Clarisa Hernández llegó a una universidad de élite para cambiar su destino, pero su humilde apellido se convierte en el mayor obstáculo de su vida.
Una noche junto a Samuel Flores, un poderoso y frío empresario, cambia todo cuando descubre que está embarazada.
Samuel le ofrece un matrimonio por contrato: ella obtendrá seguridad para su hijo y él conseguirá la esposa que necesita.
Pero hay una regla que ninguno puede romper: no enamorarse.
Lo que comenzó como un simple acuerdo pronto se convertirá en un peligroso juego de secretos, deseo y sentimientos que ninguno podrá controlar.
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Capítulo 17: Samuel la defiende
Clarisa permaneció en silencio después de escuchar la confesión de Samuel.
—Entonces, si nuestro matrimonio termina antes de un año, perderías el control de la empresa.
Samuel asintió.
—Sí.
—¿Y por qué no me lo dijiste antes de firmar?
Samuel bajó la mirada.
—Porque no quería que aceptaras por obligación.
Clarisa cruzó los brazos.
—Pero necesitabas que aceptara.
—Necesitaba una esposa para cumplir la condición, sí.
Ella respiró profundamente.
—Eso cambia muchas cosas.
—Lo sé.
Samuel se acercó.
—Pero hay algo que no cambia.
—¿Qué?
—Si mañana decides terminar el contrato, no voy a impedirlo.
Clarisa lo miró sorprendida.
—Aunque pierdas la empresa.
—Aunque pierda la empresa.
Aquella respuesta la dejó sin palabras.
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A la mañana siguiente, Clarisa decidió ir a la universidad.
Samuel había insistido en acompañarla, pero ella se negó.
—Necesito demostrarme que puedo continuar con mi vida.
—Entonces Andrés te llevará.
—Samuel…
—No voy a discutirlo.
Clarisa terminó aceptando.
Al llegar al campus, varios estudiantes comenzaron a observarla.
Desde que se había conocido su relación con Samuel, los rumores habían aumentado.
—¿Esa es la esposa del presidente Flores?
—Dicen que se casó por dinero.
—Seguro consiguió la beca gracias a él.
Clarisa escuchó los comentarios.
Intentó ignorarlos.
Pero al entrar al salón, encontró algo escrito en el tablero.
“Las becas no compran un apellido.”
Varias personas comenzaron a reír.
Clarisa sintió que la humillación de la noche anterior regresaba.
Su profesora entró al aula.
—¿Qué significa esto?
Nadie respondió.
Clarisa tomó un borrador y eliminó la frase.
—No vale la pena discutir con personas que no conocen mi historia.
Se sentó.
Pero entonces Mauricio Valdés se acercó.
—¿De verdad crees que todos van a aceptar que una becada ahora sea la esposa de Samuel Flores?
Clarisa lo miró.
—No necesito que todos lo acepten.
—Tu vida cambió demasiado rápido.
—Mi vida cambió porque trabajé por ella.
Mauricio sonrió.
—Veremos cuánto dura.
Clarisa decidió no responder.
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Al terminar las clases, recibió una llamada de Samuel.
—¿Dónde estás?
—En la universidad.
—¿Ya saliste?
—Sí.
—No te vayas todavía.
—¿Por qué?
—Voy para allá.
Clarisa suspiró.
—Samuel, no necesito que vengas cada vez que alguien dice algo.
—No voy por eso.
—Entonces, ¿por qué?
—Porque descubrimos quién está difundiendo los rumores.
Clarisa quedó en silencio.
—¿Quién?
—No por teléfono.
Veinte minutos después, Samuel apareció en la universidad.
Los estudiantes comenzaron a murmurar al verlo.
Él caminó directamente hacia Clarisa.
—¿Estás bien?
—Sí.
Samuel observó a los estudiantes que los rodeaban.
—¿Alguien te molestó?
Clarisa negó con la cabeza.
Pero Mauricio se acercó.
—No creo que sea necesario que el señor Flores venga a resolver todos los problemas de su esposa.
Samuel lo miró.
—¿Tienes algún problema conmigo?
—Ninguno.
—Entonces no vuelvas a dirigirte a ella de esa manera.
Mauricio sonrió.
—Solo estaba conversando.
