Esta historia comienza con una joven recién graduada de la universidad, llena de sueños y esperanzas por comenzar su vida profesional. Su carrera es Secretaria Ejecutiva, y después de buscar durante días, finalmente consigue una entrevista en una importante empresa. Allí conoce a su jefe, un joven de apenas 23 años, serio, atractivo y exitoso, quien decide darle una oportunidad y contratarla. Con el paso del tiempo, ambos comienzan a compartir momentos, conversaciones y experiencias que los acercan cada vez más. Sin darse cuenta, ella se enamora profundamente de él. Y, poco a poco, él descubre que también la ama.
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Capítulo 13 — Un día pesado
Ese día había sido pesado desde que llegué a la empresa. Apenas entré a mi oficina, dejé el maletín sobre el escritorio, prendí el computador y me preparé para dar mis clases virtuales de la mañana.
Aunque trabajaba en la empresa, también tenía mis responsabilidades como profesor, así que varias veces tenía que organizar mi tiempo para cumplir con todo.
Me puse los audífonos, abrí la plataforma y me conecté.
—Buenos días, muchachos. ¿Cómo amanecieron? —saludé mientras acomodaba la cámara.
—Buenos días, abogado—respondieron varios estudiantes.
Comencé con la clase y traté de concentrarme. Les expliqué el tema, respondí preguntas y revisé algunos ejercicios que habían preparado.
Después de terminar la primera clase, tuve unos minutos para respirar antes de conectarme nuevamente.
—Bueno, ve, una más y descanso —murmuré.
Volví a conectarme con el siguiente grupo.
La mañana se me fue entre explicaciones, preguntas y trabajos de los estudiantes. Cuando finalmente terminé, miré la hora y suspiré.
—Por fin.
Me quité los audífonos y me levanté para preparar un café.
Apenas regresé a mi escritorio, empezaron las responsabilidades de la empresa. Tenía documentos pendientes, llamadas y una reunión que se alargó más de lo esperado.
Y, para completar, al día siguiente tenía otra clase en la que debía hacer una presentación.
Yo ya tenía preparado el contenido, pero todavía faltaba revisar las diapositivas.
Por eso llamé a Aby.
—Amor, ¿podés venir un momentico?
Ella entró a mi oficina.
—¿Qué pasó, amor?
—Necesito que me ayudés a revisar la presentación de mañana. Quiero asegurarme de que todo esté bien.
—Claro, amor.
Aby se sentó frente al computador y comenzó a revisar las diapositivas. Yo seguí trabajando en unos documentos mientras ella se encargaba de la presentación.
Después de un rato, levantó la mirada.
—Amor, ya terminé.
—Gracias.
Me acerqué al computador para revisar todo.
Al principio parecía estar bien, pero después empecé a encontrar algunos errores.
Había varias faltas ortográficas pequeñas.
Fruncí el ceño.
—Aby, vení.
Ella se acercó.
—¿Qué pasó?
—Mirá esto. Hay varias palabras mal escritas.
—Ay, sí. Se me pasaron.
—¿Pero cómo se te van a pasar esas cosas, amor? Te pedí que revisaras bien la presentación.
—Perdón, Hugo. Fue un error. Las corrijo enseguida.
Pero yo estaba cansado. Había pasado toda la mañana dando clases virtuales desde la oficina y después había tenido reuniones, llamadas y trabajo pendiente.
Sin darme cuenta, levanté la voz.
—¡Es que necesito que revisés bien las cosas, Aby! Mañana tengo que presentar esto delante de los estudiantes. ¡No puedo llegar con una presentación llena de errores!
En ese momento, algunos empleados que estaban afuera de mi oficina voltearon a mirar.
Aby se quedó completamente seria.
—Está bien.
Tomó aire y salió de la oficina.
Yo me quedé mirando la pantalla.
Apenas cerró la puerta, me di cuenta de lo que había hecho.
Me había pasado.
El error era pequeño y se podía corregir. No tenía ninguna razón para hablarle así, mucho menos delante de los demás.
Pasaron unos minutos y Aby regresó.
Cerró la puerta y me miró.
—Amor, tenemos que hablar.
—Sí.
—Yo sé que cometí un error y acepto que me corrijás. Pero no me gustó la forma en que me hablaste delante de todos.
Bajé la mirada.
—Perdóname, amor.
—Me sentí humillada.
—Tenés razón.
Ella respiró profundo.
—Una cosa es que seas mi novio y otra cosa es que seas mi jefe. En el trabajo soy tu empleada, y si cometo un error me lo podés decir, pero no tenés que hablarme así delante de los demás.
Sus palabras me hicieron sentir peor.
—Lo sé, amor. Me equivoqué.
—No quiero que porque somos novios pensés que podés tratarme diferente.
—Nunca debería haberte hablado así.
Me acerqué a ella.
—Tuve una mañana pesada, las clases virtuales, las reuniones y todo lo de la presentación... pero eso no es excusa.
Aby me miró en silencio.
—Yo entiendo que estés estresado, Hugo.
—Y yo entiendo que vos merecés respeto.
Ella finalmente sonrió un poquito.
—Eso era lo que quería escuchar.
—¿Me perdonás, amor?
—Sí.
Sonreí aliviado.
—Gracias.
Aby se sentó nuevamente frente al computador.
—Bueno, ahora terminemos esa presentación.
—¿Todavía me vas a ayudar?
—Claro, amor. Pero esta vez revisamos todo juntos.
Me reí.
—Ve, menos mal.
Pasamos el resto de la tarde revisando cada diapositiva. Corregimos las faltas ortográficas y organizamos todo para que la presentación quedara perfecta.
Cuando terminamos, me recosté en la silla.
—Ahora sí estoy tranquilo.
Aby sonrió.
—¿Ves? No era tan grave.
—Ya sé.
La miré y tomé su mano.
—Gracias por ayudarme, amor.
—Siempre.
Ese día entendí algo importante: podía estar cansado, estresado y tener un día horrible, pero eso nunca justificaba tratar mal a la persona que amaba.
Aby era mi novia, pero dentro de la empresa también era mi empleada.
Y si quería que nuestra relación funcionara, tenía que aprender a separar el amor del trabajo.