Yo, Evana. viví una hermosa vida con el hombre que amé y con mis hijos también. Pero alguien me lo arrebato todo.
He vuelto al pasado para descubrir a mi asesino y el de mi familia.
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Capitulo 24
La mañana siguiente trajo consigo una temperatura fresca y un cielo encapotado que amenazaba con lluvia sobre el distrito financiero. La entrada principal de la Torre Vanguard hervía de actividad desde muy temprano: ejecutivos con portafolios de cuero cruzaban los torniquetes a paso veloz, mientras varios fotógrafos y periodistas aún montaban guardia en la acera tras el sonado choque de la noche anterior en la subasta del Hotel Grand Regent.
Thomas descendió de su vehículo blindado escoltado por su jefe de seguridad. Vestía un abrigo largo de paño oscuro sobre un traje de tres piezas impecable. Caminaba con la barbilla en alto. La prensa no tardó en reaccionar al verlo llegar; los destellos de las cámaras comenzaron a parpadear a lo lejos mientras los reporteros lanzaban preguntas al aire sobre la reciente derrota de la firma de Evana y la consolidación del dominio de Vanguard.
Thomas no se inmutó. Mantuvo su marcha firme, subiendo la pequeña escalinata de granito que conducía al vestíbulo principal. Al llegar al descansillo, metió la mano derecha en el bolsillo interior de su abrigo para sacar su teléfono móvil y revisar los mensajes urgentes que su asistente le había anunciado minutos antes. Al hacer ese movimiento rápido, un tarjetero de cuero grabado que guardaba en el mismo compartimento se enganchó con la tela y resbaló sin hacer ruido, cayendo directamente sobre el suelo de piedra a un lado de sus pasos.
Thomas continuó caminando dos metros más, ajeno a lo sucedido, concentrado en la pantalla de su dispositivo.
En ese mismo instante, caminando por la acera adyacente en dirección a la avenida principal, Beatriz avanzaba a paso lento. Llevaba el uniforme universitario bajo un abrigo sencillo de lana gastada y sostenía las tiras de su mochila sobre el pecho. Su madre la había enviado temprano a realizar un recado personal cerca de la zona corporativa, por lo que transitaba por el lugar a esa hora.
Al percatarse de la imponente comitiva de seguridad que rodeaba a Thomas y ver el objeto de cuero caer sobre el piso, la joven se detuvo en seco.
Beatriz reaccionó de inmediato. Avanzó a pasos rápidos hacia la escalinata, se agachó con agilidad y recogió el tarjetero de cuero.
—Disculpe... Señor —dijo Beatriz con una voz suave, dulce y timorata, apresurando el paso para alcanzarlo justo antes de que el hombre cruzara el umbral de las puertas de cristal.
Thomas se detuvo de golpe. La voz a sus espaldas hizo que su jefe de seguridad se girara con instinto protector, pero al ver a una joven con uniforme, el escolta se mantuvo a un margen prudente. Thomas se dio la vuelta despacio. Su rostro, acostumbrado a tratar con negociadores implacables y amenazas del mercado, se mantuvo frío e impenetrable al encontrarse con la figura de la muchacha.
—Se le cayó esto al sacar su teléfono —explicó Beatriz, extendiendo ambas manos para entregarle el objeto. Acompañó el gesto con una postura humilde, manteniendo los hombros levemente encorvados y ofreciéndole una pequeña sonrisa cargada de cortesía y vergüenza inocente.
Thomas observó el tarjetero en las manos de la joven y luego fijó sus ojos oscuros en el rostro de Beatriz durante un segundo que pareció eterno. No detectó ninguna amenaza, ninguna intención oculta ni el rastro de la prensa enviada para incomodarlo. Ante sus ojos, solo era una estudiante ordinaria que iba de paso y que había tenido el gesto de devolverle sus pertenecías.
—Gracias —respondió Thomas con una cortesía helada y distante, propia de su carácter reservado.
Tomó el tarjetero de cuero firme sin llegar a rozar los dedos de la joven, se lo guardó de inmediato en el bolsillo interior de su abrigo y, sin añadir una sola palabra más ni perder tiempo en rodeos, se giró sobre sus talones. Continuó su camino hacia los ascensores privados del edificio, escoltado por sus hombres que le abrieron paso entre el personal.
Beatriz no se movió de la escalinata. Se quedó de pie junto a las amplias puertas automatizadas de cristal, observando cómo la imponente figura del CEO de Vanguard caminaba por el centro del gran vestíbulo de mármol. Vio cómo la gente a su alrededor se apartaba con respeto al verlo pasar.
La joven no continuó su ruta de inmediato. Ladeó levemente la cabeza mientras jugaba con la correa de su mochila, contemplando la majestuosidad de la torre, los techos altos y la elegancia que se respiraba dentro de la sede corporativa. En ese preciso momento, la timidez que había mostrado frente a Thomas se desvaneció por completo de su rostro. Sus ojos reflejaron un brillo calculador, frío y profundamente atento.
Beatriz repasó en su mente la escena que acababa de presenciar. Midió con precisión la presencia de Thomas: era un hombre joven, no debía tener más de veintidós o veintitrés años, pero la forma en que dominaba su entorno y la autoridad natural con la que se movía marcaban una distancia abismal con cualquier otra persona que ella hubiera conocido. Había algo en su frialdad implacable y en su porte inalcanzable que encendió en la joven un interés inmediato.
Gracias por los capítulos autora