Samuel respondió con calma:
—Una conversación termina cuando una de las personas deja claro que no quiere continuarla.
Mauricio dejó de sonreír.
Clarisa tomó suavemente el brazo de Samuel.
—Vámonos.
Samuel asintió.
Pero antes de marcharse, el rector de la universidad apareció.
—Señor Flores, necesito hablar con usted.
Samuel se detuvo.
—¿Sobre qué?
—Sobre la beca de Clarisa.
Ella se puso nerviosa.
—¿Qué sucede?
El rector dudó.
—Hemos recibido una denuncia anónima.
Samuel endureció la mirada.
—¿Qué tipo de denuncia?
—Aseguran que Clarisa obtuvo su beca mediante información falsa y que usted intervino para favorecerla.
Clarisa palideció.
—Eso es mentira.
—Lo sé —respondió el rector—, pero estamos obligados a investigar.
Samuel dio un paso adelante.
—Investiguen.
El rector lo miró sorprendido.
—¿Está seguro?
—Completamente.
—Podría convertirse en un problema público.
Samuel respondió:
—Entonces que sea público.
Miró a Clarisa.
—No voy a permitir que alguien destruya su esfuerzo con una mentira.
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Esa misma tarde, Samuel recibió los resultados de la investigación preliminar.
Andrés entró en su oficina.
—Señor, encontramos el origen de la denuncia.
—¿Quién?
Andrés dejó un informe sobre el escritorio.
Samuel lo abrió.
Su expresión cambió.
—No puede ser.
—Hay pruebas de que la denuncia salió de una computadora vinculada a alguien cercano a la familia Flores.
Samuel levantó la mirada.
—¿Quién?
Andrés dudó.
—Victoria.
Samuel cerró los ojos durante unos segundos.
—Quiero pruebas completas. No voy a acusarla sin tenerlas.
—Entendido.
Samuel tomó el teléfono y llamó a Clarisa.
—¿Sí?
—Necesito que confíes en mí.
—¿Qué pasó?
—Creo que Victoria está detrás de los ataques contra ti.
Clarisa quedó en silencio.
—¿Por qué haría algo así?
—Todavía no lo sé.
—Samuel…
—¿Sí?
—Gracias por defenderme hoy.
Samuel sonrió ligeramente.
—No tienes que agradecerme.
—Sí tengo.
—Entonces te diré algo.
—¿Qué?
—Mientras seas mi esposa, nadie va a humillarte delante de mí.
Clarisa sonrió.
—¿Y después de que termine el contrato?
Samuel guardó silencio.
La pregunta lo tomó por sorpresa.
Finalmente respondió:
—Después también.
Clarisa sintió que aquellas palabras significaban mucho más de lo que él quería admitir.
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Esa noche, Samuel regresó a la casa.
Encontró a Beatriz en el salón.
—Tenemos que hablar.
—¿Sobre Clarisa?
—Sí.
Beatriz dejó el libro que estaba leyendo.
—No entiendo por qué la defiendes tanto.
Samuel respondió con firmeza:
—Porque es mi esposa.
—Es una esposa de contrato.
Samuel la miró.
—No vuelvas a llamarla así.
Beatriz quedó sorprendida.
—Samuel…
—El contrato explica nuestras obligaciones. No define el valor de Clarisa.
Beatriz se levantó.
—Te estás involucrando demasiado.
Samuel sostuvo su mirada.
—Quizá.
—¿Y si terminas enamorándote de ella?
Samuel no respondió.
Beatriz sonrió con tristeza.
—Eso es exactamente lo que me preocupa.
Samuel se quedó inmóvil.
No sabía qué responder porque, por primera vez, aquella posibilidad ya no le parecía tan imposible.
En ese momento, su teléfono vibró.
Era un mensaje de un número desconocido.
“Defenderla no cambiará el final. Cuando descubra la verdad sobre su madre, será ella quien quiera abandonarte.”
Samuel miró la pantalla.
Luego miró hacia el pasillo donde Clarisa acababa de aparecer.
Ella no había escuchado el mensaje.
Pero Samuel comprendió que el pasado estaba acercándose demasiado.
Y esta vez, protegerla significaría contarle toda la verdad.
Incluso aquella que podía hacer que Clarisa dejara de confiar en él.