué responde ante la acusación de que este compromiso es solo una fachada de negocios?

La sala quedó en un silencio sepulcral. Todos esperaban mi respuesta corporativa, mi habitual discurso helado y distante sobre métricas y juntas directivas.

Miré a Angie. Ella me devolvió la mirada con un destello de aliento reprimido en las pupilas, esperando mi jugada. Anoche, en mi estudio, me ordenó decir algo cariñoso sin parecer que estaba a punto de ejecutar a alguien.

Apreté con un poco más de firmeza su cintura, pegándola aún más a mi cuerpo, y me acerqué al micrófono.

—Quienes me conocen en el mundo corporativo saben que no pierdo el tiempo con fachadas —hablé con una voz grave, pausada y tajante que acalló cualquier murmullo en el auditorio—. Si alguien en esta sala cree que se puede obligar o manipular a una mujer con la inteligencia, el carácter y la dignidad de Angie Rojas, es porque no la conoce en absoluto.

Hice una breve pausa, dejando que mis palabras calaran en los reporteros, y giré el rostro para mirarla directamente a ella, hablando no para la prensa, sino para la mujer que tenía a escasos centímetros.

—Lo que sucedió en el pasado con mi sobrino carece de cualquier valor —dije, repitiendo la frase que ensayamos anoche, pero imprimiéndole un registro tan profundo y honesto que a mí mismo me sorprendió el peso de las palabras—. Porque Angie no es el trofeo de ninguna apuesta. Es mi compañera, la mujer con la que estoy construyendo un imperio y a quien voy a proteger de cualquier bajeza, venga de donde venga... Por que la he amado desde siempre...

Un destello de auténtica sorpresa cruzó los ojos de Angie por un milisegundo antes de que recuperara su impecable sonrisa de enamorada. Se puso de puntitas y me depositó un beso cálido y prolongado en la mejilla, rozando con sus labios la comisura de mi boca.

El estruendo de los flashes fue ensordecedor. Las luces iluminaron el escenario mientras la prensa captaba la imagen definitiva que abriría todos los periódicos y noticieros del país al mediodía: la confirmación de que la historia de amor era real, sólida e inalcanzable para los chantajes de Sebastián.

Al bajarnos del estrado y cruzar las puertas privadas hacia el pasillo trasero, el ruido de la prensa se amortiguó al instante.

Angie soltó un suspiro largo, deslizando su brazo del mío y recuperando esa postura erguida y triunfante que tanto empezaba a reconocer en ella. Se giró hacia mí, abanicándose la cara con la mano.

—Vaya... —admitió con una risita sarcástica, tratando de recuperar el aliento—. Debo reconocer que lo de "La he amado desde siempre" te salió bastante convincente, "mi cielo". Por un momento casi me creo que de verdad te importo.

La miré en silencio mientras caminaba delante de mí hacia el ascensor, acomodándose el cabello sobre el hombro. Apreté los puños dentro de los bolsillos del pantalón, sintiendo aún el calor de su cuerpo cerca del mío.

Angie creía que todo lo que acababa de ocurrir en el estrado era solo la ejecución brillante de su guión para destruir a Sebastián. Lo que ella no sospechaba en absoluto era que, por primera vez desde que firmamos ese maldito contrato, no había habido ni una sola palabra falsa en todo lo que le dije frente a las cámaras.

Ella es mi nueva adquisición, no dejaré que nadie la vuelva a sentir menos de lo que vale. Incluyéndome en el proceso.

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Marisol Nuñez
ya angie jarta
Betty Saavedra Alvarado
Leo y Angi están en una pequeña guerra sus corazones están enamorados
Betty Saavedra Alvarado
Leiva rescatar a Angie que no queme en su odio
Marisol Nuñez
ya se está volviendo canson siempre lo mismo no avanzan
Betty Saavedra Alvarado
Leo hubieras hablado ella ahora te cree culpable
Betty Saavedra Alvarado
Angie estás molesta con Leo
Betty Saavedra Alvarado
Angie y Leo están en una guerra
Betty Saavedra Alvarado
Angie se casará para destruir a Leo y a su hno
🌻𝔸𝕚𝕕𝕒 ℂ𝕒𝕣𝕠𝕝𝕚𝕟𝕒 G🌻: Muy cierto
total 1 replies
Betty Saavedra Alvarado
Sebas logro su objetivo Angie que hará ahora
Betty Saavedra Alvarado
Sebas el odio no te llevará a nada Angie buscará vengarse de los dos
Betty Saavedra Alvarado
Angie sabe lo que hace Leo muy pronto caerás
Betty Saavedra Alvarado
En ese año todo puede pasat
Betty Saavedra Alvarado
Angie y la abue van a volver loco a Leo
🌻𝔸𝕚𝕕𝕒 ℂ𝕒𝕣𝕠𝕝𝕚𝕟𝕒 G🌻: Ajá, tienes razón
total 1 replies
Betty Saavedra Alvarado
Leo te estás enamorando de Angie
Betty Saavedra Alvarado
Me gustó el capitulo
Betty Saavedra Alvarado
Están actúando como dos adolescentes
Betty Saavedra Alvarado
Angie estás jugando con fuego
Betty Saavedra Alvarado
Kiary te digo leyendo está súper interesante
Betty Saavedra Alvarado
Sebas no juegues con fuego te puedes quemar
Betty Saavedra Alvarado
Ese Sebas está buscando que le den su puñete no quiere perder todo
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