Una corona es hurtada por el Capitán Adam, un Fey Pirata. Con la ayuda de Jena, una joven arcángel, encarnación de la oscuridad.
Ese mismo robo regresa años más tarde con las consecuencias, para empujar a Eva, una Reina Elfo, a buscar una de las coronas del fin del mundo con ayuda de Jena, Len, uno de los cinco héroes elementales; Vin Ryder, una diosa de la Guerra; y Adam, el caótico Capitán de Pandora.
¿Eva podrá conseguir la corona? ¿La tripulación del barco Pandora podrá sobrevivir al viaje al fin del mundo?
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Capitulo #12: Cielo estrellado en el Mar
Mientras estaba ocupada soportando la tortura que era mi entrenamiento, el héroe de esta historia se encontraba disfrutando del viaje en barco con su doncella.
—Mira ese de ahí, es un pez volador. ¡Y al fondo! Mira, es una ballena dragón blanco, esas según la enciclopedia marina de Infernus pueden brillar en la noche… —le explicó Len sin querer a su novia, apuntando a cada animal marino que veía—.
—Sabes mucho de ellos —le interrumpió la princesa arcángel—.
—Ah… eh… N-no es por… b-bueno, soy el portador del escudo de agua y… papá me forzó a estudiar sobre ellos y la pequeña Gorgon siempre me cuenta de esto, en mi camerino. Es… es un Náttúruöfl muy… ahm… aunque es…
—No lo creo.
—¿Qué? ¿Qué no crees? No crees que papá me diera…
—No, no creo que sea raro, de hecho es tierno que el héroe del elemento agua sepa mucho del mar.
—¿T-Tú de verdad lo crees? —tartamudeó agarrándola de la mano—.
Su doncella estaba por responderle, cuando una ballena con manchas fosforescentes pegó un salto que provocó una ola tan grande que los empapó a todos en el barco a excepción de ellos. Len sin pensarlo abrazó a Jen para usar su escudo de agua como una especie de paraguas.
—¿Estás bien? ¿No te pasó nada, verdad?
—G-Gracias, me salvaste de un posible resfriado o morir de hipotermia —le agradeció riendo y acurrucándose en el pecho de su prometido—.
El escudo de Len no tardó mucho tiempo en transformarse en una pequeña hada de cuarenta centímetros conformada solo con agua. Ella se escondió dentro de la ropa de su amigo en cuestión de unos segundos para evitar ver el mar.
—Jaja, tranquila, Gorgon, el mar no va a dañarte —la intentó tranquilizar la princesa arcángel—.
—¡Jen! ¡Ven! —le pidió su amado héroe, tirando de su mano para llevarla a la proa del barco—. Tal vez ahora podamos alcanzar a ver a sus crías.
El Capitán al verlos correr por el barco tomados de la mano frunció el ceño, dejando su botella de tequila en el suelo. Su mirada por unos momentos se quedó perdida en esos dos, casi como si estuviera reviviendo uno de sus recuerdos con la única mujer que había logrado domar a su corazón.
—Ven. ¡Capitán! —le llamó una arcángel de cabello castaño con puntas moradas, con unas imponentes alas blancas sobresaliendo de su espalda y unos entusiastas ojos de un peculiar color morado—. Tienes que ver esto
—Li-Lily, es muy temprano, podemos despertar a los demás —bostezó el pirata siendo arrastrado por su prometida—. Y los del pueblo de mi abuelo pueden enojarse si hacemos mucho ruido
—¡Es Capitana Lily! ¡Tonto! Y vamos, no quieres tener una salida nocturna con tu futura esposa —le corrigió acercándose tanto a él, que el corazón del pirata egocéntrico iba a salirse de su pecho—.
El Capitán se quedó en silencio intentando formular unas palabras, solo que la Capitana lo tiró del brazo con más fuerza para llevarlo a una colina, en la que se podía apreciar una mejor vista de las estrellas del cielo.
—¿No es hermoso? Algún día quisiera volar tan alto que… creo que sería posible que pudiera vivir en una
—S-sí, sin duda es lo segundo… No, lo tercero más hermoso que he visto en vida
—Jaja, ¿y el segundo más hermoso qué es?
—El mar. Algún día puedo mostrarte, incluso creo que podemos robar cosas juntos, ir a Bermudas a reclutar una tripulación y asaltar Edén.
—Suena bien, con la única diferencia de que soy una heroína. Robar no es lo mío y ya te dije que, cuando vuelvas con tu tripulación, vivas muchas aventuras para que puedas contarme todo. O también… podría volar, convertirme en una estrella y estar contigo por siempre
—Uhm, una estrella, eh. Me gustaría ver eso en el futuro
—Tal vez lo haga. Aunque ahora me da curiosidad, ¿qué es lo primero más hermoso que has visto?
—Es una arcángel con hermosos ojos morados, un rostro de ángel, unas alas tan bellas como las de una lechuza, hija del mayor héroe del mundo, eso es lo más lindo y eso que he visto a sirenas, a ninfas, druidas y otras cosas muy bellas pero… —Adam se acercó a su amada para acariciar su mano con cierto miedo—. No hubo nada más hermoso que el tesoro que hay frente a mis ojos
Ese tonto Capitán volvió al presente en cuanto escuchó gritos de felicidad que provenían de mi camerino. Con un suspiro, él volvió a agarrar su botella de tequila, pero antes de que tocara sus labios, pudo ver una hermosa vista de las estrellas esa noche.
—Volar tan alto y convertirte en una estrella, ¿no? Mi capitana y mi tesoro —susurró riendo y viendo el cielo—.
—¡¡Capitán!! ¡Venga a ver esto! ¡Es una jauría de ballenas dragón! —chillaron Len y Jen al mismo tiempo—.
—Uhm, no se acerquen mucho a la orilla, tortolitos
Esa noche, por primera vez en esos días, pude aceptar un disparo a la manzana dorada que estaba siendo protegida por la fila de las catorce hachas. Gracias a eso, comencé a gritar como loca junto a mi amiga y a mi dragona de nieve, desde mi camerino.
—¡¡Lo hice!! ¡¡Lo hice!! Pude superar el entrenamiento —grité abrazando a mi dragona y a mi pequeña amiga Levy—.
—¡¡Lo hiciste!! —añadió mi amiga, mientras mi dragona soltaba gruñidos de felicidad y movía sus alas para celebrar—.
Mi papá también intentó unirse en la celebración, pero lo mantuve lejos al colocarle el rifle en la frente. Él tan solo retrocedió con las manos levantadas, entendiendo el mensaje que le estaba dando.
—Wow, wow, entiendo. Entiendo, no quieres que me acerque.
—Papá —suspiré bajando el rifle y quitándome la venda de los ojos—. ¿Seguro que quieres estar aquí?
—Jaja, sí, claro que quiero. Aunque no esperes que intervenga más de lo que pueda hacer uno de los otros tripulantes
—Okey… —dije caminando hacia la puerta de mi habitación—. Aunque cuando vuelva, por favor, vete a tu propio camerino. No quiero irme a dormir con Jena, otra vez
—¿Qué? ¿No quieres dormir con papá? Pero cuando eras niña amabas dormir con tu papá y con tu mamá —se burló papá, abrazándose a sí mismo—.
—¿Por qué quería eso? Te odio, desde que me llevaste a la academia a la fuerza o aún mejor, por lo que le hiciste a mi difunta madre, la reina Yellow —gruñí antes de irme de mi camerino—.
—Psh, bien. Me iré a mi propio camerino, te lo aseguro —respondió mi papá, cruzándose de brazos—.